“Janet era nuestra”: la conmovedora carta de una amiga

Ana Laura Ramírez, era amiga de Janet Sarmiento y le dedicó una emotiva carta escrita con el corazón y desde el alma.

09 SEP 2026 - 8:12 | Actualizado 09 SEP 2026 - 8:16

La inesperada e injusta muerte de Janet Sarmiento, la joven madre y empleada del Hospital Isola de Puerto Madryn, que falleció el domingo pasado cuando fue atropellada por un conductor borracho, despertó sentimientos de indignación en la ciudad, pero también de mucho dolor para quienes la conocieron.

Y una de ellas es Ana Laura Ramírez, amiga de Janet a quien le dedicó una emotiva carta escrita desde el corazón y el alma.

“Janet era nuestra"

Eran las siete de la mañana de un domingo en Puerto Madryn. La ciudad dormía. Janet no. Janet Sarmiento pedaleaba rumbo a su trabajo.

Mientras muchos todavía descansaban, ella empezaba el día. En otro punto de la ciudad, alguien venía de una noche de copas y conducía con 2,16 gramos de alcohol por litro de sangre, según se informó sobre el hecho.

Dos caminos se cruzaron aquella mañana. Uno venía de la noche. Janet iba hacia su futuro. Y bastó un segundo para dejar a dos niños sin su mamá y arrancarle, justamente, el que quizás comenzaba a ser el mejor capítulo de su historia.

Janet había luchado mucho para llegar hasta ahí. Era madre de dos niños y sostén de su familia. Hacía poco había terminado la secundaria y había conseguido un trabajo estable.

Después de una vida difícil, empezaba a disfrutar de esos pequeños y grandes pasos que para otros pueden parecer cotidianos, pero que para ella habían costado muchísimo.

Y era electricista. Sí, electricista. Una mujer abriéndose camino en un oficio históricamente de hombres. De las primeras. De las que se animan y, sin proponérselo, dejan una puerta abierta para las que vienen detrás.

Era su momento. El de mirar hacia atrás y sentir que tanto esfuerzo había valido la pena. Tener un trabajo, hacer planes para sus hijos, proyectarse. Sentir, simplemente, que estaba pudiendo.

No sabemos qué pensaba mientras pedaleaba aquella mañana. Tal vez en sus hijos, en el trabajo o simplemente en llegar. No llegó. Y eso duele, pero también indigna, porque podía evitarse.

Conducir con semejante nivel de alcohol no puede naturalizarse como una irresponsabilidad más. Quien maneja alcoholizado pone en riesgo la vida de cualquiera que tenga la desgracia de cruzarse en su camino.

Aquella mañana fue Janet. Por eso no permitamos que su historia quede reducida a “la ciclista que murió”.

Su nombre era Janet Sarmiento. Era mamá, trabajadora, compañera, sostén de familia. Ayudaba a los demás.

Era una de esas mujeres que hacen grande una ciudad sin ocupar titulares: trabajando, criando, estudiando y tratando de salir adelante. Janet era nuestra. Mientras Madryn dormía, ella pedaleaba para construir la vida que había empezado a ganarse paso a paso.

Qué injusticia que haya sido justo entonces. Cuando la vida empezaba a parecerse un poco más a la vida que había soñado. Le arrebataron las páginas que faltaban. Pero no podrán borrar las que escribió.

Janet, la mamá. La trabajadora. La que terminó la secundaria. La que ayudaba. La electricista. La primera de todas. Te vamos a extrañar. Madryn te va a extrañar. Y ojalá esta ciudad no solamente llore tu ausencia. Ojalá también aprenda de ella. #


09 SEP 2026 - 8:12

La inesperada e injusta muerte de Janet Sarmiento, la joven madre y empleada del Hospital Isola de Puerto Madryn, que falleció el domingo pasado cuando fue atropellada por un conductor borracho, despertó sentimientos de indignación en la ciudad, pero también de mucho dolor para quienes la conocieron.

Y una de ellas es Ana Laura Ramírez, amiga de Janet a quien le dedicó una emotiva carta escrita desde el corazón y el alma.

“Janet era nuestra"

Eran las siete de la mañana de un domingo en Puerto Madryn. La ciudad dormía. Janet no. Janet Sarmiento pedaleaba rumbo a su trabajo.

Mientras muchos todavía descansaban, ella empezaba el día. En otro punto de la ciudad, alguien venía de una noche de copas y conducía con 2,16 gramos de alcohol por litro de sangre, según se informó sobre el hecho.

Dos caminos se cruzaron aquella mañana. Uno venía de la noche. Janet iba hacia su futuro. Y bastó un segundo para dejar a dos niños sin su mamá y arrancarle, justamente, el que quizás comenzaba a ser el mejor capítulo de su historia.

Janet había luchado mucho para llegar hasta ahí. Era madre de dos niños y sostén de su familia. Hacía poco había terminado la secundaria y había conseguido un trabajo estable.

Después de una vida difícil, empezaba a disfrutar de esos pequeños y grandes pasos que para otros pueden parecer cotidianos, pero que para ella habían costado muchísimo.

Y era electricista. Sí, electricista. Una mujer abriéndose camino en un oficio históricamente de hombres. De las primeras. De las que se animan y, sin proponérselo, dejan una puerta abierta para las que vienen detrás.

Era su momento. El de mirar hacia atrás y sentir que tanto esfuerzo había valido la pena. Tener un trabajo, hacer planes para sus hijos, proyectarse. Sentir, simplemente, que estaba pudiendo.

No sabemos qué pensaba mientras pedaleaba aquella mañana. Tal vez en sus hijos, en el trabajo o simplemente en llegar. No llegó. Y eso duele, pero también indigna, porque podía evitarse.

Conducir con semejante nivel de alcohol no puede naturalizarse como una irresponsabilidad más. Quien maneja alcoholizado pone en riesgo la vida de cualquiera que tenga la desgracia de cruzarse en su camino.

Aquella mañana fue Janet. Por eso no permitamos que su historia quede reducida a “la ciclista que murió”.

Su nombre era Janet Sarmiento. Era mamá, trabajadora, compañera, sostén de familia. Ayudaba a los demás.

Era una de esas mujeres que hacen grande una ciudad sin ocupar titulares: trabajando, criando, estudiando y tratando de salir adelante. Janet era nuestra. Mientras Madryn dormía, ella pedaleaba para construir la vida que había empezado a ganarse paso a paso.

Qué injusticia que haya sido justo entonces. Cuando la vida empezaba a parecerse un poco más a la vida que había soñado. Le arrebataron las páginas que faltaban. Pero no podrán borrar las que escribió.

Janet, la mamá. La trabajadora. La que terminó la secundaria. La que ayudaba. La electricista. La primera de todas. Te vamos a extrañar. Madryn te va a extrañar. Y ojalá esta ciudad no solamente llore tu ausencia. Ojalá también aprenda de ella. #