Tragedia en Magagna: ¿Qué nos pasa como sociedad?

05 AGO 2026 - 11:43 | Actualizado 05 AGO 2026 - 11:50

Por Esteban Gallo

Como informó Jornada, “Perejil”, el perro acusado de matar a una niña en Playa Magagna el 13 de junio de este año, fue entregado en guardia judicial al Refugio Los Callejeros de Trelew.

Un sorprendente misterio judicial rodea el caso, mientras los padres de la niña, asociaciones protectoras de animales y la comunidad en su conjunto, siguen esperando por una respuesta definitiva.

¿Cómo murió la pequeña Alma? ¿Quién la mató? ¿Fue este perro callejero el asesino o acaso, el pobre animal es solo un perejil, como opinan muchos? ¿El agresor fue otro perro, o fueron varios más?

Recuerdo a la fiscal Laura Castagno, en la primera entrevista ofrecida a este medio, dando cuenta de las heridas mortales sufridas por la víctima en la nuca y en el cuello. Tengo presente que también sostuvo aquella vez que el examen forense se realizó a las pocas horas de ocurrido el hecho y de que se tomaron muestras biológicas del perro mestizo que presentaba manchas hemáticas.

Sin embargo, no recuerdo que con posterioridad al infausto acontecimiento se haya dado a conocer un resultado contundente de esos estudios.

A Perejil le hicieron análisis de sangre, hisopados, evaluaciones detalladas en fauces y patas para cotejar el material genético. Eso fue hace casi dos meses atrás, y, sin embargo, los investigadores judiciales nunca hicieron público el resultado de esos estudios tan sesudos.

Ante el interés público y la conmoción que el caso ha tenido en la sociedad, la decisión más apropiada hubiese sido, llamar a una conferencia de prensa, con todos los papeles en la mano, y exhibir el resultado de esos análisis para que la sociedad dejara de especular, sospechar o descreer.

A no ser que los resultados no hayan sido lo contundentes que se esperaban que fueran.

No alcanza con la aparente convicción de la Dra. Castagno en el sentido de que el caso estaba prácticamente esclarecido o con alguna declaración posterior de la fiscal Florencia Gómez afirmando que Perejil había matado a la niña.

El que afirma, siempre debe probar.

De la misma manera hay que señalar que los investigadores no son los únicos que han quedado bajo la lupa en este caso.

Las versiones ofrecidas por los padres en las redes sociales no siempre han sido consistentes.

Al principio de la historia, la mamá de Alma enfatizó que su pequeña no había sido asesinada por Perejil. “Ese perro no mató a mi hija” fue lo primero que expresó. Sin embargo, algunos días después, cuando ya circulaban los supuestos resultados de los estudios genéticos, la madre se llamó a silencio y el padre de la pequeña escribió en sus redes que efectivamente el can imputado había sido el autor de la muerte de su pequeña, en línea con el pensamiento de las fiscales que investigan el caso.

Con el transcurrir de los días, aquello quedó sepultado en el olvido y prevalecieron los cuestionamientos a la Justicia, las marchas a favor de Perejil, con abogados defensores incluidos y ahora en guardia judicial en un refugio para perros.

Sería injusto y muy triste que a un animal inocente se le endilgue un hecho que no cometió. Eso no se debe permitir. Pero es más injusto todavía y mucho más penoso que haya muerto Alma en Playa Magagna, hace dos meses y todavía no sepamos quien la mató.

No podemos dejar de advertir lo inquietante que es, que el eje del debate público sea el destino del animal y no la muerte de una pequeña, porque cuando dejamos de poner en el centro a una niña muerta para discutir todo lo demás, quizá la pregunta más urgente ya no sea que pasó ese día, sino que nos está pasando a nosotros como sociedad.

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05 AGO 2026 - 11:43

Por Esteban Gallo

Como informó Jornada, “Perejil”, el perro acusado de matar a una niña en Playa Magagna el 13 de junio de este año, fue entregado en guardia judicial al Refugio Los Callejeros de Trelew.

Un sorprendente misterio judicial rodea el caso, mientras los padres de la niña, asociaciones protectoras de animales y la comunidad en su conjunto, siguen esperando por una respuesta definitiva.

¿Cómo murió la pequeña Alma? ¿Quién la mató? ¿Fue este perro callejero el asesino o acaso, el pobre animal es solo un perejil, como opinan muchos? ¿El agresor fue otro perro, o fueron varios más?

Recuerdo a la fiscal Laura Castagno, en la primera entrevista ofrecida a este medio, dando cuenta de las heridas mortales sufridas por la víctima en la nuca y en el cuello. Tengo presente que también sostuvo aquella vez que el examen forense se realizó a las pocas horas de ocurrido el hecho y de que se tomaron muestras biológicas del perro mestizo que presentaba manchas hemáticas.

Sin embargo, no recuerdo que con posterioridad al infausto acontecimiento se haya dado a conocer un resultado contundente de esos estudios.

A Perejil le hicieron análisis de sangre, hisopados, evaluaciones detalladas en fauces y patas para cotejar el material genético. Eso fue hace casi dos meses atrás, y, sin embargo, los investigadores judiciales nunca hicieron público el resultado de esos estudios tan sesudos.

Ante el interés público y la conmoción que el caso ha tenido en la sociedad, la decisión más apropiada hubiese sido, llamar a una conferencia de prensa, con todos los papeles en la mano, y exhibir el resultado de esos análisis para que la sociedad dejara de especular, sospechar o descreer.

A no ser que los resultados no hayan sido lo contundentes que se esperaban que fueran.

No alcanza con la aparente convicción de la Dra. Castagno en el sentido de que el caso estaba prácticamente esclarecido o con alguna declaración posterior de la fiscal Florencia Gómez afirmando que Perejil había matado a la niña.

El que afirma, siempre debe probar.

De la misma manera hay que señalar que los investigadores no son los únicos que han quedado bajo la lupa en este caso.

Las versiones ofrecidas por los padres en las redes sociales no siempre han sido consistentes.

Al principio de la historia, la mamá de Alma enfatizó que su pequeña no había sido asesinada por Perejil. “Ese perro no mató a mi hija” fue lo primero que expresó. Sin embargo, algunos días después, cuando ya circulaban los supuestos resultados de los estudios genéticos, la madre se llamó a silencio y el padre de la pequeña escribió en sus redes que efectivamente el can imputado había sido el autor de la muerte de su pequeña, en línea con el pensamiento de las fiscales que investigan el caso.

Con el transcurrir de los días, aquello quedó sepultado en el olvido y prevalecieron los cuestionamientos a la Justicia, las marchas a favor de Perejil, con abogados defensores incluidos y ahora en guardia judicial en un refugio para perros.

Sería injusto y muy triste que a un animal inocente se le endilgue un hecho que no cometió. Eso no se debe permitir. Pero es más injusto todavía y mucho más penoso que haya muerto Alma en Playa Magagna, hace dos meses y todavía no sepamos quien la mató.

No podemos dejar de advertir lo inquietante que es, que el eje del debate público sea el destino del animal y no la muerte de una pequeña, porque cuando dejamos de poner en el centro a una niña muerta para discutir todo lo demás, quizá la pregunta más urgente ya no sea que pasó ese día, sino que nos está pasando a nosotros como sociedad.


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