El debate: Massa ganó por nocaut

13 NOV 2023 - 13:35 | Actualizado 13 NOV 2023 - 13:38

- Por Esteban Gallo

Es complejo analizar el resultado de un debate presidencial, desde el plano de la objetividad, cuando los contendientes exponen sus plataformas, sus pensamientos y sus posturas ideológicas, con las que sentimos cierto grado de identificación o rechazo.

Asumiendo que cada uno de nosotros tiene una mirada concreta sobre los temas que se ponen en discusión, no seré deshonesto con ustedes. Por otra parte, los lectores saben perfectamente donde estoy parado, como ha quedado demostrado en cada una de las editoriales referidas a este tema.

En primer lugar, comparto la idea de que el debate de los candidatos no incidirá en el resultado electoral del domingo que viene.


Los que pensaban votar a Massa elegirán en esa dirección, y los que tenían decidido votar a Milei sostendrán esa postura, a pesar de lo que hayan visto o escuchado anoche en televisión.

Antes de argumentar porqué creo que Sergio Massa ganó la batalla discursiva por paliza, debo hacer una aclaración.

No soy tan inocente como para comprar el paquete completo que pretende vendernos el candidato oficialista. Tampoco desconozco las contradicciones y las volteretas que ha dado Massa a lo largo de su vertiginosa y fluctuante carrera política.

Su performance como ministro de Economía lo coloca también en un plano de vulnerabilidad. No ha podido frenar la inflación, no ha logrado bajar los índices de pobreza, y forma parte de una dirigencia política que está en deuda con la sociedad.

Sin embargo, ¿qué imagen ofreció anoche el candidato del peronismo?

Claramente, utilizó el espacio para hablar de su propuesta. La ciudadanía sabe qué programas quiere implementar Massa en materia de trabajo, producción, educación, salud, seguridad y política exterior. Se mostró sólido, consistente y conocedor de los grandes temas del país.

Del otro lado, quedó una marcada sensación de vacío.

Milei no fue capaz de esgrimir una sola idea. Su exposición no dejó un solo anuncio, mucho menos una propuesta.

En términos de estrategia, Massa también ganó por nocaut porque se paró en el medio del ring y acorraló a su adversario desde el primer round con golpes al cuerpo que pusieron en evidencia las garrafales contradicciones del candidato libertario.

Entre balbuceos, dijo ayer que no va a eliminar los subsidios, que la educación y la salud seguirán siendo públicas y que no va a privatizar los ríos y los mares.

El problema es que, hasta ayer, decía exactamente lo contrario.

Ni Massa ni los periodistas han inventado las barbaridades que salieron de la boca de Milei en los últimos tiempos. Que ahora salga a decir lo contrario, ni lo exculpa ni lo deja bien parado. Al contrario. ¿Cuál es el verdadero Milei? ¿Cuándo miente y cuando dice la verdad?

Es cierto que la reiteración de preguntas por parte de Massa resultó por momentos tediosa y exagerada, pero le permitió siempre estar en posición de ataque. Milei estuvo tan ocupado en defenderse que no pudo ni supo aprovechar las falencias más notorias del actual gobierno, que tiene a su contrincante como ministro de Economía.

Milei hizo agua en casi todos los temas, pero hay dos cuestiones en donde particularmente quedó muy mal parado.

Primero, cuando se planteó el tema de la seguridad y en ese momento del debate cedió su espacio para que siguiera hablando el otro candidato. No tener nada para decir en un tópico tan importante como es la seguridad pública habla de un desconocimiento y de una falta de preparación que lo descalifica.

Luego, cuando el tema de la Soberanía fue colocado sobre la mesa y Massa le espetó su falta de compromiso en la materia, más la admiración que siente por Margaret Thatcher, el libertario metió en el medio a Mbapé y a Cruyff, como si la sagrada causa Malvinas pudiera compararse con un partido de fútbol.

Escuché anoche a algunos analistas que ven lo que quieren ver, aunque la realidad les pegue una piña en el medio de la pera, destacar que Massa no había logrado el objetivo de mostrar a Milei como un candidato desequilibrado, emocionalmente inapto para gobernar el país.

Como si necesitáramos una prueba más que certifique la personalidad desvariada de Milei.

Eso ya lo sabemos. Lo que ahora también sabemos, porque el debate lo dejó muy en evidencia, es la ineptitud del candidato libertario y la falta total de lucidez para transmitir una propuesta de gobierno.

Alguna vez dijimos que una persona desequilibrada no puede gobernar un país. Mucho menos, un desequilibrado que, además, no está preparado.

Enterate de las noticias de POLITICA a través de nuestro newsletter

Anotate para recibir las noticias más importantes de esta sección.

Te podés dar de baja en cualquier momento con un solo clic.
13 NOV 2023 - 13:35

- Por Esteban Gallo

Es complejo analizar el resultado de un debate presidencial, desde el plano de la objetividad, cuando los contendientes exponen sus plataformas, sus pensamientos y sus posturas ideológicas, con las que sentimos cierto grado de identificación o rechazo.

Asumiendo que cada uno de nosotros tiene una mirada concreta sobre los temas que se ponen en discusión, no seré deshonesto con ustedes. Por otra parte, los lectores saben perfectamente donde estoy parado, como ha quedado demostrado en cada una de las editoriales referidas a este tema.

En primer lugar, comparto la idea de que el debate de los candidatos no incidirá en el resultado electoral del domingo que viene.


Los que pensaban votar a Massa elegirán en esa dirección, y los que tenían decidido votar a Milei sostendrán esa postura, a pesar de lo que hayan visto o escuchado anoche en televisión.

Antes de argumentar porqué creo que Sergio Massa ganó la batalla discursiva por paliza, debo hacer una aclaración.

No soy tan inocente como para comprar el paquete completo que pretende vendernos el candidato oficialista. Tampoco desconozco las contradicciones y las volteretas que ha dado Massa a lo largo de su vertiginosa y fluctuante carrera política.

Su performance como ministro de Economía lo coloca también en un plano de vulnerabilidad. No ha podido frenar la inflación, no ha logrado bajar los índices de pobreza, y forma parte de una dirigencia política que está en deuda con la sociedad.

Sin embargo, ¿qué imagen ofreció anoche el candidato del peronismo?

Claramente, utilizó el espacio para hablar de su propuesta. La ciudadanía sabe qué programas quiere implementar Massa en materia de trabajo, producción, educación, salud, seguridad y política exterior. Se mostró sólido, consistente y conocedor de los grandes temas del país.

Del otro lado, quedó una marcada sensación de vacío.

Milei no fue capaz de esgrimir una sola idea. Su exposición no dejó un solo anuncio, mucho menos una propuesta.

En términos de estrategia, Massa también ganó por nocaut porque se paró en el medio del ring y acorraló a su adversario desde el primer round con golpes al cuerpo que pusieron en evidencia las garrafales contradicciones del candidato libertario.

Entre balbuceos, dijo ayer que no va a eliminar los subsidios, que la educación y la salud seguirán siendo públicas y que no va a privatizar los ríos y los mares.

El problema es que, hasta ayer, decía exactamente lo contrario.

Ni Massa ni los periodistas han inventado las barbaridades que salieron de la boca de Milei en los últimos tiempos. Que ahora salga a decir lo contrario, ni lo exculpa ni lo deja bien parado. Al contrario. ¿Cuál es el verdadero Milei? ¿Cuándo miente y cuando dice la verdad?

Es cierto que la reiteración de preguntas por parte de Massa resultó por momentos tediosa y exagerada, pero le permitió siempre estar en posición de ataque. Milei estuvo tan ocupado en defenderse que no pudo ni supo aprovechar las falencias más notorias del actual gobierno, que tiene a su contrincante como ministro de Economía.

Milei hizo agua en casi todos los temas, pero hay dos cuestiones en donde particularmente quedó muy mal parado.

Primero, cuando se planteó el tema de la seguridad y en ese momento del debate cedió su espacio para que siguiera hablando el otro candidato. No tener nada para decir en un tópico tan importante como es la seguridad pública habla de un desconocimiento y de una falta de preparación que lo descalifica.

Luego, cuando el tema de la Soberanía fue colocado sobre la mesa y Massa le espetó su falta de compromiso en la materia, más la admiración que siente por Margaret Thatcher, el libertario metió en el medio a Mbapé y a Cruyff, como si la sagrada causa Malvinas pudiera compararse con un partido de fútbol.

Escuché anoche a algunos analistas que ven lo que quieren ver, aunque la realidad les pegue una piña en el medio de la pera, destacar que Massa no había logrado el objetivo de mostrar a Milei como un candidato desequilibrado, emocionalmente inapto para gobernar el país.

Como si necesitáramos una prueba más que certifique la personalidad desvariada de Milei.

Eso ya lo sabemos. Lo que ahora también sabemos, porque el debate lo dejó muy en evidencia, es la ineptitud del candidato libertario y la falta total de lucidez para transmitir una propuesta de gobierno.

Alguna vez dijimos que una persona desequilibrada no puede gobernar un país. Mucho menos, un desequilibrado que, además, no está preparado.