Walter Ceballos fue encontrado culpable del crimen de Leandro Herrera, un joven de Trelew que fue asesinado a mediados del 2011 en Puerto Madryn en confusas circunstancias. Ahora el tribunal deberá escuchar el pedido de penas de las partes para establecer la condena que purgará Ceballos por el delito de “homicidio simple”.
Leandro Herrera tenía de 32 años cuando fue asesinado. El hecho ocurrió el 5 de junio de 2011 y la investigación policial se inició con el hallazgo de la víctima dentro de su propio automóvil y con un disparo de arma de fuego en la sien. Con el informe de los forenses y la desaparición de un teléfono celular como únicos elementos contundentes en las primeras horas, los investigadores iniciaron las consultas entre los allegados de la víctima, quienes coincidieron en que Herrera había viajado a Madryn para encontrarse con una mujer.
Siguiendo esa pista y el cruce de llamadas telefónicas y de mensajes de texto, además de redes sociales, pocos días después la justicia ordenó la detención de Walter Ceballos como principal sospechoso del crimen y también de la joven con la que se iba a encontrar Herrera, una menor de edad que era pareja de Ceballos, a quien se la investigó como partícipe del homicidio pero finalmente fue absuelta.
En base a testimonios, se supo que la noche del crimen, Herrera había salido de su casa en la zona céntrica de Trelew hacia Puerto Madryn para encontrarse con una mujer a la que había conocido por Facebook. En la madrugada, estacionó finalmente su vehículo sobre la calle Estivariz al 1700 y en ese momento, el asesino abrió la puerta del acompañante y le disparó con un calibre 38 en la cabeza.
La autopsia determinó que “la muerte se produjo por la lesión encefálica originada por herida de arma de fuego de proyectil único, con orificio de entrada en zona malar derecha (cabeza), trayectoria ascendente de adelante hacia atrás y de derecha a izquierda, causándole el deceso en forma instantánea”. En cuanto a la distancia de la boca de fuego, los forenses indican que “debe estimarse entre 15 a 25 cm” y “las livideces indica que este individuo no fue movilizado en el lugar de hallazgo…”, precisaron los profesionales del Cuerpo Médico Forense en su informe. En resumen falleció al instante y el autor se retiró del lugar llevándose únicamente su teléfono celular, ya que entre la vestimenta de la víctima se encontró su billetera con dinero en el interior.
Una de las primeras líneas de investigación fue rastrear las líneas telefónicas, ya que a Herrera le habían sacado el celular. Si bien no se lo pudo hallar, se solicitó el listado de llamadas y mensajes realizados momentos antes a su muerte y se descubrió que un número de teléfono se reiteraba. Se pidieron allanamientos y la policía secuestró en el domicilio del sospechoso un teléfono celular, con el cual se realizaron las comunicaciones con la victima antes de su homicidio desde ese celular, pero con otro chip.
La cita y luego el crimen
Según se determinó durante el juicio, Walter Ceballos obtuvo información por diversos medios, entre ellas la red social Facebook, de las actividades que realizaba su ex pareja y de las personas que mantenían algún tipo de cercanía con la misma, entre ellas, Leandro Herrera. De esta forma, contactaron a Herrera, inicialmente por Facebook y luego por mensajes de texto, generando una cita en Puerto Madryn la madrugada del domingo 5 de junio, noche en la cual cometió el homicidio.
Análisis
También se secuestraron y analizaron más elementos, que sirvieron como pruebas durante el juicio. Del interior del vehículo del sospechoso se secuestró un par de guantes de lana, color negro. Las pericias determinaron la existencia en su interior de ADN del imputado –lo que determina su propiedad, o al menos, su uso- y, principalmente, la existencia de pólvora en los mismos y en uno de ellos, una mancha de sangre humana, la cual de acuerdo al examen realizado por el doctor Néstor Basso (perito del Centro Patagónico) existe ADN de una persona no identificable por ser insuficiente el material genético para poder cotejarlo.
Rastros
Pero además hubo un elemento fundamental. Se determinó la existencia de rastros de pólvora en la manga derecha de la campera de Ceballos, secuestrada el mismo día del hecho y compatible con los rastros de pólvora hallados sobre su guante.
Walter Ceballos fue encontrado culpable del crimen de Leandro Herrera, un joven de Trelew que fue asesinado a mediados del 2011 en Puerto Madryn en confusas circunstancias. Ahora el tribunal deberá escuchar el pedido de penas de las partes para establecer la condena que purgará Ceballos por el delito de “homicidio simple”.
Leandro Herrera tenía de 32 años cuando fue asesinado. El hecho ocurrió el 5 de junio de 2011 y la investigación policial se inició con el hallazgo de la víctima dentro de su propio automóvil y con un disparo de arma de fuego en la sien. Con el informe de los forenses y la desaparición de un teléfono celular como únicos elementos contundentes en las primeras horas, los investigadores iniciaron las consultas entre los allegados de la víctima, quienes coincidieron en que Herrera había viajado a Madryn para encontrarse con una mujer.
Siguiendo esa pista y el cruce de llamadas telefónicas y de mensajes de texto, además de redes sociales, pocos días después la justicia ordenó la detención de Walter Ceballos como principal sospechoso del crimen y también de la joven con la que se iba a encontrar Herrera, una menor de edad que era pareja de Ceballos, a quien se la investigó como partícipe del homicidio pero finalmente fue absuelta.
En base a testimonios, se supo que la noche del crimen, Herrera había salido de su casa en la zona céntrica de Trelew hacia Puerto Madryn para encontrarse con una mujer a la que había conocido por Facebook. En la madrugada, estacionó finalmente su vehículo sobre la calle Estivariz al 1700 y en ese momento, el asesino abrió la puerta del acompañante y le disparó con un calibre 38 en la cabeza.
La autopsia determinó que “la muerte se produjo por la lesión encefálica originada por herida de arma de fuego de proyectil único, con orificio de entrada en zona malar derecha (cabeza), trayectoria ascendente de adelante hacia atrás y de derecha a izquierda, causándole el deceso en forma instantánea”. En cuanto a la distancia de la boca de fuego, los forenses indican que “debe estimarse entre 15 a 25 cm” y “las livideces indica que este individuo no fue movilizado en el lugar de hallazgo…”, precisaron los profesionales del Cuerpo Médico Forense en su informe. En resumen falleció al instante y el autor se retiró del lugar llevándose únicamente su teléfono celular, ya que entre la vestimenta de la víctima se encontró su billetera con dinero en el interior.
Una de las primeras líneas de investigación fue rastrear las líneas telefónicas, ya que a Herrera le habían sacado el celular. Si bien no se lo pudo hallar, se solicitó el listado de llamadas y mensajes realizados momentos antes a su muerte y se descubrió que un número de teléfono se reiteraba. Se pidieron allanamientos y la policía secuestró en el domicilio del sospechoso un teléfono celular, con el cual se realizaron las comunicaciones con la victima antes de su homicidio desde ese celular, pero con otro chip.
La cita y luego el crimen
Según se determinó durante el juicio, Walter Ceballos obtuvo información por diversos medios, entre ellas la red social Facebook, de las actividades que realizaba su ex pareja y de las personas que mantenían algún tipo de cercanía con la misma, entre ellas, Leandro Herrera. De esta forma, contactaron a Herrera, inicialmente por Facebook y luego por mensajes de texto, generando una cita en Puerto Madryn la madrugada del domingo 5 de junio, noche en la cual cometió el homicidio.
Análisis
También se secuestraron y analizaron más elementos, que sirvieron como pruebas durante el juicio. Del interior del vehículo del sospechoso se secuestró un par de guantes de lana, color negro. Las pericias determinaron la existencia en su interior de ADN del imputado –lo que determina su propiedad, o al menos, su uso- y, principalmente, la existencia de pólvora en los mismos y en uno de ellos, una mancha de sangre humana, la cual de acuerdo al examen realizado por el doctor Néstor Basso (perito del Centro Patagónico) existe ADN de una persona no identificable por ser insuficiente el material genético para poder cotejarlo.
Rastros
Pero además hubo un elemento fundamental. Se determinó la existencia de rastros de pólvora en la manga derecha de la campera de Ceballos, secuestrada el mismo día del hecho y compatible con los rastros de pólvora hallados sobre su guante.