Cuando la multitud que colmo las instalaciones del Socios Fundadores se deleitaba con la música y la voz del Chaqueño Palavecino, este reconocido cantor folklórico llamó a la atención para presentar a una joven que sueña con los grandes escenarios y que a fuerza de guitarra y voz se abre camino en el andar cancionero nacional. Estefanía Arias con tan solo 19 años cumplió uno de sus sueños en su ciudad, Comodoro Rivadavia, aquella que la vio nacer y siendo apenas una niña recorrer distintos escenarios desgranando coplas con una voz privilegiada. "Empecé a tomar la guitarra a los 12 años y a los 14 debuté en un cumpleaños de mi papá. Le canté mis sentimientos convertidos en letras de temas folklóricos". Fue la primera vez y tal vez el puntapié inicial de una carrera que no se detendrá en el tiempo, porque "el cantor nace, no se hace".
Su música la llevó a recorrer distintos lugares del país y no fueron pocos los escenarios donde acompañada de su guitarra hizo vibrar a numeroso público. Hoy además de la música, Estefanía estudia abogacía, carrera de leyes que está en un segundo plano al momento de la comparación con la música. "Sueño más con ser cantante que abogada, pero hoy la vida me brinda esto y lo tomo como una alternativa de supervivencia" dice ésta jóven que también a veces cumple tareas de promotora publicitaria. Más allá de esto "tengo un espejo musical que se llama Tamara Castro" dice con un dejo de tristeza al mencionar a la jóven cantante y madre que perdió la vida cuando empezaba a transitar a pasos agigantados el camino del éxito. "Ella fue mi lev motiv" asevera segura.
"Con el Chaqueño Palavecino a mi lado, motivo de orgullo, canté "La flor amarilla", implícitamente como un homenaje a Tamara Castro y un respeto a semejante artista que estaba a mi lado y que también sin palabras la reconoce como una de las grandes" dice. Estefanía Arias es un nombre reconocido en el ámbito musical, fundamentalmente folklórico, de la región y no son pocas las veces que es requerida para brindar el dulce matiz de su voz y en sus planes está pasar las fronteras de su ciudad y hasta la emblemática ciudad de Cosquín la escuchará con sus canciones. "Pienso concurrir y cantar en sus plazas y peñas y el destino dirá mi mañana musical, tal vez el que sueño" manifiesta mientras acaricia con dulzura maternal a su guitarra, compañera de tantos sueños y desahogos. Aquella que pulsó por primara vez a los 12 años y le sacó los primeros acordes bajo la mirada y el oído atento de su profesor Esteban Salaberry. Con la compañía y apoyo familiar Estefanía Arias cumplió uno de sus sueños. "Canté con el Chaqueño Palavecino, me siento orgullosa de ello y más allá de eso, también cumplí uno de mis sueños" expresa con la mirada puesta en la ilusión que da el sentimiento de saber que se puede. "Mi género musical es el folklore, me gusta y siento, lo llevo en la sangre" dice con la voz pausada de los que se saben beneficiados por la bendición de Díos de "hacer lo que se quiere, queriendo lo que se hace". Muchos escenarios están con sus telones cerrados y sus luces apagadas. Esperan de ser corridos y encendidas para dar paso a una voz que se hace "camino al andar". #
Cuando la multitud que colmo las instalaciones del Socios Fundadores se deleitaba con la música y la voz del Chaqueño Palavecino, este reconocido cantor folklórico llamó a la atención para presentar a una joven que sueña con los grandes escenarios y que a fuerza de guitarra y voz se abre camino en el andar cancionero nacional. Estefanía Arias con tan solo 19 años cumplió uno de sus sueños en su ciudad, Comodoro Rivadavia, aquella que la vio nacer y siendo apenas una niña recorrer distintos escenarios desgranando coplas con una voz privilegiada. "Empecé a tomar la guitarra a los 12 años y a los 14 debuté en un cumpleaños de mi papá. Le canté mis sentimientos convertidos en letras de temas folklóricos". Fue la primera vez y tal vez el puntapié inicial de una carrera que no se detendrá en el tiempo, porque "el cantor nace, no se hace".
Su música la llevó a recorrer distintos lugares del país y no fueron pocos los escenarios donde acompañada de su guitarra hizo vibrar a numeroso público. Hoy además de la música, Estefanía estudia abogacía, carrera de leyes que está en un segundo plano al momento de la comparación con la música. "Sueño más con ser cantante que abogada, pero hoy la vida me brinda esto y lo tomo como una alternativa de supervivencia" dice ésta jóven que también a veces cumple tareas de promotora publicitaria. Más allá de esto "tengo un espejo musical que se llama Tamara Castro" dice con un dejo de tristeza al mencionar a la jóven cantante y madre que perdió la vida cuando empezaba a transitar a pasos agigantados el camino del éxito. "Ella fue mi lev motiv" asevera segura.
"Con el Chaqueño Palavecino a mi lado, motivo de orgullo, canté "La flor amarilla", implícitamente como un homenaje a Tamara Castro y un respeto a semejante artista que estaba a mi lado y que también sin palabras la reconoce como una de las grandes" dice. Estefanía Arias es un nombre reconocido en el ámbito musical, fundamentalmente folklórico, de la región y no son pocas las veces que es requerida para brindar el dulce matiz de su voz y en sus planes está pasar las fronteras de su ciudad y hasta la emblemática ciudad de Cosquín la escuchará con sus canciones. "Pienso concurrir y cantar en sus plazas y peñas y el destino dirá mi mañana musical, tal vez el que sueño" manifiesta mientras acaricia con dulzura maternal a su guitarra, compañera de tantos sueños y desahogos. Aquella que pulsó por primara vez a los 12 años y le sacó los primeros acordes bajo la mirada y el oído atento de su profesor Esteban Salaberry. Con la compañía y apoyo familiar Estefanía Arias cumplió uno de sus sueños. "Canté con el Chaqueño Palavecino, me siento orgullosa de ello y más allá de eso, también cumplí uno de mis sueños" expresa con la mirada puesta en la ilusión que da el sentimiento de saber que se puede. "Mi género musical es el folklore, me gusta y siento, lo llevo en la sangre" dice con la voz pausada de los que se saben beneficiados por la bendición de Díos de "hacer lo que se quiere, queriendo lo que se hace". Muchos escenarios están con sus telones cerrados y sus luces apagadas. Esperan de ser corridos y encendidas para dar paso a una voz que se hace "camino al andar". #