El dolor de perderlo todo: “No nos gusta que nos digan ilegales”

La crisis que atraviesan los vecinos desplazados del barrio Sismográfica no se limita a la pérdida de sus viviendas. También arrastra incertidumbre, desarraigo y una creciente sensación de abandono que se profundiza con el paso de los días.

22 MAR 2026 - 17:41 | Actualizado 22 MAR 2026 - 17:48

Gabriel Gatica, referente barrial conocido como “Itaka”, electricista de profesión, representa a los vecinos del barrio Sismográfica. Aunque pudo alquilar junto a su familia, asume que sus vecinos todavía se reparten entre albergues, familias solidarias y espacios “de prestado”.

La falta de empleo formal, de las garantías que requiere cualquier operación inmobiliaria hace que los damnificados no siempre encuentren un espacio para habitar. Y reconoce que en muchos casos, la ayuda económica que otorga el municipio se utiliza “para comprar comida” y resolver urgencias.
“Estamos viviendo con incertidumbre total. No sabemos qué tan real es lo que nos dicen en cada reunión. Sabemos que se firmaron viviendas, que hay anuncios, pero no sabemos dónde van a estar, ni quiénes van a acceder, ni qué va a pasar con nosotros”. La falta de definiciones concretas es hoy el principal reclamo. Los vecinos aseguran que necesitan certezas para poder reconstruir sus vidas. “Lo que todos pedimos es bajar de una reunión con algo firmado. Que nos digan ‘van a ir a este lugar, con estas condiciones’. Porque así como estamos, no podemos proyectar nada, no podemos empezar de nuevo”, expresó.

La vida cotidiana se sostiene como se puede. Las familias se dispersaron: espacios transitorios, clubes que abrieron sus puertas y gamelas municipales son los espacios que contienen la urgencia postergada. La que en teoría, no puede esperar. “Hay muchos vecinos que no tienen trabajo en blanco, no tienen recibo de sueldo, ni garantía. Entonces alquilar se vuelve muy difícil. Algunos están en albergues, otros viviendo con familiares. Cada uno como puede”, explicó.

En ese contexto, Gatica reconoce que la ayuda económica municipal aparece como un alivio, pero insuficiente. “La ayuda sirve, es positiva, pero no alcanza. Hay gente que la usa para alquilar y también para comer, porque hay vecinos que quedaron con deudas muy grandes”, señaló.

El golpe económico es profundo. Varias familias habían invertido en sus viviendas como forma de sustento. “Hay vecinos que habían invertido indemnizaciones del petróleo para hacer departamentos y alquilar. Perdieron todo. Hoy están endeudados y sin nada”, lamentó.

A la par del drama social, el barrio comienza a desaparecer físicamente. En algunos sectores, los propios vecinos desmontan sus casas. En otros, ni siquiera pueden ingresar. “Hay gente que no pudo sacar ni un alfiler porque el terreno es completamente inestable. Y otros que sí pudieron, están desarmando sus casas como pueden. Es muy duro ver eso”, relató.

La peor descripción es la de perder “comunidad”. Familias que se establecieron en éste sector, una legalidad muy fina y la contradicción de saber que la instalación de servicios y el cobro del Derecho de Ocupante avalan una condición que no solamente necesita de papeles. “Acá nos conocíamos todos. Hay vecinos que vivían hace 20, 25 años. Yo llevo 18 años ahí. Sabíamos convivir, ayudarnos. Todo eso se rompe”, expresó con angustia.

En medio del conflicto, también surge una discusión sobre la legalidad de las tierras ocupadas, algo que. “Itaka” Gatica se encargó de relativizar. “No me gusta que nos digan ilegales. Comodoro se formó así. Mucha gente que hoy tiene terreno legal empezó igual. A nosotros nos llevaron servicios, hubo relevamientos, íbamos a empezar a pagar derechos de ocupación. Tan ilegales no éramos”. Según explicó, un grupo de vecinos ya contaba con derechos formales, mientras que otros estaban en proceso de regularización tras un relevamiento reciente.

La posibilidad de volver tampoco aparece como una opción clara, incluso para quienes no sufrieron daños estructurales en sus viviendas. “Gracias a Dios, a mi casa no le pasó nada. Pero volver solo no sirve. Necesitamos la masa de vecinos para poder reclamar, para que nos escuchen. Si volvemos diez o veinte, quedamos aislados”, advirtió.

La relocalización en distintos barrios aparece como una alternativa. “Lo aceptaremos para salir de esta situación, porque es desgastante. Pero la idea es que podamos seguir juntos. Hay tierra en Comodoro, se podría hacer un lugar para todos, pero no hay decisión de invertir”, sostuvo.

“Esto se puede solucionar rápido si hay decisión política. La plata está. Es una municipalidad que recauda. Lo que falta es que se definan y nos den una solución real”. Mientras tanto, las familias se hunden ahora en la espera. Sin casa, sin certezas y con la sensación de que, además del techo, también perdieron algo más difícil de reconstruir: su lugar en el mundo.

22 MAR 2026 - 17:41

Gabriel Gatica, referente barrial conocido como “Itaka”, electricista de profesión, representa a los vecinos del barrio Sismográfica. Aunque pudo alquilar junto a su familia, asume que sus vecinos todavía se reparten entre albergues, familias solidarias y espacios “de prestado”.

La falta de empleo formal, de las garantías que requiere cualquier operación inmobiliaria hace que los damnificados no siempre encuentren un espacio para habitar. Y reconoce que en muchos casos, la ayuda económica que otorga el municipio se utiliza “para comprar comida” y resolver urgencias.
“Estamos viviendo con incertidumbre total. No sabemos qué tan real es lo que nos dicen en cada reunión. Sabemos que se firmaron viviendas, que hay anuncios, pero no sabemos dónde van a estar, ni quiénes van a acceder, ni qué va a pasar con nosotros”. La falta de definiciones concretas es hoy el principal reclamo. Los vecinos aseguran que necesitan certezas para poder reconstruir sus vidas. “Lo que todos pedimos es bajar de una reunión con algo firmado. Que nos digan ‘van a ir a este lugar, con estas condiciones’. Porque así como estamos, no podemos proyectar nada, no podemos empezar de nuevo”, expresó.

La vida cotidiana se sostiene como se puede. Las familias se dispersaron: espacios transitorios, clubes que abrieron sus puertas y gamelas municipales son los espacios que contienen la urgencia postergada. La que en teoría, no puede esperar. “Hay muchos vecinos que no tienen trabajo en blanco, no tienen recibo de sueldo, ni garantía. Entonces alquilar se vuelve muy difícil. Algunos están en albergues, otros viviendo con familiares. Cada uno como puede”, explicó.

En ese contexto, Gatica reconoce que la ayuda económica municipal aparece como un alivio, pero insuficiente. “La ayuda sirve, es positiva, pero no alcanza. Hay gente que la usa para alquilar y también para comer, porque hay vecinos que quedaron con deudas muy grandes”, señaló.

El golpe económico es profundo. Varias familias habían invertido en sus viviendas como forma de sustento. “Hay vecinos que habían invertido indemnizaciones del petróleo para hacer departamentos y alquilar. Perdieron todo. Hoy están endeudados y sin nada”, lamentó.

A la par del drama social, el barrio comienza a desaparecer físicamente. En algunos sectores, los propios vecinos desmontan sus casas. En otros, ni siquiera pueden ingresar. “Hay gente que no pudo sacar ni un alfiler porque el terreno es completamente inestable. Y otros que sí pudieron, están desarmando sus casas como pueden. Es muy duro ver eso”, relató.

La peor descripción es la de perder “comunidad”. Familias que se establecieron en éste sector, una legalidad muy fina y la contradicción de saber que la instalación de servicios y el cobro del Derecho de Ocupante avalan una condición que no solamente necesita de papeles. “Acá nos conocíamos todos. Hay vecinos que vivían hace 20, 25 años. Yo llevo 18 años ahí. Sabíamos convivir, ayudarnos. Todo eso se rompe”, expresó con angustia.

En medio del conflicto, también surge una discusión sobre la legalidad de las tierras ocupadas, algo que. “Itaka” Gatica se encargó de relativizar. “No me gusta que nos digan ilegales. Comodoro se formó así. Mucha gente que hoy tiene terreno legal empezó igual. A nosotros nos llevaron servicios, hubo relevamientos, íbamos a empezar a pagar derechos de ocupación. Tan ilegales no éramos”. Según explicó, un grupo de vecinos ya contaba con derechos formales, mientras que otros estaban en proceso de regularización tras un relevamiento reciente.

La posibilidad de volver tampoco aparece como una opción clara, incluso para quienes no sufrieron daños estructurales en sus viviendas. “Gracias a Dios, a mi casa no le pasó nada. Pero volver solo no sirve. Necesitamos la masa de vecinos para poder reclamar, para que nos escuchen. Si volvemos diez o veinte, quedamos aislados”, advirtió.

La relocalización en distintos barrios aparece como una alternativa. “Lo aceptaremos para salir de esta situación, porque es desgastante. Pero la idea es que podamos seguir juntos. Hay tierra en Comodoro, se podría hacer un lugar para todos, pero no hay decisión de invertir”, sostuvo.

“Esto se puede solucionar rápido si hay decisión política. La plata está. Es una municipalidad que recauda. Lo que falta es que se definan y nos den una solución real”. Mientras tanto, las familias se hunden ahora en la espera. Sin casa, sin certezas y con la sensación de que, además del techo, también perdieron algo más difícil de reconstruir: su lugar en el mundo.