Este 7 de septiembre se cumplen 33 años del fallecimiento de Julio Antieco, creador de la bandera que se convirtió en símbolo y emblema de las comunidades Mapuche-Tehuelche de la provincia del Chubut.
Su legado permanece vigente y gran parte de esa historia continúa siendo transmitida por su familia. La historia de la bandera comenzó a tomar forma el 3 de agosto de 1991, durante la Primera Reunión Provincial de Caciques y Comunidades Aborígenes, realizada en Trevelin. En ese encuentro, Julio Antieco tuvo la posibilidad de expresar personalmente su intención de crear un símbolo que representara a las comunidades originarias de la provincia.

La propuesta fue puesta a consideración de los presentes y aprobada por unanimidad. Poco después, el 6 de noviembre de 1991, mediante el Decreto Provincial Nº 1.820, la bandera fue reconocida oficialmente como símbolo y emblema de las comunidades aborígenes de Chubut.
El emblema está compuesto por los colores amarillo, blanco y azul, junto con una punta de flecha, elementos que quedaron asociados a la identidad y representación de los pueblos Mapuche-Tehuelche de la provincia.
Julio Antieco falleció el 7 de septiembre de 1993. Un año después, a pedido de sus hijos, el 21 de julio de 1994 se autorizó mediante el Decreto Provincial Nº 777 el izamiento del símbolo de los pueblos Mapuche-Tehuelche en recordación de la fecha de fallecimiento de su creador.

El reconocimiento institucional quedó posteriormente establecido en la Ley Provincial Nº 4072, sancionada el 14 de marzo de 1995. Su artículo primero reconoce como símbolo y emblema de las comunidades aborígenes de la provincia del Chubut a la bandera con los colores amarillo, blanco y azul y una punta de flecha, aprobada por unanimidad durante aquella primera reunión provincial.
A más de tres décadas de su creación, la bandera continúa presente en actos, encuentros y espacios de representación de las comunidades originarias de Chubut. Pero detrás del símbolo existe también una historia familiar: la de un hombre que buscó representar sus raíces y la de sus hijos, que mantienen viva su memoria y la defensa de sus orígenes.
Este 7 de septiembre se cumplen 33 años del fallecimiento de Julio Antieco, creador de la bandera que se convirtió en símbolo y emblema de las comunidades Mapuche-Tehuelche de la provincia del Chubut.
Su legado permanece vigente y gran parte de esa historia continúa siendo transmitida por su familia. La historia de la bandera comenzó a tomar forma el 3 de agosto de 1991, durante la Primera Reunión Provincial de Caciques y Comunidades Aborígenes, realizada en Trevelin. En ese encuentro, Julio Antieco tuvo la posibilidad de expresar personalmente su intención de crear un símbolo que representara a las comunidades originarias de la provincia.

La propuesta fue puesta a consideración de los presentes y aprobada por unanimidad. Poco después, el 6 de noviembre de 1991, mediante el Decreto Provincial Nº 1.820, la bandera fue reconocida oficialmente como símbolo y emblema de las comunidades aborígenes de Chubut.
El emblema está compuesto por los colores amarillo, blanco y azul, junto con una punta de flecha, elementos que quedaron asociados a la identidad y representación de los pueblos Mapuche-Tehuelche de la provincia.
Julio Antieco falleció el 7 de septiembre de 1993. Un año después, a pedido de sus hijos, el 21 de julio de 1994 se autorizó mediante el Decreto Provincial Nº 777 el izamiento del símbolo de los pueblos Mapuche-Tehuelche en recordación de la fecha de fallecimiento de su creador.

El reconocimiento institucional quedó posteriormente establecido en la Ley Provincial Nº 4072, sancionada el 14 de marzo de 1995. Su artículo primero reconoce como símbolo y emblema de las comunidades aborígenes de la provincia del Chubut a la bandera con los colores amarillo, blanco y azul y una punta de flecha, aprobada por unanimidad durante aquella primera reunión provincial.
A más de tres décadas de su creación, la bandera continúa presente en actos, encuentros y espacios de representación de las comunidades originarias de Chubut. Pero detrás del símbolo existe también una historia familiar: la de un hombre que buscó representar sus raíces y la de sus hijos, que mantienen viva su memoria y la defensa de sus orígenes.