Camarones era tenía poco más 500 habitantes a principios de los años ´70 cuando el ritmo tranquilo del pueblo costero se vio alterado por la aparición de un grupo de buzos madrynenses, decididos a dar con los restos del vapor “Villarino”, el barco que repatrió los restos del General José de San Martín. Las imágenes de las sucesivas visitas de quienes exploraban las profundidades le dieron a la pequeña villa trascendencia nacional, a través de las páginas de semanarios como Gente o Siete Días, además del diario Clarín.
Esta semana fueron reconocidos por las instituciones de Puerto Madryn aquellos buzos que hicieron historias. Ese puñado de hombres que llegó a Camarones hace cuatro décadas para indagar las proximidades de las Islas Blancas en busca del “Villarino” eran los integrantes de la “Hermandad del Escrófalo”, que se había formado tres años antes a instancias del impulso que los amantes del buceo y la caza submarina ponían en cada una de las actividades que se hacía en las aguas del Golfo Nuevo y que tenían a la ciudad portuaria como punto de partida.
La empresa de buscar y recuperar los restos de un barco con un alto valor histórico para nuestro país, naufragado a fines del siglo XIX requería mucho trabajo y en especial una férrea voluntad para superar los obstáculos que casi siempre plantean la naturaleza y el clima en estas circunstancias. Tal fue la dificultad que el trabajo insumió tres misiones distintas y varios años, hasta que finalmente se logró sacar del mar la hélice del “Villarino” y trasladarla posteriormente a Puerto Madryn.
La primera expedición se realizó en los primeros días de mayo de 1970, donde se inspeccionó la zona de las Islas Blancas, y luego de varias horas de buceo se lograron encontrar una gran cantidad de objetos de un naufragio, la mayoría dispersos y corroídos por el mar. Entre cadenas y conductos, apareció un ojo de buey con la leyenda “Villarin”, que certificaba a los buzos madrynenses que estaban ante los restos indicados.
Aquel primer grupo de buzos estaba integrado por José “Pino” Nicoletti, Mariano “Malevo” Medina, Guillermo Sar, Néstor Moré, Enrique Dames, Nelson Dames, Roberto Astiz, Narciso Mizraji, Néstor Bensimón y José Dadam. Con la certeza de haber encontrado el Villarino, una nueva misión fue de la partida en 1971 para sacar del mar uno de los elementos que mejor se conservaba. Con autos y camionetas particulares transportaron un par de embarcaciones hasta Camarones y allí fueron en busca del ancla del buque a vapor, que fue encontrado en la zona del naufragio y tras el regreso hacia la costa, la pieza fue cedida al pueblo de Camarones, donde aún hoy puede observarse.
Pero quizás el operativo más importante fue el realizado en mayo de 1976 para recuperar la hélice del “Villarino”, elemento que hace más de un cuarto de siglo es un símbolo de Puerto Madryn y que recibió hace pocos días a la comunidad para recordar justamente a quienes participaron de aquel hecho histórico. El “operativo hélice”, tal era el nombre”, contó con el apoyo de vecinos, empresas e instituciones de Puerto Madryn, de la provincia y también nacionales, tal el caso de la Armada Argentina. El equipo de buzos se alojó en el internado de Camarones y allí organizaron el operativo, que incluía el traslado de los hombres en lanchas y también de una balsa que fue construida sobre una suerte de chasis de hierro, con cuatro filas de tambores de 200 litros, y que contaba con una estructura de troncos de madera provistos por un vecino de la zona de Puente Hendre, en Trelew.
De madrugada partió el primer grupo hacia la zona de las islas blancas, donde ya se había identificado al ancla. El elemento, de casi 3 toneladas de peso, estaba apoyado sobre la restinga de una de las islas y según las crónicas de la época, quedaba al descubierto con la bajamar. Los datos de aquel día histórico dicen que había buen clima y prácticamente no había viento, por lo que los buzos pudieron trabajar sin mayores inconvenientes, pero aún así la tarea de fijar el ancla a la balsa fue titánica. Con la ayuda de un cricket y un aparejo elemental, los buzos pudieron acomodar el ancla y sujetarlo a la balsa, pero mover el conjunto con las lanchas parecía casi imposible, “era como querer mover un muelle” contaba por aquellos años uno de los protagonistas de la historia y un dato aportado con posterioridad al operativo explicaba el porqué: sólo la hélice pesaba 2940 kilos, a lo que había que sumar la balsa y la fuerza de la marea que golpeaba con violencia sobre la restinga. Pasaban las horas y la balsa no flotaba, pero ya a oscuras y con la marea en subida, una ola golpeó la balsa, la dio vuelta y el ancla quedó en la parte inferior. El incidente pudo haber tenido consecuencias graves para los dos buzos que estaban en la restinga, pero tras sortear el episodio, se dieron cuenta que la balsa ya estaba flotando, cortaron los cabos y fueron remolcados en plena noche hacia la costa.
El regreso a la playa no estuvo exento de problemas, ya que en plena travesía se apagaron las luces de camarones y tuvieron que seguir hacia la costa sin referencias. El remolque tardo tres horas más y al final del día, algunos de los buzos habían pasado casi 21 horas en el agua. El operativo se completó al otro día, arrastrando la hélice por la playa de pedregullo y utilizando todos los medios disponibles para subirla al camión que trasladó el elemento hasta Puerto Madryn. La llegada a la ciudad portuaria de la hélice del “Villarino” fue todo un acontecimiento, y tras la descarga, se realizó una suerte de “bautismo” con rotura de botella de champagne incluida en una de las paredes de la “Hermandad del Escrófalo”. Los homenajeados por el hecho histórico fueron: Oscar “Cacho” Comes, Mariano “Malevo” Medina, Carlos Beloso, Héctor Mangini, José “Pino” Nicoletti, Luis Isola, Néstor Bensimón , Gino Morassi, Juan Curti, Allieri Juan, Carlos redondo, Ángel Rafael “Lito” Biondi, Aldo Comes, Víctor “Pocho” Comes, Nelson Dames, Enrique Dames, Antonio Torrejón, Luis Curti, Antonio Pappalardo, Guillermo Sar, Narciso Misraji, Néstor “Pichón” Moré, Santos Solís, José D Adam, Pablo “El Colorado” Badioli, Alcides Nerone, Ricardo González Richter, Roberto Astiz, Cabo Lupo, Daniel Planchado y Carlos Wir.#
Camarones era tenía poco más 500 habitantes a principios de los años ´70 cuando el ritmo tranquilo del pueblo costero se vio alterado por la aparición de un grupo de buzos madrynenses, decididos a dar con los restos del vapor “Villarino”, el barco que repatrió los restos del General José de San Martín. Las imágenes de las sucesivas visitas de quienes exploraban las profundidades le dieron a la pequeña villa trascendencia nacional, a través de las páginas de semanarios como Gente o Siete Días, además del diario Clarín.
Esta semana fueron reconocidos por las instituciones de Puerto Madryn aquellos buzos que hicieron historias. Ese puñado de hombres que llegó a Camarones hace cuatro décadas para indagar las proximidades de las Islas Blancas en busca del “Villarino” eran los integrantes de la “Hermandad del Escrófalo”, que se había formado tres años antes a instancias del impulso que los amantes del buceo y la caza submarina ponían en cada una de las actividades que se hacía en las aguas del Golfo Nuevo y que tenían a la ciudad portuaria como punto de partida.
La empresa de buscar y recuperar los restos de un barco con un alto valor histórico para nuestro país, naufragado a fines del siglo XIX requería mucho trabajo y en especial una férrea voluntad para superar los obstáculos que casi siempre plantean la naturaleza y el clima en estas circunstancias. Tal fue la dificultad que el trabajo insumió tres misiones distintas y varios años, hasta que finalmente se logró sacar del mar la hélice del “Villarino” y trasladarla posteriormente a Puerto Madryn.
La primera expedición se realizó en los primeros días de mayo de 1970, donde se inspeccionó la zona de las Islas Blancas, y luego de varias horas de buceo se lograron encontrar una gran cantidad de objetos de un naufragio, la mayoría dispersos y corroídos por el mar. Entre cadenas y conductos, apareció un ojo de buey con la leyenda “Villarin”, que certificaba a los buzos madrynenses que estaban ante los restos indicados.
Aquel primer grupo de buzos estaba integrado por José “Pino” Nicoletti, Mariano “Malevo” Medina, Guillermo Sar, Néstor Moré, Enrique Dames, Nelson Dames, Roberto Astiz, Narciso Mizraji, Néstor Bensimón y José Dadam. Con la certeza de haber encontrado el Villarino, una nueva misión fue de la partida en 1971 para sacar del mar uno de los elementos que mejor se conservaba. Con autos y camionetas particulares transportaron un par de embarcaciones hasta Camarones y allí fueron en busca del ancla del buque a vapor, que fue encontrado en la zona del naufragio y tras el regreso hacia la costa, la pieza fue cedida al pueblo de Camarones, donde aún hoy puede observarse.
Pero quizás el operativo más importante fue el realizado en mayo de 1976 para recuperar la hélice del “Villarino”, elemento que hace más de un cuarto de siglo es un símbolo de Puerto Madryn y que recibió hace pocos días a la comunidad para recordar justamente a quienes participaron de aquel hecho histórico. El “operativo hélice”, tal era el nombre”, contó con el apoyo de vecinos, empresas e instituciones de Puerto Madryn, de la provincia y también nacionales, tal el caso de la Armada Argentina. El equipo de buzos se alojó en el internado de Camarones y allí organizaron el operativo, que incluía el traslado de los hombres en lanchas y también de una balsa que fue construida sobre una suerte de chasis de hierro, con cuatro filas de tambores de 200 litros, y que contaba con una estructura de troncos de madera provistos por un vecino de la zona de Puente Hendre, en Trelew.
De madrugada partió el primer grupo hacia la zona de las islas blancas, donde ya se había identificado al ancla. El elemento, de casi 3 toneladas de peso, estaba apoyado sobre la restinga de una de las islas y según las crónicas de la época, quedaba al descubierto con la bajamar. Los datos de aquel día histórico dicen que había buen clima y prácticamente no había viento, por lo que los buzos pudieron trabajar sin mayores inconvenientes, pero aún así la tarea de fijar el ancla a la balsa fue titánica. Con la ayuda de un cricket y un aparejo elemental, los buzos pudieron acomodar el ancla y sujetarlo a la balsa, pero mover el conjunto con las lanchas parecía casi imposible, “era como querer mover un muelle” contaba por aquellos años uno de los protagonistas de la historia y un dato aportado con posterioridad al operativo explicaba el porqué: sólo la hélice pesaba 2940 kilos, a lo que había que sumar la balsa y la fuerza de la marea que golpeaba con violencia sobre la restinga. Pasaban las horas y la balsa no flotaba, pero ya a oscuras y con la marea en subida, una ola golpeó la balsa, la dio vuelta y el ancla quedó en la parte inferior. El incidente pudo haber tenido consecuencias graves para los dos buzos que estaban en la restinga, pero tras sortear el episodio, se dieron cuenta que la balsa ya estaba flotando, cortaron los cabos y fueron remolcados en plena noche hacia la costa.
El regreso a la playa no estuvo exento de problemas, ya que en plena travesía se apagaron las luces de camarones y tuvieron que seguir hacia la costa sin referencias. El remolque tardo tres horas más y al final del día, algunos de los buzos habían pasado casi 21 horas en el agua. El operativo se completó al otro día, arrastrando la hélice por la playa de pedregullo y utilizando todos los medios disponibles para subirla al camión que trasladó el elemento hasta Puerto Madryn. La llegada a la ciudad portuaria de la hélice del “Villarino” fue todo un acontecimiento, y tras la descarga, se realizó una suerte de “bautismo” con rotura de botella de champagne incluida en una de las paredes de la “Hermandad del Escrófalo”. Los homenajeados por el hecho histórico fueron: Oscar “Cacho” Comes, Mariano “Malevo” Medina, Carlos Beloso, Héctor Mangini, José “Pino” Nicoletti, Luis Isola, Néstor Bensimón , Gino Morassi, Juan Curti, Allieri Juan, Carlos redondo, Ángel Rafael “Lito” Biondi, Aldo Comes, Víctor “Pocho” Comes, Nelson Dames, Enrique Dames, Antonio Torrejón, Luis Curti, Antonio Pappalardo, Guillermo Sar, Narciso Misraji, Néstor “Pichón” Moré, Santos Solís, José D Adam, Pablo “El Colorado” Badioli, Alcides Nerone, Ricardo González Richter, Roberto Astiz, Cabo Lupo, Daniel Planchado y Carlos Wir.#