La llegada de cada 2 de abril remueve emociones, sensaciones, recuerdos, sueños y anhelos en cada Veterano de Malvinas. Puerto Madryn tiene su capítulo en la historia de la guerra, un capítulo de esperanza para aquellos que volvieron. El Centro de Veteranos de Puerto Madryn tiene esa impronta, la de recordar, respetar y sobre todo de hacer de Malvinas una causa para la comunidad.
Si algo aprendieron de sus padres es hacer de Malvinas una bandera, una causa, una forma de vida. Rocío Gabriela Calvo, hija de Julio Calvo y Bárbara Adriana Montesino, hija de José Luis Montesino, dialogaron con Jornada ante la llegada de un nuevo 2 de abril. Con compromiso reafirmaron su sentir para con la causa, hablaron de lo que falta, lo que aprendieron y lo que dejó el acto del año pasado con la visita de la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner.
Tanto para Rocío como para Bárbara el arribo de esta fecha significa cambios, sensaciones encontradas, “significa reuniones en familia, mucha sobremesa, empezar a planear el acto, ayudar a papá con ideas. Hablar mucho del acto, no tanto de Malvinas pero sí del día, de lo que se puede hacer. Estar juntos, sobre todo eso, ayudarlo y que nos cuente los reportajes que le hacen. Intentar ayudarlo en todo lo que más puedo”, comentó Rocío.
No sólo es fuerte para los veteranos esta fecha, sino que la familia siente con especial emoción la llegada del 2 de abril “sigue siendo un día raro, a pesar de estar con él, porque a veces no entiendo la situación- expresó entre lágrimas – es estar con él, acompañarlo y ver a otros veteranos que por ahí en el año no veo mucho pero los siento como mis papás ese día”, dijo Rocío.
Para Bárbara implica mucha reflexión, hablar mucho del tema, compartir lo que transmite su papá “se vive con el recuerdo de lo que vivieron, no sólo en el 2 de abril y por ahí es un tema que es fuerte en esta época. Pero particularmente hablo mucho con mi papá, me interesa, compartimos charlas y hablamos mucho. Creo que somos herederas del sentimiento de ellos, ese sentimiento fuerte, del cual me siento orgullosa de haber heredado”, afirmó.
Del enojo al entendimiento
Ambas coincidieron que muchas veces se enojaron cuando alguien hablaba mal de los veteranos, o repetían algo que habían escuchado sin saber ciertamente lo que sucedió en la guerra. El proceso del enojo al entendimiento fue paulatino, y comprendieron que es mejor transmitir su experiencia antes que chocar con quienes no conocen lo que sucedió.
Para Bárbara muchas veces esos enojos eran “porque hablaban con ignorancia, por decirlo de una manera, muchas veces por desconocimiento, por no preguntar. Antes me enojaba mucho, les decía que no sabían lo que habían sufrido, cuántos habían muerto”, dijo, pero hoy lo toma de otra forma, “intento hablar y transmitir lo que sé, de contar y concientizar con lo que sabemos. Porque muchos no han tenido la suerte que tenemos nosotros, de que nuestros papás estén con nosotros”, mencionó.
Basándose en su experiencia, Rocío comentó que antes no le daba mucha importancia, porque era muy chica, “pero cuando papá entró al Centro, empecé a meterme desde lo personal. Luchando siempre, hablando, compartiendo con amigas o compañeras que festejaban porque el 2 de abril era feriado y no iban a la escuela. Pero también me ha pasado, no soy hipócrita, pero de este tema que me toca de cerca intento hacer todo lo que puedo, aportar, dar a conocer”, explicó.
¿Qué falta para Malvinizar?
La historia de Malvinas es algo que, para ellas, debería estar más presente en la escuela. Ven este punto como algo esencial para que se conozca lo que pasó, para que desde la infancia se comprenda lo que sucedió.
“Si desde primer grado pudieran tener un contacto más directo con la historia de Malvinas, creo que, para mí, sería algo importante y ayudaría”, dijo Bárbara, al tiempo que Rocío señaló que hoy “en la escuela no se da nada. Pero no corresponde a los docentes solamente, falta una política de contenidos, y creo que tranquilamente desde jardín podrían conocerlo, aprenderlo, saber lo que pasó”, afirmó.
“El último acto fue un circo”
El último 2 de abril no quedó como uno de los más gratos en la memoria de ambas, quienes señalaron que la ausencia de los Veteranos en el acto y el manejo político las sobrepasó. Les generó mucha bronca y dolor. Si bien cada uno lo analizó a un nivel personal, coincidieron en que “era un circo, no un acto. Fue un acto político”.
Para Rocío fue algo doloroso, “lloré a la par de papá y me dio mucha bronca. No se podía creer que pasara algo así”, dijo y agregó: “era un circo, un acto político, donde faltaba la parte humana, que eran los veteranos de guerra. Me dio mucha bronca y lo tomé personal, por él, por mi viejo, porque sé lo dolido que estaba”, mencionó.
Por su lado, Bárbara estuvo presente en el acto, pero en forma de protesta “estuve con mi viejo en el acto, y fue feo verlo, ver que él estaba al fondo atrás de todo lo que pasaba. Fue un circo, algo doloroso para todos. Me acuerdo que mi hermanita tenía un cartel que decía “¿Los veteranos dónde están?”. Y después fue doloroso ver el Monumento todo sucio, lleno de botellas, la bronca fue muy grande”, remarcó.
Hoy el acto vuelve a ser de todos, “la gente que no fue va a estar hoy. Y eso hay que destacar: el acompañamiento de la gente. La unión de todos los veteranos de la Provincia. Valoro mucho esa acción. Ver cómo se pusieron de acuerdo ante algo que era injusto y no tenía que pasar”, afirmaron. El mensaje quedó claro, lo que transmiten a los demás parte de lo que sienten desde adentro, desde el seno de su familia. La relación padre-hija, el contacto con sus historias, con lo que vivieron, la forma de ver lo que pasa y analizar la realidad. Hoy Bárbara y Rocío sienten que son parte de Malvinas, llevan la Bandera que sus padres les pasaron, y que buscan dejar en cada una de las generaciones que vendrán. Para Bárbara, José Luis es su orgullo, “me siento orgullosa de lo que nos transmite y la fuerza con la que nos habla. Estoy orgullosa de mi papá, y sé que muchas veces pone todo para estar fuerte a pesar de lo que significan estas fechas para todos ellos”, dijo con emoción y sin dudar señaló: “me siento heredera del sentimiento, y es algo lindo, porque somos conscientes de que Malvinas no es un pedazo de tierra ni una guerra que pasó, a Malvinas nosotros la sentimos”, afirmó. La deuda que Rocío tiene con Julio es por la enseñanza, “intento demostrarle todo lo que me enseñó y devolvérselo. Hacer de Malvinas una bandera, es una forma de devolverle eso que me enseñó. Porque lo viví también en carne propia, porque somos amigos cuando me cuenta lo que vivió”, afirmó.
La llegada de cada 2 de abril remueve emociones, sensaciones, recuerdos, sueños y anhelos en cada Veterano de Malvinas. Puerto Madryn tiene su capítulo en la historia de la guerra, un capítulo de esperanza para aquellos que volvieron. El Centro de Veteranos de Puerto Madryn tiene esa impronta, la de recordar, respetar y sobre todo de hacer de Malvinas una causa para la comunidad.
Si algo aprendieron de sus padres es hacer de Malvinas una bandera, una causa, una forma de vida. Rocío Gabriela Calvo, hija de Julio Calvo y Bárbara Adriana Montesino, hija de José Luis Montesino, dialogaron con Jornada ante la llegada de un nuevo 2 de abril. Con compromiso reafirmaron su sentir para con la causa, hablaron de lo que falta, lo que aprendieron y lo que dejó el acto del año pasado con la visita de la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner.
Tanto para Rocío como para Bárbara el arribo de esta fecha significa cambios, sensaciones encontradas, “significa reuniones en familia, mucha sobremesa, empezar a planear el acto, ayudar a papá con ideas. Hablar mucho del acto, no tanto de Malvinas pero sí del día, de lo que se puede hacer. Estar juntos, sobre todo eso, ayudarlo y que nos cuente los reportajes que le hacen. Intentar ayudarlo en todo lo que más puedo”, comentó Rocío.
No sólo es fuerte para los veteranos esta fecha, sino que la familia siente con especial emoción la llegada del 2 de abril “sigue siendo un día raro, a pesar de estar con él, porque a veces no entiendo la situación- expresó entre lágrimas – es estar con él, acompañarlo y ver a otros veteranos que por ahí en el año no veo mucho pero los siento como mis papás ese día”, dijo Rocío.
Para Bárbara implica mucha reflexión, hablar mucho del tema, compartir lo que transmite su papá “se vive con el recuerdo de lo que vivieron, no sólo en el 2 de abril y por ahí es un tema que es fuerte en esta época. Pero particularmente hablo mucho con mi papá, me interesa, compartimos charlas y hablamos mucho. Creo que somos herederas del sentimiento de ellos, ese sentimiento fuerte, del cual me siento orgullosa de haber heredado”, afirmó.
Del enojo al entendimiento
Ambas coincidieron que muchas veces se enojaron cuando alguien hablaba mal de los veteranos, o repetían algo que habían escuchado sin saber ciertamente lo que sucedió en la guerra. El proceso del enojo al entendimiento fue paulatino, y comprendieron que es mejor transmitir su experiencia antes que chocar con quienes no conocen lo que sucedió.
Para Bárbara muchas veces esos enojos eran “porque hablaban con ignorancia, por decirlo de una manera, muchas veces por desconocimiento, por no preguntar. Antes me enojaba mucho, les decía que no sabían lo que habían sufrido, cuántos habían muerto”, dijo, pero hoy lo toma de otra forma, “intento hablar y transmitir lo que sé, de contar y concientizar con lo que sabemos. Porque muchos no han tenido la suerte que tenemos nosotros, de que nuestros papás estén con nosotros”, mencionó.
Basándose en su experiencia, Rocío comentó que antes no le daba mucha importancia, porque era muy chica, “pero cuando papá entró al Centro, empecé a meterme desde lo personal. Luchando siempre, hablando, compartiendo con amigas o compañeras que festejaban porque el 2 de abril era feriado y no iban a la escuela. Pero también me ha pasado, no soy hipócrita, pero de este tema que me toca de cerca intento hacer todo lo que puedo, aportar, dar a conocer”, explicó.
¿Qué falta para Malvinizar?
La historia de Malvinas es algo que, para ellas, debería estar más presente en la escuela. Ven este punto como algo esencial para que se conozca lo que pasó, para que desde la infancia se comprenda lo que sucedió.
“Si desde primer grado pudieran tener un contacto más directo con la historia de Malvinas, creo que, para mí, sería algo importante y ayudaría”, dijo Bárbara, al tiempo que Rocío señaló que hoy “en la escuela no se da nada. Pero no corresponde a los docentes solamente, falta una política de contenidos, y creo que tranquilamente desde jardín podrían conocerlo, aprenderlo, saber lo que pasó”, afirmó.
“El último acto fue un circo”
El último 2 de abril no quedó como uno de los más gratos en la memoria de ambas, quienes señalaron que la ausencia de los Veteranos en el acto y el manejo político las sobrepasó. Les generó mucha bronca y dolor. Si bien cada uno lo analizó a un nivel personal, coincidieron en que “era un circo, no un acto. Fue un acto político”.
Para Rocío fue algo doloroso, “lloré a la par de papá y me dio mucha bronca. No se podía creer que pasara algo así”, dijo y agregó: “era un circo, un acto político, donde faltaba la parte humana, que eran los veteranos de guerra. Me dio mucha bronca y lo tomé personal, por él, por mi viejo, porque sé lo dolido que estaba”, mencionó.
Por su lado, Bárbara estuvo presente en el acto, pero en forma de protesta “estuve con mi viejo en el acto, y fue feo verlo, ver que él estaba al fondo atrás de todo lo que pasaba. Fue un circo, algo doloroso para todos. Me acuerdo que mi hermanita tenía un cartel que decía “¿Los veteranos dónde están?”. Y después fue doloroso ver el Monumento todo sucio, lleno de botellas, la bronca fue muy grande”, remarcó.
Hoy el acto vuelve a ser de todos, “la gente que no fue va a estar hoy. Y eso hay que destacar: el acompañamiento de la gente. La unión de todos los veteranos de la Provincia. Valoro mucho esa acción. Ver cómo se pusieron de acuerdo ante algo que era injusto y no tenía que pasar”, afirmaron. El mensaje quedó claro, lo que transmiten a los demás parte de lo que sienten desde adentro, desde el seno de su familia. La relación padre-hija, el contacto con sus historias, con lo que vivieron, la forma de ver lo que pasa y analizar la realidad. Hoy Bárbara y Rocío sienten que son parte de Malvinas, llevan la Bandera que sus padres les pasaron, y que buscan dejar en cada una de las generaciones que vendrán. Para Bárbara, José Luis es su orgullo, “me siento orgullosa de lo que nos transmite y la fuerza con la que nos habla. Estoy orgullosa de mi papá, y sé que muchas veces pone todo para estar fuerte a pesar de lo que significan estas fechas para todos ellos”, dijo con emoción y sin dudar señaló: “me siento heredera del sentimiento, y es algo lindo, porque somos conscientes de que Malvinas no es un pedazo de tierra ni una guerra que pasó, a Malvinas nosotros la sentimos”, afirmó. La deuda que Rocío tiene con Julio es por la enseñanza, “intento demostrarle todo lo que me enseñó y devolvérselo. Hacer de Malvinas una bandera, es una forma de devolverle eso que me enseñó. Porque lo viví también en carne propia, porque somos amigos cuando me cuenta lo que vivió”, afirmó.