Por Rolando Tobarez / Redacción Jornada
La noche del 5 de mayo de 2020, Mariano Nahuel La Torre piloteaba un vuelo sanitario que llegaba a Esquel para llevarse a una nena de 3 años a Capital Federal. Pero el avión se estrelló cuando bajaba al aeropuerto: murieron su copiloto, un médico y un enfermero. La Torre sobrevivió pero la Justicia Federal lo procesó bajo la figura decausación culposa de desastre aéreo culposo agravado por la muerte de 3 personas.
Seis años después, el juez federal de Comodoro Rivadavia Enrique Baronetto y la Cámara Federal de Casación Penal rechazaron una oferta de la defensa del piloto: una reparación de $ 15 millones a cambio de no ir a juicio oral y público.
El accidente
El vuelo trágico en pandemia había partido a las 20.15 del aeropuerto de San Fernando, provincia de Buenos Aires. El copiloto era Ángel Gabriel Gamboa; los tripulantes, el médico Federico Bassi y el enfermero Patricio Walmsley.

El Lear Jet 35A iba a derivar a una paciente con una cardiopatía congénita desde el Hospital Regional de Esquel a un centro de mayor complejidad en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Tras dos horas y media de vuelo, a las 22.38, el avión se estrelló contra el terreno del aeropuerto Brigadier General Antonio Parodi cuando practicaba la maniobra de aproximación final por instrumentos.
La aeronave no llegó a la pista: tocó 2 veces el suelo, recorrió 400 metros por la tierra sobre piedras, rocas y matas de pasto que golpearon los motores. Terminó su marcha al toparse con un montículo. La máquina se desplazó unos metros con los motores funcionando hasta caer en un barranco de unos 3 metros y medio de profundidad.
En ese trayecto el avión se rompió e incendió hasta quedar destruido. Tenía los tanques de combustible en las puntas de las alas.
Bassi y Walmsley murieron asfixiados por los gases de ignición. Y 3 días después falleció Gamboa por un paro cardiorespiratorio con quemaduras que afectaron más del 60% de su cuerpo.
Oferta rechazada
En una audiencia preliminar el 2 de febrero de este año su defensa pública ofreció la millonaria reparacióny, como alternativa, una suspensión del juicio a prueba.
El Ministerio Público Fiscal –cuya opinión es vinculante- se opuso recordando que habían muerto tres personas. “Lo adecuada para esclarecer lo acontecido es el debate oral y público”, argumentó. También se opuso a la probation.
El juez Baronetto subrayó que fiscalía se negó “en razón de la particular gravedad del suceso —el impacto imprudente de una aeronave que provocó el fallecimiento de tres personas— y la complejidad de sus circunstancias fácticas y técnicas, señalando que la solución alternativa propuesta desatiende la entidad del injusto y su grave desenlace”.
Acudir a la suspensión del juicio a prueba “es inadecuado en atención a la particular gravedad del hecho, el resultado fatal múltiple y la necesidad de que la determinación de las eventuales responsabilidades penales se realice mediante el debate oral”.
La defensa insistió ante la Sala II de la Cámara de Casación, integrada por Guillermo Yacobucci, Ángela Ledesma y Alejandro Slokar. Por mayoría, los jueces consideraron “inadmisible” el reclamo.
Esa noche
Cuando confirmó su procesamiento, la Cámara Federal de Apelaciones de Comodoro explicó que esa noche La Torre debió haber abortado antes el intento de aproximación a la pista y aterrizar en un aeropuerto alternativo “en lugar de encarar la riesgosa maniobra que provocó impactos de la máquina contra el terreno, el despiste del avión y el carreteo por la franja de pista, sobre una superficie irregular cubierta de piedras, rocas y matas de pasto, que terminó con el incendio a consecuencia esa maniobra imprudente”.

Cuando el avión inició la aproximación por instrumentos y había alcanzado la llamada “altitud de decisión” para definir si continuaba con la maniobra para aterrizar o iniciaba la maniobra de escape, el piloto sabía que en el aeropuerto de Esquel había una visibilidad muy inferior a la exigida en la carta de navegación, por bancos de niebla que le impedían ver la pista, “pese a lo cual confió en su capacidad para efectuar con éxito el descenso de la aeronave”.
“Ante cualquier duda el piloto debe decidirse por la maniobra de escape, dado que el procedimiento de aterrizaje puede realizarse otra vez, al ser el consumo de un poco más de combustible y tiempo las únicas consecuencias menores, frente a la prioridad de la seguridad del vuelo”.
En el aeropuerto la visibilidad era de 400/500 metros, muy por debajo de la de 700 metros exigidos, y de 270 metros desde el avión. “El piloto optó por lanzarse al aterrizaje sin tener contacto visual con la pista y en condiciones severamente reducidas de vista avanzada”.
Cuando La Torre inició la maniobra de escape el avión ya estaba a 2 metros del suelo. Era tarde: los motores tardan entre 12 y 15 segundos en generar la potencia necesaria para subir nuevamente.

Por Rolando Tobarez / Redacción Jornada
La noche del 5 de mayo de 2020, Mariano Nahuel La Torre piloteaba un vuelo sanitario que llegaba a Esquel para llevarse a una nena de 3 años a Capital Federal. Pero el avión se estrelló cuando bajaba al aeropuerto: murieron su copiloto, un médico y un enfermero. La Torre sobrevivió pero la Justicia Federal lo procesó bajo la figura decausación culposa de desastre aéreo culposo agravado por la muerte de 3 personas.
Seis años después, el juez federal de Comodoro Rivadavia Enrique Baronetto y la Cámara Federal de Casación Penal rechazaron una oferta de la defensa del piloto: una reparación de $ 15 millones a cambio de no ir a juicio oral y público.
El accidente
El vuelo trágico en pandemia había partido a las 20.15 del aeropuerto de San Fernando, provincia de Buenos Aires. El copiloto era Ángel Gabriel Gamboa; los tripulantes, el médico Federico Bassi y el enfermero Patricio Walmsley.

El Lear Jet 35A iba a derivar a una paciente con una cardiopatía congénita desde el Hospital Regional de Esquel a un centro de mayor complejidad en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Tras dos horas y media de vuelo, a las 22.38, el avión se estrelló contra el terreno del aeropuerto Brigadier General Antonio Parodi cuando practicaba la maniobra de aproximación final por instrumentos.
La aeronave no llegó a la pista: tocó 2 veces el suelo, recorrió 400 metros por la tierra sobre piedras, rocas y matas de pasto que golpearon los motores. Terminó su marcha al toparse con un montículo. La máquina se desplazó unos metros con los motores funcionando hasta caer en un barranco de unos 3 metros y medio de profundidad.
En ese trayecto el avión se rompió e incendió hasta quedar destruido. Tenía los tanques de combustible en las puntas de las alas.
Bassi y Walmsley murieron asfixiados por los gases de ignición. Y 3 días después falleció Gamboa por un paro cardiorespiratorio con quemaduras que afectaron más del 60% de su cuerpo.
Oferta rechazada
En una audiencia preliminar el 2 de febrero de este año su defensa pública ofreció la millonaria reparacióny, como alternativa, una suspensión del juicio a prueba.
El Ministerio Público Fiscal –cuya opinión es vinculante- se opuso recordando que habían muerto tres personas. “Lo adecuada para esclarecer lo acontecido es el debate oral y público”, argumentó. También se opuso a la probation.
El juez Baronetto subrayó que fiscalía se negó “en razón de la particular gravedad del suceso —el impacto imprudente de una aeronave que provocó el fallecimiento de tres personas— y la complejidad de sus circunstancias fácticas y técnicas, señalando que la solución alternativa propuesta desatiende la entidad del injusto y su grave desenlace”.
Acudir a la suspensión del juicio a prueba “es inadecuado en atención a la particular gravedad del hecho, el resultado fatal múltiple y la necesidad de que la determinación de las eventuales responsabilidades penales se realice mediante el debate oral”.
La defensa insistió ante la Sala II de la Cámara de Casación, integrada por Guillermo Yacobucci, Ángela Ledesma y Alejandro Slokar. Por mayoría, los jueces consideraron “inadmisible” el reclamo.
Esa noche
Cuando confirmó su procesamiento, la Cámara Federal de Apelaciones de Comodoro explicó que esa noche La Torre debió haber abortado antes el intento de aproximación a la pista y aterrizar en un aeropuerto alternativo “en lugar de encarar la riesgosa maniobra que provocó impactos de la máquina contra el terreno, el despiste del avión y el carreteo por la franja de pista, sobre una superficie irregular cubierta de piedras, rocas y matas de pasto, que terminó con el incendio a consecuencia esa maniobra imprudente”.

Cuando el avión inició la aproximación por instrumentos y había alcanzado la llamada “altitud de decisión” para definir si continuaba con la maniobra para aterrizar o iniciaba la maniobra de escape, el piloto sabía que en el aeropuerto de Esquel había una visibilidad muy inferior a la exigida en la carta de navegación, por bancos de niebla que le impedían ver la pista, “pese a lo cual confió en su capacidad para efectuar con éxito el descenso de la aeronave”.
“Ante cualquier duda el piloto debe decidirse por la maniobra de escape, dado que el procedimiento de aterrizaje puede realizarse otra vez, al ser el consumo de un poco más de combustible y tiempo las únicas consecuencias menores, frente a la prioridad de la seguridad del vuelo”.
En el aeropuerto la visibilidad era de 400/500 metros, muy por debajo de la de 700 metros exigidos, y de 270 metros desde el avión. “El piloto optó por lanzarse al aterrizaje sin tener contacto visual con la pista y en condiciones severamente reducidas de vista avanzada”.
Cuando La Torre inició la maniobra de escape el avión ya estaba a 2 metros del suelo. Era tarde: los motores tardan entre 12 y 15 segundos en generar la potencia necesaria para subir nuevamente.