"Es un punto de inflexión en el proceso" de independencia, admitió Puigdemont al analizar la decisión de la CUP (Candidatura d'Unitat Popular) de rechazar los presupuestos de 2016, que se debaten en el parlamento regional.
El presidente catalán tiene previsto comparecer esta tarde para escenificar la ruptura definitiva con los anticapitalistas, algo que ya dio por hecho, y explicar sus consecuencias, entre las que entraría la posibilidad de una nuevas elecciones anticipadas.
"Que quede claro que no nos venderemos, hemos venido a hacer la independencia, pero pasarán cosas graves", anticipó Puigdemont al intervenir en una reunión de urgencia de su grupo parlamentario, Junts pel Sí.
La CUP prometió apoyar al presidente independentista tras alcanzar en enero un acuerdo "in extremis" con Junts pel Sí con el objetivo de avanzar hacia la secesión, pero ya en ese entonces advirtió que no respaldaría unos presupuestos que no revirtieran los recortes y privatizaciones del gobierno anterior de Artur Mas.
Los anticapitalistas aseguran ahora que la cuentas son continuistas y que no hubo voluntad negociadora por parte del gobierno de Puigdemont, algo que éste niega de forma rotunda.
"Los presupuestos tenían que ser una señal de firmeza, de que el proceso independentista va en serio. Y son una claudicación ante Cristóbal Montoro" (ministro del gobierno español de Mariano Rajoy), argumentó la diputada de la CUP Eulàlia Reguant, al defender la enmienda de su partido a la totalidad de las cuentas.
Los planes del presidente independentista son seguir gobernando en minoría con los 62 diputados de Junts pel Sí, seis por debajo de la mayoría absoluta, e ir buscando acuerdos puntuales con otros grupos hasta que sea posible.
Sin embargo, salvo la CUP ningún otro partido catalán está dispuesto a brindarle apoyo a Puigdemont a menos que abandone la "hoja de ruta" rupturista.
El desafío secesionista de Cataluña entra así en una nueva vía muerta en un momento clave para España, que se encuentra a las puertas de unas nuevas elecciones generales, que tendrán lugar el 26 de junio, seis meses después de los comicios de diciembre en los que ningún partido obtuvo mayoría suficiente para gobernar.
"Hoy se va a poner en evidencia que la aventura independentista es historia", celebró Xavier García Albiol, el líder del Partido Popular (PP) en Cataluña, antes de que la CUP consumara su veto a los presupuestos de Puigdemont.
El partido liberal Ciudadanos, primera fuerza opositora, también aplaudió el fin de la "comedia" secesionista.
"Cuando uno se encomienda al diablo, y lo digo como metáfora, no suele tener buenos efectos", lanzó el diputado Antonio Espinosa, en referencia al pacto entre Junts pel Sí y la CUP, que duró menos de seis meses.
Los anticapitalistas defienden que no es el fin del proceso - ya que el gobierno catalán podrá prorrogar los actuales presupuestos- e instan a Puigdemont a negociar los de 2007 para seguir adelante con los planes de secesión.

"Es un punto de inflexión en el proceso" de independencia, admitió Puigdemont al analizar la decisión de la CUP (Candidatura d'Unitat Popular) de rechazar los presupuestos de 2016, que se debaten en el parlamento regional.
El presidente catalán tiene previsto comparecer esta tarde para escenificar la ruptura definitiva con los anticapitalistas, algo que ya dio por hecho, y explicar sus consecuencias, entre las que entraría la posibilidad de una nuevas elecciones anticipadas.
"Que quede claro que no nos venderemos, hemos venido a hacer la independencia, pero pasarán cosas graves", anticipó Puigdemont al intervenir en una reunión de urgencia de su grupo parlamentario, Junts pel Sí.
La CUP prometió apoyar al presidente independentista tras alcanzar en enero un acuerdo "in extremis" con Junts pel Sí con el objetivo de avanzar hacia la secesión, pero ya en ese entonces advirtió que no respaldaría unos presupuestos que no revirtieran los recortes y privatizaciones del gobierno anterior de Artur Mas.
Los anticapitalistas aseguran ahora que la cuentas son continuistas y que no hubo voluntad negociadora por parte del gobierno de Puigdemont, algo que éste niega de forma rotunda.
"Los presupuestos tenían que ser una señal de firmeza, de que el proceso independentista va en serio. Y son una claudicación ante Cristóbal Montoro" (ministro del gobierno español de Mariano Rajoy), argumentó la diputada de la CUP Eulàlia Reguant, al defender la enmienda de su partido a la totalidad de las cuentas.
Los planes del presidente independentista son seguir gobernando en minoría con los 62 diputados de Junts pel Sí, seis por debajo de la mayoría absoluta, e ir buscando acuerdos puntuales con otros grupos hasta que sea posible.
Sin embargo, salvo la CUP ningún otro partido catalán está dispuesto a brindarle apoyo a Puigdemont a menos que abandone la "hoja de ruta" rupturista.
El desafío secesionista de Cataluña entra así en una nueva vía muerta en un momento clave para España, que se encuentra a las puertas de unas nuevas elecciones generales, que tendrán lugar el 26 de junio, seis meses después de los comicios de diciembre en los que ningún partido obtuvo mayoría suficiente para gobernar.
"Hoy se va a poner en evidencia que la aventura independentista es historia", celebró Xavier García Albiol, el líder del Partido Popular (PP) en Cataluña, antes de que la CUP consumara su veto a los presupuestos de Puigdemont.
El partido liberal Ciudadanos, primera fuerza opositora, también aplaudió el fin de la "comedia" secesionista.
"Cuando uno se encomienda al diablo, y lo digo como metáfora, no suele tener buenos efectos", lanzó el diputado Antonio Espinosa, en referencia al pacto entre Junts pel Sí y la CUP, que duró menos de seis meses.
Los anticapitalistas defienden que no es el fin del proceso - ya que el gobierno catalán podrá prorrogar los actuales presupuestos- e instan a Puigdemont a negociar los de 2007 para seguir adelante con los planes de secesión.