Superando las barreras físicas: el Jiu-jitsu como forma de vida

Salomé Chosson se convirtió en la primera mujer en graduarse como cinturón negro de Jiu-jitsu, el arte de defensa brasileño. “No es solamente ir y ganarle a otro, eso es secundario” y resalta los beneficios físicos de ésta práctica

12 FEB 2024 - 15:29 | Actualizado 12 FEB 2024 - 16:02

Por Ismael Tebes/Redacción Jornada

Usted no diga que no puede”. La frase paternal tiene una fuerte carga actitudinal y quedó grabada a fuego, casi como un mensaje para afrontar situaciones límite. Así lo entiende Amelia Salomé Chosson (40), la primera mujer en alcanzar el cinturón negro de Jiu-jitsu, una disciplina de raíces brasileñas que se basa en la lucha en suelo pensada en la defensa personal.

“Lo llamativo es ser la primera cinturón negro y eso tiene relevancia porque en general, prevalecen los hombres obteniendo ésta graduación”, reconoce Salomé quien es Licenciada en Química y trabaja en la Universidad Nacional de la Patagonia.

Aquel mensaje, cargado de enseñanza –reconoce- forjó su temple y su decisión. Le permitió estar siempre lista ante una adversidad y evaluar los posibles riesgos evitando o resolviendo un potencial conflicto. “Tuve un primer acercamiento en el 2013 y retorné un año después. Sentí que había encontrado al amor de mi vida en el Jiujitsu.

Sonreía de una manera impresionante el día que fui a la primera clase y sentí que era lo que yo quería hacer. A las tres semanas, lo ratifiqué cuando viajé a un torneo a Las Heras y ví cómo luchaban. Ahí encontré la pasión, eso que te lleva a entrenar siempre un poco más”.

El Jiu-jitsu en esencia es considerado un arte marcial “suave” en el que la técnica suele prevalecer sobre la fuerza. Y la historia refiere a una forma ancestral de combate cuando ya se habían perdido las armas en el campo de batalla. “Dicen que las armaduras tenían movilidad en las articulaciones, hombros, rodilla y pies por lo que en estos puntos solía buscarse en la lucha cuerpo a cuerpo, las estrangulaciones y luxaciones”.

Se trata de encontrar –resaltó- un estilo de vida. No soy alta, no soy fuerte ni soy “grandota” y entonces me enfoqué en lo que sí soy y puedo hacer. Me alimenté mejor y me entrené más y mejor”. Y ese crecimiento le implicó participar en seminarios y sumar conocimientos desde el estudio y la investigación de los propios límites.

“Hice cursos de nutrición, entrenamiento de fuerza; power lifting y preparación para deportes de contacto. Todo lo que era conocimiento para mí, lo fui tratando de adquirir. Todavía me queda pendiente la parte de psicología deportiva que sé que es importante. Y lo compruebo en cada viaje donde mi cuerpo compite pero mi cabeza está en haber dejado todo organizado en mi casa y en la rutina de mi hija”.

“El Jiu-jitsu –resaltó- no es algo que solamente aprovecho y hago. Quiero cubrir todos los puntos que me permitan mejorar. Quería el cinturón negro pero no es mi “última meta” porque quiero seguir entrenando y no parar jamás”.

Reconoció que el Jiu-jitsu no es exclusivamente deportivo competitivo sino que se trata de una práctica que permite adaptar sus técnicas a las propias capacidades físicas. “Siempre uno puede adecuar cualquier característica ya que se logra tener mucha agilidad sobre todo en el piso”, explicó Chosson a Diario Jornada.

“Esto ayuda a controlar el cuerpo porque éste se relaja; se logra resistencia aeróbica y se siente que uno puede hacer cosas que antes no podía. Es impresionante lo bien que uno se siente al observar los progresos. No es solamente ir y ganarle a otro, eso es secundario”.


"SE LO DEDICO A PAPÁ"

Salomé, quien representa a la academia Nemesis Nova Uniao, obtuvo la graduación en nueve años y medio de práctica sólo interrumpidos por el embarazo y nacimiento de Iris (8) a quien define como la “compañera ideal” en éste recorrido marcial.

Las primeras escuelas de Jiu-jitsu se abrieron en la ciudad alrededor del 2011 y aunque ahora, existen muchas en funcionamiento. “Vengo compitiendo desde que arranqué pero cuando mi hija sea más grande, comenzará otra etapa que será la de acompañarla” proyecta.

Es oriunda de Lomas de Zamora, Buenos Aires y vive en Comodoro desde el año 2000; recuerda haber experimentado fugazmente en el taekwondo, el arte marcial coreano. “Siempre estuve incentivada por mi papá quien nos inculcó junto a mi hermano que ante cualquier eventualidad, primero se debe evitar el conflicto y llegado el caso, saber cómo defenderse. Siempre nos decía que había que utilizar el cuerpo del otro y utilizar esa inercia en beneficioso de uno”.

“El cinturón negro se lo dedicó a mi papá, que falleció en el 2022. No alcanzó a verme realizada en ésta disciplina pero siempre me decía “Usted no diga que no puede”; a mi mamá que me pedía que no dudara nunca de mí y a mi hermano quien me dijo “hay Jiu-jitsu en tal lado, vayamos” y a mi hija por supuesto. Ella ve todo lo que hago aún sabiendo que a veces, entrenar le quita tiempo para estar con ella”.

12 FEB 2024 - 15:29

Por Ismael Tebes/Redacción Jornada

Usted no diga que no puede”. La frase paternal tiene una fuerte carga actitudinal y quedó grabada a fuego, casi como un mensaje para afrontar situaciones límite. Así lo entiende Amelia Salomé Chosson (40), la primera mujer en alcanzar el cinturón negro de Jiu-jitsu, una disciplina de raíces brasileñas que se basa en la lucha en suelo pensada en la defensa personal.

“Lo llamativo es ser la primera cinturón negro y eso tiene relevancia porque en general, prevalecen los hombres obteniendo ésta graduación”, reconoce Salomé quien es Licenciada en Química y trabaja en la Universidad Nacional de la Patagonia.

Aquel mensaje, cargado de enseñanza –reconoce- forjó su temple y su decisión. Le permitió estar siempre lista ante una adversidad y evaluar los posibles riesgos evitando o resolviendo un potencial conflicto. “Tuve un primer acercamiento en el 2013 y retorné un año después. Sentí que había encontrado al amor de mi vida en el Jiujitsu.

Sonreía de una manera impresionante el día que fui a la primera clase y sentí que era lo que yo quería hacer. A las tres semanas, lo ratifiqué cuando viajé a un torneo a Las Heras y ví cómo luchaban. Ahí encontré la pasión, eso que te lleva a entrenar siempre un poco más”.

El Jiu-jitsu en esencia es considerado un arte marcial “suave” en el que la técnica suele prevalecer sobre la fuerza. Y la historia refiere a una forma ancestral de combate cuando ya se habían perdido las armas en el campo de batalla. “Dicen que las armaduras tenían movilidad en las articulaciones, hombros, rodilla y pies por lo que en estos puntos solía buscarse en la lucha cuerpo a cuerpo, las estrangulaciones y luxaciones”.

Se trata de encontrar –resaltó- un estilo de vida. No soy alta, no soy fuerte ni soy “grandota” y entonces me enfoqué en lo que sí soy y puedo hacer. Me alimenté mejor y me entrené más y mejor”. Y ese crecimiento le implicó participar en seminarios y sumar conocimientos desde el estudio y la investigación de los propios límites.

“Hice cursos de nutrición, entrenamiento de fuerza; power lifting y preparación para deportes de contacto. Todo lo que era conocimiento para mí, lo fui tratando de adquirir. Todavía me queda pendiente la parte de psicología deportiva que sé que es importante. Y lo compruebo en cada viaje donde mi cuerpo compite pero mi cabeza está en haber dejado todo organizado en mi casa y en la rutina de mi hija”.

“El Jiu-jitsu –resaltó- no es algo que solamente aprovecho y hago. Quiero cubrir todos los puntos que me permitan mejorar. Quería el cinturón negro pero no es mi “última meta” porque quiero seguir entrenando y no parar jamás”.

Reconoció que el Jiu-jitsu no es exclusivamente deportivo competitivo sino que se trata de una práctica que permite adaptar sus técnicas a las propias capacidades físicas. “Siempre uno puede adecuar cualquier característica ya que se logra tener mucha agilidad sobre todo en el piso”, explicó Chosson a Diario Jornada.

“Esto ayuda a controlar el cuerpo porque éste se relaja; se logra resistencia aeróbica y se siente que uno puede hacer cosas que antes no podía. Es impresionante lo bien que uno se siente al observar los progresos. No es solamente ir y ganarle a otro, eso es secundario”.


"SE LO DEDICO A PAPÁ"

Salomé, quien representa a la academia Nemesis Nova Uniao, obtuvo la graduación en nueve años y medio de práctica sólo interrumpidos por el embarazo y nacimiento de Iris (8) a quien define como la “compañera ideal” en éste recorrido marcial.

Las primeras escuelas de Jiu-jitsu se abrieron en la ciudad alrededor del 2011 y aunque ahora, existen muchas en funcionamiento. “Vengo compitiendo desde que arranqué pero cuando mi hija sea más grande, comenzará otra etapa que será la de acompañarla” proyecta.

Es oriunda de Lomas de Zamora, Buenos Aires y vive en Comodoro desde el año 2000; recuerda haber experimentado fugazmente en el taekwondo, el arte marcial coreano. “Siempre estuve incentivada por mi papá quien nos inculcó junto a mi hermano que ante cualquier eventualidad, primero se debe evitar el conflicto y llegado el caso, saber cómo defenderse. Siempre nos decía que había que utilizar el cuerpo del otro y utilizar esa inercia en beneficioso de uno”.

“El cinturón negro se lo dedicó a mi papá, que falleció en el 2022. No alcanzó a verme realizada en ésta disciplina pero siempre me decía “Usted no diga que no puede”; a mi mamá que me pedía que no dudara nunca de mí y a mi hermano quien me dijo “hay Jiu-jitsu en tal lado, vayamos” y a mi hija por supuesto. Ella ve todo lo que hago aún sabiendo que a veces, entrenar le quita tiempo para estar con ella”.