Editorial / La cuarentena de los pobres, la economía parada y los efectos de la “coronacrisis”

Leé La Columna del Domingo, el tradicional análisis de la edición impresa de Jornada.

28 MAR 2020 - 20:19

Por ahora, no son muchos los que se animan a levantar la cabeza más allá del día a día, de los partes sanitarios optimistas y del (mal) humor popular que transforma al virtual Estado patrullero en el que se ha convertido Chubut (y la Argentina, hay que decirlo) en una sucesión de memes que inundan los celulares.

Nadie parece estar pensando seriamente en el día después de la cuarentena, que va a ser peor que la cuarentena misma. Más allá de cuándo termine, lo que vendrá no será agradable para nadie. Mucho menos, para los chubutenses, que pusieron en pausa su profunda crisis política, económica, financiera y social para atender otra crisis.

Claro que no hay que esperar a que esto termine para empezar a ocuparse de algunas cuestiones que ya estaban latentes. La situación social es una de ellas.

El aislamiento de quienes todavía tienen resto para llenar las alacenas y las heladeras, que pueden trabajar desde sus casas y seguir varias series de Netflix a la vez, no es la realidad de todos. Para ese sector de la sociedad, cumplir la cuarentena es casi un trámite. Alguno que otro tendrá problemas para manejar el encierro. Nada que no se pueda arreglar con su psicoanalista cuando todo vuelva a la normalidad.

Pero del otro lado hay una parte importante de los habitantes de Chubut que antes de que el Covid-19 apareciera en escena ya tenía dificultades para llenar la panza de todos los integrantes de la familia. Muchos habían sido eyectados del sistema laboral gracias a Mauricio Macri y “el mejor equipo de los últimos 50 años”, y desde hace tiempo la vienen peleando como pueden desde la economía informal.

A ese segmento de la sociedad hay que mirar con mucha atención. Y no parece que eso esté sucediendo hoy desde el Estado provincial y los municipios. No, al menos, en toda su dimensión.

Por supuesto que hay que priorizar la crisis sanitaria. La cuarentena y el aislamiento obligatorio no se negocian. Pero no vaya a ser que al final de cuentas las víctimas del coronavirus terminen siendo los que ya fueron víctimas de la economía de mercado.

Llueve sobre mojado

La semana pasada, el Indec divulgó que la zona del Valle inferior del río Chubut era la segunda con mayor tasa de desempleo en todo el país: 10,9%. El informe señala que en Trelew y Rawson hay unos 7.000 desempleados y más de 14.000 con problemas de empleo. Si esas son las cifras estadísticas, la realidad debe ser más dura aun.

A eso hay que sumarle que a dos días de terminar marzo, la Provincia recién pudo pagar el rango 1 (sueldos de hasta $ 40.000); apenas $ 10.000 de adelanto del rango 2 (salarios de $ 40.001 a $ 65.000); y los salarios completos de los trabajadores de la salud y seguridad (más el Banco del Chubut, Seros y otros organismos que nunca entraron en el escalonado). Hay miles de estatales que siguen en cuarentena sanitaria y salarial.

Por si fuera poco, una parte importante de los trabajadores de la mayor industria de Chubut, la petrolera, están en sus casas por el coronavirus, y amenazados por otro frente: la caída estrepitosa del precio del barril de crudo, que también afecta los ingresos por regalías de la provincia.

Esta semana, el sostén económico de Puerto Madryn, el fabricante de aluminio Aluar, bajó al 50% su capacidad de producción. Y con la obra pública parada desde hace tiempo, cada vez son más los obreros de la construcción que están impedidos de llevar un plato de comida a sus casas

En el interior, cientos de empleados de Servicios Públicos o de las cooperativas de servicios tienen problemas para ir a trabajar porque no cobran, no tienen elementos de trabajo ni combustible para ponerles a sus vehículos. Así de mal están los que deben velar por servicios básicos como la energía y el agua de los pueblos.

Está bien que el Gobierno nacional haya pensado en los que menos tienen, impulsando medidas, por ejemplo, para evitar el corte de suministros de servicios esenciales, como la luz, el gas y el agua. Pero que esto alcance a los no pueden pagar, no a los vivos de siempre que aprovechan la volada para igualar hacia abajo.

Si muchos de estos trabajadores y desempleados que cada vez están más cerca del límite empiezan a reclamar sus derechos, inclusive en medio de la cuarentena, ¿quién va a salir a contenerlos? ¿Qué gobernante se va a animar a dar la cara? Si eso sucede no van a alcanzar los policías con barbijos para contener tanto descontento.

Para contener la crisis social dentro de la crisis sanitaria hace falta más compromiso de los que gobiernan. Algunos intendentes ya lo empezaron a hacer. Otros se quedan esperando a que el problema le caiga a otro.

Y también hace falta más responsabilidad social empresaria, un concepto que suele usarse mucho en períodos de bonanza para explicar algo que la mayoría de los empresarios nunca hace en épocas de crisis. Hay excepciones, por cierto, pero no todo el empresariado al que le viene yendo bien desde hace muchos años tiene los gestos de grandeza que la situación exige.

Ni hablar de las grandes cadenas de supermercados y mayoristas, que remarcaron sus precios con absoluta impunidad. Enoja que el ciudadano de a pie tenga que mostrar a las puertas de los supermercados la terminación de su DNI, cuando en verdad la Policía debería estar adentro controlando a los remarcadores seriales.

Ausentes sin aviso

Muchos dirigentes que en otras épocas se pegan codazos por aparecer en los medios hoy brillan por su ausencia. ¿Dónde están los representantes del pueblo y de los intereses de la Provincia, como lo son los diputados provinciales y nacionales, y los senadores? A algunos, al menos, se los ve opinando. Pero la gran mayoría parece estar haciendo la cuarentena en la tranquilidad de sus hogares.

También estas crisis deben servir para poner a cada uno en su lugar. Un poco de memoria a la hora de votar nunca viene mal.

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28 MAR 2020 - 20:19

Por ahora, no son muchos los que se animan a levantar la cabeza más allá del día a día, de los partes sanitarios optimistas y del (mal) humor popular que transforma al virtual Estado patrullero en el que se ha convertido Chubut (y la Argentina, hay que decirlo) en una sucesión de memes que inundan los celulares.

Nadie parece estar pensando seriamente en el día después de la cuarentena, que va a ser peor que la cuarentena misma. Más allá de cuándo termine, lo que vendrá no será agradable para nadie. Mucho menos, para los chubutenses, que pusieron en pausa su profunda crisis política, económica, financiera y social para atender otra crisis.

Claro que no hay que esperar a que esto termine para empezar a ocuparse de algunas cuestiones que ya estaban latentes. La situación social es una de ellas.

El aislamiento de quienes todavía tienen resto para llenar las alacenas y las heladeras, que pueden trabajar desde sus casas y seguir varias series de Netflix a la vez, no es la realidad de todos. Para ese sector de la sociedad, cumplir la cuarentena es casi un trámite. Alguno que otro tendrá problemas para manejar el encierro. Nada que no se pueda arreglar con su psicoanalista cuando todo vuelva a la normalidad.

Pero del otro lado hay una parte importante de los habitantes de Chubut que antes de que el Covid-19 apareciera en escena ya tenía dificultades para llenar la panza de todos los integrantes de la familia. Muchos habían sido eyectados del sistema laboral gracias a Mauricio Macri y “el mejor equipo de los últimos 50 años”, y desde hace tiempo la vienen peleando como pueden desde la economía informal.

A ese segmento de la sociedad hay que mirar con mucha atención. Y no parece que eso esté sucediendo hoy desde el Estado provincial y los municipios. No, al menos, en toda su dimensión.

Por supuesto que hay que priorizar la crisis sanitaria. La cuarentena y el aislamiento obligatorio no se negocian. Pero no vaya a ser que al final de cuentas las víctimas del coronavirus terminen siendo los que ya fueron víctimas de la economía de mercado.

Llueve sobre mojado

La semana pasada, el Indec divulgó que la zona del Valle inferior del río Chubut era la segunda con mayor tasa de desempleo en todo el país: 10,9%. El informe señala que en Trelew y Rawson hay unos 7.000 desempleados y más de 14.000 con problemas de empleo. Si esas son las cifras estadísticas, la realidad debe ser más dura aun.

A eso hay que sumarle que a dos días de terminar marzo, la Provincia recién pudo pagar el rango 1 (sueldos de hasta $ 40.000); apenas $ 10.000 de adelanto del rango 2 (salarios de $ 40.001 a $ 65.000); y los salarios completos de los trabajadores de la salud y seguridad (más el Banco del Chubut, Seros y otros organismos que nunca entraron en el escalonado). Hay miles de estatales que siguen en cuarentena sanitaria y salarial.

Por si fuera poco, una parte importante de los trabajadores de la mayor industria de Chubut, la petrolera, están en sus casas por el coronavirus, y amenazados por otro frente: la caída estrepitosa del precio del barril de crudo, que también afecta los ingresos por regalías de la provincia.

Esta semana, el sostén económico de Puerto Madryn, el fabricante de aluminio Aluar, bajó al 50% su capacidad de producción. Y con la obra pública parada desde hace tiempo, cada vez son más los obreros de la construcción que están impedidos de llevar un plato de comida a sus casas

En el interior, cientos de empleados de Servicios Públicos o de las cooperativas de servicios tienen problemas para ir a trabajar porque no cobran, no tienen elementos de trabajo ni combustible para ponerles a sus vehículos. Así de mal están los que deben velar por servicios básicos como la energía y el agua de los pueblos.

Está bien que el Gobierno nacional haya pensado en los que menos tienen, impulsando medidas, por ejemplo, para evitar el corte de suministros de servicios esenciales, como la luz, el gas y el agua. Pero que esto alcance a los no pueden pagar, no a los vivos de siempre que aprovechan la volada para igualar hacia abajo.

Si muchos de estos trabajadores y desempleados que cada vez están más cerca del límite empiezan a reclamar sus derechos, inclusive en medio de la cuarentena, ¿quién va a salir a contenerlos? ¿Qué gobernante se va a animar a dar la cara? Si eso sucede no van a alcanzar los policías con barbijos para contener tanto descontento.

Para contener la crisis social dentro de la crisis sanitaria hace falta más compromiso de los que gobiernan. Algunos intendentes ya lo empezaron a hacer. Otros se quedan esperando a que el problema le caiga a otro.

Y también hace falta más responsabilidad social empresaria, un concepto que suele usarse mucho en períodos de bonanza para explicar algo que la mayoría de los empresarios nunca hace en épocas de crisis. Hay excepciones, por cierto, pero no todo el empresariado al que le viene yendo bien desde hace muchos años tiene los gestos de grandeza que la situación exige.

Ni hablar de las grandes cadenas de supermercados y mayoristas, que remarcaron sus precios con absoluta impunidad. Enoja que el ciudadano de a pie tenga que mostrar a las puertas de los supermercados la terminación de su DNI, cuando en verdad la Policía debería estar adentro controlando a los remarcadores seriales.

Ausentes sin aviso

Muchos dirigentes que en otras épocas se pegan codazos por aparecer en los medios hoy brillan por su ausencia. ¿Dónde están los representantes del pueblo y de los intereses de la Provincia, como lo son los diputados provinciales y nacionales, y los senadores? A algunos, al menos, se los ve opinando. Pero la gran mayoría parece estar haciendo la cuarentena en la tranquilidad de sus hogares.

También estas crisis deben servir para poner a cada uno en su lugar. Un poco de memoria a la hora de votar nunca viene mal.


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