Mónica Alejandra Morales nunca declaró ni confesó ante nadie haber matado a su marido Lázaro Calfumán por haber llegado borracho a su casa de Tecka. La versión circuló en los medios pero en la audiencia de apertura de investigación y control de detención no se acreditó ni se sugirió. Así lo advirtió Valeria Ponce, su defensora pública.
Morales es enfermera y cumplirá dos meses de prisión preventiva acusada de homicidio agravado por el vínculo. Este lunes fue trasladada al Instituto Penitenciario Provincial de ruta 3 pero Ponce pedirá una revisión para lograr la domiciliaria.
Sobre la secuencia del episodio, Ponce explicó que la propia mujer informó lo sucedido al Hospital, a la Comisaría del pueblo y a un familiar directo.
“En la audiencia cuestioné cómo se dio el inicio de la pesquisa porque me llamó la atención que según algunos medios la imputada había dicho que `Llegó borracho y por eso el conflicto´”, graficó Ponce.
“No creo que le hayan tomado declaración. Debemos ser muy cuidadosos con lo que señalamos en los medios porque son pueblos muy chicos”. Una expresión así, por falsa que sea, puede afectar la imparcialidad de un jurado, que debe llegar a un juicio sin saber nada del hecho. “Llamó la atención la falta de registro: ¿dónde dijo eso? ¿ante quién? ¿en qué condiciones? No se pueden escribir situaciones no constatadas”.
Morales le aclaró a su abogada que ese día no habló con nadie y que se limitó a pedir auxilio al domicilio. “Es una profesional y entiende la diferencia de lo que significa una declaración espontánea o que le vayan a tomar declaración –explicó Ponce-. Si una persona sindicada de un delito habla, sí o sí debe hacerlo con un defensor porque si no, se vicia la investigación”.
“Mi preocupación es que los empleados policiales no se pueden hacer eco de manifestaciones espontaneas. Si creen que es sospechosa debe intervenir urgente un defensor. Si no, estamos ingresando por la ventana dichos que no sabemos si son reales ni su origen”.
Morales y Calfumán llevaban 26 años juntos. Pero las entrevistas que ya se hicieron con testigos de Tecka indican que buena parte de este tiempo, ella soportó violencia de género, un círculo vicioso y un vínculo conflictivo que pueden explicar el crimen. Él murió por un balazo en la cabeza de una carabina 22.
La defensora se entrevistó con la imputada la noche del sábado, en Esquel. La encontró en condiciones indignas de detención, tirada en un colchón en el piso. “Estaba en shock, muy angustiada, y no podía hablar ni estaba en condiciones emocionales, por eso aún no dio su versión. Me dijo que quiere contar cómo pasaron las cosas. Si alguien tiene claro lo que pasó es ella, y cuando declare lo pondrá en conocimiento”.
Inmediatamente tras el episodio su crisis fue tal que, según su defensora, Morales no recordó los números ni de la Policía ni del Hospital. “Llamó al 107 y contestó Colan Conhué, hasta que contactó a una enfermera y fue la ambulancia. Estuvo lejos de entorpecer el caso. La comunidad la respalda fuerte porque es muy reconocida y sabe que es una mujer trabajadora que se ocupaba de su familia”.
Un dato verificado por las entrevistas de Fiscalía y de la Defensa es que la víctima padecía problemas de consumo de alcohol. Lo dijeron referentes de la iglesia y vecinos. Y el día de su muerte los testigos de un bar lo vieron ebrio.

Mónica Alejandra Morales nunca declaró ni confesó ante nadie haber matado a su marido Lázaro Calfumán por haber llegado borracho a su casa de Tecka. La versión circuló en los medios pero en la audiencia de apertura de investigación y control de detención no se acreditó ni se sugirió. Así lo advirtió Valeria Ponce, su defensora pública.
Morales es enfermera y cumplirá dos meses de prisión preventiva acusada de homicidio agravado por el vínculo. Este lunes fue trasladada al Instituto Penitenciario Provincial de ruta 3 pero Ponce pedirá una revisión para lograr la domiciliaria.
Sobre la secuencia del episodio, Ponce explicó que la propia mujer informó lo sucedido al Hospital, a la Comisaría del pueblo y a un familiar directo.
“En la audiencia cuestioné cómo se dio el inicio de la pesquisa porque me llamó la atención que según algunos medios la imputada había dicho que `Llegó borracho y por eso el conflicto´”, graficó Ponce.
“No creo que le hayan tomado declaración. Debemos ser muy cuidadosos con lo que señalamos en los medios porque son pueblos muy chicos”. Una expresión así, por falsa que sea, puede afectar la imparcialidad de un jurado, que debe llegar a un juicio sin saber nada del hecho. “Llamó la atención la falta de registro: ¿dónde dijo eso? ¿ante quién? ¿en qué condiciones? No se pueden escribir situaciones no constatadas”.
Morales le aclaró a su abogada que ese día no habló con nadie y que se limitó a pedir auxilio al domicilio. “Es una profesional y entiende la diferencia de lo que significa una declaración espontánea o que le vayan a tomar declaración –explicó Ponce-. Si una persona sindicada de un delito habla, sí o sí debe hacerlo con un defensor porque si no, se vicia la investigación”.
“Mi preocupación es que los empleados policiales no se pueden hacer eco de manifestaciones espontaneas. Si creen que es sospechosa debe intervenir urgente un defensor. Si no, estamos ingresando por la ventana dichos que no sabemos si son reales ni su origen”.
Morales y Calfumán llevaban 26 años juntos. Pero las entrevistas que ya se hicieron con testigos de Tecka indican que buena parte de este tiempo, ella soportó violencia de género, un círculo vicioso y un vínculo conflictivo que pueden explicar el crimen. Él murió por un balazo en la cabeza de una carabina 22.
La defensora se entrevistó con la imputada la noche del sábado, en Esquel. La encontró en condiciones indignas de detención, tirada en un colchón en el piso. “Estaba en shock, muy angustiada, y no podía hablar ni estaba en condiciones emocionales, por eso aún no dio su versión. Me dijo que quiere contar cómo pasaron las cosas. Si alguien tiene claro lo que pasó es ella, y cuando declare lo pondrá en conocimiento”.
Inmediatamente tras el episodio su crisis fue tal que, según su defensora, Morales no recordó los números ni de la Policía ni del Hospital. “Llamó al 107 y contestó Colan Conhué, hasta que contactó a una enfermera y fue la ambulancia. Estuvo lejos de entorpecer el caso. La comunidad la respalda fuerte porque es muy reconocida y sabe que es una mujer trabajadora que se ocupaba de su familia”.
Un dato verificado por las entrevistas de Fiscalía y de la Defensa es que la víctima padecía problemas de consumo de alcohol. Lo dijeron referentes de la iglesia y vecinos. Y el día de su muerte los testigos de un bar lo vieron ebrio.