SOCIEDAD

Don Antonio, el señor Turismo


El fallecimiento de Antonio Torrejón provocó un profundo dolor. Una vida dedicada a la actividad plena de logros y reconocimientos.
26/01/2020 02:00
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Por Carlos Hughes / @carloshughestre

Gobernadores actuales y con mandato cumplido, dirigentes de todas las actividades, ex ministros nacionales, vecinos de a pie, periodistas, políticos sin distinción de partidos. El fallecimiento de Antonio Torrejón, este viernes, los golpeó a todos, les tocó las fibras.

Se fue, para muchos, el hombre que inventó el turismo en la Patagonia Argentina y que hizo de eso, en su lugar en el mundo, un increíble espectáculo de fauna y naturaleza que año a año atrae a miles de visitantes de todo el planeta.

Tenía 84 años y una colección extraordinaria y acaso insondable de logros. Fue pionero en mucho de lo que hoy es materia necesaria para desarrollar el turismo, visionario con décadas de anticipación y por sobre todo un hacedor. No hay lugar en Chubut relacionado a la actividad que no tenga algo de su impronta. Ni en la Patagonia toda.

Cuando el turismo era apenas una actividad de viajeros dispersos Antonio Torrejón, en los 60, ya se reunía con diputados provinciales para legislar en la materia, lo que lo llevó a ser el primer titular de la cartera –entonces dirección- en la provincia.

Inquieto, incansable, eso fue apenas el comienzo.

Como nunca nadie antes que él, vislumbró una Patagonia que tenía un valor inconmensurable en su fauna única y que se debía trabajar para proteger ese recurso, por razones éticas, pero también porque eso podía permitir el desarrollo de su pueblo: mixtura de conservación y trabajo, una industria relacionada amablemente con su entorno.

En esa línea pensó, y puso en marcha, las áreas protegidas provinciales, que tienen a Punta Loma como génesis –en 1966- de una cadena que después se hizo imparable.

Esa visión de los grandes paisajes silvestres naturales que tuvo Estados Unidos sobre fines del siglo diecinueve y Argentina un poco más acá en el tiempo fue piedra basal para que Antonio Torrejón fuera más allá y se convirtiera, también, en recurso de desarrollo del turismo y las comunidades locales, lo que en su momento era poco menos que quimérico. No concebía la conservación sin los habitantes de ese entorno natural.

En eso estaba en los 60 cuando se cruzó casi por casualidad con William ConwAy, de la sociedad zoológica de Nueva York, que relevaba la naturaleza de las costas chubutenses; y lo convenció de la necesidad de hacer estudios específicos, lo que derivó en un trabajo en conjunto para el desarrollo de estudios de biodiversidad costera, en especial de mamíferos y aves marinas.

Becado en los 60 recorrió casi todos los parques nacionales de Estados Unidos y a su vuelta instaló la idea de sistemas de áreas protegidas y comenzó a crearlas, unas 14, para darle forma: Punta Loma, Punta Norte, Islas de los Pájaros, entre ellas. Fue el primer sistema provincial de áreas protegidas del Atlántico Latinoamericano.

Las primeras reservas de Chubut llegaron ya con lo que hoy vemos como centros de interpretación, donde los visitantes podían hurgar sobre el entorno que estaban conociendo: eso se convirtió, después, en lo que conocemos como sistemas integrados que conformaron por ejemplo el área protegida Península Valdés

Antes de Antonio Torrejón había Parques Nacionales pero no áreas protegidas provinciales. No sólo las creo, sino que lo hizo conservando en ellas su actividad turística y también productiva.

Lideró un gran equipo de gente que terminó con la declaración de Península Valdés como Patrimonio de la Humanidad y fue el impulsor para que el Parque Nacional Los Alerces corra la misma suerte.

En sus inicios, durante la década de 1950, fue miembro fundador del Club Náutico Atlántico Sud de Puerto Madryn. Fundó el Ente Oficial Patagonia Turística, el organismo turístico de Chubut, que dirigió varias veces, la Comisión de Turismo de su ciudad, la Federación Patagónica de Pesca, la Federación Argentina de Actividades Subacuáticas.

Antonio Torrejón fue presidente de la Red Nacional de Áreas Protegidas de Argentina, presidente del Consejo Federal de Turismo, asesor Honorario de la Secretaria de Turismo y del Honorable Congreso de la Nación y Gobierno del Chubut. Fue miembro fundador de la Academia Argentina del Turismo y Vocal Titular desde 2013.

Durante el mandato de Horacio Massaccesi en Río Negro creo el Ministerio de Turismo de esa provincia y lo dirigió durante 7 años, de 1989 a 1996.

Integró el Comité Internacional de Ética Turística de la Organización Mundial del Turismo; el ministerio de Turismo de Nación lo homenajeó dándole su nombre a uno de sus salones.

Doctor Honoris Causa en las universidades de Mar del Plata, Morón y Autónoma de Entre Ríos. Mención de Honor en la Universidad Nacional del Comahue.

En Río Negro creó la denominación de “comarca” para Viedma y Carmen de Patagones.

Fue uno de los grandes impulsores de la instalación del CENPAT en Puerto Madryn. Desde Humahuaca al Beagle hay actividades que tuvieron en su génesis la impronta de Antonio Torrejón.

Sobrevolando Sarmiento fue que vislumbró el espacio que debía ocupar el área protegida de los bosques petrificados.

En suma, Antonio Torrejón es uno de los constructores de la provincia que tenemos los chubutenses.

Nacido en Puerto Madryn el 25 de octubre de 1935, formó parte de una familia de inmigrantes españoles. Fue el segundo de cuatro hermanos y el único que aún permanecía con vida.

Su hermano Pedro, mayor que él, era un reconocido deportista y llegó a jugar en la primera división del Club Madryn, fue vendido a Ferrocarril Oeste cuando tenía 24 años, un hecho que marcó la vida de Antonio: un cáncer se lo llevó joven pero, antes de morir, le pidió que trabajara para devolverle todo lo que les había brindado la ciudad que los cobijó. Vaya si lo hizo.

Como buen salesiano que era, se convirtió entonces en un misionero incansable, peregrino por sus ideas. Antonio Torrejón hizo del trabajo por el turismo una vida entera, sin quejas, sin reproches, sin enojos, sin estridencias, sin soberbia, sin reclamos.

Afable, con un conocimiento prodigioso, más que hablar le gustaba escuchar y de todo sabía. Leía mucho, recorría para conocer, escribía y tenía una honestidad a prueba de balas tanto que jamás acepto la idea de formar emprendimientos turísticos porque, para él, no entraba en la ética siendo como era un impulsor de políticas públicas.

Su gran sueño era tener la dársena en su Puerto Madryn querido.

Hay una anécdota que, acaso, lo pinte de cuerpo entero: viajaba a un reconocimiento que le hacían como profesional del año en Buenos Aires. Corría 1972. Ese avión fue secuestrado (y desviado a Chile) en un hecho que terminó luego en la Masacre de Trelew. Antonio, al que todos conocían, en el camino se dio a la tarea de calmar al equipaje. Se lo agradecieron y le ofrecieron ayudarlo en el retorno. Se negó, pero les entregó a los secuestradores los folletos -que tenían otro destino original- para que se los diera al gobierno de Chile y difundieran las bellezas de Chubut.

La muerte es brutal y nos interpela siempre, no importan las circunstancias que la preceden. Nos sacude y nos lastima porque nos muestra de una manera desgarradora nuestra vulnerabilidad.

Dicen que Antonio Torrejón murió este viernes. No es cierto. Gente de su estatura cumbre nunca muere.