SOCIEDAD

Volver al Futuro IV

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Por Daniela Patricia Almirón *

Siempre dicen que las segundas partes no son buenas. Me quedo con la primera de Volver al Futuro seguro, aunque quien diría que la naturaleza, en un ser vivo microscópico, se encargaría de desterrar esta trilogía.

Recuerdo de adolescente, cuando se estrenó en el año 1985, el concepto de volver, de back al futuro era disruptivo.

Volver se vuelve hacia atrás, ¡no hacia adelante! Entonces ¿cómo sería eso de volver al futuro?

Abril del año 2020, Sabina nunca se imaginó que su canción sería premonitoria en el robo del mes de abril. La pandemia del coronavirus nos tiene confinados, guardados, en cuarentena, atrapados en nuestros hogares desde mediados de marzo. Atrapados con nosotros.

Y lo que se escucha es, cuando volvamos a lo de antes, cuando esto termine y todo vuelva a la normalidad. Si es que hay una normalidad y si es que además la queremos revivir.

Hay, no que habrá, hay un antes y un después en el mundo con esta pandemia.

Si alguna vez fue un meteorito, un diluvio universal, una epidemia que provocaba cambios en lo que era el mundo conocido y no existía ni la fibra óptica ni el avión, y a lo sumo el barco, esta vez es una pandemia.

No volveremos al mundo de antes, porque ese mundo ya no existe. Volveremos al mundo del futuro, al que construiremos, recalcularemos, diseñemos y espero que tengamos ese mundo para hacer algo de ello.

Ese mundo que teníamos no existe porque en adelante estarán los que murieron, sí estará en el registro alarmante de los periodistas que cubren como si fuese una guerra. Estarán las miles y miles de víctimas fatales, en los corazones y en las retinas de sus seres queridos, quienes intentarán recordar cuándo fue que se dieron el último abrazo. Estarán los operadores de la salud que registrarán en su cuerpo esta catástrofe sanitaria. Estarán todos aquellos en el afuera, haciendo que todo siga funcionando para los que estamos adentro.

Y los que sobrevivamos, también intentaremos recordar cuando nos dimos el último abrazo, el último beso, en ese mundo de antes que nos tocábamos a destajo. Los que sobrevivan sin haber contraído la enfermedad, los que sobrevivan habiéndola contraído, los que sean portadores no activos, los que sean portadores y lo desconozcan, con los que tengan una línea de fiebre y se atribuya al virus del principio del siglo XXI.

Este ya es un mundo nuevo, ya estamos viviendo un mundo en el que se gestan nuevas vinculaciones, y no porque la internet se nos meta en las venas, sino porque los vínculos son y serán aún más diferentes.

Qué podrá más, ¿el instinto de supervivencia o el instinto emocional? Aquellos a quienes siempre el contacto del abrazo fue importante, continuaremos apreciándolo. Aquellos quienes eran mas esquivos, ¿cambiarán de parecer? No hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió, cantó también Sabina. No hay nada más bello que lo que nunca he tenido, cantaba Serrat.

Porque el mismo proceso de esta pandemia, nos ha llevado a transitar distintos estadios.

La sorpresa, la negación, las vacaciones, el teletrabajo, la distancia, el confinamiento, el barbijo, las redes y mas redes, y zoom y más zoom, y la video llamada y más video llamada. El dolor y el miedo, y también la esperanza.

Las horas sobre ocupadas, o las horas infra ocupadas.

La cotidianeidad se nos ha cambiado. Y cada cual en cada lugar del planeta que le toca el confinamiento lo vive de manera diferente.

Los encuentros ya han cambiado, porque si para prevenir el Alzheimer hay que tener una vida sana en alimentación, mente y de relaciones con los amigos, ¿cómo hacer ahora?

Si no nos encontramos en el bar, ni en el café, ni en la terracita, ni en un asadito.

Una nueva modalidad al menos por ahora para conservar el encuentro y su sabor, y de tener retroalimentación, son los encuentros on line presenciales con familia y amistades en lo que sea posible. Me dirán que no es lo mismo, aunque sentir el cariño se siente. El intercambio de ideas, reírse, compartir los proyectos, porque los hay.

La web nos traía conexión y a veces también comunicación. Nos traía coexistencia y a veces convivencia comunitaria. Hoy la web, la internet, esa cosa inmanente e invisible nos conecta, comunica, nos coexiste y nos puede dar comunión.

Los vínculos desde el comienzo de la existencia universal nos dan la vida. La interconexión de las neuronas, su vinculación genera redes interconectadas, y así los humanos generamos redes y encuentros, en sistemas. Estudios recientes dan cuenta de que el universo podría estar funcionando como un gran cerebro interconectado.

Porque si con algo no podrá este virus, es con evitar que nos vinculemos obligada o voluntariamente, y en ese vincular se diseñarán nuevas dinámicas, y nuevos conflictos inevitablemente.

Entonces en esto de encuentros y comunicarse, invadida está la web de ofertas de mediación, sí de mediación en cursos, charlas, exposiciones, talleres, de toda índole y color. Lo que hasta hace poco era una excepción como la mediación o comediación a distancia, hoy es una estrella de Belén hacia el nacimiento de una verdadera nueva era de gestión de solución participativa de conflictos vía on line.

Traigo esto con cierta desfachatez, porque estoy viviendo lo predicado, la labor del mediador especializado en comunicación, está centrada en el proceso, en el durante, de la transformación de las personas que recurren a este profesional. Lo traigo, porque son mediadoras y mediadores en el mundo, que con su capacidad están colaborando en la escucha activa y empática de manera telefónica y electrónica con cientos de personas agobiadas por las dinámicas vinculares en pandemia. Escuchando personas adultas mayores que viven solas y están solas.

El profesional de la mediación era, es hoy ineludiblemente y seguirá siendo en el nuevo mundo a descubrir post aparición del COVID 19, quienes resultan verdaderos puentes, enlaces entre el adentro y el afuera.

El tiempo dirá si nos conectaremos haciendo sinapsis y redes retroalimentadoras. O si lo haremos como la sangre que recorre nuestro cuerpo, llevando oxígeno, dando salud a los órganos, y así cuánto más saludable cada órgano, más saludable el cuerpo todo.

Es imposible saber en qué nos convertiremos, y si seremos otros, qué otros seremos.

Lo que sé es que lo mejor que nos puede pasar es volver… al futuro.

(*) Abogada, mediadora.

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