Por Ismael Tebes / Redacción Jornada
En tiempos donde la inmediatez parece dominar cada aspecto de la vida cotidiana, Anabela Harneggett propone exactamente lo contrario: detenerse. Bajar el ritmo. Esperar que el agua alcance la temperatura justa, elegir la hebra adecuada y dejar que el tiempo de infusión haga su trabajo. Para ella, una taza de té es mucho más que eso, una experiencia sensorial, cultural y emocional.
"Yo sabía que había mucho más que la hebra que uno conoce comúnmente. Me interesaba entender los distintos orígenes, las variedades y descubrir si el té verde y el té blanco provenían de la misma planta o no", recuerda.Su inquietud la llevó donde realizó su primera capacitación como Tea Designer, especialización dedicada a la creación de blends, es decir, mezclas de distintas hebras, flores, especias o frutos.
Más tarde continuó su formación como sommelier de té, un camino que, según explica, nunca termina."Con el té nunca dejás de estudiar. Hay más de 20 mil variedades. Cada hebra es un mundo distinto dependiendo de dónde se cosecha, cómo se procesa y cómo llega finalmente a la taza", afirma.
En 2015 abrió su propia sala de elaboración bajo la marca Tempo, Aire de Té, un proyecto que mantuvo hasta 2019, cuando debió cerrar sus puertas. Sin embargo, nunca dejó de compartir conocimientos ni de responder consultas de quienes siguen interesados en aprender sobre ésta infusion.
"El té -aclara- solamente es la Camellia sinensis. Cuando hablamos de un té de boldo, manzanilla o cedrón, en realidad estamos hablando de tisanas”, explica.La diferencia puede parecer menor, pero para quienes estudian esta disciplina representa el punto de partida para comprender todo un universo de aromas, sabores y procesos de elaboración.

El secreto de respetar la hebra
Harneggett sostiene que muchas veces una excelente variedad se termina desperdiciando simplemente por prepararla de manera incorrecta.
"Hay parámetros que pueden estropear un buen té: la temperatura del agua, el tiempo de infusión y la cantidad de hebra. Si esos tres aspectos no se respetan, no vas a obtener el resultado que esa variedad puede ofrecer", señala.
Como ejemplo menciona uno de los tés más populares del mundo: el English Breakfast."Es un blend, no un té de origen. Está compuesto por distintos tés negros que se mezclan para lograr ese sabor intenso que los ingleses suelen tomar por la mañana."Más allá de los aspectos técnicos, Anabela reconoce que lo que más la apasiona es el vínculo emocional que las infusiones generan con las personas.
"Cada hoja tiene una historia y cada aroma despierta recuerdos. Un mate cocido puede llevarte inmediatamente a la cocina de tu abuela. Las infusiones siempre evocan momentos, personas y emociones", sostiene.Por eso considera que compartir una taza también implica construir vínculos."Siempre terminamos reuniéndonos alrededor de una infusión. Puede ser un mate, un café o un té. Es un momento para encontrarse con el otro o con uno mismo”.
La tradición marcada por el té galés
El interés de Harneggett también está profundamente ligado a la identidad chubutense.Casada con un descendiente de galeses, comenzó investigando precisamente el tradicional ritual del té galés, aunque pronto descubrió aspectos históricos que despertaron aún más su curiosidad.
"Investigando encontré un dato que me llamó muchísimo la atención: el velero Mimosa, antes de traer a los colonos galeses a la Patagonia, era originalmente un carguero de té, especias y frutos". Para ella, ese detalle fortalece aún más el vínculo histórico entre el té y la cultura de la provincia.
Aunque Chubut mantiene una fuerte tradición vinculada al té galés, la producción nacional se concentra en Misiones y Corrientes.
"Nuestro té tiene muchísimo reconocimiento internacional. La Camellia sinensis absorbe las características del suelo y del clima donde crece, lo que se conoce como terroir.
"El té perfecto -describe- es aquel al que le respetaste la hebra", resume. Actualmente trabaja en un libro que resume gran parte de esa filosofía.
Se titulará "Té e infusiones", un nombre que deliberadamente juega con la idea de diferenciar el verdadero té del resto de las infusiones donde propone compartir y encontrarse.
"Hace más de cinco mil años que el té acompaña a la humanidad. Creo que sigue teniendo la capacidad de ayudarnos a encontrar equilibrio, hacer una pausa y volver a conectar con nosotros mismos o con quienes tenemos al lado. Esa es la verdadera magia”.


Por Ismael Tebes / Redacción Jornada
En tiempos donde la inmediatez parece dominar cada aspecto de la vida cotidiana, Anabela Harneggett propone exactamente lo contrario: detenerse. Bajar el ritmo. Esperar que el agua alcance la temperatura justa, elegir la hebra adecuada y dejar que el tiempo de infusión haga su trabajo. Para ella, una taza de té es mucho más que eso, una experiencia sensorial, cultural y emocional.
"Yo sabía que había mucho más que la hebra que uno conoce comúnmente. Me interesaba entender los distintos orígenes, las variedades y descubrir si el té verde y el té blanco provenían de la misma planta o no", recuerda.Su inquietud la llevó donde realizó su primera capacitación como Tea Designer, especialización dedicada a la creación de blends, es decir, mezclas de distintas hebras, flores, especias o frutos.
Más tarde continuó su formación como sommelier de té, un camino que, según explica, nunca termina."Con el té nunca dejás de estudiar. Hay más de 20 mil variedades. Cada hebra es un mundo distinto dependiendo de dónde se cosecha, cómo se procesa y cómo llega finalmente a la taza", afirma.
En 2015 abrió su propia sala de elaboración bajo la marca Tempo, Aire de Té, un proyecto que mantuvo hasta 2019, cuando debió cerrar sus puertas. Sin embargo, nunca dejó de compartir conocimientos ni de responder consultas de quienes siguen interesados en aprender sobre ésta infusion.
"El té -aclara- solamente es la Camellia sinensis. Cuando hablamos de un té de boldo, manzanilla o cedrón, en realidad estamos hablando de tisanas”, explica.La diferencia puede parecer menor, pero para quienes estudian esta disciplina representa el punto de partida para comprender todo un universo de aromas, sabores y procesos de elaboración.

El secreto de respetar la hebra
Harneggett sostiene que muchas veces una excelente variedad se termina desperdiciando simplemente por prepararla de manera incorrecta.
"Hay parámetros que pueden estropear un buen té: la temperatura del agua, el tiempo de infusión y la cantidad de hebra. Si esos tres aspectos no se respetan, no vas a obtener el resultado que esa variedad puede ofrecer", señala.
Como ejemplo menciona uno de los tés más populares del mundo: el English Breakfast."Es un blend, no un té de origen. Está compuesto por distintos tés negros que se mezclan para lograr ese sabor intenso que los ingleses suelen tomar por la mañana."Más allá de los aspectos técnicos, Anabela reconoce que lo que más la apasiona es el vínculo emocional que las infusiones generan con las personas.
"Cada hoja tiene una historia y cada aroma despierta recuerdos. Un mate cocido puede llevarte inmediatamente a la cocina de tu abuela. Las infusiones siempre evocan momentos, personas y emociones", sostiene.Por eso considera que compartir una taza también implica construir vínculos."Siempre terminamos reuniéndonos alrededor de una infusión. Puede ser un mate, un café o un té. Es un momento para encontrarse con el otro o con uno mismo”.
La tradición marcada por el té galés
El interés de Harneggett también está profundamente ligado a la identidad chubutense.Casada con un descendiente de galeses, comenzó investigando precisamente el tradicional ritual del té galés, aunque pronto descubrió aspectos históricos que despertaron aún más su curiosidad.
"Investigando encontré un dato que me llamó muchísimo la atención: el velero Mimosa, antes de traer a los colonos galeses a la Patagonia, era originalmente un carguero de té, especias y frutos". Para ella, ese detalle fortalece aún más el vínculo histórico entre el té y la cultura de la provincia.
Aunque Chubut mantiene una fuerte tradición vinculada al té galés, la producción nacional se concentra en Misiones y Corrientes.
"Nuestro té tiene muchísimo reconocimiento internacional. La Camellia sinensis absorbe las características del suelo y del clima donde crece, lo que se conoce como terroir.
"El té perfecto -describe- es aquel al que le respetaste la hebra", resume. Actualmente trabaja en un libro que resume gran parte de esa filosofía.
Se titulará "Té e infusiones", un nombre que deliberadamente juega con la idea de diferenciar el verdadero té del resto de las infusiones donde propone compartir y encontrarse.
"Hace más de cinco mil años que el té acompaña a la humanidad. Creo que sigue teniendo la capacidad de ayudarnos a encontrar equilibrio, hacer una pausa y volver a conectar con nosotros mismos o con quienes tenemos al lado. Esa es la verdadera magia”.

