Eclipse del siglo: los ecos del día después

15 DIC 2020 - 20:47 | Actualizado

Por Martín Tacón

El eclipse del siglo sigue dejando sensaciones en la piel. La Patagonia fue protagonista de un episodio único de la naturaleza, que no volveremos a ver en muchos años y que generó energías y vivencias que aún hoy se palpitan.

La luna se interpuso delante del sol, transformando el día en noche durante dos minutos. Este fenómeno astronómico ocurre dos veces al año en la Tierra y es visible en determinados lugares del planeta. A veces ocurre en medio del mar, donde nadie puede verlo. Fue una suerte que esta vez le haya tocado a la Patagonia.

Las Grutas fue una de las localidades ubicadas en la franja de totalidad y donde se apreció el ocultamiento completo del sol. Allí viajó el equipo periodístico de diario Jornada y Jornada Play, para transmitir y reflejar lo que se estaba viviendo.

La Municipalidad dispuso todos sus recursos para hacer de este evento algo irrepetible. Sin embargo, la pandemia arruinó el plan original. El evento municipal que iba a montarse para el eclipse era espectacular: se iba a enlazar la imagen en vivo de un telescopio a una pantalla gigante y se iba a realizar una cuenta regresiva cuando la luna comenzara a colocarse delante del sol. Pero nada de eso fue posible en el marco de la pandemia.

Se estima que más de cien mil personas circularon por la Patagonia solo por el eclipse. Muchos fueron los que viajaron del exterior, pero más importante fue la cantidad de turistas que se perdió. La secretaria de turismo Marisol Martínez contó: “Este evento lo venimos planificando hace más de un año, teníamos el 100% de hotelería reservado para turistas extranjeros, provenientes en su mayoría de Estados Unidos, Canadá y Reino Unido”.

En los días previos se había conocido la historia de Marcelo Veggia –dueño de un camping ubicado en la franja de totalidad–, que construyó un salón especialmente acondicionado para un contingente de japoneses que habían prometido venir a ver el eclipse. Finalmente, la pandemia les impidió viajar, y la historia de este hombre pasó a formar parte de la antología de proyectos frustrados por el coronavirus.

La noche total

Para quienes pudieron vivirlo, el eclipse fue un suceso inigualable. ¿Quién, al contemplar las Cataratas del Iguazú, no sintió la imponente fuerza de la naturaleza? ¿Quién no perdió el aliento ante el portentoso desprendimiento de hielos en el glaciar Perito Moreno? Como toda maravilla natural, un eclipse despierta energías palpables. Así se vivió.

Una de las científicas e investigadoras del CONICET proveniente de San Juan dijo que “es muy poco probable que una persona pueda ver un eclipse total más de una vez en la vida”. Para que un eclipse de estas características se produzca dos veces en el mismo lugar deben transcurrir aproximadamente ¡200 años!

Muchos científicos y astrónomos estuvieron presentes en Las Grutas para ver el eclipse. Pero ¿qué estudios pueden realizarse desde el lugar? “Las imágenes se guardan y luego se analizan”, dice la científica sanjuanina. “Los físicos solares analizan si se detectan manchas o alguna eyección solar”. Con el estudio de un eclipse solar se puede determinar, por ejemplo, el radio exacto del sol.

Entre alguna de las personas que conocimos en Las Grutas, la más carismática fue quizás una fotógrafa brasilera que se acercó a nosotros para registrar con su cámara nuestros equipos y nuestro trabajo. Ella viaja por el mundo persiguiendo eventos astronómicos. “El año pasado yo estuve en el eclipse en Chile”, dijo. “Como dijeron que este año acá iba a estar bellísimo para ver el eclipse, me vine a Las Grutas a hacer registros fotográficos”.

El tiempo patagónico

El clima indomable y caprichoso, que varió entre la lluvia intermitente, el fuerte viento y el sol radiante, le imprimió una cuota de suspenso a la expectativa que ya se vivía en la espera del eclipse. Una visitante de Viedma que aguardaba ansiosa el apagón dijo: “Esperemos que la naturaleza nos acompañe porque nos está amenazando con nubes que cubren nuestro sol”.

Era cierto: los gurúes del clima pronosticaban granes nubarrones y lluvias para el lunes. A veces su nublaba, a veces salía el sol, a veces llovía, a veces nos envolvía un viento feroz. Pero en el instante preciso del ocultamiento total, el cielo abrió una ventana milagrosa que nos permitió apreciarlo con plenitud.

Conocimos a una familia de Villa Madero, una ciudad del partido de La Matanza, en Buenos Aires, que recorrió más de mil kilómetros solo para ver el eclipse. “Me encantó la idea de venir, papi”, le dijo la niña a su padre, con sus lentes de sol especiales y maravillada con lo que ocurría en el cielo. “Es como ver la mitad de una luna, como si el sol fuera la media luna y la luna es el sol”.

En la zona norte de Chubut el porcentaje de ocultamiento fue del 94%, número que se reducía cuanto más austral fuera la ubicación del observador. En la zona del VIRCh, las nubes lluviosas privaron a muchas personas de ver el eclipse. Algunos fotógrafos lograron capturar algún instante de ocultamiento. Otros aficionados, armados solo con sus celulares, buscaron formas ingeniosas de fotografiar el eclipse: radiografías, lentes, filtros. Otros fueron ingeniosos: utilizaron el viejo truco del colador proyectando sombras en láminas o en el suelo. También hubo quien encontró casualmente los reflejos del sol eclipsado en las sombras que proyectaban las hojas de los árboles. Porque nadie quiso perderse el evento astronómico que marcó de alguna manera el final del 2020 con una magia irrepetible.

15 DIC 2020 - 20:47

Por Martín Tacón

El eclipse del siglo sigue dejando sensaciones en la piel. La Patagonia fue protagonista de un episodio único de la naturaleza, que no volveremos a ver en muchos años y que generó energías y vivencias que aún hoy se palpitan.

La luna se interpuso delante del sol, transformando el día en noche durante dos minutos. Este fenómeno astronómico ocurre dos veces al año en la Tierra y es visible en determinados lugares del planeta. A veces ocurre en medio del mar, donde nadie puede verlo. Fue una suerte que esta vez le haya tocado a la Patagonia.

Las Grutas fue una de las localidades ubicadas en la franja de totalidad y donde se apreció el ocultamiento completo del sol. Allí viajó el equipo periodístico de diario Jornada y Jornada Play, para transmitir y reflejar lo que se estaba viviendo.

La Municipalidad dispuso todos sus recursos para hacer de este evento algo irrepetible. Sin embargo, la pandemia arruinó el plan original. El evento municipal que iba a montarse para el eclipse era espectacular: se iba a enlazar la imagen en vivo de un telescopio a una pantalla gigante y se iba a realizar una cuenta regresiva cuando la luna comenzara a colocarse delante del sol. Pero nada de eso fue posible en el marco de la pandemia.

Se estima que más de cien mil personas circularon por la Patagonia solo por el eclipse. Muchos fueron los que viajaron del exterior, pero más importante fue la cantidad de turistas que se perdió. La secretaria de turismo Marisol Martínez contó: “Este evento lo venimos planificando hace más de un año, teníamos el 100% de hotelería reservado para turistas extranjeros, provenientes en su mayoría de Estados Unidos, Canadá y Reino Unido”.

En los días previos se había conocido la historia de Marcelo Veggia –dueño de un camping ubicado en la franja de totalidad–, que construyó un salón especialmente acondicionado para un contingente de japoneses que habían prometido venir a ver el eclipse. Finalmente, la pandemia les impidió viajar, y la historia de este hombre pasó a formar parte de la antología de proyectos frustrados por el coronavirus.

La noche total

Para quienes pudieron vivirlo, el eclipse fue un suceso inigualable. ¿Quién, al contemplar las Cataratas del Iguazú, no sintió la imponente fuerza de la naturaleza? ¿Quién no perdió el aliento ante el portentoso desprendimiento de hielos en el glaciar Perito Moreno? Como toda maravilla natural, un eclipse despierta energías palpables. Así se vivió.

Una de las científicas e investigadoras del CONICET proveniente de San Juan dijo que “es muy poco probable que una persona pueda ver un eclipse total más de una vez en la vida”. Para que un eclipse de estas características se produzca dos veces en el mismo lugar deben transcurrir aproximadamente ¡200 años!

Muchos científicos y astrónomos estuvieron presentes en Las Grutas para ver el eclipse. Pero ¿qué estudios pueden realizarse desde el lugar? “Las imágenes se guardan y luego se analizan”, dice la científica sanjuanina. “Los físicos solares analizan si se detectan manchas o alguna eyección solar”. Con el estudio de un eclipse solar se puede determinar, por ejemplo, el radio exacto del sol.

Entre alguna de las personas que conocimos en Las Grutas, la más carismática fue quizás una fotógrafa brasilera que se acercó a nosotros para registrar con su cámara nuestros equipos y nuestro trabajo. Ella viaja por el mundo persiguiendo eventos astronómicos. “El año pasado yo estuve en el eclipse en Chile”, dijo. “Como dijeron que este año acá iba a estar bellísimo para ver el eclipse, me vine a Las Grutas a hacer registros fotográficos”.

El tiempo patagónico

El clima indomable y caprichoso, que varió entre la lluvia intermitente, el fuerte viento y el sol radiante, le imprimió una cuota de suspenso a la expectativa que ya se vivía en la espera del eclipse. Una visitante de Viedma que aguardaba ansiosa el apagón dijo: “Esperemos que la naturaleza nos acompañe porque nos está amenazando con nubes que cubren nuestro sol”.

Era cierto: los gurúes del clima pronosticaban granes nubarrones y lluvias para el lunes. A veces su nublaba, a veces salía el sol, a veces llovía, a veces nos envolvía un viento feroz. Pero en el instante preciso del ocultamiento total, el cielo abrió una ventana milagrosa que nos permitió apreciarlo con plenitud.

Conocimos a una familia de Villa Madero, una ciudad del partido de La Matanza, en Buenos Aires, que recorrió más de mil kilómetros solo para ver el eclipse. “Me encantó la idea de venir, papi”, le dijo la niña a su padre, con sus lentes de sol especiales y maravillada con lo que ocurría en el cielo. “Es como ver la mitad de una luna, como si el sol fuera la media luna y la luna es el sol”.

En la zona norte de Chubut el porcentaje de ocultamiento fue del 94%, número que se reducía cuanto más austral fuera la ubicación del observador. En la zona del VIRCh, las nubes lluviosas privaron a muchas personas de ver el eclipse. Algunos fotógrafos lograron capturar algún instante de ocultamiento. Otros aficionados, armados solo con sus celulares, buscaron formas ingeniosas de fotografiar el eclipse: radiografías, lentes, filtros. Otros fueron ingeniosos: utilizaron el viejo truco del colador proyectando sombras en láminas o en el suelo. También hubo quien encontró casualmente los reflejos del sol eclipsado en las sombras que proyectaban las hojas de los árboles. Porque nadie quiso perderse el evento astronómico que marcó de alguna manera el final del 2020 con una magia irrepetible.