Por Bulin Fernández
Los datos duros de números oficiales, coincidentes con diferentes mediciones que se ejecutan por consultoras privadas, dan nuevamente una pálida realidad de la caída del empleo registrado en la Argentina y el cierre constante de empresas, pequeñas y medianas, que son motor de la economía en todas las regiones.
El estudio de FUNDAR, la Fundación con sede en Capital Federal que trabaja temáticas variadas y de manera muy federal, indica que en el mes de abril fueron 257 empresas las que bajaron sus persianas al público, sumando 13.163 en el último año y 24.438 desde que asumió el gobierno nacional del presidente Milei en diciembre de 2023.
El cambio del rumbo económico por el modelo liberal (a decir de sus protagonistas) generó esta debacle, sustanciada en la desinversión del Estado en todos sus niveles, las bajas del empleo público, la apertura indiscriminada de importaciones sin regulaciones específicas que cuiden el sector nacional y la desindustrialización forzada, reduciendo a su mínima expresión la planificación y participación de los sectores de investigación y estudio, a partir del congelamiento de salarios y la eliminación de incrementos presupuestarios.
Todo ese combo genera más de 17 meses de caída consecutiva de la economía en función del ajuste que permite el conocido “superávit fiscal”, a costa de eliminaciones presupuestarias, baja del consumo, pérdida de empleo e incremento muy superior a los niveles del índice inflacionario de las tarifas de bienes y servicios que cada ciudadano paga cotidianamente (energía, agua, combustibles, salud, educación, etc.).
La pregunta es si hay ganadores en esta rueda económica. Claro que sí hay beneficiados por las leyes implementadas en el Congreso Nacional para sectores económicos específicos vinculados a un modelo extractivo y exportador. “Se llevan el cuero y nos venden las botas”, dijo hace más de doscientos años nada menos que Manuel Belgrano. Ese es hoy el rumbo elegido.
En el minucioso análisis de FUNDAR (Zack, Sindicaro y Schteingart) del monitoreo mensual de empresas, queda claro el comportamiento económico y financiero de un direccionamiento elegido por quienes ejercen el gobierno.
Al discriminar en el territorio, se observa que los sectores más castigados son transporte, enseñanza, agro y construcción, con 13 de 19 sectores evaluados en caída por más de un año.
La Rioja, Catamarca y Santa Cruz son las provincias que más empresas registradas perdieron, en tanto que Río Negro y Neuquén (inversiones vinculadas a Vaca Muerta con YPF) mostraron crecimiento.
Chubut también redujo su nivel de pequeñas y medianas empresas y queda a mitad de tabla, en el puesto diez.
Menor cantidad y calidad de empleo, más “changas” y trabajo en negro sin aportes, menor consumo de la mayoría de trabajadores de diferentes rubros y la depresión familiar son una constante que se puede visualizar ya en la calle.
¿Se puede esperar hasta una nueva elección? Por supuesto que no. Encuentros como el promovido por el Sindicato de Luz y Fuerza de la Patagonia, el Municipio de Comodoro Rivadavia, APIA, la Fundación Tercer Milenio y este medio fueron una clara muestra de la unificación de criterios para elegir rumbos con los vientos existentes.
No quedar a la deriva y que la tormenta se lleve todo puesto es responsabilidad indelegable de la dirigencia política, empresarial, sindical y social. De lo contrario, volveremos al caos y al “que se vayan todos, que no quede ni uno solo” de 2001.
La experiencia ya se tiene. Solo hay que elegir en qué lugar nos encuentra, individual y colectivamente.

Por Bulin Fernández
Los datos duros de números oficiales, coincidentes con diferentes mediciones que se ejecutan por consultoras privadas, dan nuevamente una pálida realidad de la caída del empleo registrado en la Argentina y el cierre constante de empresas, pequeñas y medianas, que son motor de la economía en todas las regiones.
El estudio de FUNDAR, la Fundación con sede en Capital Federal que trabaja temáticas variadas y de manera muy federal, indica que en el mes de abril fueron 257 empresas las que bajaron sus persianas al público, sumando 13.163 en el último año y 24.438 desde que asumió el gobierno nacional del presidente Milei en diciembre de 2023.
El cambio del rumbo económico por el modelo liberal (a decir de sus protagonistas) generó esta debacle, sustanciada en la desinversión del Estado en todos sus niveles, las bajas del empleo público, la apertura indiscriminada de importaciones sin regulaciones específicas que cuiden el sector nacional y la desindustrialización forzada, reduciendo a su mínima expresión la planificación y participación de los sectores de investigación y estudio, a partir del congelamiento de salarios y la eliminación de incrementos presupuestarios.
Todo ese combo genera más de 17 meses de caída consecutiva de la economía en función del ajuste que permite el conocido “superávit fiscal”, a costa de eliminaciones presupuestarias, baja del consumo, pérdida de empleo e incremento muy superior a los niveles del índice inflacionario de las tarifas de bienes y servicios que cada ciudadano paga cotidianamente (energía, agua, combustibles, salud, educación, etc.).
La pregunta es si hay ganadores en esta rueda económica. Claro que sí hay beneficiados por las leyes implementadas en el Congreso Nacional para sectores económicos específicos vinculados a un modelo extractivo y exportador. “Se llevan el cuero y nos venden las botas”, dijo hace más de doscientos años nada menos que Manuel Belgrano. Ese es hoy el rumbo elegido.
En el minucioso análisis de FUNDAR (Zack, Sindicaro y Schteingart) del monitoreo mensual de empresas, queda claro el comportamiento económico y financiero de un direccionamiento elegido por quienes ejercen el gobierno.
Al discriminar en el territorio, se observa que los sectores más castigados son transporte, enseñanza, agro y construcción, con 13 de 19 sectores evaluados en caída por más de un año.
La Rioja, Catamarca y Santa Cruz son las provincias que más empresas registradas perdieron, en tanto que Río Negro y Neuquén (inversiones vinculadas a Vaca Muerta con YPF) mostraron crecimiento.
Chubut también redujo su nivel de pequeñas y medianas empresas y queda a mitad de tabla, en el puesto diez.
Menor cantidad y calidad de empleo, más “changas” y trabajo en negro sin aportes, menor consumo de la mayoría de trabajadores de diferentes rubros y la depresión familiar son una constante que se puede visualizar ya en la calle.
¿Se puede esperar hasta una nueva elección? Por supuesto que no. Encuentros como el promovido por el Sindicato de Luz y Fuerza de la Patagonia, el Municipio de Comodoro Rivadavia, APIA, la Fundación Tercer Milenio y este medio fueron una clara muestra de la unificación de criterios para elegir rumbos con los vientos existentes.
No quedar a la deriva y que la tormenta se lleve todo puesto es responsabilidad indelegable de la dirigencia política, empresarial, sindical y social. De lo contrario, volveremos al caos y al “que se vayan todos, que no quede ni uno solo” de 2001.
La experiencia ya se tiene. Solo hay que elegir en qué lugar nos encuentra, individual y colectivamente.