SOCIEDAD

11M hoy, ayer, mañana


Madrid tiene otro marzo de sufrimiento. Como Atocha aquella vez hoy es el coronavirus. Daniela Almirón, habitual columnista de Jornada, estudia allí y cuenta las vivencias de una situación única.
13/03/2020 02:00
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PorDaniela Almirón

Definitivamente es imposible prever el siguiente paso, el siguiente momento. Tres días a la semana recorro parte de la ciudad hacia Moncloa y luego al campus de Somosaguas de la Universidad Complutense de Madrid. Se fue incorporando como una agradable rutina. Encontrarse con los compañeros, un nuevo profesor, una nueva clase de mi pasión por la mediación.

Hasta este 11 de marzo 2020, fecha en que el gobierno de España ordenó por prevención ante la propagación del Coronavirus la suspensión de todas las actividades educativas en todos los niveles. Esta medida como parte de un conjunto de otras medidas sociales y económicas. Mientras escribo, el presidente del gobierno Pedro Sánchez brinda una conferencia de manera telemática desde el Palacio de la Moncloa. No hay mesa de gobierno de cara a los periodistas. Dos políticos ya han sido diagnosticados como positivo del virus.

Desconcierto y caos hoy. Italia en el medio evo, diría mi amigo Juan Pablo radicado en Génova. España cancelando vuelos desde Italia y China. EEUU cerrando la entrada a vuelos de Europa, excepto de Gran Bretaña.

11 de marzo de 2004, la entrada de trenes a Atocha estallaba, por una falla de cronómetro explotó en ese lugar y no dentro, donde el desastre habría sido mayor aún. Un hombre que milimétricamente tomaba el mismo tren, ese día pasadas horas del ataque terrorista, no daba noticias a sus compañeros de trabajo. Estaba vivo, el amor lo había salvado quedándose en Madrid la noche anterior junto a su amada. Mi amiga recuerda ese día, aún tiembla y se emociona. Caemos en la cuenta de que el corona virus no puede opacar el recuerdo de aquella fecha.

Desconcierto y caos ayer. Las elecciones nacionales temblaban, la mentira, la verdad, se cambiaba el rumbo del país con dimensiones insospechadas.

Dieciséis años después, en esa misma fecha, explota la alarma de propagación del COVID-19.

La información no se traslada en carretas, internet, la electrónica, inteligencia artificial, campus virtuales, enseñanza on line.

Ayer 11 aprovechando el horario gratuito del museo Reina Sofía me emocionaba ante el Guernica. Picasso pintando un desastre que provocó desconcierto y caos. Hoy los museos han cerrado también, y ofrecen visitas vía internet. Los teatros han cerrado y proponen plataformas para poder seguir las obras vía streaming.

Las redes sociales explotan de información cierta y falsa.

Mi amiga me decía también ayer, esto parece de película.

En el año 1993, Sandra Bullock, Sylvester Stallone y Wesley Snipes protagonizaron la película “Demolition man” o “El demoledor” en Hispanoamérica. La película transcurre en el año 2032, en un mundo muy muy diferente de los ’90. Diferente en organización, alimentación, cero delincuencia y vínculos. Reduciendo, diría que es un mundo más tranquilo y saludable. Algunas costumbres han cambiado, como por ejemplo el contacto físico que es nulo, y las relaciones sexuales se mantienen colocándose un casco cada persona que los conecta y activa los centros de placer del cerebro. Esto es consecuencia del descubrimiento de los virus que afectaban a la humanidad y cómo se transmitían.

Qué fragilidad en el vasto universo que los astrónomos intentan medir.

Aquí y allí, todas las personas opinan, se alarman, elucubran.

¿Será que nos llame a cambios porque los conflictos son una oportunidad? Responsabilidad social, conciencia colectiva y comunitaria, cuidado de la salud individual en vista de la salud de la comunidad que integramos.

Con honestidad, no puedo saberlo. Sí que nos convoca a una adaptabilidad para la que no hay protocolo previsto.

Jorge Drexler afronta al virus con su arte y acaba de compartir un texto precioso, diciendo “ya volverán los besos y los abrazos dados con calma, si encuentras un amigo, salúdalo con el alma. Sonríele, tírale un beso desde lejos y sé cercano, no se toca el corazón solamente con la mano. #

(*) Daniela Almirón es abogada y mediadora. Se encuentra estudiando en Madrid desde finales de 2019, y relata las vivencias frente a la pandemia del coronavirus.