Familias, vecinos, turistas y militantes empezaron a llegar desde temprano a la Plaza que se extiende frente a la Basílica y le fueron dando forma, progresivamente, a una verdadera multitud, mientras en el aire y entre banderas argentinas flameaba la sensación de ser, esta vez, al menos una pequeña parte de la historia.
No era solo la celebración del Día de la Patria; no era solo la conmemoración de la "licitación número 1" de la presidencia de Néstor Kirchner hace ya 12 años (que permitió los trabajos de restauración de la Basílica luego de que la cruz principal cayera en el 2000). Era, fundamentalmente, estar allí, en el último Tedeum del segundo gobierno de Cristina, quien retribuyó el cariño de la gente después de la ceremonia, acercándose a las vallas para los saludos, los besos, las fotos y una frase repetida: "Te vamos a extrañar".
La pantalla gigante reprodujo cada detalle del acto, desde la llegada de la Presidenta, su recorrida por los trabajos que se realizan en la Basílica hasta la emocionante interpretación del "Aleluya" de Handel por parte del Coro Polifónico Nacional, mientras que luego Cristina y el Canciller, Héctor Timerman, recibían los saludos protocolares de los distintos embajadores extranjeros que estuvieron en Luján.
La misa de Radrizzani fue seguida con un respetuoso silencio, recién interrumpido por primera vez con aplausos cuando el Arzobispo de Luján-Mercedes recordó la decisión política y la ayuda de Néstor Kirchner, primero, y de Cristina Fernández de Kirchner después, para la restauración de la Basílica. "Hoy nuestro querido santuario luce como en los momentos de su inauguración", dijo, antes de leer unas palabras del papa Francisco.
Las banderas argentinas se mezclaban con los estandartes de las diferentes agrupaciones partidarias, una colorida alegoría de la diversidad que, adentro, celebraron los distintos líderes religiosos cuando tomaron la palabra. Monseñor Kissag Mouradian, de la iglesia Apostólica Armenia; Sheij Abdelnaby Elhefnawy, del Centro Islámico de la República Argentina; el evangelista Pastor Flores y Bettina Manasowicz por el judaísmo.
"Esto es un ejemplo de la diversidad de nuestra Argentina. Hoy somos un espejo para el mundo", resaltó Flores, mientras la pantalla entregaba la imagen conmovida de la Presidenta y la plaza se cerraba en un nuevo aplauso.
El cierre, lo dicho, llegó cuando la Presidenta se acercó hasta la multitud para saludar, ahora acompañada por el gobernador Daniel Scioli; el secretario general de la Presidencia, Eduardo 'Wado' de Pedro; el ministro de Interior y Transporte, Florencio Randazzo; y el presidente de la Cámara de Diputados de la Nación, Julián Domínguez, entre otras autoridades.
Y la desconcentración, esta vez, se produjo en una sola dirección: hacia la Plaza de Mayo, donde siguieron los festejos por el Día de la Patria y siguió, del mismo modo, la liturgia.

Familias, vecinos, turistas y militantes empezaron a llegar desde temprano a la Plaza que se extiende frente a la Basílica y le fueron dando forma, progresivamente, a una verdadera multitud, mientras en el aire y entre banderas argentinas flameaba la sensación de ser, esta vez, al menos una pequeña parte de la historia.
No era solo la celebración del Día de la Patria; no era solo la conmemoración de la "licitación número 1" de la presidencia de Néstor Kirchner hace ya 12 años (que permitió los trabajos de restauración de la Basílica luego de que la cruz principal cayera en el 2000). Era, fundamentalmente, estar allí, en el último Tedeum del segundo gobierno de Cristina, quien retribuyó el cariño de la gente después de la ceremonia, acercándose a las vallas para los saludos, los besos, las fotos y una frase repetida: "Te vamos a extrañar".
La pantalla gigante reprodujo cada detalle del acto, desde la llegada de la Presidenta, su recorrida por los trabajos que se realizan en la Basílica hasta la emocionante interpretación del "Aleluya" de Handel por parte del Coro Polifónico Nacional, mientras que luego Cristina y el Canciller, Héctor Timerman, recibían los saludos protocolares de los distintos embajadores extranjeros que estuvieron en Luján.
La misa de Radrizzani fue seguida con un respetuoso silencio, recién interrumpido por primera vez con aplausos cuando el Arzobispo de Luján-Mercedes recordó la decisión política y la ayuda de Néstor Kirchner, primero, y de Cristina Fernández de Kirchner después, para la restauración de la Basílica. "Hoy nuestro querido santuario luce como en los momentos de su inauguración", dijo, antes de leer unas palabras del papa Francisco.
Las banderas argentinas se mezclaban con los estandartes de las diferentes agrupaciones partidarias, una colorida alegoría de la diversidad que, adentro, celebraron los distintos líderes religiosos cuando tomaron la palabra. Monseñor Kissag Mouradian, de la iglesia Apostólica Armenia; Sheij Abdelnaby Elhefnawy, del Centro Islámico de la República Argentina; el evangelista Pastor Flores y Bettina Manasowicz por el judaísmo.
"Esto es un ejemplo de la diversidad de nuestra Argentina. Hoy somos un espejo para el mundo", resaltó Flores, mientras la pantalla entregaba la imagen conmovida de la Presidenta y la plaza se cerraba en un nuevo aplauso.
El cierre, lo dicho, llegó cuando la Presidenta se acercó hasta la multitud para saludar, ahora acompañada por el gobernador Daniel Scioli; el secretario general de la Presidencia, Eduardo 'Wado' de Pedro; el ministro de Interior y Transporte, Florencio Randazzo; y el presidente de la Cámara de Diputados de la Nación, Julián Domínguez, entre otras autoridades.
Y la desconcentración, esta vez, se produjo en una sola dirección: hacia la Plaza de Mayo, donde siguieron los festejos por el Día de la Patria y siguió, del mismo modo, la liturgia.