Por Ismael Tebes / Redacción Jornada
Orgullo naval. Es de Salta y no deja de sorprenderse de las postales que le regala despertarse en el sur, a bordo del patrullero oceánico ARA “Contraalmirante Cordero”, una unidad que tiene seis años y representa la más nueva de la flota que posee la Armada Argentina.
El capitán de fragata Carlos Pereyra Russo disfruta de cada pequeño momento y es el eje de una gigantesca estructura humana que comparte no solamente sus días durante una campaña sino el orgullo de trabajar en medio de tecnología avanzada. El comandante resaltó la convivencia a bordo, el equipamiento del buque y la integración plena de mujeres en la tripulación.

La embarcación arribó al puerto de Comodoro Rivadavia luego de cumplir tareas de patrullaje en el Mar Argentino. “Para nosotros siempre es un honor, un privilegio y también un desafío que el Estado nacional nos confíe un sistema de armas como es este buque, con 60 personas a cargo. Es una responsabilidad muy grande, pero también muy satisfactoria”, expresó Pereyra Russo, quien asumió el comando de la unidad el 29 de diciembre del año pasado.
El ARA “Contraalmirante Cordero”, con puerto establecido en la Base Naval Mar del Plata, forma parte de los patrulleros oceánicos multipropósito incorporados recientemente por la Armada Argentina.

El jefe naval explicó que se trata de una plataforma moderna pensada para cumplir múltiples funciones operativas. “Es un patrullero oceánico preparado para hacer patrullas en alta mar. Tiene un sistema de armas pensado para intimidación o para marcar presencia. Sus dos sistemas más importantes son el helicóptero embarcado y los botes de alta velocidad que se pueden lanzar navegando desde el propio barco”, detalló.

El buque es imponente desde su estructura. Dispone de una cubierta de vuelo para helicópteros, sensores modernos y embarcaciones rápidas tipo RHIB, que permiten realizar abordajes o inspecciones en el mar sin necesidad de detener completamente la navegación.
Pero más allá de la tecnología y el equipamiento, Pereyra Russo remarcó que uno de los aspectos más importantes de la vida a bordo es la convivencia entre los tripulantes durante largas campañas en el mar. “Terminamos compartiendo todo el día en un espacio de 87 metros con 60 personas, día y noche. Se genera algo que llamamos la gran familia naval. Uno sabe cómo está el otro, si está preocupado, si está bien o mal. Es como una hermandad”, describió.

La rutina a bordo está organizada mediante sistemas de guardia que permiten mantener el funcionamiento permanente del buque. “A las 7 suena la ‘Diana’, que es nuestro despertador. Después viene el desayuno y comienzan las actividades. El buque nunca se detiene, siempre hay guardia. Cada uno cumple varios roles porque somos pocos, y si falta uno se nota”, explicó.
El comandante también destacó la presencia cada vez mayor de mujeres dentro de las tripulaciones navales, algo que ya forma parte de la normalidad dentro de la Armada. “Desde hace unos años la mujer pasó a ser parte normal de las tripulaciones. Puede haber entre un 20 y hasta un 40% de mujeres y el buque funciona perfectamente. Acá lo que vemos son marinos y soldados, independientemente del género”, sostuvo.

El capitán de fragata Pereyra Russo camina por la cubierta del ARA “Contraalmirante Cordero” con la serenidad de transitar por su propia casa. Y cuando habla del barco no solamente destaca su modernismo y eficacia sino que empieza desde la fibra del orgullo.
En el patrullero cada integrante cumple más de una función. La tripulación es relativamente pequeña para un buque de estas características, lo que obliga a que todos participen en diferentes tareas. Y explica que “todos son marinos” más allá de las especializaciones. “El cocinero termina de cocinar y puede estar en otro rol operativo. El camarero termina su trabajo y después está ayudando en otra tarea. Somos pocos y cada uno tiene varios roles”, describe.
Tras completar su última patrulla, el ARA “Contraalmirante Cordero” permanecerá algunos días en Comodoro con el objetivo de acercar la Armada a la comunidad. “Esta es la misión que tiene el barco ahora después de venir de patrulla: mostrar un medio del Estado nacional que es de todos los argentinos, para que la gente pueda conocerlo y ver lo que hacemos”, concluyó el comandante.
Y también hay una búsqueda detrás de esas visitas, despertar la vocación e incentivar en el futuro, carreras militares y de servicio. “Quién sabe, quizás alguno de los que venga a recorrerlo termine entrando a la Escuela Naval o a la Escuela de Suboficiales y dentro de unos años esté acá haciendo nuestro relevo”, finalizó Pereyra Russo mientras el patrullero descansa en el puerto, siempre listo pensando en volver al mar.

Por Ismael Tebes / Redacción Jornada
Orgullo naval. Es de Salta y no deja de sorprenderse de las postales que le regala despertarse en el sur, a bordo del patrullero oceánico ARA “Contraalmirante Cordero”, una unidad que tiene seis años y representa la más nueva de la flota que posee la Armada Argentina.
El capitán de fragata Carlos Pereyra Russo disfruta de cada pequeño momento y es el eje de una gigantesca estructura humana que comparte no solamente sus días durante una campaña sino el orgullo de trabajar en medio de tecnología avanzada. El comandante resaltó la convivencia a bordo, el equipamiento del buque y la integración plena de mujeres en la tripulación.

La embarcación arribó al puerto de Comodoro Rivadavia luego de cumplir tareas de patrullaje en el Mar Argentino. “Para nosotros siempre es un honor, un privilegio y también un desafío que el Estado nacional nos confíe un sistema de armas como es este buque, con 60 personas a cargo. Es una responsabilidad muy grande, pero también muy satisfactoria”, expresó Pereyra Russo, quien asumió el comando de la unidad el 29 de diciembre del año pasado.
El ARA “Contraalmirante Cordero”, con puerto establecido en la Base Naval Mar del Plata, forma parte de los patrulleros oceánicos multipropósito incorporados recientemente por la Armada Argentina.

El jefe naval explicó que se trata de una plataforma moderna pensada para cumplir múltiples funciones operativas. “Es un patrullero oceánico preparado para hacer patrullas en alta mar. Tiene un sistema de armas pensado para intimidación o para marcar presencia. Sus dos sistemas más importantes son el helicóptero embarcado y los botes de alta velocidad que se pueden lanzar navegando desde el propio barco”, detalló.

El buque es imponente desde su estructura. Dispone de una cubierta de vuelo para helicópteros, sensores modernos y embarcaciones rápidas tipo RHIB, que permiten realizar abordajes o inspecciones en el mar sin necesidad de detener completamente la navegación.
Pero más allá de la tecnología y el equipamiento, Pereyra Russo remarcó que uno de los aspectos más importantes de la vida a bordo es la convivencia entre los tripulantes durante largas campañas en el mar. “Terminamos compartiendo todo el día en un espacio de 87 metros con 60 personas, día y noche. Se genera algo que llamamos la gran familia naval. Uno sabe cómo está el otro, si está preocupado, si está bien o mal. Es como una hermandad”, describió.

La rutina a bordo está organizada mediante sistemas de guardia que permiten mantener el funcionamiento permanente del buque. “A las 7 suena la ‘Diana’, que es nuestro despertador. Después viene el desayuno y comienzan las actividades. El buque nunca se detiene, siempre hay guardia. Cada uno cumple varios roles porque somos pocos, y si falta uno se nota”, explicó.
El comandante también destacó la presencia cada vez mayor de mujeres dentro de las tripulaciones navales, algo que ya forma parte de la normalidad dentro de la Armada. “Desde hace unos años la mujer pasó a ser parte normal de las tripulaciones. Puede haber entre un 20 y hasta un 40% de mujeres y el buque funciona perfectamente. Acá lo que vemos son marinos y soldados, independientemente del género”, sostuvo.

El capitán de fragata Pereyra Russo camina por la cubierta del ARA “Contraalmirante Cordero” con la serenidad de transitar por su propia casa. Y cuando habla del barco no solamente destaca su modernismo y eficacia sino que empieza desde la fibra del orgullo.
En el patrullero cada integrante cumple más de una función. La tripulación es relativamente pequeña para un buque de estas características, lo que obliga a que todos participen en diferentes tareas. Y explica que “todos son marinos” más allá de las especializaciones. “El cocinero termina de cocinar y puede estar en otro rol operativo. El camarero termina su trabajo y después está ayudando en otra tarea. Somos pocos y cada uno tiene varios roles”, describe.
Tras completar su última patrulla, el ARA “Contraalmirante Cordero” permanecerá algunos días en Comodoro con el objetivo de acercar la Armada a la comunidad. “Esta es la misión que tiene el barco ahora después de venir de patrulla: mostrar un medio del Estado nacional que es de todos los argentinos, para que la gente pueda conocerlo y ver lo que hacemos”, concluyó el comandante.
Y también hay una búsqueda detrás de esas visitas, despertar la vocación e incentivar en el futuro, carreras militares y de servicio. “Quién sabe, quizás alguno de los que venga a recorrerlo termine entrando a la Escuela Naval o a la Escuela de Suboficiales y dentro de unos años esté acá haciendo nuestro relevo”, finalizó Pereyra Russo mientras el patrullero descansa en el puerto, siempre listo pensando en volver al mar.