El escenario geopolítico internacional atraviesa una transformación que obliga a los países a revisar sus estrategias energéticas. Para Argentina, el desafío no pasa solamente por aumentar la producción o ampliar las exportaciones, sino por definir qué lugar ocupa la energía dentro de un proyecto de desarrollo nacional y federal.
Así lo planteó Cecilia Garibotti, integrante de Fundación Encuentro y exsubsecretaria de Planeamiento Energético de la Nación, durante su participación en el Foro de Energía, Desarrollo y Soberanía que se lleva a cabo en Puerto Madryn.
La especialista puso el foco en la necesidad de analizar cómo se posiciona Argentina frente a un escenario internacional cambiante y, especialmente, en cómo construir una política energética que contemple las particularidades de cada territorio.
“Nuestra narrativa siempre ha sido la de seguridad energética y desarrollo local”, sostuvo Garibotti, al definir dos ejes que, según explicó, deberían continuar orientando las decisiones del país en materia energética.
En ese sentido, planteó la necesidad de revisar el vínculo entre energía y desarrollo a partir de las transformaciones que atraviesa el escenario geopolítico. La pregunta central, señaló, es cuánto pueden modificar estos cambios la visión que Argentina tiene sobre su propio desarrollo y qué decisiones deberían adoptarse para sostener una estrategia de largo plazo.
El debate también involucra el destino de los recursos energéticos. Producir para abastecer el mercado interno, exportar los excedentes o utilizar la energía como herramienta para promover nuevas actividades industriales son algunas de las alternativas que forman parte de una discusión que, para Garibotti, debe darse desde una perspectiva soberana.
Uno de los aspectos que destacó fue el creciente protagonismo de las provincias. La transición energética ya no se define únicamente desde el ámbito nacional, sino que los gobiernos provinciales modificaron su rol y comenzaron a tomar decisiones propias vinculadas con la generación y el aprovechamiento de los recursos energéticos.
“Las provincias cambiaron su rol y cambiaron sus decisiones”, afirmó. En su análisis, este proceso muestra que la transición energética a nivel provincial adquiere una intensidad mayor que en etapas anteriores y obliga a repensar la articulación entre Nación y territorios.
Garibotti también se refirió al desarrollo de la energía solar en Argentina. Señaló que, en el caso de los paneles solares, la brecha existente no resulta tan elevada como podría suponerse, en parte debido a proyectos que fueron adjudicados mediante licitaciones y a otros parques impulsados actualmente por las provincias.
Este proceso evidencia, según su mirada, una transformación en la manera en que los distintos actores del sistema energético participan de la transición. La expansión de proyectos provinciales abre nuevas posibilidades, pero también plantea el desafío de establecer criterios comunes que permitan sostener una estrategia nacional.
“Ahora hay que ver cómo sostenemos el criterio propio del país”, planteó Garibotti, al advertir sobre la importancia de que Argentina pueda definir sus propias prioridades en un contexto internacional en el que las grandes potencias también están redefiniendo sus políticas energéticas.
En ese marco, la experiencia de otros países puede funcionar como referencia. La especialista destacó especialmente el caso de Rusia y consideró que observar cómo los países desarrollados estructuran sus sistemas energéticos constituye una fuente de aprendizaje para Argentina.
El desafío, en definitiva, consiste en incorporar las transformaciones del escenario global sin perder de vista las necesidades y capacidades propias. Para Garibotti, la seguridad energética, el desarrollo local, el protagonismo de las provincias y la definición de una política federal soberana deben formar parte de una misma estrategia para que la energía se convierta en una herramienta efectiva de desarrollo nacional.
El escenario geopolítico internacional atraviesa una transformación que obliga a los países a revisar sus estrategias energéticas. Para Argentina, el desafío no pasa solamente por aumentar la producción o ampliar las exportaciones, sino por definir qué lugar ocupa la energía dentro de un proyecto de desarrollo nacional y federal.
Así lo planteó Cecilia Garibotti, integrante de Fundación Encuentro y exsubsecretaria de Planeamiento Energético de la Nación, durante su participación en el Foro de Energía, Desarrollo y Soberanía que se lleva a cabo en Puerto Madryn.
La especialista puso el foco en la necesidad de analizar cómo se posiciona Argentina frente a un escenario internacional cambiante y, especialmente, en cómo construir una política energética que contemple las particularidades de cada territorio.
“Nuestra narrativa siempre ha sido la de seguridad energética y desarrollo local”, sostuvo Garibotti, al definir dos ejes que, según explicó, deberían continuar orientando las decisiones del país en materia energética.
En ese sentido, planteó la necesidad de revisar el vínculo entre energía y desarrollo a partir de las transformaciones que atraviesa el escenario geopolítico. La pregunta central, señaló, es cuánto pueden modificar estos cambios la visión que Argentina tiene sobre su propio desarrollo y qué decisiones deberían adoptarse para sostener una estrategia de largo plazo.
El debate también involucra el destino de los recursos energéticos. Producir para abastecer el mercado interno, exportar los excedentes o utilizar la energía como herramienta para promover nuevas actividades industriales son algunas de las alternativas que forman parte de una discusión que, para Garibotti, debe darse desde una perspectiva soberana.
Uno de los aspectos que destacó fue el creciente protagonismo de las provincias. La transición energética ya no se define únicamente desde el ámbito nacional, sino que los gobiernos provinciales modificaron su rol y comenzaron a tomar decisiones propias vinculadas con la generación y el aprovechamiento de los recursos energéticos.
“Las provincias cambiaron su rol y cambiaron sus decisiones”, afirmó. En su análisis, este proceso muestra que la transición energética a nivel provincial adquiere una intensidad mayor que en etapas anteriores y obliga a repensar la articulación entre Nación y territorios.
Garibotti también se refirió al desarrollo de la energía solar en Argentina. Señaló que, en el caso de los paneles solares, la brecha existente no resulta tan elevada como podría suponerse, en parte debido a proyectos que fueron adjudicados mediante licitaciones y a otros parques impulsados actualmente por las provincias.
Este proceso evidencia, según su mirada, una transformación en la manera en que los distintos actores del sistema energético participan de la transición. La expansión de proyectos provinciales abre nuevas posibilidades, pero también plantea el desafío de establecer criterios comunes que permitan sostener una estrategia nacional.
“Ahora hay que ver cómo sostenemos el criterio propio del país”, planteó Garibotti, al advertir sobre la importancia de que Argentina pueda definir sus propias prioridades en un contexto internacional en el que las grandes potencias también están redefiniendo sus políticas energéticas.
En ese marco, la experiencia de otros países puede funcionar como referencia. La especialista destacó especialmente el caso de Rusia y consideró que observar cómo los países desarrollados estructuran sus sistemas energéticos constituye una fuente de aprendizaje para Argentina.
El desafío, en definitiva, consiste en incorporar las transformaciones del escenario global sin perder de vista las necesidades y capacidades propias. Para Garibotti, la seguridad energética, el desarrollo local, el protagonismo de las provincias y la definición de una política federal soberana deben formar parte de una misma estrategia para que la energía se convierta en una herramienta efectiva de desarrollo nacional.