Represor en Trelew: detuvieron al expolicía Juan Carlos Damonte

Llevaba 4 años prófugo de la Justicia cordobesa. Fue parte del centro de detenciones La Perla en la dictadura. Hacía poco tiempo se había establecido en la ciudad.

10 JUN 2014 - 21:46 | Actualizado

Juan Carlos Damonte, alias “Coco” o “Capitán Coco”, era una de las 74 personas involucradas en procesos por violaciones contra los derechos humanos cometidas durante la dictadura quien permanecían prófugas en distintas jurisdicciones del país. Lo detuvieron en Trelew y desde ayer, esa lista elaborada y divulgada el mes pasado por la Procuraduría de Crímenes contra la Humanidad, tiene un integrante menos. Es un expolicía cordobés que integraba la lista de los siete policías provinciales que aún son requeridos por la Justicia.

En 2010, su nombre se ventiló en un juicio por crímenes de lesa humanidad en la provincia de Córdoba, en el que se enjuició al dictador Jorge Rafael Videla y otros 30 acusados.

Su historia en “La Perla”

En ese juicio, declaró una docente jubilada, Lilia Rosa Bruno, que contó sobre su detención ilegal y mencionó su relación con el represor Damonte: “Fui detenida el 24 de mayo de 1975 en mi casa, en el barrio Maipú. Tenía 20 años, estudiaba Ciencias de la Información y Magisterio. Vivía con mis padres adoptivos y el hermano de mi mamá. Hasta que me encontraron a mí, los golpearon, los empujaron y los tiraron al suelo. Cuando dieron conmigo me llevaron al dormitorio. El malo me tironeaba, me empujaba, y el bueno manejaba a los otros. El bueno era uno al que llamaban el ‘Capitán Coco’”, relató la testigo.

“Me tomó muchos años darme cuenta que jugaban al bueno y al malo. En el centro de detención, el malo me pegó un culatazo en el abdomen y me preguntó si estaba embarazada. Me acusó de ser correo del ERP. Me golpeaba o me arrastraba de los pelos, el bueno le decía: ‘Dejala, no la jodas’. En mi cabeza, entre el susto, la desesperación y mis 20 años, hice eso del bueno y el malo. Me aferré al bueno y le tenía terror al malo”, contó Lilia.

“Damonte me parecía mayor. No sé si era porque yo era muy joven, pero tenía barba y un poco de sobrepeso. Un día me soltaron. Yo no me quería ir porque sabía que afuera me esperaban las otras opciones. A los empujones me sacaron y empecé a caminar hacia la plaza. Ahí vi una sombra escondida detrás de la estatua de Esquiu y yo creía que era el policía joven.”

“Allí entró un auto con las luces altas y yo no podía ver quién era. Me quede inmóvil, esperé. La sombra desapareció, se bajó alguien, vi que era Damonte y me dijo subí. Dio la vuelta ahí mismo, vi a mi papá, le dije ahí está mi papá. No me dio bolilla. Me llevó a mi casa. Le dijo a mi mamá que yo no saliera de mi casa, que abandonara Ciencias de la Información, que quemara todo lo de la facultad y se fue. Mi papá quemó todo”.

“Una semana después apareció Damonte de nuevo por mi casa, me pregunto qué había hecho en esos días, si había entrado en contacto con alguien. Se tomó un café y se fue.”

“Otro día me tomé un colectivo, me bajé y ahí estaba Damonte. Me subió a un auto lleno de armas y me devolvió a mi casa. Otra vez me llevó camino al Aeropuerto y me manoseó suavemente y me preguntó si yo era virgen, yo le dije que sí y nunca más me molestó en ese sentido. Damonte desapareció. No supe nada más de él”.

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10 JUN 2014 - 21:46

Juan Carlos Damonte, alias “Coco” o “Capitán Coco”, era una de las 74 personas involucradas en procesos por violaciones contra los derechos humanos cometidas durante la dictadura quien permanecían prófugas en distintas jurisdicciones del país. Lo detuvieron en Trelew y desde ayer, esa lista elaborada y divulgada el mes pasado por la Procuraduría de Crímenes contra la Humanidad, tiene un integrante menos. Es un expolicía cordobés que integraba la lista de los siete policías provinciales que aún son requeridos por la Justicia.

En 2010, su nombre se ventiló en un juicio por crímenes de lesa humanidad en la provincia de Córdoba, en el que se enjuició al dictador Jorge Rafael Videla y otros 30 acusados.

Su historia en “La Perla”

En ese juicio, declaró una docente jubilada, Lilia Rosa Bruno, que contó sobre su detención ilegal y mencionó su relación con el represor Damonte: “Fui detenida el 24 de mayo de 1975 en mi casa, en el barrio Maipú. Tenía 20 años, estudiaba Ciencias de la Información y Magisterio. Vivía con mis padres adoptivos y el hermano de mi mamá. Hasta que me encontraron a mí, los golpearon, los empujaron y los tiraron al suelo. Cuando dieron conmigo me llevaron al dormitorio. El malo me tironeaba, me empujaba, y el bueno manejaba a los otros. El bueno era uno al que llamaban el ‘Capitán Coco’”, relató la testigo.

“Me tomó muchos años darme cuenta que jugaban al bueno y al malo. En el centro de detención, el malo me pegó un culatazo en el abdomen y me preguntó si estaba embarazada. Me acusó de ser correo del ERP. Me golpeaba o me arrastraba de los pelos, el bueno le decía: ‘Dejala, no la jodas’. En mi cabeza, entre el susto, la desesperación y mis 20 años, hice eso del bueno y el malo. Me aferré al bueno y le tenía terror al malo”, contó Lilia.

“Damonte me parecía mayor. No sé si era porque yo era muy joven, pero tenía barba y un poco de sobrepeso. Un día me soltaron. Yo no me quería ir porque sabía que afuera me esperaban las otras opciones. A los empujones me sacaron y empecé a caminar hacia la plaza. Ahí vi una sombra escondida detrás de la estatua de Esquiu y yo creía que era el policía joven.”

“Allí entró un auto con las luces altas y yo no podía ver quién era. Me quede inmóvil, esperé. La sombra desapareció, se bajó alguien, vi que era Damonte y me dijo subí. Dio la vuelta ahí mismo, vi a mi papá, le dije ahí está mi papá. No me dio bolilla. Me llevó a mi casa. Le dijo a mi mamá que yo no saliera de mi casa, que abandonara Ciencias de la Información, que quemara todo lo de la facultad y se fue. Mi papá quemó todo”.

“Una semana después apareció Damonte de nuevo por mi casa, me pregunto qué había hecho en esos días, si había entrado en contacto con alguien. Se tomó un café y se fue.”

“Otro día me tomé un colectivo, me bajé y ahí estaba Damonte. Me subió a un auto lleno de armas y me devolvió a mi casa. Otra vez me llevó camino al Aeropuerto y me manoseó suavemente y me preguntó si yo era virgen, yo le dije que sí y nunca más me molestó en ese sentido. Damonte desapareció. No supe nada más de él”.