Construyó su propio avión en el patio de su casa y se prepara para volarlo

“Volar es detener el tiempo”. Santiago Horcajo unifica su pasión por el vuelo con la de construir. Y desde un avión experimental, aguarda el momento de estrenar su propio trabajo, hecho a mano y en el patio de su casa para conquistar los cielos.

08 MAR 2026 - 10:53 | Actualizado 08 MAR 2026 - 10:57

Por Ismael Tebes / Redacción Jornada

Lo que comenzó como un sueño de infancia hoy está a punto de despegar en los cielos de la Patagonia. Después de tres años de trabajo y más de tres mil horas de construcción, Santiago Horcajo, un técnico electricista radicado en Comodoro Rivadavia, terminó de armar en el patio de su casa un avión experimental, que se encuentra entre un 80 y un 90% terminado y espera las últimas inspecciones para realizar su primer vuelo.

Su pasión por la aviación nació con apenas cinco años cuando un pequeño modelo en escala fue la puerta de entrada a una pasión que ahora comparte con su familia. “Desde muy chico empecé a construir aviones de madera balsa. Soñaba con construir y con ser piloto, pero en ese momento no tenía los medios económicos para hacerlo”, recuerda.


Terminó la escuela técnica y comenzó a estudiar Ingeniería, aunque la vida lo llevó por otro camino. Tuvo que empezar a trabajar y dejar la Facultad. Sin embargo, el sueño nunca desapareció. “Con mi primer trabajo pude comprar los materiales y mi primer avión de aeromodelismo. Fui a un aeroclub y me enseñaron a volarlo. Siempre estuve vinculado a la aviación de alguna manera”, cuenta.

El proyecto que hoy está a punto de concretarse empezó a tomar forma pisando los cuarenta. Con el apoyo de su familia decidió estudiar para convertirse en piloto y al mismo tiempo avanzar en una idea que siempre lo había acompañado: construir su propio avión.


Para hacerlo compró los planos diseñados por Miguel Scheinin, que tiene una empresa en General Rodríguez y creó el modelo MS-Fácil 1, pensado para construirse con materiales disponibles y medios tecnológicos hechos en el país. Lo describió como “un faro” para los cultores de la aviación experimental.

“Argentina construyó su primera unidad en los años 50. Según la matrícula, el mío es el avión experimental número 1009”. Y resaltó la historia de Miguel Cicaré, un tornero que arreglaba máquinas agrícolas en el campo y terminó exportando helicópteros a todo el mundo.


Horcajo explica que la construcción demandó entre 20 y 30 mil dólares solamente en materiales. “Es mucho menos de lo que cuesta un auto cero kilómetro”, aclara. El verdadero valor está en el conocimiento. “En mi caso adquirí los planos y fui siguiendo completo, paso a paso. Soldé los caños uno por uno, compré caños aeronáuticos y fui resolviendo cada problema paso a paso”, explica.

El proceso lo llevó a incorporar conocimientos en distintas áreas técnicas. “Aprendí de mecánica, aerodinámica, inteligencia artificial e impresión 3D. Incluso programé algunas cosas con Arduino para sensores y posiciones. Todo lo fui resolviendo paso a paso, con ayuda de la comunidad de aviación experimental que es enorme y siempre está dispuesta a ayudar”, señala.


El avión fue tomando forma lentamente en su casa. Primero en un pequeño galpón y luego en el patio, ya por una cuestión de tamaño-crecimiento. “Trabajo doce horas por día en el petróleo. Llegaba a mi casa y algo siempre hacía. Dos o tres horas todos los días y los fines de semana entre cinco o seis. Calculo que el avión tiene unas tres mil horas de trabajo, aproximadamente el trabajo diario de tres años”, detalla.

La aeronave que cuenta las horas para su vuelo inaugural tiene 10,5 metros de envergadura, pesa entre 450 y 500 kilos y puede transportar dos personas con equipaje liviano. Está equipada con un motor de auto, un Honda Fit de 130 caballos, una solución común en éste tipo de aeronaves experimentales. “Ese motor se usa hace más de quince años en este tipo de aviones y funciona muy bien. Tiene buena potencia, es económico y está muy probado”, explica.


Con combustible completo puede volar hasta cinco horas, lo que le permitiría recorrer más de mil kilómetros. Además, su configuración de ala alta y tren convencional le permite operar en pistas rústicas o terrenos difíciles.

Al avión ya pasó dos inspecciones de la ANAC y cuenta con matrícula experimental asignada. Solo restan las revisiones finales antes del primer vuelo. “Ahora falta la inspección prevuelo y la pintura final. Las últimas etapas son las que más paciencia requieren, porque hay que ser muy cuidadoso con cada detalle”, afirma.

El primer despegue, según marca la normativa, será realizado por un piloto con mucha experiencia en vuelos de prueba. Y más allá del desafío técnico, para su creador el proyecto tiene un significado profundamente personal. “Para mí volar es detener el tiempo. Es algo muy difícil de explicar. Es una sensación que uno siente cuando está arriba del avión y todo se vuelve distinto”, dice. El avión será trasladado en breve al Aeroclub Sarmiento, donde se realizarán las pruebas de vuelo.


Su experiencia se suma a un fenómeno que crece en todo el país: la aviación experimental argentina, una comunidad de constructores y pilotos que diseñan y fabrican aeronaves con tecnología accesible y conocimiento compartido.
“En Comodoro no es el único avión experimental. “Tinti” Escobar armó desde un kit una especie de rompecabezas muy complejo y terminó volando hasta Estados Unidos”.

“Hoy en Argentina –resaltó- se están matriculando más aviones experimentales que aviones certificados. Hay volando alrededor de 30 y otros 40 en fase de construcción. Inclusive pilotos de países limítrofes han visto esto y terminaron comprando los aviones”. Después de años de trabajo silencioso en el patio de su casa, el sueño de volar un avión hecho por sus propias manos está cada vez más cerca de cumplirse.

08 MAR 2026 - 10:53

Por Ismael Tebes / Redacción Jornada

Lo que comenzó como un sueño de infancia hoy está a punto de despegar en los cielos de la Patagonia. Después de tres años de trabajo y más de tres mil horas de construcción, Santiago Horcajo, un técnico electricista radicado en Comodoro Rivadavia, terminó de armar en el patio de su casa un avión experimental, que se encuentra entre un 80 y un 90% terminado y espera las últimas inspecciones para realizar su primer vuelo.

Su pasión por la aviación nació con apenas cinco años cuando un pequeño modelo en escala fue la puerta de entrada a una pasión que ahora comparte con su familia. “Desde muy chico empecé a construir aviones de madera balsa. Soñaba con construir y con ser piloto, pero en ese momento no tenía los medios económicos para hacerlo”, recuerda.


Terminó la escuela técnica y comenzó a estudiar Ingeniería, aunque la vida lo llevó por otro camino. Tuvo que empezar a trabajar y dejar la Facultad. Sin embargo, el sueño nunca desapareció. “Con mi primer trabajo pude comprar los materiales y mi primer avión de aeromodelismo. Fui a un aeroclub y me enseñaron a volarlo. Siempre estuve vinculado a la aviación de alguna manera”, cuenta.

El proyecto que hoy está a punto de concretarse empezó a tomar forma pisando los cuarenta. Con el apoyo de su familia decidió estudiar para convertirse en piloto y al mismo tiempo avanzar en una idea que siempre lo había acompañado: construir su propio avión.


Para hacerlo compró los planos diseñados por Miguel Scheinin, que tiene una empresa en General Rodríguez y creó el modelo MS-Fácil 1, pensado para construirse con materiales disponibles y medios tecnológicos hechos en el país. Lo describió como “un faro” para los cultores de la aviación experimental.

“Argentina construyó su primera unidad en los años 50. Según la matrícula, el mío es el avión experimental número 1009”. Y resaltó la historia de Miguel Cicaré, un tornero que arreglaba máquinas agrícolas en el campo y terminó exportando helicópteros a todo el mundo.


Horcajo explica que la construcción demandó entre 20 y 30 mil dólares solamente en materiales. “Es mucho menos de lo que cuesta un auto cero kilómetro”, aclara. El verdadero valor está en el conocimiento. “En mi caso adquirí los planos y fui siguiendo completo, paso a paso. Soldé los caños uno por uno, compré caños aeronáuticos y fui resolviendo cada problema paso a paso”, explica.

El proceso lo llevó a incorporar conocimientos en distintas áreas técnicas. “Aprendí de mecánica, aerodinámica, inteligencia artificial e impresión 3D. Incluso programé algunas cosas con Arduino para sensores y posiciones. Todo lo fui resolviendo paso a paso, con ayuda de la comunidad de aviación experimental que es enorme y siempre está dispuesta a ayudar”, señala.


El avión fue tomando forma lentamente en su casa. Primero en un pequeño galpón y luego en el patio, ya por una cuestión de tamaño-crecimiento. “Trabajo doce horas por día en el petróleo. Llegaba a mi casa y algo siempre hacía. Dos o tres horas todos los días y los fines de semana entre cinco o seis. Calculo que el avión tiene unas tres mil horas de trabajo, aproximadamente el trabajo diario de tres años”, detalla.

La aeronave que cuenta las horas para su vuelo inaugural tiene 10,5 metros de envergadura, pesa entre 450 y 500 kilos y puede transportar dos personas con equipaje liviano. Está equipada con un motor de auto, un Honda Fit de 130 caballos, una solución común en éste tipo de aeronaves experimentales. “Ese motor se usa hace más de quince años en este tipo de aviones y funciona muy bien. Tiene buena potencia, es económico y está muy probado”, explica.


Con combustible completo puede volar hasta cinco horas, lo que le permitiría recorrer más de mil kilómetros. Además, su configuración de ala alta y tren convencional le permite operar en pistas rústicas o terrenos difíciles.

Al avión ya pasó dos inspecciones de la ANAC y cuenta con matrícula experimental asignada. Solo restan las revisiones finales antes del primer vuelo. “Ahora falta la inspección prevuelo y la pintura final. Las últimas etapas son las que más paciencia requieren, porque hay que ser muy cuidadoso con cada detalle”, afirma.

El primer despegue, según marca la normativa, será realizado por un piloto con mucha experiencia en vuelos de prueba. Y más allá del desafío técnico, para su creador el proyecto tiene un significado profundamente personal. “Para mí volar es detener el tiempo. Es algo muy difícil de explicar. Es una sensación que uno siente cuando está arriba del avión y todo se vuelve distinto”, dice. El avión será trasladado en breve al Aeroclub Sarmiento, donde se realizarán las pruebas de vuelo.


Su experiencia se suma a un fenómeno que crece en todo el país: la aviación experimental argentina, una comunidad de constructores y pilotos que diseñan y fabrican aeronaves con tecnología accesible y conocimiento compartido.
“En Comodoro no es el único avión experimental. “Tinti” Escobar armó desde un kit una especie de rompecabezas muy complejo y terminó volando hasta Estados Unidos”.

“Hoy en Argentina –resaltó- se están matriculando más aviones experimentales que aviones certificados. Hay volando alrededor de 30 y otros 40 en fase de construcción. Inclusive pilotos de países limítrofes han visto esto y terminaron comprando los aviones”. Después de años de trabajo silencioso en el patio de su casa, el sueño de volar un avión hecho por sus propias manos está cada vez más cerca de cumplirse.