POLICIALES

Llevaba cocaína y fue condenado a terminar la escuela secundaria para no ir un año a la cárcel


El hombre tiene 26 años, es de El Bolsón y fue sorprendido en un micro de larga distancia cuando pasaba por Esquel. También hará 100 horas de trabajo comunitario para no ir un año a prisión. “Los esfuerzos para detener el avance de esta epidemia resultan insuficientes”, advirtió la sentencia.
26/11/2018 02:00

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Por Rolando Tobarez  /  Twitter: @rtobarez

Para evitar un año de cárcel por tenencia de cocaína, el Tribunal Oral Federal de Comodoro Rivadavia ordenó que un hombre de 26 años termine la escuela secundaria y realice 100 horas de trabajo comunitario a favor del Estado o de una institución de bien público. Se trata de Matías Daniel Bischof, cuya pena de prisión por ahora quedó en suspenso. Debido a su adicción, también se realizará una pericia médica para determinar si es necesario imponer una medida de seguridad curativa. La sentencia la firmó la jueza Nora Cabrera de Monella.
Bischof es de El Bolsón, Río Negro. La causa se inició con una actuación del Escuadrón Nº 36 “Esquel” de la Gendarmería. La noche del 29 de agosto de 2016 realizaba un operativo de prevención sobre la ruta 259 en la portada de acceso a esa ciudad. Un can antinarcóticos revisó un colectivo de Andesmar que iba de Mendoza a Caleta Olivia. Detectaron el momento en que Bischof arrojó un paquete hacia la butaca lindante. Era un envoltorio marrón con cocaína suficiente para 400 dosis.
Al declarar en el juicio, contó que ese año trabajó hasta principio de agosto, juntó plata y “cometió el error de comprar la cocaína en la feria de El Bolsón. Cometió el error de venirse para Comodoro y asegurarse una cantidad para su consumo. Fumaba crack”. Explicó que “en una noche puede consumirse 5 o 3 gramos si la fuma, que tenía para consumir un mes, hasta que consiguiera trabajo”.
Consiguió empleo y dijo estar arrepentido. “Conoció a una chica, se quiere juntar y no quiere terminar mal como todos terminan, le sirvió de experiencia. Se hizo cargo, fue una equivocación suya, jamás vendió ni suministró droga, simplemente fue consumidor y hace 6 meses está fuera”. Consultó con una psiquiatra en el Hospital y le aconsejó un tratamiento formal y ansiolíticos. Toma clonazepan. “Por la ansiedad a veces consume aceite de cannabis; no quiere ir preso, quiere comenzar de nuevo. En ese entonces pagó $ 20.000 por la cocaína. Hasta temporada alta no volvía a tener trabajo en El Bolsón”.  Ahora trabaja en un boliche nocturno y por la tarde hace mantenimiento con refacciones de todo tipo. Hace carpintería y artesanías. “En un boliche trabaja 3 o 4 días a la semana y en el otro cuando lo llaman. Aparte trabaja en construcción en seco y están armando un local con un amigo que es chef”. Le falta una materia del secundario. “Se crió entre camiones, tiene mucho conocimiento en chapa y pintura. Su padre es camionero. Se desenvuelve bien con la madera”. Antes de subir al colectivo fumó y subió inhalando. “Estaba re drogado, cree que por eso lo bajaron”.
Uno de los gendarmes habló con el joven. “Le dijo que no estaba para esa actividad, que lo miró porque tiene similitud con su hijo y él escondió la mirada; le manifestó que eso no era de él, que lo había encontrado en la plaza de El Bolsón, que hubo una reyerta de hippies en la plaza, uno arrojó eso, él lo agarró y se lo metió en la mochila”.
En su fallo, la jueza advirtió que “la droga es un flagelo que ha invadido nuestra sociedad, todos los estratos sociales están atravesados, sin distinción alguna ha penetrado con una vehemencia inusitada y ha ocurrido ante la indiferencia de algunos y la complicidad de otros, donde la ausencia de valores y la desintegración de la familia es cultivo para las mentes corruptas y asesinas”.
“Los esfuerzos para detener el avance de esta epidemia resultan insuficientes, deben construirse políticas de Estado que por un lado fortalezcan la prevención –sobre todo en los niños y jóvenes-, y que por otro lado combatan el tráfico, desterrando toda práctica que favorezca su crecimiento. Se necesitan más recursos, humanos y materiales, pero sobre todo decisión y convencimiento de que no queremos para nuestra sociedad, ni para nuestras familias este cáncer que destruye. Minimizar o relativizar la acción no ayuda, se debe crear conciencia”.#

 


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