La misión Artemis II ya está de regreso en la Tierra, tras completar un histórico sobrevuelo tripulado alrededor de la Luna, el primero en más de 50 años. El operativo de amerizaje de la cápsula Orion marcó el cierre de una travesía clave para el futuro de la exploración espacial y concentró la etapa más peligrosa de todo el viaje.
El descenso fue seguido en tiempo real en todo el mundo y puso a prueba los sistemas críticos de navegación de la nave, protección térmica y rescate. En apenas unos minutos, la nave redujo una velocidad superior a los 40.000 kilómetros por hora, soportando temperaturas extremas y ejecutando una secuencia técnica que fue tal cual estaba prevista.
El descenso fue seguido en tiempo real en todo el mundo y puso a prueba los sistemas críticos de navegación, protección térmica y rescate. En apenas unos minutos, la nave redujo una velocidad superior a los 40.000 kilómetros por hora, soportando temperaturas extremas y ejecutando una secuencia técnica que fue tal cual estaba prevista.

La tripulación estuvo integrada por Reid Wiseman, Christina Koch, Victor Glover y Jeremy Hansen, quienes permanecieron varios días en el espacio probando los sistemas de la nave Orion en condiciones reales de vuelo tripulado más allá de la órbita terrestre baja. Desde la NASA remarcaron que el éxito del regreso es un dato determinante no solo para la misión actual, sino también para el programa Artemis en su conjunto, que llevará nuevamente seres humanos a la superficie lunar en los próximos años.

UN ATERRIZAJE PERFECTO, EN VIVO
Según el cronograma oficial, la cápsula Orion amerizó este viernes frente a la costa de San Diego, en el océano Pacífico. El descenso estaba programado para las 20:07 (hora del este de Estados Unidos), lo que equivale a las 21:07 en la Argentina, y se cumplió casi con perfección, aunque los especialistas habían advertido que podía sufrir mínimas alteraciones por cuestiones climáticas u operativas.
Minutos después del impacto controlado en el agua, se desplegó un enrome operativo conjunto de rescate con participación de la Marina estadounidense. Los astronautas fueron extraídos de la cápsula y sometidos a controles médicos de rutina tras la exposición prolongada a la microgravedad.
El regreso se pudo ver en vivo a través del sitio oficial de la NASA, su aplicación móvil y su canal oficial de YouTube, donde hubo transmisión continua con imágenes, audio del control de misión y explicaciones técnicas de cada etapa. La cobertura incluyó el seguimiento del desprendimiento del módulo de servicio, el ingreso a la atmósfera, el apagón de comunicaciones, el despliegue de paracaídas y el rescate en el océano.
En las horas previas, la tripulación había repasado los procedimientos finales de reingreso y se colocó prendas de compresión diseñadas para reducir mareos y efectos físicos provocados por el retorno a la gravedad terrestre. “En realidad he estado pensando en la reentrada desde el 3 de abril de 2023, cuando nos asignaron esta misión”, dijo el piloto Victor Glover. “Todavía no he empezado siquiera a procesar todo lo que hemos vivido… y atravesar la atmósfera montados en una bola de fuego también es algo profundamente impactante”.
CÓMO FUE EL REINGRESO DE ORION
El reingreso de Artemis II duró unos 20 minutos antes de tocar la atmósfera, cuando la cápsula Orion se separó de su módulo de servicio, conocido como European Service Module, desarrollado por la Agencia Espacial Europea. Este componente cuenta con 33 motores que impulsaron y maniobraron la nave durante todo el viaje. Justo antes de alcanzar la llamada interfaz de entrada, Orion llegó a su velocidad máxima, cercana a los 38.405 kilómetros por hora.
En ese punto comenzó el tramo más crítico del descenso. La nave debe ingresar con un ángulo extremadamente preciso, cercano a los -5,8 grados. El doctor Chris James, profesor del Centro de Hipersónica de la Universidad de Queensland, explicó que “existe un margen de error, pero es muy reducido: más o menos un grado”. “Cuando alcancen la interfaz de entrada, van a querer asegurarse de que las condiciones sean exactamente las previstas”, señaló James. “Si ingresan a demasiada altura y la nave produce algo de sustentación aerodinámica, podría rebotar y escapar nuevamente de la atmósfera”.
TEMPERATURAS EXTREMAS
Mientras se precipitaba a través de la atmósfera, el escudo térmico de Orion estuvo expuesto a temperaturas cercanas a los 2.700 °C, aproximadamente la mitad de la temperatura de la superficie del Sol. Ese nivel de calor es suficiente para derretir la cápsula y poner en riesgo directo la vida de los astronautas si el material protector no respondía a las exigencias para las que fue diseñado.
El material fue objeto de una revisión exhaustiva luego de que, en la misión Artemis I no tripulada, se detectaran desprendimientos superiores a los previstos. Rick Henfling, director de vuelo de Artemis II, explicó que desde la entrada en la atmósfera hasta el amerizaje transcurrirían apenas 13 minutos, un lapso breve en el que se concentran los mayores riesgos del viaje. “Orión alcanzará la interfaz de entrada a una altitud de 122 kilómetros. Y ahí es cuando empieza lo bueno de verdad”, afirmó.

A los pocos segundos del ingreso, la cápsula perderá completamente el contacto con la Tierra debido a la formación de plasma alrededor de la nave. Ese apagón de comunicaciones, que se extenderá durante varios minutos, implica que cualquier inconveniente en ese tramo deberá resolverse sin asistencia desde tierra, con sistemas automáticos y procedimientos previamente ensayados.
Superada esa fase, comenzará la desaceleración. El sistema incluye el despliegue de dos paracaídas piloto, encargados de estabilizar la cápsula y reducir la velocidad a unos 322 kilómetros por hora. Luego, a unos 1.800 metros de altura, se abrirán los tres paracaídas principales, clave para disminuir la velocidad antes del impacto con el agua. Si uno de ellos fallara, la nave puede amerizar con dos, aunque el impacto sería considerablemente más violento para la tripulación. El objetivo es que la cápsula toque el océano a una velocidad cercana a los 32 kilómetros por hora.
El amerizaje puede producirse en distintas posiciones -vertical, lateral o incluso invertida-, por lo que se inflarán airbags de color naranja para estabilizar la nave y permitir una salida segura. Rick Henfling, director de vuelo de Artemis II, explicó que desde la entrada en la atmósfera hasta el amerizaje transcurrirían apenas 13 minutos, un lapso breve en el que se concentran los mayores riesgos del viaje. “Orión alcanzará la interfaz de entrada a una altitud de 122 kilómetros. Y ahí es cuando empieza lo bueno de verdad”, afirmó.
A los pocos segundos del ingreso, la cápsula perderá completamente el contacto con la Tierra debido a la formación de plasma alrededor de la nave. Ese apagón de comunicaciones, que se extenderá durante varios minutos, implica que cualquier inconveniente en ese tramo deberá resolverse sin asistencia desde tierra, con sistemas automáticos y procedimientos previamente ensayados.
Superada esa fase, comenzará la desaceleración. El sistema incluye el despliegue de dos paracaídas piloto, encargados de estabilizar la cápsula y reducir la velocidad a unos 322 kilómetros por hora. Luego, a unos 1.800 metros de altura, se abrirán los tres paracaídas principales, clave para disminuir la velocidad antes del impacto con el agua.
Si uno de ellos fallara, la nave puede amerizar con dos, aunque el impacto sería considerablemente más violento para la tripulación. El objetivo es que la cápsula toque el océano a una velocidad cercana a los 32 kilómetros por hora. El amerizaje puede producirse en distintas posiciones -vertical, lateral o incluso invertida-, por lo que se inflarán airbags de color naranja para estabilizar la nave y permitir una salida segura.#

La misión Artemis II ya está de regreso en la Tierra, tras completar un histórico sobrevuelo tripulado alrededor de la Luna, el primero en más de 50 años. El operativo de amerizaje de la cápsula Orion marcó el cierre de una travesía clave para el futuro de la exploración espacial y concentró la etapa más peligrosa de todo el viaje.
El descenso fue seguido en tiempo real en todo el mundo y puso a prueba los sistemas críticos de navegación de la nave, protección térmica y rescate. En apenas unos minutos, la nave redujo una velocidad superior a los 40.000 kilómetros por hora, soportando temperaturas extremas y ejecutando una secuencia técnica que fue tal cual estaba prevista.
El descenso fue seguido en tiempo real en todo el mundo y puso a prueba los sistemas críticos de navegación, protección térmica y rescate. En apenas unos minutos, la nave redujo una velocidad superior a los 40.000 kilómetros por hora, soportando temperaturas extremas y ejecutando una secuencia técnica que fue tal cual estaba prevista.

La tripulación estuvo integrada por Reid Wiseman, Christina Koch, Victor Glover y Jeremy Hansen, quienes permanecieron varios días en el espacio probando los sistemas de la nave Orion en condiciones reales de vuelo tripulado más allá de la órbita terrestre baja. Desde la NASA remarcaron que el éxito del regreso es un dato determinante no solo para la misión actual, sino también para el programa Artemis en su conjunto, que llevará nuevamente seres humanos a la superficie lunar en los próximos años.

UN ATERRIZAJE PERFECTO, EN VIVO
Según el cronograma oficial, la cápsula Orion amerizó este viernes frente a la costa de San Diego, en el océano Pacífico. El descenso estaba programado para las 20:07 (hora del este de Estados Unidos), lo que equivale a las 21:07 en la Argentina, y se cumplió casi con perfección, aunque los especialistas habían advertido que podía sufrir mínimas alteraciones por cuestiones climáticas u operativas.
Minutos después del impacto controlado en el agua, se desplegó un enrome operativo conjunto de rescate con participación de la Marina estadounidense. Los astronautas fueron extraídos de la cápsula y sometidos a controles médicos de rutina tras la exposición prolongada a la microgravedad.
El regreso se pudo ver en vivo a través del sitio oficial de la NASA, su aplicación móvil y su canal oficial de YouTube, donde hubo transmisión continua con imágenes, audio del control de misión y explicaciones técnicas de cada etapa. La cobertura incluyó el seguimiento del desprendimiento del módulo de servicio, el ingreso a la atmósfera, el apagón de comunicaciones, el despliegue de paracaídas y el rescate en el océano.
En las horas previas, la tripulación había repasado los procedimientos finales de reingreso y se colocó prendas de compresión diseñadas para reducir mareos y efectos físicos provocados por el retorno a la gravedad terrestre. “En realidad he estado pensando en la reentrada desde el 3 de abril de 2023, cuando nos asignaron esta misión”, dijo el piloto Victor Glover. “Todavía no he empezado siquiera a procesar todo lo que hemos vivido… y atravesar la atmósfera montados en una bola de fuego también es algo profundamente impactante”.
CÓMO FUE EL REINGRESO DE ORION
El reingreso de Artemis II duró unos 20 minutos antes de tocar la atmósfera, cuando la cápsula Orion se separó de su módulo de servicio, conocido como European Service Module, desarrollado por la Agencia Espacial Europea. Este componente cuenta con 33 motores que impulsaron y maniobraron la nave durante todo el viaje. Justo antes de alcanzar la llamada interfaz de entrada, Orion llegó a su velocidad máxima, cercana a los 38.405 kilómetros por hora.
En ese punto comenzó el tramo más crítico del descenso. La nave debe ingresar con un ángulo extremadamente preciso, cercano a los -5,8 grados. El doctor Chris James, profesor del Centro de Hipersónica de la Universidad de Queensland, explicó que “existe un margen de error, pero es muy reducido: más o menos un grado”. “Cuando alcancen la interfaz de entrada, van a querer asegurarse de que las condiciones sean exactamente las previstas”, señaló James. “Si ingresan a demasiada altura y la nave produce algo de sustentación aerodinámica, podría rebotar y escapar nuevamente de la atmósfera”.
TEMPERATURAS EXTREMAS
Mientras se precipitaba a través de la atmósfera, el escudo térmico de Orion estuvo expuesto a temperaturas cercanas a los 2.700 °C, aproximadamente la mitad de la temperatura de la superficie del Sol. Ese nivel de calor es suficiente para derretir la cápsula y poner en riesgo directo la vida de los astronautas si el material protector no respondía a las exigencias para las que fue diseñado.
El material fue objeto de una revisión exhaustiva luego de que, en la misión Artemis I no tripulada, se detectaran desprendimientos superiores a los previstos. Rick Henfling, director de vuelo de Artemis II, explicó que desde la entrada en la atmósfera hasta el amerizaje transcurrirían apenas 13 minutos, un lapso breve en el que se concentran los mayores riesgos del viaje. “Orión alcanzará la interfaz de entrada a una altitud de 122 kilómetros. Y ahí es cuando empieza lo bueno de verdad”, afirmó.

A los pocos segundos del ingreso, la cápsula perderá completamente el contacto con la Tierra debido a la formación de plasma alrededor de la nave. Ese apagón de comunicaciones, que se extenderá durante varios minutos, implica que cualquier inconveniente en ese tramo deberá resolverse sin asistencia desde tierra, con sistemas automáticos y procedimientos previamente ensayados.
Superada esa fase, comenzará la desaceleración. El sistema incluye el despliegue de dos paracaídas piloto, encargados de estabilizar la cápsula y reducir la velocidad a unos 322 kilómetros por hora. Luego, a unos 1.800 metros de altura, se abrirán los tres paracaídas principales, clave para disminuir la velocidad antes del impacto con el agua. Si uno de ellos fallara, la nave puede amerizar con dos, aunque el impacto sería considerablemente más violento para la tripulación. El objetivo es que la cápsula toque el océano a una velocidad cercana a los 32 kilómetros por hora.
El amerizaje puede producirse en distintas posiciones -vertical, lateral o incluso invertida-, por lo que se inflarán airbags de color naranja para estabilizar la nave y permitir una salida segura. Rick Henfling, director de vuelo de Artemis II, explicó que desde la entrada en la atmósfera hasta el amerizaje transcurrirían apenas 13 minutos, un lapso breve en el que se concentran los mayores riesgos del viaje. “Orión alcanzará la interfaz de entrada a una altitud de 122 kilómetros. Y ahí es cuando empieza lo bueno de verdad”, afirmó.
A los pocos segundos del ingreso, la cápsula perderá completamente el contacto con la Tierra debido a la formación de plasma alrededor de la nave. Ese apagón de comunicaciones, que se extenderá durante varios minutos, implica que cualquier inconveniente en ese tramo deberá resolverse sin asistencia desde tierra, con sistemas automáticos y procedimientos previamente ensayados.
Superada esa fase, comenzará la desaceleración. El sistema incluye el despliegue de dos paracaídas piloto, encargados de estabilizar la cápsula y reducir la velocidad a unos 322 kilómetros por hora. Luego, a unos 1.800 metros de altura, se abrirán los tres paracaídas principales, clave para disminuir la velocidad antes del impacto con el agua.
Si uno de ellos fallara, la nave puede amerizar con dos, aunque el impacto sería considerablemente más violento para la tripulación. El objetivo es que la cápsula toque el océano a una velocidad cercana a los 32 kilómetros por hora. El amerizaje puede producirse en distintas posiciones -vertical, lateral o incluso invertida-, por lo que se inflarán airbags de color naranja para estabilizar la nave y permitir una salida segura.#