El coronavirus arrasa economías, sistemas sanitarios y vidas. También aniquila sueños de distinta índole. Es el caso del “Canario”, que resolvió no presentarse en el segundo Regional 2020 por la pandemia.
El equipo capitalino vivía el mejor momento futbolístico de su joven historia. A partir del segundo semestre del año pasado, hubo un punto de inflexión en La Ribera. Un equipo con aspiraciones de ser campeón destruyó los complejos que lo agobiaban y se transformó en un protagonista vital del fútbol doméstico. Cosechó un título interligas y avanzó a segunda fase del primer Regional, a expensas de Germinal. Pero el virus destruyó las aspiraciones del conjunto dirigido por Isaías Aberasturi.
La maratón
El camino a la gloria comenzó el 10 de agosto del 2019, con una goleada implacable ante Gaiman FC. Era el partido de ida por el desempate entre subcampeones por una plaza en el Clasificatorio Patagónico. El demoledor 4-0, con un gol del arquero Walter Oros de arco a arco, fue un presagio del futuro. Era el primer partido del semestre, donde La Ribera tenía un firme objetivo: ser campeón local. Pero camino a esa meta, emergió una corona de mayor lustre.
Comenzó una maratón d para el “Canario”, que incluía partidos entresemana por el Clausura y fecha los domingos en el Clasificatorio, en una zona nada accesible, compartida por Racing, CAI y J.J. Moreno. Los futbolistas jugaban con una frecuencia idéntica a la de un equipo top de la Champions League. Cada tres días, había que salir a la cancha.
Pero el funcionamiento aceitado y el hambre de gloria no le daban cabida al cansancio. Nombres como Damián Salinas, Matías Canario, Bruno Ramos, el citado Oros, Cristian Ibáñez y Nicolás Chávez eran la columna vertebral de un equipo intenso y vertical, con pizcas de gambeta y el característico espíritu aguerrido del “Canario”
Alcanzó las semifinales de ambos torneos. En uno de ellos, Germinal volvió a ser verdugo. Pero en el Patagónico, demolió a Torino de El Bolsón. Y en la final del Patagónico, goleó en casa por 3-0 en la final de vuelta al sorprendente Lácar. La idea, se recuerda, no se disputó por falta de escenario local. Fue la primera conquista interligas para La Ribera y para un equipo de Rawson.
La revancha con Germinal
Ese título dio plaza al Regional 2020, que ubicó al equipo capitalino en otra zona ardua. Compartía grupo con Germinal, la CAI y Belgrano de Esquel. Era la primera vez en un torneo de cuarta división.
Pero no se amilano ante el desafío. Se reforzó con nombres puntuales, como Gabriel Obredor y Facundo Perea, que solidificaron la idea de Aberasturi. ¿El resultado? Segundo puesto en la zona, con dos victorias ante Germinal. La primera, fue 3-2 en El Tehuelche, con dos tantos de Perea. La segunda fue un 2-0 en el clásico capitalino más importante de la historia, con tantos de Obredor y Ramos. Fue suspendido, se recuerda, por los barras locales.
El Covid, verdugo
Tras la goleada a Belgrano en la última fecha un 8 de marzo, La Ribera se aprestaba a participar de la segunda fase junto al “Azzurro”, Puerto Moreno y Cruz del Sur. Una semana después, un sainete burlesco del que se ha escrito oportunamente no permitió que se juegue ante el equipo comodorense.
Días después, la cuarentena detuvo en ese momento no solo el fútbol, sino la vida cotidiana del país. En ese tramo, el Regional se dio por finalizado, pero se abrió la posibilidad de que los 98 clasificados a segunda fase disputasen los ascensos en cancha. Tras meses de espera, el Consejo Federal consultó a los equipos. La dirigencia de La Ribera optó por no competir. Consideró que por el coronavirus, las condiciones no están dadas. Y el sueño terminó.
El Covid logró aquello que el verde césped no había podido hacer: noquear a un equipo fabuloso que aspira a volver ruedo y reeditar el camino recorrido entre agosto del 2019 y marzo del 2020.

El coronavirus arrasa economías, sistemas sanitarios y vidas. También aniquila sueños de distinta índole. Es el caso del “Canario”, que resolvió no presentarse en el segundo Regional 2020 por la pandemia.
El equipo capitalino vivía el mejor momento futbolístico de su joven historia. A partir del segundo semestre del año pasado, hubo un punto de inflexión en La Ribera. Un equipo con aspiraciones de ser campeón destruyó los complejos que lo agobiaban y se transformó en un protagonista vital del fútbol doméstico. Cosechó un título interligas y avanzó a segunda fase del primer Regional, a expensas de Germinal. Pero el virus destruyó las aspiraciones del conjunto dirigido por Isaías Aberasturi.
La maratón
El camino a la gloria comenzó el 10 de agosto del 2019, con una goleada implacable ante Gaiman FC. Era el partido de ida por el desempate entre subcampeones por una plaza en el Clasificatorio Patagónico. El demoledor 4-0, con un gol del arquero Walter Oros de arco a arco, fue un presagio del futuro. Era el primer partido del semestre, donde La Ribera tenía un firme objetivo: ser campeón local. Pero camino a esa meta, emergió una corona de mayor lustre.
Comenzó una maratón d para el “Canario”, que incluía partidos entresemana por el Clausura y fecha los domingos en el Clasificatorio, en una zona nada accesible, compartida por Racing, CAI y J.J. Moreno. Los futbolistas jugaban con una frecuencia idéntica a la de un equipo top de la Champions League. Cada tres días, había que salir a la cancha.
Pero el funcionamiento aceitado y el hambre de gloria no le daban cabida al cansancio. Nombres como Damián Salinas, Matías Canario, Bruno Ramos, el citado Oros, Cristian Ibáñez y Nicolás Chávez eran la columna vertebral de un equipo intenso y vertical, con pizcas de gambeta y el característico espíritu aguerrido del “Canario”
Alcanzó las semifinales de ambos torneos. En uno de ellos, Germinal volvió a ser verdugo. Pero en el Patagónico, demolió a Torino de El Bolsón. Y en la final del Patagónico, goleó en casa por 3-0 en la final de vuelta al sorprendente Lácar. La idea, se recuerda, no se disputó por falta de escenario local. Fue la primera conquista interligas para La Ribera y para un equipo de Rawson.
La revancha con Germinal
Ese título dio plaza al Regional 2020, que ubicó al equipo capitalino en otra zona ardua. Compartía grupo con Germinal, la CAI y Belgrano de Esquel. Era la primera vez en un torneo de cuarta división.
Pero no se amilano ante el desafío. Se reforzó con nombres puntuales, como Gabriel Obredor y Facundo Perea, que solidificaron la idea de Aberasturi. ¿El resultado? Segundo puesto en la zona, con dos victorias ante Germinal. La primera, fue 3-2 en El Tehuelche, con dos tantos de Perea. La segunda fue un 2-0 en el clásico capitalino más importante de la historia, con tantos de Obredor y Ramos. Fue suspendido, se recuerda, por los barras locales.
El Covid, verdugo
Tras la goleada a Belgrano en la última fecha un 8 de marzo, La Ribera se aprestaba a participar de la segunda fase junto al “Azzurro”, Puerto Moreno y Cruz del Sur. Una semana después, un sainete burlesco del que se ha escrito oportunamente no permitió que se juegue ante el equipo comodorense.
Días después, la cuarentena detuvo en ese momento no solo el fútbol, sino la vida cotidiana del país. En ese tramo, el Regional se dio por finalizado, pero se abrió la posibilidad de que los 98 clasificados a segunda fase disputasen los ascensos en cancha. Tras meses de espera, el Consejo Federal consultó a los equipos. La dirigencia de La Ribera optó por no competir. Consideró que por el coronavirus, las condiciones no están dadas. Y el sueño terminó.
El Covid logró aquello que el verde césped no había podido hacer: noquear a un equipo fabuloso que aspira a volver ruedo y reeditar el camino recorrido entre agosto del 2019 y marzo del 2020.