Eclipse del siglo: cuando el día se volvió noche

Un equipo periodístico de diario Jornada, FM Tiempo y Jornada Play se embarcó en un viaje soñado a Las Grutas para vivir el eclipse del siglo. Más de cien mil personas circularon por la Patagonia con el objetivo de presenciar este fenómeno astronómico. Esta es nuestra odisea, y te la contamos.

14 DIC 2020 - 20:40 | Actualizado

Por Martín Tacón

Hay cosas que se viven una sola vez en la vida. Este eclipse era una de esas cosas, porque pasarán años hasta ver otro igual. El evento astronómico del siglo llegó para dar cierre a un año de calamidades con un milagro de la naturaleza, un evento que por tres horas nos hizo olvidar que alguna vez hubo una pandemia.

Más de 100 mil personas circularon por el territorio patagónico para ver el fantástico ocultamiento del sol detrás de la luna. Las imágenes del eclipse fueron transmitidas en vivo por todo el mundo, y en el escenario quedaron glorificados los tesoros turísticos de nuestro querido país.

Cazadores de eclipses

Nos embarcamos en un viaje especial a Las Grutas para hacer la cobertura del evento. El equipo periodístico de diario Jornada, FM Tiempo y Jornada Play estaba compuesto por los periodistas María Laura Barcia y Martín Tacón, el camarógrafo Marcelo Postai y el reportero gráfico Daniel Feldman.

En el camino por ruta 3 hacia la provincia de Río Negro, los enormes nubarrones nos hicieron creer que el viaje sería en vano. Todo indicaba que íbamos a tener una observación frustrada. Durante kilómetros y kilómetros no vimos más que nubes. Había apenas una diminuta porción de cielo en el horizonte hacia el oeste.

Alcanzamos el cruce con desvío a Valcheta -otro de los destinos ideales dentro de la franja de totalidad-, desde donde vislumbramos el ansiado cielo, celeste y esperanzador. Allí tomamos la decisión más difícil: cambiar el destino inicial por un rumbo prometedor en dirección a Valcheta.

Poco a poco el cielo clareaba. En el arribo a Valcheta nos encontramos con un cielo despejado. Había tráilers y carpas emplazadas a un costado de la ruta con custodia policial. Era un sitio que se preparaba para el eclipse y donde ya algunos estiraban las piernas y acomodaban sus reposeras. Sin embargo allí la conectividad era deficiente, y nosotros, con la necesidad de salir al aire para FM Tiempo, requeríamos de un acceso a internet óptimo. Fue entonces cuando, a último momento, decidimos volver a Las Grutas.

En el camino de regreso para retomar nuestro destino original, los vehículos marchaban en dirección contraria. ¡Todo el mundo iba a Valcheta! El sol alumbraba sobre nuestra posición por primera vez casi como un designio de los buenos augurios. Lo dejábamos atrás mientras nuestro horizonte se volvía plomizo y oscuro. Pero dicen los sabios que la primera intuición es siempre la correcta: cuando llegamos a Las Grutas e instalamos nuestros equipos fotográficos frente al mar, una ventana milagrosa se abrió en el cielo.

De todo el mundo

En la bajada número 3 de la costanera, con vista a la playa desde un balcón sobre los altos acantilados, la dirección de turismo de la localidad había acondicionado un pabellón con telescopios y equipos astronómicos. Un grupo de científicos e investigadores del CONICET oriundos de San Juan había plantado bandera allí. Dialogamos con ellos para conocer los estudios del comportamiento solar y lunar que se realizan habitualmente durante los eclipses.

Entablamos conversación con una brasilera apasionada de la astrofotografía que viaja por el mundo registrando sucesos del cosmos.

Personalidades de todo tipo deambulaban por el lugar. Familias de inimaginables rincones del suelo argentino. Fotógrafos y astrónomos profesionales y aficionados. De los que saben y los que no. Algunos esperaban el eclipse caminando por la costa y otros tendidos en el suelo boca arriba, que era la forma más cómoda de esperar. Conocimos al turista común y al ciudadano corriente que solo pasaba por ahí. ¡No faltó aquel que preguntaba por qué tanto escándalo por un simple instante de oscuridad!

Según la secretaria de turismo Marisol Martínez, 30 mil personas visitaron Las Grutas para contemplar el eclipse, de los cuales 10 mil fueron únicamente a pasar el día. Los periodistas de medios nacionales, como Telefé y TN, se asombraban del cambiante clima: las nubes del sudoeste nos arrojaban ráfagas de viento y lluvia, pero en un parpadeo el cielo escampaba y el fulminante sol nos hacía sentir el calor.

Por televisión mostraron las postales de nuestra Patagonia admirada, enseñaron la majestuosidad de nuestras playas de ensueño y durante un día fuimos el foco de atención del mundo entero.

Se hizo la noche

Dividimos nuestro equipo para capturar un mayor espectro informativo y vivir junto a la gente lo que estaba ocurriendo. En la playa el panorama era el de un día común de verano. Ahí no se usaban tapabocas. Los niños armaban castillos de arena, los adultos tomaban mate entre amigos, algunos se bañaban en el mar. Arriba, en lo alto del cielo, la luna ya cubría tres cuartas partes del sol. Dos niñas provenientes de Buenos Aires, con sus lentes especiales y absortas por lo que estaban viendo, nos dijeron que el avance del eclipse era “como ver una luna menguante”.

Un hombre salió del mar y nos dijo que el agua estaba “helada”. Las nubes iban y venían. Algunas exclamaciones de asombro y admiración se oían de cuando en cuando cada vez que el sol, ya casi cubierto, asomaba detrás de una nube. La expectación era total, todos estaban con sus lentes especiales esperando el momento único. Una gran ventana de cielo se abrió para nosotros, y de pronto se hizo la noche.

Aquel monstruo abrasador que arde a millones de kilómetros, refulgente, feroz e inmortal, se había reducido a un tenue aro de luz pálida. Y la noche se cernió sobre nosotros como un crepúsculo de atardecer. Los rostros desaparecieron dejando una fina línea de siluetas y los destellos blancos de los celulares que intentaban grabar el eclipse del siglo.

La brisa amainó. El aire era como una respiración contenida. Nos aplastó una ola de calor entre aplausos, risas y llantos. Durante dos minutos fuimos testigos de tres astros en perfecta alineación. Una diminuta estrella empezó a brillar a la izquierda del sol: era Mercurio haciéndose visible a simple vista. Fue posible distinguir la corona solar sobresaliendo alrededor de la luna. En las fotografías se pudieron observar las erupciones solares. Por primera vez, vimos el sol con nuestros propios ojos.

Vuelta a la realidad

Fue como un cuento fugaz. Cuando el eclipse acabó, el soplo del viento dio un giro vertiginoso y trajo ráfagas del este, arrastrando un aire frío y salado. La gente deshizo sus pertenencias y comenzó a marcharse. El espectáculo había acabado y el clima nos mostraba la salida.

“Para muestra basta un botón”, dice el dicho. Las imágenes hablan por sí mismas. Contemple usted, lector, las fotografías de este increíble fenómeno de la naturaleza que nos ha dejado sin aliento. Solo en el recuerdo y las retinas de quienes estuvimos presentes quedará por siempre grabado el milagroso instante en que el día se volvió noche.

14 DIC 2020 - 20:40

Por Martín Tacón

Hay cosas que se viven una sola vez en la vida. Este eclipse era una de esas cosas, porque pasarán años hasta ver otro igual. El evento astronómico del siglo llegó para dar cierre a un año de calamidades con un milagro de la naturaleza, un evento que por tres horas nos hizo olvidar que alguna vez hubo una pandemia.

Más de 100 mil personas circularon por el territorio patagónico para ver el fantástico ocultamiento del sol detrás de la luna. Las imágenes del eclipse fueron transmitidas en vivo por todo el mundo, y en el escenario quedaron glorificados los tesoros turísticos de nuestro querido país.

Cazadores de eclipses

Nos embarcamos en un viaje especial a Las Grutas para hacer la cobertura del evento. El equipo periodístico de diario Jornada, FM Tiempo y Jornada Play estaba compuesto por los periodistas María Laura Barcia y Martín Tacón, el camarógrafo Marcelo Postai y el reportero gráfico Daniel Feldman.

En el camino por ruta 3 hacia la provincia de Río Negro, los enormes nubarrones nos hicieron creer que el viaje sería en vano. Todo indicaba que íbamos a tener una observación frustrada. Durante kilómetros y kilómetros no vimos más que nubes. Había apenas una diminuta porción de cielo en el horizonte hacia el oeste.

Alcanzamos el cruce con desvío a Valcheta -otro de los destinos ideales dentro de la franja de totalidad-, desde donde vislumbramos el ansiado cielo, celeste y esperanzador. Allí tomamos la decisión más difícil: cambiar el destino inicial por un rumbo prometedor en dirección a Valcheta.

Poco a poco el cielo clareaba. En el arribo a Valcheta nos encontramos con un cielo despejado. Había tráilers y carpas emplazadas a un costado de la ruta con custodia policial. Era un sitio que se preparaba para el eclipse y donde ya algunos estiraban las piernas y acomodaban sus reposeras. Sin embargo allí la conectividad era deficiente, y nosotros, con la necesidad de salir al aire para FM Tiempo, requeríamos de un acceso a internet óptimo. Fue entonces cuando, a último momento, decidimos volver a Las Grutas.

En el camino de regreso para retomar nuestro destino original, los vehículos marchaban en dirección contraria. ¡Todo el mundo iba a Valcheta! El sol alumbraba sobre nuestra posición por primera vez casi como un designio de los buenos augurios. Lo dejábamos atrás mientras nuestro horizonte se volvía plomizo y oscuro. Pero dicen los sabios que la primera intuición es siempre la correcta: cuando llegamos a Las Grutas e instalamos nuestros equipos fotográficos frente al mar, una ventana milagrosa se abrió en el cielo.

De todo el mundo

En la bajada número 3 de la costanera, con vista a la playa desde un balcón sobre los altos acantilados, la dirección de turismo de la localidad había acondicionado un pabellón con telescopios y equipos astronómicos. Un grupo de científicos e investigadores del CONICET oriundos de San Juan había plantado bandera allí. Dialogamos con ellos para conocer los estudios del comportamiento solar y lunar que se realizan habitualmente durante los eclipses.

Entablamos conversación con una brasilera apasionada de la astrofotografía que viaja por el mundo registrando sucesos del cosmos.

Personalidades de todo tipo deambulaban por el lugar. Familias de inimaginables rincones del suelo argentino. Fotógrafos y astrónomos profesionales y aficionados. De los que saben y los que no. Algunos esperaban el eclipse caminando por la costa y otros tendidos en el suelo boca arriba, que era la forma más cómoda de esperar. Conocimos al turista común y al ciudadano corriente que solo pasaba por ahí. ¡No faltó aquel que preguntaba por qué tanto escándalo por un simple instante de oscuridad!

Según la secretaria de turismo Marisol Martínez, 30 mil personas visitaron Las Grutas para contemplar el eclipse, de los cuales 10 mil fueron únicamente a pasar el día. Los periodistas de medios nacionales, como Telefé y TN, se asombraban del cambiante clima: las nubes del sudoeste nos arrojaban ráfagas de viento y lluvia, pero en un parpadeo el cielo escampaba y el fulminante sol nos hacía sentir el calor.

Por televisión mostraron las postales de nuestra Patagonia admirada, enseñaron la majestuosidad de nuestras playas de ensueño y durante un día fuimos el foco de atención del mundo entero.

Se hizo la noche

Dividimos nuestro equipo para capturar un mayor espectro informativo y vivir junto a la gente lo que estaba ocurriendo. En la playa el panorama era el de un día común de verano. Ahí no se usaban tapabocas. Los niños armaban castillos de arena, los adultos tomaban mate entre amigos, algunos se bañaban en el mar. Arriba, en lo alto del cielo, la luna ya cubría tres cuartas partes del sol. Dos niñas provenientes de Buenos Aires, con sus lentes especiales y absortas por lo que estaban viendo, nos dijeron que el avance del eclipse era “como ver una luna menguante”.

Un hombre salió del mar y nos dijo que el agua estaba “helada”. Las nubes iban y venían. Algunas exclamaciones de asombro y admiración se oían de cuando en cuando cada vez que el sol, ya casi cubierto, asomaba detrás de una nube. La expectación era total, todos estaban con sus lentes especiales esperando el momento único. Una gran ventana de cielo se abrió para nosotros, y de pronto se hizo la noche.

Aquel monstruo abrasador que arde a millones de kilómetros, refulgente, feroz e inmortal, se había reducido a un tenue aro de luz pálida. Y la noche se cernió sobre nosotros como un crepúsculo de atardecer. Los rostros desaparecieron dejando una fina línea de siluetas y los destellos blancos de los celulares que intentaban grabar el eclipse del siglo.

La brisa amainó. El aire era como una respiración contenida. Nos aplastó una ola de calor entre aplausos, risas y llantos. Durante dos minutos fuimos testigos de tres astros en perfecta alineación. Una diminuta estrella empezó a brillar a la izquierda del sol: era Mercurio haciéndose visible a simple vista. Fue posible distinguir la corona solar sobresaliendo alrededor de la luna. En las fotografías se pudieron observar las erupciones solares. Por primera vez, vimos el sol con nuestros propios ojos.

Vuelta a la realidad

Fue como un cuento fugaz. Cuando el eclipse acabó, el soplo del viento dio un giro vertiginoso y trajo ráfagas del este, arrastrando un aire frío y salado. La gente deshizo sus pertenencias y comenzó a marcharse. El espectáculo había acabado y el clima nos mostraba la salida.

“Para muestra basta un botón”, dice el dicho. Las imágenes hablan por sí mismas. Contemple usted, lector, las fotografías de este increíble fenómeno de la naturaleza que nos ha dejado sin aliento. Solo en el recuerdo y las retinas de quienes estuvimos presentes quedará por siempre grabado el milagroso instante en que el día se volvió noche.