Por Ismael Tebes-Redacción Jornada
El joven ajedrecista arribó a Comodoro Rivadavia para disputar la Copa Ciudad de Comodoro Rivadavia, organizada por El Mundo del Ajedrez. Y en ese momento, ya era considerado una de las grandes promesas del país. Tenía más de 2300 puntos de ELO y había comenzado a captar la atención internacional por su velocidad de crecimiento y su enorme capacidad estratégica frente al tablero.

La apuesta tenía un objetivo claro: lograr que Comodoro Rivadavia fuera parte de los primeros grandes pasos de un jugador que ya empezaba a perfilarse como fenómeno mundial. “Lo mejor era traerlo ahora que es chico y que teníamos la facilidad y el apoyo de Comodoro Deportes para organizar un torneo así, porque después los grandes jugadores explotan, como en este caso él, que se fue a vivir a Europa”, sostuvo Rivas.
Y el tiempo terminó dándole la razón. Faustino Oro terminó dejando una huella imborrable porque en Comodoro consiguió nada menos que su primera norma de Maestro Internacional, un paso fundamental en el camino hacia el máximo título del ajedrez mundial. El torneo reunió a importantes referentes del ajedrez sudamericano y Faustino compitió de igual a igual contra grandes maestros y maestros internacionales experimentados.

Aquella actuación confirmó que lo suyo no era una promesa pasajera. A los 9 años ya mostraba una madurez competitiva sorprendente y una personalidad que llamaba la atención dentro y fuera del tablero. “Era un nene muy inteligente, muy despierto, muy pícaro. Me hacía reír mucho porque tiraba chistes de grandes”, recordó Rivas.
Sin embargo, detrás de ese talento extraordinario seguía estando un chico común. “Después lo veías caminar por la sala, mirar otras partidas o saltar como jugando a la rayuela, y te dabas cuenta que seguía siendo un nene de 8 años”, contó el dirigente, describiendo el contraste entre el genio ajedrecístico y la inocencia propia de su edad.
Andrés Aguilar, tablero número uno comodorense, recordó con orgullo, su partida con Oro: “Algo que yo tardé 15 minutos en entender, él lo resolvió en un minuto”.
“Cuando –acotó- logró el segundo puesto; la norma no fue una sorpresa para nosotros; porque conocíamos su nivel. Pero, aun así, por la edad, rompió un récord mundial al ser el primer jugador de esa edad en conseguir la norma de maestro internacional”, recordó Águila quien agregó que Faustino jugó una partida simultánea con 10 o 12 jugadores. “Ganó 11 y perdió una sola con uno de nuestros profesores, Germán Leiva”, relató.

Sobre el desarrollo de aquella partida, explicó que junto a su entrenador habían diseñado una estrategia específica para neutralizar el juego ofensivo del joven talento. “La idea era no dejarlo tener un juego activo. Sería como “quitarle la pelota” en el fútbol. Él tiene una visión táctica feroz y en el cálculo ya era superior a muchísimos jugadores. Tuve dos momentos clave para atacarlo y ganar la partida, pero no lo hice. Después él aprovechó su oportunidad y me ganó bien. Cometí un solo error y lo aprovechó”, sostuvo.
El momento que más lo impactó fue comprobar la velocidad mental con la que jugaba el niño argentino. “Algo que yo tardé 15 minutos en analizar y comprender cuál era la mejor jugada y por qué, él tardó un minuto”, recordó. “No creo que él viera más variantes que yo, pero ahí está su enorme talento. Él siente lo que es mejor sin necesidad de comprobarlo. Nosotros necesitamos calcular para convencernos; él se da cuenta al instante”.
Para el club organizador, aquella experiencia representó mucho más que un evento deportivo. “Fue muy satisfactorio para nosotros como club y para mí como persona haber organizado ese torneo”, afirmó Rivas, quien remarcó además el valor humano que dejó la visita del pequeño maestro.

Oro alcanzó la cima. El nene que comenzó a jugar al ajedrez en la pandemia respaldado por sus padres y por tutoriales de internet hoy vive en España con un ránking ELO clásico de 2528 puntos. Casi un Messi de los trebejos. Antes, muchos antes, deslumbró a todos en el sur.#

Por Ismael Tebes-Redacción Jornada
El joven ajedrecista arribó a Comodoro Rivadavia para disputar la Copa Ciudad de Comodoro Rivadavia, organizada por El Mundo del Ajedrez. Y en ese momento, ya era considerado una de las grandes promesas del país. Tenía más de 2300 puntos de ELO y había comenzado a captar la atención internacional por su velocidad de crecimiento y su enorme capacidad estratégica frente al tablero.

La apuesta tenía un objetivo claro: lograr que Comodoro Rivadavia fuera parte de los primeros grandes pasos de un jugador que ya empezaba a perfilarse como fenómeno mundial. “Lo mejor era traerlo ahora que es chico y que teníamos la facilidad y el apoyo de Comodoro Deportes para organizar un torneo así, porque después los grandes jugadores explotan, como en este caso él, que se fue a vivir a Europa”, sostuvo Rivas.
Y el tiempo terminó dándole la razón. Faustino Oro terminó dejando una huella imborrable porque en Comodoro consiguió nada menos que su primera norma de Maestro Internacional, un paso fundamental en el camino hacia el máximo título del ajedrez mundial. El torneo reunió a importantes referentes del ajedrez sudamericano y Faustino compitió de igual a igual contra grandes maestros y maestros internacionales experimentados.

Aquella actuación confirmó que lo suyo no era una promesa pasajera. A los 9 años ya mostraba una madurez competitiva sorprendente y una personalidad que llamaba la atención dentro y fuera del tablero. “Era un nene muy inteligente, muy despierto, muy pícaro. Me hacía reír mucho porque tiraba chistes de grandes”, recordó Rivas.
Sin embargo, detrás de ese talento extraordinario seguía estando un chico común. “Después lo veías caminar por la sala, mirar otras partidas o saltar como jugando a la rayuela, y te dabas cuenta que seguía siendo un nene de 8 años”, contó el dirigente, describiendo el contraste entre el genio ajedrecístico y la inocencia propia de su edad.
Andrés Aguilar, tablero número uno comodorense, recordó con orgullo, su partida con Oro: “Algo que yo tardé 15 minutos en entender, él lo resolvió en un minuto”.
“Cuando –acotó- logró el segundo puesto; la norma no fue una sorpresa para nosotros; porque conocíamos su nivel. Pero, aun así, por la edad, rompió un récord mundial al ser el primer jugador de esa edad en conseguir la norma de maestro internacional”, recordó Águila quien agregó que Faustino jugó una partida simultánea con 10 o 12 jugadores. “Ganó 11 y perdió una sola con uno de nuestros profesores, Germán Leiva”, relató.

Sobre el desarrollo de aquella partida, explicó que junto a su entrenador habían diseñado una estrategia específica para neutralizar el juego ofensivo del joven talento. “La idea era no dejarlo tener un juego activo. Sería como “quitarle la pelota” en el fútbol. Él tiene una visión táctica feroz y en el cálculo ya era superior a muchísimos jugadores. Tuve dos momentos clave para atacarlo y ganar la partida, pero no lo hice. Después él aprovechó su oportunidad y me ganó bien. Cometí un solo error y lo aprovechó”, sostuvo.
El momento que más lo impactó fue comprobar la velocidad mental con la que jugaba el niño argentino. “Algo que yo tardé 15 minutos en analizar y comprender cuál era la mejor jugada y por qué, él tardó un minuto”, recordó. “No creo que él viera más variantes que yo, pero ahí está su enorme talento. Él siente lo que es mejor sin necesidad de comprobarlo. Nosotros necesitamos calcular para convencernos; él se da cuenta al instante”.
Para el club organizador, aquella experiencia representó mucho más que un evento deportivo. “Fue muy satisfactorio para nosotros como club y para mí como persona haber organizado ese torneo”, afirmó Rivas, quien remarcó además el valor humano que dejó la visita del pequeño maestro.

Oro alcanzó la cima. El nene que comenzó a jugar al ajedrez en la pandemia respaldado por sus padres y por tutoriales de internet hoy vive en España con un ránking ELO clásico de 2528 puntos. Casi un Messi de los trebejos. Antes, muchos antes, deslumbró a todos en el sur.#