Un nuevo espacio de acompañamiento comenzó a funcionar en “La Casita”, en Comodoro Rivadavia, con el objetivo de brindar contención y herramientas a familiares, amigos y vecinos de personas mayores de 18 años que atraviesan tratamientos o diferentes situaciones vinculadas con la salud mental.
La licenciada Alejandra Duarte explicó que la iniciativa surgió a partir de una necesidad que comenzaron a detectar tanto en las consultas médicas como en las atenciones por guardia: mientras el paciente recibía asistencia, muchas veces su entorno quedaba sin saber cómo actuar.
“Veíamos que en las consultas médicas o con pacientes que venían por guardia, la familia estaba atravesada por situaciones muy complejas y no tenía herramientas para poder ayudar al familiar”, señaló Duarte.
A partir de esa realidad comenzaron a pensar un dispositivo específico para quienes acompañan cotidianamente al paciente.
“Veíamos que se trataba al paciente, pero la familia quedaba, digamos, en un gris”, explicó. Frente a ello, la propuesta apunta a ofrecer un espacio donde puedan ser escuchados y, al mismo tiempo, adquirir herramientas para afrontar diferentes situaciones.
La iniciativa no está dirigida exclusivamente a familiares. Duarte destacó que cada vez aparecen con mayor frecuencia amigos y vecinos que terminan convirtiéndose en la principal red de contención.
“Últimamente estamos teniendo, más que nada, amigos y vecinos. También vemos que hay falta de red de apoyo para estos pacientes que están padeciendo problemas de salud mental”, indicó.
“Hay que cuidar al cuidador”
Uno de los ejes centrales del proyecto es evitar que toda la carga del acompañamiento recaiga sobre una sola persona. Para Duarte, asistir a quien cuida es también una manera de mejorar la contención que recibe el propio paciente.
“Cuando hablamos de este proyecto, hablamos de cuidar al cuidador. ¿Por qué decimos cuidar al cuidador? Porque también esa persona está desbordada”, sostuvo.
El trabajo aborda cuestiones relacionadas con los límites, la ansiedad y las dificultades que pueden aparecer en la convivencia o durante el acompañamiento de una persona que atraviesa un padecimiento mental.
“Me parecía sumamente importante poder trabajar con esta familia, darle herramientas y no sobrecargar al cuidador”, remarcó.
Otro de los objetivos es trabajar sobre los prejuicios que todavía existen alrededor de la atención psicológica y psiquiátrica.
Duarte advirtió que el estigma muchas veces aparece dentro del propio entorno del paciente. “La familia ya viene a un tratamiento psicológico o psiquiátrico diciendo que están locos”, ejemplificó.
Por eso, una parte de los encuentros está destinada a brindar herramientas psicoeducativas que permitan comprender qué está atravesando la persona y cómo acompañarla sin aumentar su sufrimiento ni desbordar a quien se encuentra a cargo de sus cuidados.
Trabajar la culpa
Las consultas que reciben muestran otra problemática recurrente: familiares que se responsabilizan por lo que está atravesando la persona a la que acompañan.
“Llegan diciendo: ‘Yo soy culpable de que mi hijo esté enfermo’ o de lo que le pasa a un amigo. Y es también trabajar la culpa. No hay culpa en la familia”, explicó la profesional.
La propuesta busca además trabajar sobre la autonomía del paciente. Entre las preguntas frecuentes aparecen cómo acompañarlo, hasta dónde intervenir y de qué manera permitir que recupere independencia cuando se encuentra bajo tratamiento o medicación.
“Las consultas llegan de la familia preguntando: ‘¿Qué podemos hacer? ¿Cómo lo podemos cuidar? ¿Cómo podemos darle autonomía?’”, detalló.
Duarte remarcó que no existen respuestas idénticas para todos los casos, debido a que cada persona y cada grupo familiar atraviesan circunstancias diferentes.
Por ese motivo, antes de incorporarse al taller se realiza una admisión mediante una entrevista individual. “Todos tienen un contexto diferente. Por eso hay que hacer una entrevista individual para ver qué pautas trabajar con cada familia”, explicó.
A partir de esa primera evaluación se organizan posteriormente los módulos grupales. El dispositivo puede recibir consultas de familiares o allegados de personas que atraviesan diferentes problemáticas, entre ellas tratamientos psicológicos o psiquiátricos, situaciones vinculadas con ideas suicidas o contextos de violencia de género.
Un nuevo espacio de acompañamiento comenzó a funcionar en “La Casita”, en Comodoro Rivadavia, con el objetivo de brindar contención y herramientas a familiares, amigos y vecinos de personas mayores de 18 años que atraviesan tratamientos o diferentes situaciones vinculadas con la salud mental.
La licenciada Alejandra Duarte explicó que la iniciativa surgió a partir de una necesidad que comenzaron a detectar tanto en las consultas médicas como en las atenciones por guardia: mientras el paciente recibía asistencia, muchas veces su entorno quedaba sin saber cómo actuar.
“Veíamos que en las consultas médicas o con pacientes que venían por guardia, la familia estaba atravesada por situaciones muy complejas y no tenía herramientas para poder ayudar al familiar”, señaló Duarte.
A partir de esa realidad comenzaron a pensar un dispositivo específico para quienes acompañan cotidianamente al paciente.
“Veíamos que se trataba al paciente, pero la familia quedaba, digamos, en un gris”, explicó. Frente a ello, la propuesta apunta a ofrecer un espacio donde puedan ser escuchados y, al mismo tiempo, adquirir herramientas para afrontar diferentes situaciones.
La iniciativa no está dirigida exclusivamente a familiares. Duarte destacó que cada vez aparecen con mayor frecuencia amigos y vecinos que terminan convirtiéndose en la principal red de contención.
“Últimamente estamos teniendo, más que nada, amigos y vecinos. También vemos que hay falta de red de apoyo para estos pacientes que están padeciendo problemas de salud mental”, indicó.
“Hay que cuidar al cuidador”
Uno de los ejes centrales del proyecto es evitar que toda la carga del acompañamiento recaiga sobre una sola persona. Para Duarte, asistir a quien cuida es también una manera de mejorar la contención que recibe el propio paciente.
“Cuando hablamos de este proyecto, hablamos de cuidar al cuidador. ¿Por qué decimos cuidar al cuidador? Porque también esa persona está desbordada”, sostuvo.
El trabajo aborda cuestiones relacionadas con los límites, la ansiedad y las dificultades que pueden aparecer en la convivencia o durante el acompañamiento de una persona que atraviesa un padecimiento mental.
“Me parecía sumamente importante poder trabajar con esta familia, darle herramientas y no sobrecargar al cuidador”, remarcó.
Otro de los objetivos es trabajar sobre los prejuicios que todavía existen alrededor de la atención psicológica y psiquiátrica.
Duarte advirtió que el estigma muchas veces aparece dentro del propio entorno del paciente. “La familia ya viene a un tratamiento psicológico o psiquiátrico diciendo que están locos”, ejemplificó.
Por eso, una parte de los encuentros está destinada a brindar herramientas psicoeducativas que permitan comprender qué está atravesando la persona y cómo acompañarla sin aumentar su sufrimiento ni desbordar a quien se encuentra a cargo de sus cuidados.
Trabajar la culpa
Las consultas que reciben muestran otra problemática recurrente: familiares que se responsabilizan por lo que está atravesando la persona a la que acompañan.
“Llegan diciendo: ‘Yo soy culpable de que mi hijo esté enfermo’ o de lo que le pasa a un amigo. Y es también trabajar la culpa. No hay culpa en la familia”, explicó la profesional.
La propuesta busca además trabajar sobre la autonomía del paciente. Entre las preguntas frecuentes aparecen cómo acompañarlo, hasta dónde intervenir y de qué manera permitir que recupere independencia cuando se encuentra bajo tratamiento o medicación.
“Las consultas llegan de la familia preguntando: ‘¿Qué podemos hacer? ¿Cómo lo podemos cuidar? ¿Cómo podemos darle autonomía?’”, detalló.
Duarte remarcó que no existen respuestas idénticas para todos los casos, debido a que cada persona y cada grupo familiar atraviesan circunstancias diferentes.
Por ese motivo, antes de incorporarse al taller se realiza una admisión mediante una entrevista individual. “Todos tienen un contexto diferente. Por eso hay que hacer una entrevista individual para ver qué pautas trabajar con cada familia”, explicó.
A partir de esa primera evaluación se organizan posteriormente los módulos grupales. El dispositivo puede recibir consultas de familiares o allegados de personas que atraviesan diferentes problemáticas, entre ellas tratamientos psicológicos o psiquiátricos, situaciones vinculadas con ideas suicidas o contextos de violencia de género.