Atila extraña a su dueño, que permanece encerrado con prisión preventiva acusado de haber apuñalado y matado a Alejandro Quiñelaf, el miércoles pasado, cuando se juntaron a ver River contra Colón con unos amigos.
El perro, fiel compañero del acusado, quedó desamparado, con un ojo lastimado, y fue trasladado a Trelew donde iban a buscarle una familia que lo adopte.
Atila desde que lo llevaron de Rawson a Trelew, vive horas inciertas como su dueño, quien está alojado en un calabozo y no sabe si volverá a verlo.
Este martes, a las 6 de la mañana, el perro apareció mojado, temblando, perdido en una calle del barrio Malvinas.
Pasó la noche atado en la intemperie, bajo la helada, se soltó de la correa y escapó como si su destino estuviera marcado por seguir huyendo.
Una vecina lo encontró corriendo con otros perros, y lo refugió en su casa. Atila regresó a Zoonosis y ahora la jueza de la causa dio la orden de que el perro se quede allí hasta que disponga lo contrario, dijeron allegados.
Esto modificó los planes de los rescatistas que esperaban conseguirle un hogar de tránsito, a más tardar esta semana, y luego ir a decirle al detenido que su perro tenía una nueva familia.
Pero un giro del destino quiso que el perro y su dueño permanezcan ligados al mismo proceso judicial. Si el dueño está en la cárcel, la vida de Atila hoy no es muy diferente: durmiendo en la intemperie, sin un hogar, con el ojo lastimado, escapándose de todo.
“Atila extraña a su dueño, se quiere ir de todos lados”, confió una fuente cercana al perro que ha pasado buena parte de su vida callejeando y no siempre tuvo un plato de comida.

LO QUE EL PERRO VIO
El perro tiene un ojo lastimado y esto no es un detalle menor. La pregunta que los investigadores se hacen y que podría arrojar algo de luz sobre los motivos del crimen, es ¿qué vio el perro que no puede testificar?
En el entorno insisten en que Atila habría sido atacado por el mismo hombre que resultó apuñalado y murió, pero esto no es más que una mera suposición que tendrá que resolver la Justicia.
Por lo pronto, Atila regresó a Zoonosis, y los rescatistas están consiguiendo cartones y pallets para hacerle un catre donde dormir esta noche, bajo el frío helado, gimiendo, aullando, extrañando a su dueño.
Atila, como si estuviera preso, también está condenado a esperar los tiempos de la Justicia. No solo está separado de su dueño, sino que por ahora tampoco puede conseguir una familia que lo quiera adoptar.

Atila extraña a su dueño, que permanece encerrado con prisión preventiva acusado de haber apuñalado y matado a Alejandro Quiñelaf, el miércoles pasado, cuando se juntaron a ver River contra Colón con unos amigos.
El perro, fiel compañero del acusado, quedó desamparado, con un ojo lastimado, y fue trasladado a Trelew donde iban a buscarle una familia que lo adopte.
Atila desde que lo llevaron de Rawson a Trelew, vive horas inciertas como su dueño, quien está alojado en un calabozo y no sabe si volverá a verlo.
Este martes, a las 6 de la mañana, el perro apareció mojado, temblando, perdido en una calle del barrio Malvinas.
Pasó la noche atado en la intemperie, bajo la helada, se soltó de la correa y escapó como si su destino estuviera marcado por seguir huyendo.
Una vecina lo encontró corriendo con otros perros, y lo refugió en su casa. Atila regresó a Zoonosis y ahora la jueza de la causa dio la orden de que el perro se quede allí hasta que disponga lo contrario, dijeron allegados.
Esto modificó los planes de los rescatistas que esperaban conseguirle un hogar de tránsito, a más tardar esta semana, y luego ir a decirle al detenido que su perro tenía una nueva familia.
Pero un giro del destino quiso que el perro y su dueño permanezcan ligados al mismo proceso judicial. Si el dueño está en la cárcel, la vida de Atila hoy no es muy diferente: durmiendo en la intemperie, sin un hogar, con el ojo lastimado, escapándose de todo.
“Atila extraña a su dueño, se quiere ir de todos lados”, confió una fuente cercana al perro que ha pasado buena parte de su vida callejeando y no siempre tuvo un plato de comida.

LO QUE EL PERRO VIO
El perro tiene un ojo lastimado y esto no es un detalle menor. La pregunta que los investigadores se hacen y que podría arrojar algo de luz sobre los motivos del crimen, es ¿qué vio el perro que no puede testificar?
En el entorno insisten en que Atila habría sido atacado por el mismo hombre que resultó apuñalado y murió, pero esto no es más que una mera suposición que tendrá que resolver la Justicia.
Por lo pronto, Atila regresó a Zoonosis, y los rescatistas están consiguiendo cartones y pallets para hacerle un catre donde dormir esta noche, bajo el frío helado, gimiendo, aullando, extrañando a su dueño.
Atila, como si estuviera preso, también está condenado a esperar los tiempos de la Justicia. No solo está separado de su dueño, sino que por ahora tampoco puede conseguir una familia que lo quiera adoptar.