Un dispositivo de rastreo satelital emite una señal constante desde las gélidas aguas de las islas Orcadas del Sur en la Antártida. Semanas antes, ese mismo transmisor se encontraba a miles de kilómetros, navegando frente a las costas de Camarones en la provincia de Chubut. Este recorrido forma parte de un hallazgo científico que está cambiando lo que se sabía sobre el comportamiento de las ballenas jorobadas en el Atlántico Sur y subraya el rol vital de las áreas marinas protegidas.

Un cambio de paradigma en el mar patagónico
La historia dio un vuelco cuando los avistamientos comenzaron a multiplicarse y el equipo empezó a cruzar su banco de imágenes con la plataforma global Happywhale. El resultado fue sorprendente. Beltramino detalló que empezaron a notar que individuos registrados en la zona de Camarones habían sido vistos previamente en Brasil, en la Antártida o en el Canal Beagle. Ante estas coincidencias, surgió la iniciativa de marcar algunos ejemplares con dispositivos satelitales para descubrir hacia dónde van cuando abandonan las costas de la provincia.

Una travesía a toda velocidad hacia el sur
Tras ese período de residencia alimentaria, dos transmisores se desprendieron, pero el tercero continuó enviando información vital. El animal empezó a adentrarse en el mar y a viajar hacia el sur cada vez más lejos. "Lo hacía a una velocidad impresionante, incluso de 200 kilómetros de avance por el mar en un mismo día", describió Beltramino. Tras quince días de viaje rápido, el patrón de nado se volvió errático y los puntos de ubicación comenzaron a mezclarse. El equipo dedujo inmediatamente que la ballena había llegado a una nueva zona de alimentación antártica.

El impacto vital de las áreas protegidas
El análisis de más de cuatro años de muestreo confirma que la especie adoptó una marcada presencia en la región. Beltramino precisó que existe una clara estacionalidad que empieza a partir de fines de octubre o principios de noviembre y se extiende de manera continua hasta el mes de marzo. A su vez, los investigadores detectaron un pequeño pico de avistajes en mayo. El equipo científico sospecha que este regreso fugaz marca el momento exacto en el cual las ballenas, tras alimentarse en el extremo sur, emprenden su viaje de retorno hacia las áreas reproductivas del norte.

Link para sumarse al nuevo canal de difusión de noticias ambientales, científicas y de turismo de la Patagonia. Todas de libre publicación:
https://whatsapp.com/channel/0029VbCHctjHQbS54K0VSv3m

Un dispositivo de rastreo satelital emite una señal constante desde las gélidas aguas de las islas Orcadas del Sur en la Antártida. Semanas antes, ese mismo transmisor se encontraba a miles de kilómetros, navegando frente a las costas de Camarones en la provincia de Chubut. Este recorrido forma parte de un hallazgo científico que está cambiando lo que se sabía sobre el comportamiento de las ballenas jorobadas en el Atlántico Sur y subraya el rol vital de las áreas marinas protegidas.

Un cambio de paradigma en el mar patagónico
La historia dio un vuelco cuando los avistamientos comenzaron a multiplicarse y el equipo empezó a cruzar su banco de imágenes con la plataforma global Happywhale. El resultado fue sorprendente. Beltramino detalló que empezaron a notar que individuos registrados en la zona de Camarones habían sido vistos previamente en Brasil, en la Antártida o en el Canal Beagle. Ante estas coincidencias, surgió la iniciativa de marcar algunos ejemplares con dispositivos satelitales para descubrir hacia dónde van cuando abandonan las costas de la provincia.

Una travesía a toda velocidad hacia el sur
Tras ese período de residencia alimentaria, dos transmisores se desprendieron, pero el tercero continuó enviando información vital. El animal empezó a adentrarse en el mar y a viajar hacia el sur cada vez más lejos. "Lo hacía a una velocidad impresionante, incluso de 200 kilómetros de avance por el mar en un mismo día", describió Beltramino. Tras quince días de viaje rápido, el patrón de nado se volvió errático y los puntos de ubicación comenzaron a mezclarse. El equipo dedujo inmediatamente que la ballena había llegado a una nueva zona de alimentación antártica.

El impacto vital de las áreas protegidas
El análisis de más de cuatro años de muestreo confirma que la especie adoptó una marcada presencia en la región. Beltramino precisó que existe una clara estacionalidad que empieza a partir de fines de octubre o principios de noviembre y se extiende de manera continua hasta el mes de marzo. A su vez, los investigadores detectaron un pequeño pico de avistajes en mayo. El equipo científico sospecha que este regreso fugaz marca el momento exacto en el cual las ballenas, tras alimentarse en el extremo sur, emprenden su viaje de retorno hacia las áreas reproductivas del norte.

Link para sumarse al nuevo canal de difusión de noticias ambientales, científicas y de turismo de la Patagonia. Todas de libre publicación:
https://whatsapp.com/channel/0029VbCHctjHQbS54K0VSv3m