Por Analía Künzli
Abogada Adjunta AFI Puerto Madryn
Especial para Jornada
"No te vuelvas tan tolerante que toleres la intolerancia” (Bill Maher)
En primer lugar, hay que dejar bien en claro que la tolerancia bien entendida, más que soportar, se refiere a respetar.
Pero más que respetar, cuando hablamos de tolerancia activa estamos hablando no de aceptar la existencia del otro sino de asumir un compromiso consciente con la inclusión, el respeto y la defensa de los derechos de todas las personas, en especial aquellas cuyas ideas y costumbres difieren de las nuestras.
En principio, se hace necesario destacar que la palabra tolerancia suele invocarse como un valor fundamental para la convivencia. Sin embargo, es necesario incursionar en una diferenciación fundamental respecto de este sustantivo.
La tolerancia por sí misma si bien es indispensable en este mundo, no basta por sí sola, no basta con “soportar” lo diferente, no sirve una actitud pasiva que deja traslucir que “tolero que seas diferente mientras no me incomodes”, porque eso se asemeja a la indiferencia o al simple "vivir y dejar vivir", permitiendo la diferencia sin un esfuerzo activo por integrarla o comprenderla; y es por eso que no sólo puede ser insuficiente sino, incluso peligrosa, pues permite que el prejuicio, el racismo o la exclusión se mantengan en silencio.
Si los motivos de la tolerancia son evitar el conflicto o la impotencia al no ser capaz de cambiar una situación, la persona vive en un desinterés o miedo hacia su propio entorno.
Por el contrario, si los motivos conllevan el conocer, comprender y promover la coexistencia pacífica, se ejercerá una tolerancia positiva y activa.
Cada vez más se hace necesario pasar hacia una tolerancia activa, hacia una actitud que no sólo acepta la existencia del otro diferente sino que nos lleva al compromiso de la inclusión, del respeto y más que nada a la defensa de los derechos de todas las personas, en especial aquellas cuyas ideas, costumbres o identidades difieren de las nuestras.

La tolerancia activa nos convoca, nos invita a no ser espectadores indiferentes, sino protagonistas de una convivencia plural y respetuosa.
“Valoro tu diferencia, la defiendo y estoy dispuesto a convivir y a construir contigo, incluso en el desacuerdo”.
En la actualidad, el encuentro con personas diferentes se hace ineludible e intenso, desafiando así los límites de la tolerancia que cada persona tenga. Los lugares públicos y comunes como comercios, restaurantes, transportes o las mismas calles de circulación se convierten en escenarios que muestran el nivel de aceptación y respeto hacia la diversidad. Es posible observar los retos de la convivencia, dejando entrever el grado de fortaleza de nuestras convicciones morales y cívicas.
Este tipo de tolerancia se basa en la predisposición al intercambio, el valor de igualdad donde ninguna de las partes se ve sometida, la prioridad de intereses comunes y en la libertad de expresar libremente las diferencias y contradicciones.
Implica un compromiso de "vivir y convivir”
Practicar la tolerancia activa no significa renunciar a nuestras propias convicciones, sino reconocer que el otro también tiene derecho a las suyas. Es un llamado a transformar la simple coexistencia en convivencia auténtica, basada en el respeto, el diálogo y la acción.
Sólo con tolerancia activa podremos construir puentes donde otros ven muros, y sembrar paz donde hoy hay división.
Unicef ha dicho: “La tolerancia activa propone un esfuerzo por comprender a los otros, evitar resentimientos, supone un esfuerzo para cambiar la manera de pensar para que permita a los seres humanos aceptarse, respetarse y vivir en paz”.
Practicar la tolerancia no quiere decir renunciar a las convicciones de las personas ni tolerar la injusticia social: significa que toda persona es libre de tener sus propias convicciones y acepta que los demás también tengan las suyas, porque todos los seres humanos tienen derecho a vivir en paz, sin importar la diversidad de sus creencias, su modo de vida o su identidad.
La tolerancia nos lleva a aceptarnos, respetarnos, comprendernos y a sentir empatía por el otro. Y eso, además, tiene un impacto positivo en la salud mental y emocional de los individuos. Al aprender a convivir con la diversidad, se fortalecen los lazos sociales, se reduce el estrés asociado con el miedo a lo desconocido y se promueve un sentido de pertenencia. Esas diferencias deben ser consideradas como fuente de progreso para la sociedad.

Por Analía Künzli
Abogada Adjunta AFI Puerto Madryn
Especial para Jornada
"No te vuelvas tan tolerante que toleres la intolerancia” (Bill Maher)
En primer lugar, hay que dejar bien en claro que la tolerancia bien entendida, más que soportar, se refiere a respetar.
Pero más que respetar, cuando hablamos de tolerancia activa estamos hablando no de aceptar la existencia del otro sino de asumir un compromiso consciente con la inclusión, el respeto y la defensa de los derechos de todas las personas, en especial aquellas cuyas ideas y costumbres difieren de las nuestras.
En principio, se hace necesario destacar que la palabra tolerancia suele invocarse como un valor fundamental para la convivencia. Sin embargo, es necesario incursionar en una diferenciación fundamental respecto de este sustantivo.
La tolerancia por sí misma si bien es indispensable en este mundo, no basta por sí sola, no basta con “soportar” lo diferente, no sirve una actitud pasiva que deja traslucir que “tolero que seas diferente mientras no me incomodes”, porque eso se asemeja a la indiferencia o al simple "vivir y dejar vivir", permitiendo la diferencia sin un esfuerzo activo por integrarla o comprenderla; y es por eso que no sólo puede ser insuficiente sino, incluso peligrosa, pues permite que el prejuicio, el racismo o la exclusión se mantengan en silencio.
Si los motivos de la tolerancia son evitar el conflicto o la impotencia al no ser capaz de cambiar una situación, la persona vive en un desinterés o miedo hacia su propio entorno.
Por el contrario, si los motivos conllevan el conocer, comprender y promover la coexistencia pacífica, se ejercerá una tolerancia positiva y activa.
Cada vez más se hace necesario pasar hacia una tolerancia activa, hacia una actitud que no sólo acepta la existencia del otro diferente sino que nos lleva al compromiso de la inclusión, del respeto y más que nada a la defensa de los derechos de todas las personas, en especial aquellas cuyas ideas, costumbres o identidades difieren de las nuestras.

La tolerancia activa nos convoca, nos invita a no ser espectadores indiferentes, sino protagonistas de una convivencia plural y respetuosa.
“Valoro tu diferencia, la defiendo y estoy dispuesto a convivir y a construir contigo, incluso en el desacuerdo”.
En la actualidad, el encuentro con personas diferentes se hace ineludible e intenso, desafiando así los límites de la tolerancia que cada persona tenga. Los lugares públicos y comunes como comercios, restaurantes, transportes o las mismas calles de circulación se convierten en escenarios que muestran el nivel de aceptación y respeto hacia la diversidad. Es posible observar los retos de la convivencia, dejando entrever el grado de fortaleza de nuestras convicciones morales y cívicas.
Este tipo de tolerancia se basa en la predisposición al intercambio, el valor de igualdad donde ninguna de las partes se ve sometida, la prioridad de intereses comunes y en la libertad de expresar libremente las diferencias y contradicciones.
Implica un compromiso de "vivir y convivir”
Practicar la tolerancia activa no significa renunciar a nuestras propias convicciones, sino reconocer que el otro también tiene derecho a las suyas. Es un llamado a transformar la simple coexistencia en convivencia auténtica, basada en el respeto, el diálogo y la acción.
Sólo con tolerancia activa podremos construir puentes donde otros ven muros, y sembrar paz donde hoy hay división.
Unicef ha dicho: “La tolerancia activa propone un esfuerzo por comprender a los otros, evitar resentimientos, supone un esfuerzo para cambiar la manera de pensar para que permita a los seres humanos aceptarse, respetarse y vivir en paz”.
Practicar la tolerancia no quiere decir renunciar a las convicciones de las personas ni tolerar la injusticia social: significa que toda persona es libre de tener sus propias convicciones y acepta que los demás también tengan las suyas, porque todos los seres humanos tienen derecho a vivir en paz, sin importar la diversidad de sus creencias, su modo de vida o su identidad.
La tolerancia nos lleva a aceptarnos, respetarnos, comprendernos y a sentir empatía por el otro. Y eso, además, tiene un impacto positivo en la salud mental y emocional de los individuos. Al aprender a convivir con la diversidad, se fortalecen los lazos sociales, se reduce el estrés asociado con el miedo a lo desconocido y se promueve un sentido de pertenencia. Esas diferencias deben ser consideradas como fuente de progreso para la sociedad.