
Por Rolando Tobarez / @rtobarez
El Tribunal Oral en Federal de Comodoro Rivadavia condenó a Miguel Sánchez, alias “Fucking”, “Tibu” o “Tiburcio”, a 6 años de prisión por transporte y tenencia de estupefacientes para comerciar y guarda de semillas para producir; a Rubén “Rambo” Cabral a 5 años por tenencia de droga para vender, y a Diego “Pío” Maestre por tenencia para vender, cultivo de plantas y guarda de semillas para producir, a 4 años y 6 meses de prisión efectiva. Al fallo lo firmó el juez Mario Reynaldi. Los dos primeros son artesanos. El último vendía coches.
El caso comenzó en 2018 con una denuncia con identidad reservada al mail del Ministerio de Seguridad acusando a Maestre de comerciar droga en Las Golondrinas. Decía que tenía un invernáculo con plantas de marihuana, consumía cocaína y “seca la marihuana para venderla”.
Lo vigilaron y lo sorprendieron comprando cocaína a Cabral en el baño de una cervecería. Estaba envuelta en una servilleta, del tamaño de una galletita. Los proveedores de Maestre eran Cabral y Sánchez, que pasaron a ser investigados.
El 16 de octubre de 2018 hubo allanamientos simultáneos y una entrega vigilada: Sánchez retiró una encomienda del transporte Cruz del Sur de El Bolsón. Al advertir a los agentes federales, lo arrojó al piso y se fugó corriendo. Tras varias cuadras lo alcanzaron con un tackle. Diluviaba. En su motorhome lo esperaban dos hijos de 7 años y uno de 4, además de su mujer.
El remitente de la droga desde Buenos Aires era “Hugo Salgado” y el destinatario, “Marcelo Cárdenas”. Eran nombres ficticios: el propio Sánchez había enviado y recibido el paquete. En la encomienda había ropa y una bolsa con grasa con medio kilo de cocaína. Según una escucha, desde Buenos Aires días antes le había avisado a Cabral que “Mañana mando los dulces”.
Sánchez había hecho otros dos envíos previos con los mismos nombres falsos el mismo año. Cabral le mandaba plata por Western Union.
En su casa de la parcela 26 de Las Golondrinas se secuestraron $ 25.000 detrás de un cuadro, un revólver 32 cargado, municiones, 5 celulares, detrás de un microondas una balanza digital, marihuana y semillas de cannabis bien resguardadas en un tubo.
En sus charlas telefónicas pactaba cantidades, precios y entregas: “¿Me llevás ahí una cosita?”; “Escuchame acá hay un pibe que necesita una cosa ¿vos qué onda? ¿Estás en acción?”; “Necesitaba una cantidad de ladrillos”; “10 cosos a 50”; “Tibu, ¿hay?...sí, la mejor del mundo”.
Sánchez tiene una condena previa del TOF de General Roca por transporte de estupefacientes a 4 años de prisión, en El Bolsón en 2008.
Cabral complicado
En cuanto a Cabral, conocido feriante permanente de la Feria de Artesanos de El Bolsón, eran constantes en sus escuchas los pedidos de cocaína y marihuana: “En piedrita todo, como tiene que ser”; “Tenía ganas de ir a comprar unas florcitas y traerme”; “Hay una línea a 180 el gramo, es buenísima. Hay un paquetito de 5 y unos de 40 gramos 7.500 pesos, 40 gramos de balanza, para revenderlo”; “¿Tenés para quemar unos gramitos de flores?”, “Rambo, estoy en un asado, somos 10 amigos. Necesito 10 G”, “Te voy a mandar unos fasitos”, “Me dejaron lo que me quedó ahora y me lo fumé. Estoy viendo si localizo”; “Te lo regalo. Pasá te lo tiro por la ventana. La marihuana te la doy yo”, “Vamos a vernos en el kioskito, sentate en las sillas no te quedes en el auto. Va a ir un pibe, yo a ese pibe le pago así que ustedes me tienen que pagar a mí para que yo le pueda pagar al pibe, ¿dale?”.
Se observaron múltiples movimientos de narcomenudeo de Cabral: encuentros pactados en el bar a dos cuadras de su casa, breves pasamanos en el ACA o en la plaza. Usaba para repartir a dos cadetes: “Chavito” y “Rusito”.
En su casa de Lago Puelo guardaba cocaína, una balanza digital con restos de droga, un paquete de bicarbonato de sodio y cantidad de trozos de nylon desperdigados por toda la casa, y flores de marihuana. Del vehículo secuestraron cocaína y un envoltorio ya consumido. También $ 8.040 y un trozo de bolsa con punta quemada. Cabral tenía una condena de noviembre por tenencia simple de estupefacientes, a dos años en suspenso.
El invernadero
A Maestre, en tanto, se lo observó secando ramas de marihuana con cogollos colgando en una ventana. Tenía un invernadero. Solía salir de su casa con un balde y una pala pequeña, al fondo de su terreno. Observaba en todas las direcciones, sintiéndose vigilado. Desenterraba flores de cannabis para vender.
Todo lo reflejaron sus escuchas: “¿Me bajas un par de G, de ese rico, te lo pago”; “Bajame ese orégano, el bueno, te lo pago”; “300 del orégano”; “Te mando 15 mil”; “El faso me lo tenés que vender seco, no húmedo”; “Te estoy diciendo que había 79, porque yo lo pesé adelante del chabón”; “Pío, haceme lo que puedas y después te lo pago”.
En otras charlas se escuchó: “Hola loco si venís al pueblo me traes $ 300 de caramelitos sabor a flores”; “Pío le podrás aguantar 2g a mi hno hasta el viernes que cobre”; “Pío a cuanto los cincuenta g?”; “Dicen k usaste d fachada pa justificar tu plata narco y te cagaste en mi establecimiento y posta hasta edersa te sabe tranza”, “Te mando dos G sellado al vacío y no le des un faso a la rata inmunda de tu hijo, porque es una larva inmunda”, “Mauri necesito dinero para la construcción de la casa. Medio acopladito floripa 200 pe, hasta lago Rivadavia lo llevo.”
El invernáculo de Maestre era visible desde un camino vecinal de tierra, en zona rural, de montaña, de difícil acceso, en medio del bosque.
En un primer allanamiento en 2018 había tres balanzas, más de medio kilo de marihuana, 308 semillas y 80 plantas, además de $ 8.600 y U$S 2.200.
En otro operativo de 2020 hallaron 353 gramos para su venta directa. Y 22 plantas de metro y medio en el invernadero, sin puerta. También 1 balanza digital, cogollos, pipa artesanal, frascos con aceite de cannabis y picadura de marihuana y $ 12.500. Maestre exhibió un certificado de autorización de Reprocann pero lo autorizaba a cultivar sólo 9 plantas.
La sentencia destaca de Maestre “su pasión y conocimientos por la botánica, haber sido víctima de abuso sexual, las desgracias de sus padecimientos de salud, y la fuerza y trabajo por dejar su adicción desenfrenada hacia la cocaína”.
Aunque en el juicio se mostró como vulnerable, las escuchas muestran “un sujeto violento y con carácter, reclamando enfáticamente con insultos pagos adeudados de tóxicos”.
Dos hablaron
Cabral declaró tener problemas con las drogas. Fuma mucha marihuana y las bolsitas halladas eran de su producción de duendes en masilla, que debe poner en heladera. El bicarbonato era para la acidez. Vive de la artesanía en El Bolsón con un puesto fijo. Vende en la calle y por internet. Tiene el carnet de Reprocann: por hipertensión y nerviosismo, puede cultivar y transportar.
Por su parte, Maestre dijo provenir de una familia pobre. A los 8 años ya lavaba piletas y autos. Sufrió abuso de un amigo de la madre.
A los 18 años compró un terreno con un amigo. Pusieron un vivero que funcionó 3 años pero aparecieron otros viveros japoneses y tuvieron que cerrar.
Se hizo adicto a la cocaína, marihuana y alcohol. Se mudó a El Bolsón. Ocupó un terreno, vivió años sin luz ni agua y cultiva cannabis legalmente. Tras el allanamiento se deprimió y “se drogó con todo lo que podía”. Su casa se incendió y perdió todo. Quedó en coma 30 días con respirador artificial.
Tiene los pulmones muy deteriorados, no puede dejar el cigarrillo y fuma la marihuana con un vaper. Admitió tener “mucha violencia adentro”.
A sus 20 años “juntándose con gente que no debía, probó cocaína y en El Bolsón empezó a consumir fuerte”.
Fabrica, consume y da aceite de cannabis, toda la vida cultivó todo tipo de plantas.
Aseguró que en el invernáculo había tomate, melisa, amapolas, lavanda, nogal, cerezos.
En sus palabras finales advirtió: “No quiero perder más años en consumo de cocaína. Si bien me excedí en las drogas en el pasado, la internación fue mi mejor desgracia porque replanteé toda la vida, creo hacer las cosas bien, lo demostré en el incendio juntando plata para ayudar a otros cuando había perdido todo”. Hasta pidió su libertad porque “la merece”.#

Por Rolando Tobarez / @rtobarez
El Tribunal Oral en Federal de Comodoro Rivadavia condenó a Miguel Sánchez, alias “Fucking”, “Tibu” o “Tiburcio”, a 6 años de prisión por transporte y tenencia de estupefacientes para comerciar y guarda de semillas para producir; a Rubén “Rambo” Cabral a 5 años por tenencia de droga para vender, y a Diego “Pío” Maestre por tenencia para vender, cultivo de plantas y guarda de semillas para producir, a 4 años y 6 meses de prisión efectiva. Al fallo lo firmó el juez Mario Reynaldi. Los dos primeros son artesanos. El último vendía coches.
El caso comenzó en 2018 con una denuncia con identidad reservada al mail del Ministerio de Seguridad acusando a Maestre de comerciar droga en Las Golondrinas. Decía que tenía un invernáculo con plantas de marihuana, consumía cocaína y “seca la marihuana para venderla”.
Lo vigilaron y lo sorprendieron comprando cocaína a Cabral en el baño de una cervecería. Estaba envuelta en una servilleta, del tamaño de una galletita. Los proveedores de Maestre eran Cabral y Sánchez, que pasaron a ser investigados.
El 16 de octubre de 2018 hubo allanamientos simultáneos y una entrega vigilada: Sánchez retiró una encomienda del transporte Cruz del Sur de El Bolsón. Al advertir a los agentes federales, lo arrojó al piso y se fugó corriendo. Tras varias cuadras lo alcanzaron con un tackle. Diluviaba. En su motorhome lo esperaban dos hijos de 7 años y uno de 4, además de su mujer.
El remitente de la droga desde Buenos Aires era “Hugo Salgado” y el destinatario, “Marcelo Cárdenas”. Eran nombres ficticios: el propio Sánchez había enviado y recibido el paquete. En la encomienda había ropa y una bolsa con grasa con medio kilo de cocaína. Según una escucha, desde Buenos Aires días antes le había avisado a Cabral que “Mañana mando los dulces”.
Sánchez había hecho otros dos envíos previos con los mismos nombres falsos el mismo año. Cabral le mandaba plata por Western Union.
En su casa de la parcela 26 de Las Golondrinas se secuestraron $ 25.000 detrás de un cuadro, un revólver 32 cargado, municiones, 5 celulares, detrás de un microondas una balanza digital, marihuana y semillas de cannabis bien resguardadas en un tubo.
En sus charlas telefónicas pactaba cantidades, precios y entregas: “¿Me llevás ahí una cosita?”; “Escuchame acá hay un pibe que necesita una cosa ¿vos qué onda? ¿Estás en acción?”; “Necesitaba una cantidad de ladrillos”; “10 cosos a 50”; “Tibu, ¿hay?...sí, la mejor del mundo”.
Sánchez tiene una condena previa del TOF de General Roca por transporte de estupefacientes a 4 años de prisión, en El Bolsón en 2008.
Cabral complicado
En cuanto a Cabral, conocido feriante permanente de la Feria de Artesanos de El Bolsón, eran constantes en sus escuchas los pedidos de cocaína y marihuana: “En piedrita todo, como tiene que ser”; “Tenía ganas de ir a comprar unas florcitas y traerme”; “Hay una línea a 180 el gramo, es buenísima. Hay un paquetito de 5 y unos de 40 gramos 7.500 pesos, 40 gramos de balanza, para revenderlo”; “¿Tenés para quemar unos gramitos de flores?”, “Rambo, estoy en un asado, somos 10 amigos. Necesito 10 G”, “Te voy a mandar unos fasitos”, “Me dejaron lo que me quedó ahora y me lo fumé. Estoy viendo si localizo”; “Te lo regalo. Pasá te lo tiro por la ventana. La marihuana te la doy yo”, “Vamos a vernos en el kioskito, sentate en las sillas no te quedes en el auto. Va a ir un pibe, yo a ese pibe le pago así que ustedes me tienen que pagar a mí para que yo le pueda pagar al pibe, ¿dale?”.
Se observaron múltiples movimientos de narcomenudeo de Cabral: encuentros pactados en el bar a dos cuadras de su casa, breves pasamanos en el ACA o en la plaza. Usaba para repartir a dos cadetes: “Chavito” y “Rusito”.
En su casa de Lago Puelo guardaba cocaína, una balanza digital con restos de droga, un paquete de bicarbonato de sodio y cantidad de trozos de nylon desperdigados por toda la casa, y flores de marihuana. Del vehículo secuestraron cocaína y un envoltorio ya consumido. También $ 8.040 y un trozo de bolsa con punta quemada. Cabral tenía una condena de noviembre por tenencia simple de estupefacientes, a dos años en suspenso.
El invernadero
A Maestre, en tanto, se lo observó secando ramas de marihuana con cogollos colgando en una ventana. Tenía un invernadero. Solía salir de su casa con un balde y una pala pequeña, al fondo de su terreno. Observaba en todas las direcciones, sintiéndose vigilado. Desenterraba flores de cannabis para vender.
Todo lo reflejaron sus escuchas: “¿Me bajas un par de G, de ese rico, te lo pago”; “Bajame ese orégano, el bueno, te lo pago”; “300 del orégano”; “Te mando 15 mil”; “El faso me lo tenés que vender seco, no húmedo”; “Te estoy diciendo que había 79, porque yo lo pesé adelante del chabón”; “Pío, haceme lo que puedas y después te lo pago”.
En otras charlas se escuchó: “Hola loco si venís al pueblo me traes $ 300 de caramelitos sabor a flores”; “Pío le podrás aguantar 2g a mi hno hasta el viernes que cobre”; “Pío a cuanto los cincuenta g?”; “Dicen k usaste d fachada pa justificar tu plata narco y te cagaste en mi establecimiento y posta hasta edersa te sabe tranza”, “Te mando dos G sellado al vacío y no le des un faso a la rata inmunda de tu hijo, porque es una larva inmunda”, “Mauri necesito dinero para la construcción de la casa. Medio acopladito floripa 200 pe, hasta lago Rivadavia lo llevo.”
El invernáculo de Maestre era visible desde un camino vecinal de tierra, en zona rural, de montaña, de difícil acceso, en medio del bosque.
En un primer allanamiento en 2018 había tres balanzas, más de medio kilo de marihuana, 308 semillas y 80 plantas, además de $ 8.600 y U$S 2.200.
En otro operativo de 2020 hallaron 353 gramos para su venta directa. Y 22 plantas de metro y medio en el invernadero, sin puerta. También 1 balanza digital, cogollos, pipa artesanal, frascos con aceite de cannabis y picadura de marihuana y $ 12.500. Maestre exhibió un certificado de autorización de Reprocann pero lo autorizaba a cultivar sólo 9 plantas.
La sentencia destaca de Maestre “su pasión y conocimientos por la botánica, haber sido víctima de abuso sexual, las desgracias de sus padecimientos de salud, y la fuerza y trabajo por dejar su adicción desenfrenada hacia la cocaína”.
Aunque en el juicio se mostró como vulnerable, las escuchas muestran “un sujeto violento y con carácter, reclamando enfáticamente con insultos pagos adeudados de tóxicos”.
Dos hablaron
Cabral declaró tener problemas con las drogas. Fuma mucha marihuana y las bolsitas halladas eran de su producción de duendes en masilla, que debe poner en heladera. El bicarbonato era para la acidez. Vive de la artesanía en El Bolsón con un puesto fijo. Vende en la calle y por internet. Tiene el carnet de Reprocann: por hipertensión y nerviosismo, puede cultivar y transportar.
Por su parte, Maestre dijo provenir de una familia pobre. A los 8 años ya lavaba piletas y autos. Sufrió abuso de un amigo de la madre.
A los 18 años compró un terreno con un amigo. Pusieron un vivero que funcionó 3 años pero aparecieron otros viveros japoneses y tuvieron que cerrar.
Se hizo adicto a la cocaína, marihuana y alcohol. Se mudó a El Bolsón. Ocupó un terreno, vivió años sin luz ni agua y cultiva cannabis legalmente. Tras el allanamiento se deprimió y “se drogó con todo lo que podía”. Su casa se incendió y perdió todo. Quedó en coma 30 días con respirador artificial.
Tiene los pulmones muy deteriorados, no puede dejar el cigarrillo y fuma la marihuana con un vaper. Admitió tener “mucha violencia adentro”.
A sus 20 años “juntándose con gente que no debía, probó cocaína y en El Bolsón empezó a consumir fuerte”.
Fabrica, consume y da aceite de cannabis, toda la vida cultivó todo tipo de plantas.
Aseguró que en el invernáculo había tomate, melisa, amapolas, lavanda, nogal, cerezos.
En sus palabras finales advirtió: “No quiero perder más años en consumo de cocaína. Si bien me excedí en las drogas en el pasado, la internación fue mi mejor desgracia porque replanteé toda la vida, creo hacer las cosas bien, lo demostré en el incendio juntando plata para ayudar a otros cuando había perdido todo”. Hasta pidió su libertad porque “la merece”.#