Por Bulin Fernández
Tardó, pero se hizo realidad. Atravesó numerosas dificultades y dudas de todo tipo, de plazos, de presupuestos, de definiciones políticas y de crisis económicas y financieras, pero finalmente se hizo realidad.
El primer rector del retorno de la democracia de la Universidad Nacional de la Patagonia, Aldo López Guidi, sostenía que Esquel debería convertirse en un centro de servicios educativos no solo para la región cordillerana, sino para alumnos de cualquier parte del mundo que quisieran habitar ese paraíso.
Varios intendentes cordilleranos generaron iniciativas, quizás no del todo coordinadas, para contribuir a ese fin. Decidieron acompañar a sus estudiantes en la emigración interna, con diferentes y sustanciales respaldos.
Becas, alquileres, casas y, desde hace una semana, se puso en marcha la Casa Estudiantil de Corcovado en la calle Galina de la ciudad de Esquel.
Un espacio físico que va mucho más allá de los metros cuadrados de construcción, los ladrillos y las habitaciones o sanitarios equipados de la mejor manera.
Un lugar que permitirá que 32 estudiantes de la bella localidad cordillerana tengan su propio espacio, dotado además con conectividad, computadoras y espacio de descanso.
La obra, con una inversión superior a los 400 millones de pesos y emplazada en un terreno donado por la Municipalidad de Esquel, será un mojón más para que esas familias sepan dónde están y cómo estarán cubiertos sus hijos, que tendrán la oportunidad de elegir una carrera terciaria o universitaria.
Una acción conjunta de la conducción del Estado que permite facilitar la igualdad de oportunidades y soñar que, en pocos años, esos profesionales no solo volverán a su pueblo para brindar servicios, sino que además contribuirán para que otros jóvenes puedan seguir el mismo camino.
Casi en paralelo, sumándose al ejemplo, la Universidad Nacional de La Plata abre en Berisso un barrio para ser alquilado por estudiantes por valores inferiores a los 150 mil pesos.
Todavía hay imbéciles mentales que remarcan que todo es cuestión de mercado, que el Estado no puede encargarse de las necesidades básicas de una población donde, priorizando a quienes menos tienen, surja la oportunidad de igualdad.
Una batalla ganada a los bobos que repiten como loros lo del mérito individual y nos permite soñar que aún se puede pensar que el futuro no pasa por tener una herencia o cobertura económica para elegir una carrera universitaria.
Brindamos no solo por la obra, sino por la coordinación de los responsables que, en no mucho tiempo, verán los frutos de pibas y pibes convertidos en profesionales, dispuestos a aportar a una sociedad más justa, más equitativa y más solidaria.
Un aplauso para el y los constructores de una idea que supere una plataforma política o un gobierno en particular. Por mucha más educación, el mejor camino.
Por Bulin Fernández
Tardó, pero se hizo realidad. Atravesó numerosas dificultades y dudas de todo tipo, de plazos, de presupuestos, de definiciones políticas y de crisis económicas y financieras, pero finalmente se hizo realidad.
El primer rector del retorno de la democracia de la Universidad Nacional de la Patagonia, Aldo López Guidi, sostenía que Esquel debería convertirse en un centro de servicios educativos no solo para la región cordillerana, sino para alumnos de cualquier parte del mundo que quisieran habitar ese paraíso.
Varios intendentes cordilleranos generaron iniciativas, quizás no del todo coordinadas, para contribuir a ese fin. Decidieron acompañar a sus estudiantes en la emigración interna, con diferentes y sustanciales respaldos.
Becas, alquileres, casas y, desde hace una semana, se puso en marcha la Casa Estudiantil de Corcovado en la calle Galina de la ciudad de Esquel.
Un espacio físico que va mucho más allá de los metros cuadrados de construcción, los ladrillos y las habitaciones o sanitarios equipados de la mejor manera.
Un lugar que permitirá que 32 estudiantes de la bella localidad cordillerana tengan su propio espacio, dotado además con conectividad, computadoras y espacio de descanso.
La obra, con una inversión superior a los 400 millones de pesos y emplazada en un terreno donado por la Municipalidad de Esquel, será un mojón más para que esas familias sepan dónde están y cómo estarán cubiertos sus hijos, que tendrán la oportunidad de elegir una carrera terciaria o universitaria.
Una acción conjunta de la conducción del Estado que permite facilitar la igualdad de oportunidades y soñar que, en pocos años, esos profesionales no solo volverán a su pueblo para brindar servicios, sino que además contribuirán para que otros jóvenes puedan seguir el mismo camino.
Casi en paralelo, sumándose al ejemplo, la Universidad Nacional de La Plata abre en Berisso un barrio para ser alquilado por estudiantes por valores inferiores a los 150 mil pesos.
Todavía hay imbéciles mentales que remarcan que todo es cuestión de mercado, que el Estado no puede encargarse de las necesidades básicas de una población donde, priorizando a quienes menos tienen, surja la oportunidad de igualdad.
Una batalla ganada a los bobos que repiten como loros lo del mérito individual y nos permite soñar que aún se puede pensar que el futuro no pasa por tener una herencia o cobertura económica para elegir una carrera universitaria.
Brindamos no solo por la obra, sino por la coordinación de los responsables que, en no mucho tiempo, verán los frutos de pibas y pibes convertidos en profesionales, dispuestos a aportar a una sociedad más justa, más equitativa y más solidaria.
Un aplauso para el y los constructores de una idea que supere una plataforma política o un gobierno en particular. Por mucha más educación, el mejor camino.