El paisaje costero de Comodoro Rivadavia está cambiando. Allí donde durante años el Astillero Patagonia Naval fue testigo de una actividad industrial que esperaba recuperar su protagonismo, hoy comienza a surgir una nueva imagen que combina arte, trabajo e identidad portuaria.
Un enorme mural transforma las paredes del edificio y ofrece una postal diferente para quienes transitan por la costanera o contemplan el puerto desde distintos sectores de la ciudad. La obra se llama “Proyección al Mar” y lleva la firma del muralista Juan Francisco Mondello, quien asumió el desafío de intervenir una superficie de aproximadamente 5.300 metros cuadrados, distribuida sobre las cuatro fachadas del astillero.
No se trata solamente de incorporar colores a una estructura industrial. La propuesta artística busca acompañar simbólicamente la reactivación del establecimiento naval, recuperando elementos vinculados con la historia productiva de Comodoro y con los trabajadores que sostienen esta actividad.

En una misma composición aparecen el mar, los barcos, el horizonte, la bandera argentina, las gaviotas y la figura de un soldador, protagonista de una escena que representa el esfuerzo humano detrás de la industria.
La idea surgió a partir del proceso de recuperación que atraviesa el Astillero Patagonia Naval, cuya reactivación constituye una apuesta por fortalecer la actividad industrial vinculada con el puerto de Comodoro Rivadavia.
Mondello entendió que ese momento también podía expresarse a través del arte y que las enormes paredes del establecimiento ofrecían una oportunidad para construir una nueva identidad visual. "La propuesta la pensé a partir del momento que está viviendo el astillero. Su reactivación estaba pendiente desde hacía muchos años y hoy se está recuperando toda la parte industrial", explicó el artista.
A partir de esa realidad, comenzó a imaginar una intervención capaz de acompañar el proceso y transmitir un mensaje que pudiera ser reconocido por toda la comunidad.
"Me pareció que el mural podía acompañar ese proceso desde lo visual, darle una identidad al astillero y marcar un nuevo comienzo para una actividad muy importante", señaló.
La propuesta reúne diferentes elementos asociados con la actividad naval y el paisaje patagónico, integrados en una composición que rodea el edificio. El cielo, las nubes, el sol, el agua y las gaviotas forman parte de una escena que conecta la infraestructura industrial con el entorno natural de la costa.
De esta manera, el edificio deja de presentarse únicamente como una estructura destinada a la producción para convertirse también en un soporte artístico visible desde distintos puntos de la ciudad.

El soldador es otro componente protagónico de una imagen que vincula al mar con la ciudad, ya que entre todas las figuras que integran el mural, una tiene un significado especial: el trabajador naval.
Mondello decidió ubicar la imagen de un soldador sobre la fachada oeste, orientada hacia la ciudad, para que fuera uno de los primeros elementos que pudieran distinguirse desde el centro y la costanera.
La elección no fue casual
"El soldador representa a la gente que sostiene la actividad. Lo puse en la fachada oeste, la que mira a la ciudad, para que sea lo primero que se vea desde el centro y la costanera", explicó. La figura simboliza a quienes, mediante su oficio, conocimiento y esfuerzo cotidiano, hacen posible el funcionamiento de una industria estrechamente vinculada con la historia de Comodoro Rivadavia.
En una ciudad cuya identidad se construyó alrededor del trabajo, la producción y el desarrollo energético y portuario, esa imagen adquiere un significado particular.
El trabajador aparece como protagonista de la recuperación industrial, mientras que el barco y el horizonte representan la continuidad de una actividad que vuelve a proyectarse hacia el futuro.
La obra establece así un diálogo entre dos dimensiones que habitualmente parecen separadas: el arte y la producción.
La magnitud de la intervención convirtió al proyecto en una experiencia de gran exigencia técnica y física. El trabajo comenzó el 3 de septiembre y fue planificado para desarrollarse durante aproximadamente un mes y medio.
Mondello estuvo a cargo de la propuesta, el diseño y la dirección de la obra, acompañado por los muralistas Juan Gálvez y Matías Díaz, quienes participaron de la ejecución.
Antes de comenzar a pintar fue necesario realizar una limpieza integral de las superficies del astillero, preparando las paredes para recibir la intervención artística. Luego llegó una de las etapas más complejas: trasladar los diseños a fachadas de enormes dimensiones, trabajando con plataformas elevadoras y enfrentando alturas de hasta 26 metros.
A las dificultades propias de una obra de estas características se sumaron las condiciones climáticas de la Patagonia, con jornadas de viento y temperaturas que exigieron adaptar permanentemente las tareas. "Hubo que lavar toda la superficie del astillero antes de pintar, trabajar en altura con plataformas elevadoras y salir a pintar casi todos los días, incluso con el clima de la Patagonia", resaltó Mondello.
La intervención demandó alrededor de 2.000 litros de pintura y una paleta compuesta por doce tonalidades. Pero hubo una particularidad adicional: los colores no llegaron preparados.
Los propios artistas tuvieron que elaborarlos manualmente a partir de colores primarios, procurando mantener la uniformidad de los tonos durante todo el proceso. "Los doce tonos de la paleta no vinieron preparados: los armamos nosotros manualmente, tanda por tanda", detalló.
Por ello, cada jornada requirió precisión, coordinación y un esfuerzo compartido para trasladar una composición artística a una superficie industrial de semejante escala. Mondello destacó especialmente el trabajo de sus compañeros, a quienes consideró fundamentales para concretar el proyecto. "Esto fue posible gracias a la ayuda de otros dos muralistas, Juan Gálvez y Matías Díaz, que hicieron que el proyecto se pudiera concretar". También agradeció a los responsables del astillero por aceptar la iniciativa y acompañar su desarrollo.
Nueva postal de la ciudad
La intervención está concebida como una obra integral que abarca las cuatro caras del edificio, de manera que el diseño pueda apreciarse desde diferentes perspectivas. La intención es completar todas las fachadas para otorgarle continuidad y unidad a la composición. Esta característica transforma al mural en una experiencia visual que cambia según el lugar desde el cual se observe.
Desde la costanera, el protagonismo recae sobre el trabajador naval. Desde otros sectores, las imágenes del mar, los barcos y el paisaje completan una representación que busca integrarse al entorno portuario.
La obra también modifica la relación visual entre la ciudad y una de sus instalaciones industriales más representativas. Lo que antes podía percibirse como una construcción de grandes dimensiones comienza a convertirse en un punto de referencia artística dentro del paisaje urbano. En ese contexto, el mural aporta una dimensión cultural a la recuperación de la infraestructura productiva. "Quería dejar algo que la gente de Comodoro pudiera sentir como propio”.
Para Juan Francisco Mondello, participar de este proyecto representa mucho más que completar una intervención de grandes dimensiones. "Estoy muy contento de formar parte de esto. Poder ser parte de esta reactivación y dejar una marca en esta etapa del astillero es algo que valoro mucho. Lo hice con respeto y con cariño por la ciudad, con ganas de sumar algo que quede y que la gente de Comodoro pueda sentir como propio", expresó.
Su expectativa es que esta experiencia abra nuevas oportunidades para desarrollar intervenciones artísticas en otros espacios urbanos."Ojalá sea el comienzo de más obras acá, porque me encantaría seguir sumando color y trabajo a Comodoro", sostuvo. En resúmen, la obra no solamente cambia el aspecto de un edificio, sino que también busca representar una nueva etapa de su historia. Redes @Franmondello.
El paisaje costero de Comodoro Rivadavia está cambiando. Allí donde durante años el Astillero Patagonia Naval fue testigo de una actividad industrial que esperaba recuperar su protagonismo, hoy comienza a surgir una nueva imagen que combina arte, trabajo e identidad portuaria.
Un enorme mural transforma las paredes del edificio y ofrece una postal diferente para quienes transitan por la costanera o contemplan el puerto desde distintos sectores de la ciudad. La obra se llama “Proyección al Mar” y lleva la firma del muralista Juan Francisco Mondello, quien asumió el desafío de intervenir una superficie de aproximadamente 5.300 metros cuadrados, distribuida sobre las cuatro fachadas del astillero.
No se trata solamente de incorporar colores a una estructura industrial. La propuesta artística busca acompañar simbólicamente la reactivación del establecimiento naval, recuperando elementos vinculados con la historia productiva de Comodoro y con los trabajadores que sostienen esta actividad.

En una misma composición aparecen el mar, los barcos, el horizonte, la bandera argentina, las gaviotas y la figura de un soldador, protagonista de una escena que representa el esfuerzo humano detrás de la industria.
La idea surgió a partir del proceso de recuperación que atraviesa el Astillero Patagonia Naval, cuya reactivación constituye una apuesta por fortalecer la actividad industrial vinculada con el puerto de Comodoro Rivadavia.
Mondello entendió que ese momento también podía expresarse a través del arte y que las enormes paredes del establecimiento ofrecían una oportunidad para construir una nueva identidad visual. "La propuesta la pensé a partir del momento que está viviendo el astillero. Su reactivación estaba pendiente desde hacía muchos años y hoy se está recuperando toda la parte industrial", explicó el artista.
A partir de esa realidad, comenzó a imaginar una intervención capaz de acompañar el proceso y transmitir un mensaje que pudiera ser reconocido por toda la comunidad.
"Me pareció que el mural podía acompañar ese proceso desde lo visual, darle una identidad al astillero y marcar un nuevo comienzo para una actividad muy importante", señaló.
La propuesta reúne diferentes elementos asociados con la actividad naval y el paisaje patagónico, integrados en una composición que rodea el edificio. El cielo, las nubes, el sol, el agua y las gaviotas forman parte de una escena que conecta la infraestructura industrial con el entorno natural de la costa.
De esta manera, el edificio deja de presentarse únicamente como una estructura destinada a la producción para convertirse también en un soporte artístico visible desde distintos puntos de la ciudad.

El soldador es otro componente protagónico de una imagen que vincula al mar con la ciudad, ya que entre todas las figuras que integran el mural, una tiene un significado especial: el trabajador naval.
Mondello decidió ubicar la imagen de un soldador sobre la fachada oeste, orientada hacia la ciudad, para que fuera uno de los primeros elementos que pudieran distinguirse desde el centro y la costanera.
La elección no fue casual
"El soldador representa a la gente que sostiene la actividad. Lo puse en la fachada oeste, la que mira a la ciudad, para que sea lo primero que se vea desde el centro y la costanera", explicó. La figura simboliza a quienes, mediante su oficio, conocimiento y esfuerzo cotidiano, hacen posible el funcionamiento de una industria estrechamente vinculada con la historia de Comodoro Rivadavia.
En una ciudad cuya identidad se construyó alrededor del trabajo, la producción y el desarrollo energético y portuario, esa imagen adquiere un significado particular.
El trabajador aparece como protagonista de la recuperación industrial, mientras que el barco y el horizonte representan la continuidad de una actividad que vuelve a proyectarse hacia el futuro.
La obra establece así un diálogo entre dos dimensiones que habitualmente parecen separadas: el arte y la producción.
La magnitud de la intervención convirtió al proyecto en una experiencia de gran exigencia técnica y física. El trabajo comenzó el 3 de septiembre y fue planificado para desarrollarse durante aproximadamente un mes y medio.
Mondello estuvo a cargo de la propuesta, el diseño y la dirección de la obra, acompañado por los muralistas Juan Gálvez y Matías Díaz, quienes participaron de la ejecución.
Antes de comenzar a pintar fue necesario realizar una limpieza integral de las superficies del astillero, preparando las paredes para recibir la intervención artística. Luego llegó una de las etapas más complejas: trasladar los diseños a fachadas de enormes dimensiones, trabajando con plataformas elevadoras y enfrentando alturas de hasta 26 metros.
A las dificultades propias de una obra de estas características se sumaron las condiciones climáticas de la Patagonia, con jornadas de viento y temperaturas que exigieron adaptar permanentemente las tareas. "Hubo que lavar toda la superficie del astillero antes de pintar, trabajar en altura con plataformas elevadoras y salir a pintar casi todos los días, incluso con el clima de la Patagonia", resaltó Mondello.
La intervención demandó alrededor de 2.000 litros de pintura y una paleta compuesta por doce tonalidades. Pero hubo una particularidad adicional: los colores no llegaron preparados.
Los propios artistas tuvieron que elaborarlos manualmente a partir de colores primarios, procurando mantener la uniformidad de los tonos durante todo el proceso. "Los doce tonos de la paleta no vinieron preparados: los armamos nosotros manualmente, tanda por tanda", detalló.
Por ello, cada jornada requirió precisión, coordinación y un esfuerzo compartido para trasladar una composición artística a una superficie industrial de semejante escala. Mondello destacó especialmente el trabajo de sus compañeros, a quienes consideró fundamentales para concretar el proyecto. "Esto fue posible gracias a la ayuda de otros dos muralistas, Juan Gálvez y Matías Díaz, que hicieron que el proyecto se pudiera concretar". También agradeció a los responsables del astillero por aceptar la iniciativa y acompañar su desarrollo.
Nueva postal de la ciudad
La intervención está concebida como una obra integral que abarca las cuatro caras del edificio, de manera que el diseño pueda apreciarse desde diferentes perspectivas. La intención es completar todas las fachadas para otorgarle continuidad y unidad a la composición. Esta característica transforma al mural en una experiencia visual que cambia según el lugar desde el cual se observe.
Desde la costanera, el protagonismo recae sobre el trabajador naval. Desde otros sectores, las imágenes del mar, los barcos y el paisaje completan una representación que busca integrarse al entorno portuario.
La obra también modifica la relación visual entre la ciudad y una de sus instalaciones industriales más representativas. Lo que antes podía percibirse como una construcción de grandes dimensiones comienza a convertirse en un punto de referencia artística dentro del paisaje urbano. En ese contexto, el mural aporta una dimensión cultural a la recuperación de la infraestructura productiva. "Quería dejar algo que la gente de Comodoro pudiera sentir como propio”.
Para Juan Francisco Mondello, participar de este proyecto representa mucho más que completar una intervención de grandes dimensiones. "Estoy muy contento de formar parte de esto. Poder ser parte de esta reactivación y dejar una marca en esta etapa del astillero es algo que valoro mucho. Lo hice con respeto y con cariño por la ciudad, con ganas de sumar algo que quede y que la gente de Comodoro pueda sentir como propio", expresó.
Su expectativa es que esta experiencia abra nuevas oportunidades para desarrollar intervenciones artísticas en otros espacios urbanos."Ojalá sea el comienzo de más obras acá, porque me encantaría seguir sumando color y trabajo a Comodoro", sostuvo. En resúmen, la obra no solamente cambia el aspecto de un edificio, sino que también busca representar una nueva etapa de su historia. Redes @Franmondello.