Palito Ortega: “La música fue la luz de mi vida”

Palito Ortega prepara su show “Muchacho que vas cantando” que este sábado presentará en Comodoro Rivadavia. La música, la vida y los sueños de un artista consagrado por la gente. “Hay que darle gracias a Dios porque uno todavía puede subir a un escenario”, reconoció.

13 JUN 2026 - 11:53 | Actualizado 13 JUN 2026 - 12:23

Por Ismael Tebes / Redacción Jornada

Los clásicos nunca vuelven porque en realidad jamás se fueron, siempre estuvieron ahí. La música como la vida misma. Un sueño de chango que se hizo grande, un ídolo. Un DNI que parece mentir cada vez que Ramón Bautista Ortega se sube a un escenario. Y lo que para muchos músicos jóvenes equivale a aviones, hoteles y pruebas de sonido, a “Palito” le genera una energía extra: nada como tomar la guitarra y entregarse plenamente a su público, ese combustible emocional que lo mantiene con espíritu jóven pese a los 85 que no esconde.

Desde su show “Muchacho que vas cantando” que presentará en el Cine Teatro María Auxiliadora promete volver a encontrarse con la gente utilizando a partir de una de sus miles de canciones representativas. Palito Ortega, no es solamente el artista que parece ganarle al tiempo; conquistó a las nuevas generaciones y enseñó cómo se sostiene por décadas, la magia de un clásico.

“Tomando en cuenta la década del 60’ cuando empezamos nosotros. Y hablo de Sandro, de Leonardo Favio y de tantos colegas que lamentablemente ya no están. Hay que darle gracias a Dios porque uno todavía puede subir a un escenario”, expresó el artista quien reconoce que cada presentación representa un privilegio.

“Primero porque la salud me lo permite y segundo porque la gente todavía me recibe con muchísimo cariño. Tengo que estar profundamente agradecido a Dios, a la vida y al público por ese regalo. Yo lo disfruto. Cuando subo al escenario sé que la gente conoce las canciones y el repertorio y yo tengo que responder a eso”, afirmó.

Lejos de acostumbrarse al reconocimiento, asegura que continúa sintiendo la misma emoción cada vez que enfrenta ese afecto que siente cercano. “Ya estamos hace bastante tiempo de gira alternando viajes por el país y algunas cosas en el exterior. Siempre con la felicidad y el agradecimiento a Dios por estar de pie”, sostuvo.

Sobre la permanencia de sus composiciones en el tiempo, Ortega admite que nunca imaginó semejante trascendencia. “Cuando los cantautores escribimos una canción, es el resultado de un momento de inspiración; porque uno siente algo y le da forma de canción. Pero jamás sabe cuál va a ser el destino de esa obra”, señaló.

Y recordó con orgullo que muchas de sus canciones fueron grabadas en distintos idiomas y reinterpretadas por artistas internacionales. “He escuchado canciones mías en italiano, francés y alemán. Y mencionó al alemán James Last; el director Ray Coniff y Frank Pourcell en Francia. “Grandes bandas y orquestas realizaron versiones instrumentales de mis melodías. Esa es una de las recompensas más grandes que puede recibir un compositor después de una carrera de más de cincuenta años”.

Sin embargo, asegura que el mayor premio no está ligado exclusivamente al éxito artístico y profesional. “La felicidad más grande es estar rodeado del amor de mi familia, de mis hijos y de mis nietos. Tener más de ochenta años y sentirme con ésta energía de poder andar con mi guitarra y con mi música; poder volver a casa después de una gira y encontrar ese afecto es algo que no tiene precio”, expresó.

Cuando se le pregunta por los proyectos futuros, responde con serenidad sabiendo que lo hizo todo. Y que el tiempo es un plus que le hace un guiño. “Ya no le puedo pedir más a Dios, ni a la vida. Simplemente quiero seguir como estoy, disfrutando del respeto y el cariño de la gente hasta mi último día”, afirmó.

La familia se convirtió en el centro de su presente. “Es mi energía más fuerte. Cuando vienen mis hijos, cuando llegan los nietos y podemos abrazarnos, jugar y compartir momentos juntos, siento que ahí está la verdadera riqueza, no se mide materialmente con nada. Ese es el regalo del alma y del espíritu”, dijo.

Al hablar de la música, la emoción aparece inevitablemente. Ortega la define como la gran compañera de toda su existencia. “Para mí la música fue una luz. En una infancia que no fue muy luminosa y en una adolescencia donde conocí el rigor del trabajo porque había que ayudar a mi familia. La música siempre estuvo presente”, recordó.

Aquellos años de esfuerzo quedaron grabados en su memoria. Vendiendo diarios a los doce años y recorriendo largas distancias a pie, encontró en las canciones una compañía permanente. “Siempre iba cantando. Caminaba de un lado a otro del pueblo y la música me acompañaba. Por eso digo que fue el bálsamo de mi vida, la que calmó muchas tristezas y muchas penas”, confesó.

A través de sus composiciones encontró también una forma de agradecer. “Con mis canciones le di gracias a la vida, le di gracias a Dios y a la gente que me permitió seguir teniendo un lugar sobre un escenario durante tantos años. Ellos me permiten pararme y seguir sintiendo cariño y el aplauso, brindándole humildemente mis canciones”, concluyó Ortega quien viaja por el país transmitiendo el mismo mensaje que convirtió a sus canciones en una compañía para siempre. Celebrando la vida, compartiendo el amor, agradecido.#

13 JUN 2026 - 11:53

Por Ismael Tebes / Redacción Jornada

Los clásicos nunca vuelven porque en realidad jamás se fueron, siempre estuvieron ahí. La música como la vida misma. Un sueño de chango que se hizo grande, un ídolo. Un DNI que parece mentir cada vez que Ramón Bautista Ortega se sube a un escenario. Y lo que para muchos músicos jóvenes equivale a aviones, hoteles y pruebas de sonido, a “Palito” le genera una energía extra: nada como tomar la guitarra y entregarse plenamente a su público, ese combustible emocional que lo mantiene con espíritu jóven pese a los 85 que no esconde.

Desde su show “Muchacho que vas cantando” que presentará en el Cine Teatro María Auxiliadora promete volver a encontrarse con la gente utilizando a partir de una de sus miles de canciones representativas. Palito Ortega, no es solamente el artista que parece ganarle al tiempo; conquistó a las nuevas generaciones y enseñó cómo se sostiene por décadas, la magia de un clásico.

“Tomando en cuenta la década del 60’ cuando empezamos nosotros. Y hablo de Sandro, de Leonardo Favio y de tantos colegas que lamentablemente ya no están. Hay que darle gracias a Dios porque uno todavía puede subir a un escenario”, expresó el artista quien reconoce que cada presentación representa un privilegio.

“Primero porque la salud me lo permite y segundo porque la gente todavía me recibe con muchísimo cariño. Tengo que estar profundamente agradecido a Dios, a la vida y al público por ese regalo. Yo lo disfruto. Cuando subo al escenario sé que la gente conoce las canciones y el repertorio y yo tengo que responder a eso”, afirmó.

Lejos de acostumbrarse al reconocimiento, asegura que continúa sintiendo la misma emoción cada vez que enfrenta ese afecto que siente cercano. “Ya estamos hace bastante tiempo de gira alternando viajes por el país y algunas cosas en el exterior. Siempre con la felicidad y el agradecimiento a Dios por estar de pie”, sostuvo.

Sobre la permanencia de sus composiciones en el tiempo, Ortega admite que nunca imaginó semejante trascendencia. “Cuando los cantautores escribimos una canción, es el resultado de un momento de inspiración; porque uno siente algo y le da forma de canción. Pero jamás sabe cuál va a ser el destino de esa obra”, señaló.

Y recordó con orgullo que muchas de sus canciones fueron grabadas en distintos idiomas y reinterpretadas por artistas internacionales. “He escuchado canciones mías en italiano, francés y alemán. Y mencionó al alemán James Last; el director Ray Coniff y Frank Pourcell en Francia. “Grandes bandas y orquestas realizaron versiones instrumentales de mis melodías. Esa es una de las recompensas más grandes que puede recibir un compositor después de una carrera de más de cincuenta años”.

Sin embargo, asegura que el mayor premio no está ligado exclusivamente al éxito artístico y profesional. “La felicidad más grande es estar rodeado del amor de mi familia, de mis hijos y de mis nietos. Tener más de ochenta años y sentirme con ésta energía de poder andar con mi guitarra y con mi música; poder volver a casa después de una gira y encontrar ese afecto es algo que no tiene precio”, expresó.

Cuando se le pregunta por los proyectos futuros, responde con serenidad sabiendo que lo hizo todo. Y que el tiempo es un plus que le hace un guiño. “Ya no le puedo pedir más a Dios, ni a la vida. Simplemente quiero seguir como estoy, disfrutando del respeto y el cariño de la gente hasta mi último día”, afirmó.

La familia se convirtió en el centro de su presente. “Es mi energía más fuerte. Cuando vienen mis hijos, cuando llegan los nietos y podemos abrazarnos, jugar y compartir momentos juntos, siento que ahí está la verdadera riqueza, no se mide materialmente con nada. Ese es el regalo del alma y del espíritu”, dijo.

Al hablar de la música, la emoción aparece inevitablemente. Ortega la define como la gran compañera de toda su existencia. “Para mí la música fue una luz. En una infancia que no fue muy luminosa y en una adolescencia donde conocí el rigor del trabajo porque había que ayudar a mi familia. La música siempre estuvo presente”, recordó.

Aquellos años de esfuerzo quedaron grabados en su memoria. Vendiendo diarios a los doce años y recorriendo largas distancias a pie, encontró en las canciones una compañía permanente. “Siempre iba cantando. Caminaba de un lado a otro del pueblo y la música me acompañaba. Por eso digo que fue el bálsamo de mi vida, la que calmó muchas tristezas y muchas penas”, confesó.

A través de sus composiciones encontró también una forma de agradecer. “Con mis canciones le di gracias a la vida, le di gracias a Dios y a la gente que me permitió seguir teniendo un lugar sobre un escenario durante tantos años. Ellos me permiten pararme y seguir sintiendo cariño y el aplauso, brindándole humildemente mis canciones”, concluyó Ortega quien viaja por el país transmitiendo el mismo mensaje que convirtió a sus canciones en una compañía para siempre. Celebrando la vida, compartiendo el amor, agradecido.#


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