Por Ismael Tebes - Redacción Jornada
Este viernes 23 será protagonista de la pelea de fondo en el Gimnasio Municipal N° 1 de Trelew, mientras se prepara para los Juegos Nacionales Evita. El “Gringuito” Wittenkamp tiene un sueño que expresa sin demasiadas vueltas: quiere ser campeón mundial de boxeo. Sabe que el camino es largo, que todavía necesita sumar experiencia y que cada pelea representa un aprendizaje.
Aunque nació en Buenos Aires llegó a Trelew cuando apenas tenía uno o dos años. Creció rodeado de deportes y encontró en el boxeo una pasión que hoy organiza buena parte de su vida. “Quiero llegar a ser campeón del mundo en el profesionalismo, pero siempre hay que ir paso a paso. Ahora vienen ésta pelea y después los Nacionales y estamos preparándonos a full”, asegura.
Su vínculo con el deporte comenzó mucho antes de ponerse los guantes. Su padre, Federico Wittenkamp, compitió durante años en fisicoculturismo y estuvo relacionado con el ambiente del boxeo entrenando a primeras figuras y viajando al exterior. De hecho, “Salva” recuerda haberlo acompañado en los entrenamientos de Marcelino “Nino” López y de Lucas Matthysse, en visitas al gimnasio que terminaron despertando una curiosidad que, con el tiempo, se convirtió en vocación.
“Arranqué por mi viejo. Lo veía muy relacionado con el boxeo y a veces lo acompañaba a entrenar. Me gustó y cuando fui más grande decidí empezar”, recuerda.
Después de haber jugado al rugby en Patoruzú, decidió cambiar la guinda por los guantes. Actualmente cursa quinto año en la escuela Padre Juan y vive con sus padres, Federico y Andrea, y sus hermanos Francisco y Cristiano. Todos laderos infranqueables de su ilusión.
En casa, el deporte también marca la rutina familiar. Su padre es su propio PF y su madre lo acompaña con la alimentación y los estudios.
“Siempre se comió sano en casa. Mi papá nos inculcó eso desde chicos”, cuenta asumiendo que la disciplina y el cuidado no fueron hábitos adquiridos de manera circunstancial ya que los entrenamientos, el descanso y la alimentación ocupan un lugar central en su vida cotidiana.
“Desde que arranqué boxeo dejé de salir. Ya no me llama tanto la atención. Llega el fin de semana, estoy cansado y prefiero descansar. A veces me junto tranquilo con mis amigos”, explica demostrando que no se trata de un sacrificio sino de la vida que eligió.
Aunque todavía no decidió qué carrera seguirá después de terminar la secundaria, tiene claro que continuará estudiando. “Para mí lo más importante es el boxeo y es donde voy a poner el cien por ciento. Pero mi mamá siempre me dice que tengo que estudiar algo. Y tiene razón”, reconoce entre risas.
Dentro del ring, Salvador se define como un boxeador rápido, con preferencia por el contragolpe. Le gusta encontrar espacios y aprovechar su velocidad. “Siempre trato de mirar un poco de cada boxeador porque eso te ayuda a mejorar. Pero desde que empecé me gustó pelear de contra”, señala.
Se identifica con una nueva generación de pugilistas que incorporó métodos de entrenamiento más variados, con ejercicios de reacción, coordinación, potencia y fuerza. “Ahora hacemos muchas cosas distintas. Trabajamos pasadas, cambios de ritmo, fuerza y reacción. Antes quizás se corría y se saltaba la soga. Hoy tenemos entrenamientos mucho más completos”, compara.
Su entrenador, Mauko Narváes, juega un papel fundamental en esa preparación a lo igual que Daniel, el “Chifla”, otro colaborador: “Me encanta trabajar con ellos porque le metemos mucha intensidad. A veces me atan con una soga para obligarme a moverme, hacemos manoplas, pechera y distintos ejercicios”, describe.
Todavía siente que está dando sus primeros pasos en el amateurismo, aunque Salvador ya enfrentó desafíos importantes. “Creo que mi pelea más difícil fue con Joaquín Vega porque yo recién arrancaba y no tenía experiencia. Me tocó enfrentarlo cuando él era campeón nacional, en una clasificatoria para los Evita”, relata.
Después del compromiso de este viernes ante el madrinense Marcelo Gallo viajará a los Juegos Nacionales Evita en Mar del Plata para después sumar combates en su licencia en toda la región con el objetivo de llegar a las 20 peleas en el 2027.
“Salva” no oculta su intención de dar el salto al campo rentado a una edad temprana. “Me encantaría ser profesional a los 18 o 19 años. Hay muchos boxeadores que arrancan jóvenes, pero antes tengo que sumar peleas”, explica.
Se reconoce un “peleador del futuro” con todos los cambios que ello implica: otros tiempos; métodos nuevos aunque con técnica, escuela y pegada para cautivar a otro nivel de seguidores. “En nuestra categoría, si tenés un poco de pegada, podés conseguir nocauts. Yo siento que tengo esa potencia y sé que eso también le gusta a la gente”, reconoce.
Este viernes, Salvador volverá a sentirse local y en las tribunas estarán sus amigos, compañeros de escuela y familiares. “Mis amigos siempre van cuando peleo acá. La mayoría de las veces me toca combatir en otros lugares, así que está bueno poder hacerlo en Trelew”, comenta. “Les digo que va a ser un terrible peleón y que estaría muy bueno que vayan. Voy a dar un buen espectáculo”, promete. Y quiere cumplir.
Por Ismael Tebes - Redacción Jornada
Este viernes 23 será protagonista de la pelea de fondo en el Gimnasio Municipal N° 1 de Trelew, mientras se prepara para los Juegos Nacionales Evita. El “Gringuito” Wittenkamp tiene un sueño que expresa sin demasiadas vueltas: quiere ser campeón mundial de boxeo. Sabe que el camino es largo, que todavía necesita sumar experiencia y que cada pelea representa un aprendizaje.
Aunque nació en Buenos Aires llegó a Trelew cuando apenas tenía uno o dos años. Creció rodeado de deportes y encontró en el boxeo una pasión que hoy organiza buena parte de su vida. “Quiero llegar a ser campeón del mundo en el profesionalismo, pero siempre hay que ir paso a paso. Ahora vienen ésta pelea y después los Nacionales y estamos preparándonos a full”, asegura.
Su vínculo con el deporte comenzó mucho antes de ponerse los guantes. Su padre, Federico Wittenkamp, compitió durante años en fisicoculturismo y estuvo relacionado con el ambiente del boxeo entrenando a primeras figuras y viajando al exterior. De hecho, “Salva” recuerda haberlo acompañado en los entrenamientos de Marcelino “Nino” López y de Lucas Matthysse, en visitas al gimnasio que terminaron despertando una curiosidad que, con el tiempo, se convirtió en vocación.
“Arranqué por mi viejo. Lo veía muy relacionado con el boxeo y a veces lo acompañaba a entrenar. Me gustó y cuando fui más grande decidí empezar”, recuerda.
Después de haber jugado al rugby en Patoruzú, decidió cambiar la guinda por los guantes. Actualmente cursa quinto año en la escuela Padre Juan y vive con sus padres, Federico y Andrea, y sus hermanos Francisco y Cristiano. Todos laderos infranqueables de su ilusión.
En casa, el deporte también marca la rutina familiar. Su padre es su propio PF y su madre lo acompaña con la alimentación y los estudios.
“Siempre se comió sano en casa. Mi papá nos inculcó eso desde chicos”, cuenta asumiendo que la disciplina y el cuidado no fueron hábitos adquiridos de manera circunstancial ya que los entrenamientos, el descanso y la alimentación ocupan un lugar central en su vida cotidiana.
“Desde que arranqué boxeo dejé de salir. Ya no me llama tanto la atención. Llega el fin de semana, estoy cansado y prefiero descansar. A veces me junto tranquilo con mis amigos”, explica demostrando que no se trata de un sacrificio sino de la vida que eligió.
Aunque todavía no decidió qué carrera seguirá después de terminar la secundaria, tiene claro que continuará estudiando. “Para mí lo más importante es el boxeo y es donde voy a poner el cien por ciento. Pero mi mamá siempre me dice que tengo que estudiar algo. Y tiene razón”, reconoce entre risas.
Dentro del ring, Salvador se define como un boxeador rápido, con preferencia por el contragolpe. Le gusta encontrar espacios y aprovechar su velocidad. “Siempre trato de mirar un poco de cada boxeador porque eso te ayuda a mejorar. Pero desde que empecé me gustó pelear de contra”, señala.
Se identifica con una nueva generación de pugilistas que incorporó métodos de entrenamiento más variados, con ejercicios de reacción, coordinación, potencia y fuerza. “Ahora hacemos muchas cosas distintas. Trabajamos pasadas, cambios de ritmo, fuerza y reacción. Antes quizás se corría y se saltaba la soga. Hoy tenemos entrenamientos mucho más completos”, compara.
Su entrenador, Mauko Narváes, juega un papel fundamental en esa preparación a lo igual que Daniel, el “Chifla”, otro colaborador: “Me encanta trabajar con ellos porque le metemos mucha intensidad. A veces me atan con una soga para obligarme a moverme, hacemos manoplas, pechera y distintos ejercicios”, describe.
Todavía siente que está dando sus primeros pasos en el amateurismo, aunque Salvador ya enfrentó desafíos importantes. “Creo que mi pelea más difícil fue con Joaquín Vega porque yo recién arrancaba y no tenía experiencia. Me tocó enfrentarlo cuando él era campeón nacional, en una clasificatoria para los Evita”, relata.
Después del compromiso de este viernes ante el madrinense Marcelo Gallo viajará a los Juegos Nacionales Evita en Mar del Plata para después sumar combates en su licencia en toda la región con el objetivo de llegar a las 20 peleas en el 2027.
“Salva” no oculta su intención de dar el salto al campo rentado a una edad temprana. “Me encantaría ser profesional a los 18 o 19 años. Hay muchos boxeadores que arrancan jóvenes, pero antes tengo que sumar peleas”, explica.
Se reconoce un “peleador del futuro” con todos los cambios que ello implica: otros tiempos; métodos nuevos aunque con técnica, escuela y pegada para cautivar a otro nivel de seguidores. “En nuestra categoría, si tenés un poco de pegada, podés conseguir nocauts. Yo siento que tengo esa potencia y sé que eso también le gusta a la gente”, reconoce.
Este viernes, Salvador volverá a sentirse local y en las tribunas estarán sus amigos, compañeros de escuela y familiares. “Mis amigos siempre van cuando peleo acá. La mayoría de las veces me toca combatir en otros lugares, así que está bueno poder hacerlo en Trelew”, comenta. “Les digo que va a ser un terrible peleón y que estaría muy bueno que vayan. Voy a dar un buen espectáculo”, promete. Y quiere cumplir.