Durante quince días, la tranquilidad de la localidad santafesina de Nelson se vio sacudida por una seguidilla de hurtos tan misteriosos como desconcertantes. Erica, una vecina de la zona, empezó a notar que sus elementos de limpieza e indumentaria desaparecían sin explicación de su casa, y lo primero que pensó fue lo que pensaría cualquiera: había un ladrón nocturno operando en el barrio.
"Primero me empezaron a faltar los trapos de la puerta del frente. Dije 'bueno, debe ser una persona que se los lleva'. No puse más trapos, pero después me empezaron a faltar los de la puerta que da al patio. Ahí ya dije '¿qué está pasando acá?'", relató la mujer, que llegó a consultar con su esposo sobre la identidad del intruso antes de decidirse a tomar cartas en el asunto.
Convencida de que necesitaba pruebas, Erica instaló una cámara de vigilancia para cazar al culpable in fraganti. Pero la espera le jugó una mala pasada: "La primera noche no dormí, porque se me daba que era una persona", confesó. Hasta que un sábado a la mañana, con el teléfono en la mano y el corazón a mil, revisó las imágenes de las dos de la madrugada y encontró al "criminal": un gato del vecindario que se llevaba el trapo con toda la desfachatez del mundo.#
Durante quince días, la tranquilidad de la localidad santafesina de Nelson se vio sacudida por una seguidilla de hurtos tan misteriosos como desconcertantes. Erica, una vecina de la zona, empezó a notar que sus elementos de limpieza e indumentaria desaparecían sin explicación de su casa, y lo primero que pensó fue lo que pensaría cualquiera: había un ladrón nocturno operando en el barrio.
"Primero me empezaron a faltar los trapos de la puerta del frente. Dije 'bueno, debe ser una persona que se los lleva'. No puse más trapos, pero después me empezaron a faltar los de la puerta que da al patio. Ahí ya dije '¿qué está pasando acá?'", relató la mujer, que llegó a consultar con su esposo sobre la identidad del intruso antes de decidirse a tomar cartas en el asunto.
Convencida de que necesitaba pruebas, Erica instaló una cámara de vigilancia para cazar al culpable in fraganti. Pero la espera le jugó una mala pasada: "La primera noche no dormí, porque se me daba que era una persona", confesó. Hasta que un sábado a la mañana, con el teléfono en la mano y el corazón a mil, revisó las imágenes de las dos de la madrugada y encontró al "criminal": un gato del vecindario que se llevaba el trapo con toda la desfachatez del mundo.#