Murió Hernán Santos Nicolini, un histórico relator

Falleció a 15 días de cumplir 80 años. Un apasionado para el que no existían medias tintas. Del Che Guevara y los round "pares" a la popularidad.

A los 79 años, falleció Hernán Santos Nicolini, un verdadero maestro del periodismo especializado en boxeo.
03 ABR 2026 - 14:43 | Actualizado 03 ABR 2026 - 14:46

Por Ismael Tebes

Tenía solamente quince años cuando conoció en persona a Ernesto Guevara en el Aeropuerto Internacional de Carrasco. “El me preguntó cuántos años tenía y cuántos idiomas hablaba, yo le dijo “tres”. Me respondió “Es poco. Me dijo como cinco veces que tenía que estudiar”. Y eso llevó a que el pibe curioso, llegara a estudiar cuatro idiomas.

Comenzó su camino en el periodismo en Radio Belgrano, donde dio sus primeros pasos junto a los hermanos Manuel y Luis Elías Sojit transmitiendo automovilismo. Sin embargo, el boxeo lo atrapó definitivamente y marcó el rumbo de una carrera que se volvería intensa, arriesgada y profundamente apasionada.

Hernán Santos Nicolini no solamente llegó a la cima del relato boxístico, siendo capaz de conmover con la palabra sino que jugó las fichas más arriesgadas: hipotecar un departamento en Mar del Plata por 28 mil dólares para adquirir los derechos de transmisión de la histórica pelea entre Carlos Monzón y Nino Benvenutti. Aquel combate, que en un inicio no despertaba demasiado interés entre los sponsors, terminó siendo un hito: Nicolini narró el nocaut desde el Palazzo dello Sport de Roma el 7 de noviembre de 1970, en una noche que quedó grabada en la historia del boxeo argentino. “Después de la pelea me compré dos departamentos”, solía decirle a quien le consultara.

La apuesta no era fácil pero nacía de un dato contundente: un colega italiano le había enviado un fax planteando las “debilidades” del campeón, un ídolo que coqueteaba con el cine y relegaba el entrenamiento.

La transmisión radial por Rivadavia tuvo una particularidad: debía hacerse entre dos relatores: Osvaldo Caffarelli y el audaz Hernán Santos. “Se decidió un día antes que ocho rounds eran para Caffarelli y siete para mí. Mi mamá me llevó con su Peugeot hasta Ezeiza y me dijo que me iba a ir bien y que iba a relatar el título del mundo. Monzón lo noqueó en el duodécimo”.

A lo largo de su trayectoria transmitió más de 4 mil combates, incluyendo recordadas peleas internacionales como Castro-Norris desde París, consolidándose como una de las voces más reconocidas del boxeo. Pero su recorrido no se limitó al relato. Nicolini también incursionó como manager, acompañando la carrera de destacados púgiles argentinos como Marcelo Domínguez y Néstor Giovannini, a quienes llevó a conquistar títulos mundiales, demostrando su conocimiento profundo del deporte desde todos sus ángulos.

Su figura trasciende el boxeo. Trotamundo incansable, artista plástico y narrador con un estilo propio, Nicolini construyó una vida atravesada por historias, viajes y desafíos. Su vínculo con la Patagonia, en particular, forma parte de esa identidad: un lugar en el que siempre encontró inspiración.

Relató más de dos mil peleas, 150 de ellas por títulos mundiales. Siempre con un estilo singular, que trascendía cada combate y que explotaba en cada rincón de los gimnasios. Su padre, Hernando, abogado de profesión había sido secretario de Eva Perón. Llegó a conocer más de setenta países, amante de los viajes, los aviones y los caballos de carrera.

Creó la Revista Cuadrilátero, un semillero de periodistas de boxeo y fue un hombre del mundo capaz de volar en primera clase o de viajar en colectivo a un humilde festival en la Patagonia. Será inolvidable e irrepetible, un relator que describía escenas que hasta podrían no existir y un aventurero sabio que siempre quiso dejar huella.

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A los 79 años, falleció Hernán Santos Nicolini, un verdadero maestro del periodismo especializado en boxeo.
03 ABR 2026 - 14:43

Por Ismael Tebes

Tenía solamente quince años cuando conoció en persona a Ernesto Guevara en el Aeropuerto Internacional de Carrasco. “El me preguntó cuántos años tenía y cuántos idiomas hablaba, yo le dijo “tres”. Me respondió “Es poco. Me dijo como cinco veces que tenía que estudiar”. Y eso llevó a que el pibe curioso, llegara a estudiar cuatro idiomas.

Comenzó su camino en el periodismo en Radio Belgrano, donde dio sus primeros pasos junto a los hermanos Manuel y Luis Elías Sojit transmitiendo automovilismo. Sin embargo, el boxeo lo atrapó definitivamente y marcó el rumbo de una carrera que se volvería intensa, arriesgada y profundamente apasionada.

Hernán Santos Nicolini no solamente llegó a la cima del relato boxístico, siendo capaz de conmover con la palabra sino que jugó las fichas más arriesgadas: hipotecar un departamento en Mar del Plata por 28 mil dólares para adquirir los derechos de transmisión de la histórica pelea entre Carlos Monzón y Nino Benvenutti. Aquel combate, que en un inicio no despertaba demasiado interés entre los sponsors, terminó siendo un hito: Nicolini narró el nocaut desde el Palazzo dello Sport de Roma el 7 de noviembre de 1970, en una noche que quedó grabada en la historia del boxeo argentino. “Después de la pelea me compré dos departamentos”, solía decirle a quien le consultara.

La apuesta no era fácil pero nacía de un dato contundente: un colega italiano le había enviado un fax planteando las “debilidades” del campeón, un ídolo que coqueteaba con el cine y relegaba el entrenamiento.

La transmisión radial por Rivadavia tuvo una particularidad: debía hacerse entre dos relatores: Osvaldo Caffarelli y el audaz Hernán Santos. “Se decidió un día antes que ocho rounds eran para Caffarelli y siete para mí. Mi mamá me llevó con su Peugeot hasta Ezeiza y me dijo que me iba a ir bien y que iba a relatar el título del mundo. Monzón lo noqueó en el duodécimo”.

A lo largo de su trayectoria transmitió más de 4 mil combates, incluyendo recordadas peleas internacionales como Castro-Norris desde París, consolidándose como una de las voces más reconocidas del boxeo. Pero su recorrido no se limitó al relato. Nicolini también incursionó como manager, acompañando la carrera de destacados púgiles argentinos como Marcelo Domínguez y Néstor Giovannini, a quienes llevó a conquistar títulos mundiales, demostrando su conocimiento profundo del deporte desde todos sus ángulos.

Su figura trasciende el boxeo. Trotamundo incansable, artista plástico y narrador con un estilo propio, Nicolini construyó una vida atravesada por historias, viajes y desafíos. Su vínculo con la Patagonia, en particular, forma parte de esa identidad: un lugar en el que siempre encontró inspiración.

Relató más de dos mil peleas, 150 de ellas por títulos mundiales. Siempre con un estilo singular, que trascendía cada combate y que explotaba en cada rincón de los gimnasios. Su padre, Hernando, abogado de profesión había sido secretario de Eva Perón. Llegó a conocer más de setenta países, amante de los viajes, los aviones y los caballos de carrera.

Creó la Revista Cuadrilátero, un semillero de periodistas de boxeo y fue un hombre del mundo capaz de volar en primera clase o de viajar en colectivo a un humilde festival en la Patagonia. Será inolvidable e irrepetible, un relator que describía escenas que hasta podrían no existir y un aventurero sabio que siempre quiso dejar huella.