Reflexiones de Derecho Informático

23 MAR 2013 - 22:46 | Actualizado

Por Guillermo M. Zamora

No es lo mismo chicha que limonada (diría mi abuela), no es lo mismo decir “se sostiene” que decir “sesos tiene” , no significa igual exclamar “has” “haz” o “as”; cada frase, uso, cuestión es diversa según el momento, el hecho o el entorno en que se diga o use, no es lo mismo decir “Hola, que haces” que “Ola K ases”, y en este caso simplemente porque la primer expresión es idioma castellano y la segunda vaya a saber que idioma “mensajístico (si la palabra existiera) de celular” es.

La tecnología tiene sus pro y contra. Nos permite no tener que memorizar números de celular, en especial aquellos que cuando se nos borran los contactos son los que más necesitamos y los que por supuesto no recordamos. El uso de la informática nos permite abaratar costos, tantos que creemos que es lo mismo comprar una notebook de pesos mil que una de pesos cinco mil aunque tengan las mismas prestaciones; puede aprovecharse para optimizar recursos y tiempo, aunque también para evitar el contacto humano y convertirse en un nerd que no conoce la luz del sol.

En cada circunstancia vamos a amoldándonos a los hechos y los nuevos elementos que caen en nuestras manos, y eso no es malo; demuestra ni más ni menos la capacidad del ser humanos de renovarse y empujar sus límites, el problema es quizás cuando esos límites no necesariamente debe ser empujados sino afianzados, darnos cuenta que no siempre el celular más nuevo es el mejor, ni la computadora más grande es la que más se ajusta a nuestras necesidades, pero es increíble, hay una cosita interna (si cosita no es un término muy jurídico pero sirve), algo acá dentro, en las tripas que nos dice que si no tenemos lo último, los últimos seremos nosotros y de ahí, sospecho, puede venir esta necesidad de modificar el idioma.

No hace mucho fui al cine a ver una película futurista, donde había extraños símbolos en lugar del inglés o español, y lo único que se me ocurrió en ese momento fue pensar que era la distorsión de nuestro lenguaje regular. Hay que escribir rápido para poder esperar una respuesta igual de rápida… ¡Que maravilla los segundos que se ganan no poniendo esos molestos puntos seguidos o comas insolentes!

Escribimos un mensaje que dice: “hola (la escribimos bien porque el diccionario nos marcó la palabra, no lo duden) estuve pensando que mejor no vayamos a lo de tu mamá que es tarde” la respuesta obvia es “¿ qué te pasa con mi mamá?” entonces el tiempo que quisimos ahorrar sin puntuar nos obliga a reescribir el mensaje para explicarlo, diciendo algo así como: “quise decir que mejor vayamos a lo de tu mamá porque es tarde” el texto del mensaje debería haber sido “hola, estuve pensando que mejor no vayamos, a lo de tu mamá, que es tarde”; el autor intelectual de semejante espanto se comió un par de palabras y puntuaciones pensando que su interlocutor era adivino o leía su mente.

En Derecho pareciera que sucede algo similar, la gente actúa como si pensara que la tecnología suple nuestro intelecto y la pobre lo único que hace es ayudarnos cuando nos queremos ayudar, la gente no adivina todavía qué queremos decir con las barbaridades que escribimos, todavía el cara a cara no es reemplazado por un mensaje de texto, o un mail que cuanto más largo más debemos cuidarnos sobre lo que decimos.

El Derecho se ha hecho para ayudar a la gente a entenderse, no para enfrentarla. A pesar del concepto que se tenga, porque siempre que se inicia un juicio se pretende terminar con un enfrentamiento, quizás al demandado no le cause mucha gracia solucionar su diferendo de esa manera, pero si se llegó a ese extremo debió ser porque no hubo arreglo por otra vía, mantenernos dentro del derecho es la forma de entendernos, respetar las reglas y procurar sean respetadas.

La tecnología, al igual que el derecho, no se ha hecho con fines tan elevados como los mencionados en el párrafo precedente pero sí para usarla de herramienta para procurarlo. La ortografía no es, sin duda, la vía para lograr la paz mundial ni el fin del hambre en el mundo, pero concordemos que una frase bien escrita, alivia la penas y un párrafo coherente y bien fundado quita la respiración y aniquila los vagos argumentos de cualquier matón del anonimato.

No creo que sea tan malo el escribir con pésima ortografía, sí es malo pretender que nuestro interlocutor nos entienda, es malo enojarnos por considerarnos incomprendidos, es malo porque optamos por la comodidad antes de la corrección, y vaya casualidad es algo que sucede a menudo en todos los órdenes.

El derecho nos permite entendernos, al igual que las buenas herramientas informáticas y la correcta ortografía, unir los tres aspectos es un avance en nuestra vida diaria, el problema es que nosotros somos muy nosotros (casi siempre y no todos) y usamos y abusamos de las tres cuestiones, y con ello desvirtuamos un derecho, una herramienta y un lenguaje.#

(*)Director Posgrado en Derecho Informático UNPSJB

Director Red Iberoamericana ElDerechoInfformatico.com

23 MAR 2013 - 22:46

Por Guillermo M. Zamora

No es lo mismo chicha que limonada (diría mi abuela), no es lo mismo decir “se sostiene” que decir “sesos tiene” , no significa igual exclamar “has” “haz” o “as”; cada frase, uso, cuestión es diversa según el momento, el hecho o el entorno en que se diga o use, no es lo mismo decir “Hola, que haces” que “Ola K ases”, y en este caso simplemente porque la primer expresión es idioma castellano y la segunda vaya a saber que idioma “mensajístico (si la palabra existiera) de celular” es.

La tecnología tiene sus pro y contra. Nos permite no tener que memorizar números de celular, en especial aquellos que cuando se nos borran los contactos son los que más necesitamos y los que por supuesto no recordamos. El uso de la informática nos permite abaratar costos, tantos que creemos que es lo mismo comprar una notebook de pesos mil que una de pesos cinco mil aunque tengan las mismas prestaciones; puede aprovecharse para optimizar recursos y tiempo, aunque también para evitar el contacto humano y convertirse en un nerd que no conoce la luz del sol.

En cada circunstancia vamos a amoldándonos a los hechos y los nuevos elementos que caen en nuestras manos, y eso no es malo; demuestra ni más ni menos la capacidad del ser humanos de renovarse y empujar sus límites, el problema es quizás cuando esos límites no necesariamente debe ser empujados sino afianzados, darnos cuenta que no siempre el celular más nuevo es el mejor, ni la computadora más grande es la que más se ajusta a nuestras necesidades, pero es increíble, hay una cosita interna (si cosita no es un término muy jurídico pero sirve), algo acá dentro, en las tripas que nos dice que si no tenemos lo último, los últimos seremos nosotros y de ahí, sospecho, puede venir esta necesidad de modificar el idioma.

No hace mucho fui al cine a ver una película futurista, donde había extraños símbolos en lugar del inglés o español, y lo único que se me ocurrió en ese momento fue pensar que era la distorsión de nuestro lenguaje regular. Hay que escribir rápido para poder esperar una respuesta igual de rápida… ¡Que maravilla los segundos que se ganan no poniendo esos molestos puntos seguidos o comas insolentes!

Escribimos un mensaje que dice: “hola (la escribimos bien porque el diccionario nos marcó la palabra, no lo duden) estuve pensando que mejor no vayamos a lo de tu mamá que es tarde” la respuesta obvia es “¿ qué te pasa con mi mamá?” entonces el tiempo que quisimos ahorrar sin puntuar nos obliga a reescribir el mensaje para explicarlo, diciendo algo así como: “quise decir que mejor vayamos a lo de tu mamá porque es tarde” el texto del mensaje debería haber sido “hola, estuve pensando que mejor no vayamos, a lo de tu mamá, que es tarde”; el autor intelectual de semejante espanto se comió un par de palabras y puntuaciones pensando que su interlocutor era adivino o leía su mente.

En Derecho pareciera que sucede algo similar, la gente actúa como si pensara que la tecnología suple nuestro intelecto y la pobre lo único que hace es ayudarnos cuando nos queremos ayudar, la gente no adivina todavía qué queremos decir con las barbaridades que escribimos, todavía el cara a cara no es reemplazado por un mensaje de texto, o un mail que cuanto más largo más debemos cuidarnos sobre lo que decimos.

El Derecho se ha hecho para ayudar a la gente a entenderse, no para enfrentarla. A pesar del concepto que se tenga, porque siempre que se inicia un juicio se pretende terminar con un enfrentamiento, quizás al demandado no le cause mucha gracia solucionar su diferendo de esa manera, pero si se llegó a ese extremo debió ser porque no hubo arreglo por otra vía, mantenernos dentro del derecho es la forma de entendernos, respetar las reglas y procurar sean respetadas.

La tecnología, al igual que el derecho, no se ha hecho con fines tan elevados como los mencionados en el párrafo precedente pero sí para usarla de herramienta para procurarlo. La ortografía no es, sin duda, la vía para lograr la paz mundial ni el fin del hambre en el mundo, pero concordemos que una frase bien escrita, alivia la penas y un párrafo coherente y bien fundado quita la respiración y aniquila los vagos argumentos de cualquier matón del anonimato.

No creo que sea tan malo el escribir con pésima ortografía, sí es malo pretender que nuestro interlocutor nos entienda, es malo enojarnos por considerarnos incomprendidos, es malo porque optamos por la comodidad antes de la corrección, y vaya casualidad es algo que sucede a menudo en todos los órdenes.

El derecho nos permite entendernos, al igual que las buenas herramientas informáticas y la correcta ortografía, unir los tres aspectos es un avance en nuestra vida diaria, el problema es que nosotros somos muy nosotros (casi siempre y no todos) y usamos y abusamos de las tres cuestiones, y con ello desvirtuamos un derecho, una herramienta y un lenguaje.#

(*)Director Posgrado en Derecho Informático UNPSJB

Director Red Iberoamericana ElDerechoInfformatico.com