El Caso Bubas: en 10 días se conocerá el veredicto

Fiscalía y querella consideraron probado que el conocido guardafaunas golpeó y le causó lesiones graves a su expareja María Luján Pérez Terrone. La Defensa Pública pidió su absolución y consideró que la causa fue “orquestada” por la mujer para separar a Bubas de su hijo en común.

La mirada del guardafaunas, con sus defensores (Daniel Feldman/Jornada)
14 JUN 2024 - 18:19 | Actualizado 14 JUN 2024 - 18:45

Mientras que la Fiscalía y la querella consideraron probado que en una relación marcada por la violencia de género, Roberto Bubas golpeó y le causó lesiones graves a su expareja María Luján Pérez Terrone, la Defensa Pública pidió su absolución y consideró que la causa fue “orquestada” por la mujer para separar al conocido guardafaunas del hijo que tienen en común.

Las partes hicieron este viernes 14 su alegato final en la Oficina Judicial de Rawson. El fallo se conocerá en 10 días. Las juezas son Yamila Flores, María Tolomei y Eve Ponce.
Presente en la audiencia, sin dejar de llorar por el repaso de su historia, Terrone debió retirarse de la sala mucho antes del final. “No doy más”, le dijo al tribunal.

María Luján Pérez Terrone, la denunciante (Daniel Feldman/Jornada)

El episodio ocurrió el 6 de junio de 2021 en Playa Unión, cuando en casa de Bubas, el imputado discutió con la mujer por la situación del hijo común. Según la versión fiscal, la insultó, la golpeó y la pateó de tal manera que le causó una fractura y otras heridas.

En su alegato, la fiscal Zulma Manyauik dijo que cuatro médicos del expediente ratificaron la gravedad de las lesiones en la boca y en la cabeza, que la incapacitaron un mes para trabajar. Terrone escapó sangrando y en shock. “Ocurrió de forma sorpresiva en la intimidad de su casa, lo que la hizo todavía más vulnerable”, dijo la investigadora.

La fiscal aseguró que Bubas “la acosaba y era una persecución contante” tanto a ella como a su nueva pareja, Iván. El hostigamiento del imputado incluyó instalar un motorhome frente a la vivienda de la denunciante y alquilar un dúplex muy cerca de la casa del hombre. El guardafauna llegó a decirle a Iván: “Ya la vas a conocer”.

Ponce, Flores y Tolomei, las juezas del caso (Daniel Feldman/Jornada)

Manyauik repasó que el imputado “hablaba mal” de Terrone como madre. “No la dejó en paz en toda la relación”. En Puerto Madryn los sorprendió en un parador y hasta siguió a la pareja hasta la cordillera. Iván admitió que su motivo para no seguir la relación con la denunciante no fueotro que Bubas y sus intromisiones.

En cuanto al manejo de la revinculación con su hijo ante el Servicio de Protección de Derechos, “Bubas no respetaba límites y disponía cuándo entraba, cuándo salía y cuándo se iba. Aunque hicieron lo posible para que viera a su hijo, nada satisfacía sus pretensiones. Sabía qué decirle a Terrone y cuál era su talón de Aquiles para desestabilizarla”.

La mujer ya estaba bajo tratamiento psicológico. Tras el episodio se detectó estrés postraumático. Llamaba a su tía de madrugada para pedirle compañía, por temor a que Bubas apareciera. Hubo cefaleas, vómitos y sangrados espontáneos.
La defensa sugirió que Terrone pudo autolesionarse, que pudo lastimarse por caerse de un caballo o que alguna lesión puede ser congénita.

Quejas y temor

A su turno, la querellante Gladys Olavarría desacreditó la versión de la autolesión ya que entre las agresiones en casa de Bubas y el escape de Terrone para la denuncia en la Comisaría pasaron apenas 10 minutos. Y que hasta que alguien revisó la casa pasaron 5 horas, suficiente para borrar evidencias, como sangre en el piso.

Olavarría (izquierda) y Manyauik, las acusadoras (Daniel Feldman/Jornada)

“Según los informes, Bubas era el que más dificultaba la revinculación con su hijo”, graficó la penalista. “Sus quejas eran constantes y las operadoras ya le tenían temor porque las intimidaba”. Por tal motivo fue el único caso en que el contacto del menor con supadre se hizo en la Comisaría de la Mujer.
Según Olavarría, Bubas usó al menor como “instrumento” para dañar a su madre. Es la conocida como violencia vicaria. “Hubo una intromisión cotidiana en su vida privada y todo el tiempo entraba y salía de la casa cuando ya estaban separados”.

“Vengo a pedir justicia”

Tras un cuarto intermedio, Terrone pudo decir sus últimas palabras, llena de angustia y nervios. “Pasaron muchas más cosas de las que se dijeron acá. Vengo humildemente a pedir justicia porque recién hoy me doy cuenta de la magnitud de lo que viví. Quiero que se haga responsable de lo que hizo”.
“Estoy dando todo de mí para poder salir adelante –le dijo al tribunal entre lágrimas-. Me quiere sacar a los nenes y eso para mí es terrible. Que la verdad salga a la luz y que mi voz sea escuchada. No me salen más palabras”.

“Ni inocente ni víctima”

Contundente, en su alegato el defensor Andrés Espíndola -junto con su colega Miguel Lugo- advirtió que el caso “es un mecanismo maquiavélico orquestado” por Terrone para separar a Bubas de su hijo. “Ella no es inocente ni es una víctima; además es abogada y conoce las consecuencias”, deslizó, al tiempo que sugirió un “modus operandi” de la denunciante en sus vínculos.

Una postal del juicio en la Oficina Judicial de Rawson (Daniel Feldman/Jornada)

Con un pizarrón para ordenar el nombre de los testigos, el abogado público remarcó que no hubo lesiones graves, que ningún informe médico concluyó una fractura consecuencia de algún golpe, y que faltaron estudios determinantes.

Aseguró que como un primer examen no detectó dolencias graves, “a ella no le sirvió” y por eso recurrió a otro médico.

Espíndola cuestionó el testimonio de un facultativo que hace 25 años es empleado de la clínica que casualmente es propiedad del padre de Terrone. Y marcó contradicciones entre los dichos de los médicos que declararon durante el debate.

“Esto está empapado de una cuestión emocional muy intensa, de problemas propios de los padres que se separan, que en este caso empeoró”, subrayó.

Espíndola alegó que Terrone “tuvo un desborde emocional debido a que Bubas la denunció por maltrato infantil. Por eso le daba vergüenza hablar del tema con su pareja Iván”

Según su versión, la mudanza de Bubas cerca de la nueva pareja de su ex fue casual: “Playa Unión es muy pequeña, fue algo aleatorio y no intencional, y además no lo conocía”. Y describió al imputado “con una preocupación real como padre”.

Espíndola les dijo a las juezas que nadie vio sangre en Terrone. “A ella la mandaron a hacer terapia, no a él. El hecho no existió y la Fiscalía no pudo probar absolutamente nada”.

“No tolera la frustración”

Bubas no usó su derecho a las últimas palabras pero sí alegó, con el respaldo de los apuntes en una netbook. Imperturbable, habló de la “supuesta golpiza” a su exmujer y de la “fractura y un daño físico inexistentes”.

El guardafaunas sugirió que en la causa no consta un informe médico concluyente de lesiones graves y que por esta causa Terrone buscó “direccionar” los exámenes disponibles para involucrarlo.

La mirada del guardafaunas, con sus defensores (Daniel Feldman/Jornada)

“Las primeras radiografías no servían a sus intereses y hay tres fotos de dudosa autenticidad. Ella tiene incapacidad para tolerar la frustración más que una angustia real de ser una víctima”.

Ante el trío de juezas, Bubas usó términos como “autolesionarse”, “ardid planificado” y “manipulación”.

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La mirada del guardafaunas, con sus defensores (Daniel Feldman/Jornada)
14 JUN 2024 - 18:19

Mientras que la Fiscalía y la querella consideraron probado que en una relación marcada por la violencia de género, Roberto Bubas golpeó y le causó lesiones graves a su expareja María Luján Pérez Terrone, la Defensa Pública pidió su absolución y consideró que la causa fue “orquestada” por la mujer para separar al conocido guardafaunas del hijo que tienen en común.

Las partes hicieron este viernes 14 su alegato final en la Oficina Judicial de Rawson. El fallo se conocerá en 10 días. Las juezas son Yamila Flores, María Tolomei y Eve Ponce.
Presente en la audiencia, sin dejar de llorar por el repaso de su historia, Terrone debió retirarse de la sala mucho antes del final. “No doy más”, le dijo al tribunal.

María Luján Pérez Terrone, la denunciante (Daniel Feldman/Jornada)

El episodio ocurrió el 6 de junio de 2021 en Playa Unión, cuando en casa de Bubas, el imputado discutió con la mujer por la situación del hijo común. Según la versión fiscal, la insultó, la golpeó y la pateó de tal manera que le causó una fractura y otras heridas.

En su alegato, la fiscal Zulma Manyauik dijo que cuatro médicos del expediente ratificaron la gravedad de las lesiones en la boca y en la cabeza, que la incapacitaron un mes para trabajar. Terrone escapó sangrando y en shock. “Ocurrió de forma sorpresiva en la intimidad de su casa, lo que la hizo todavía más vulnerable”, dijo la investigadora.

La fiscal aseguró que Bubas “la acosaba y era una persecución contante” tanto a ella como a su nueva pareja, Iván. El hostigamiento del imputado incluyó instalar un motorhome frente a la vivienda de la denunciante y alquilar un dúplex muy cerca de la casa del hombre. El guardafauna llegó a decirle a Iván: “Ya la vas a conocer”.

Ponce, Flores y Tolomei, las juezas del caso (Daniel Feldman/Jornada)

Manyauik repasó que el imputado “hablaba mal” de Terrone como madre. “No la dejó en paz en toda la relación”. En Puerto Madryn los sorprendió en un parador y hasta siguió a la pareja hasta la cordillera. Iván admitió que su motivo para no seguir la relación con la denunciante no fueotro que Bubas y sus intromisiones.

En cuanto al manejo de la revinculación con su hijo ante el Servicio de Protección de Derechos, “Bubas no respetaba límites y disponía cuándo entraba, cuándo salía y cuándo se iba. Aunque hicieron lo posible para que viera a su hijo, nada satisfacía sus pretensiones. Sabía qué decirle a Terrone y cuál era su talón de Aquiles para desestabilizarla”.

La mujer ya estaba bajo tratamiento psicológico. Tras el episodio se detectó estrés postraumático. Llamaba a su tía de madrugada para pedirle compañía, por temor a que Bubas apareciera. Hubo cefaleas, vómitos y sangrados espontáneos.
La defensa sugirió que Terrone pudo autolesionarse, que pudo lastimarse por caerse de un caballo o que alguna lesión puede ser congénita.

Quejas y temor

A su turno, la querellante Gladys Olavarría desacreditó la versión de la autolesión ya que entre las agresiones en casa de Bubas y el escape de Terrone para la denuncia en la Comisaría pasaron apenas 10 minutos. Y que hasta que alguien revisó la casa pasaron 5 horas, suficiente para borrar evidencias, como sangre en el piso.

Olavarría (izquierda) y Manyauik, las acusadoras (Daniel Feldman/Jornada)

“Según los informes, Bubas era el que más dificultaba la revinculación con su hijo”, graficó la penalista. “Sus quejas eran constantes y las operadoras ya le tenían temor porque las intimidaba”. Por tal motivo fue el único caso en que el contacto del menor con supadre se hizo en la Comisaría de la Mujer.
Según Olavarría, Bubas usó al menor como “instrumento” para dañar a su madre. Es la conocida como violencia vicaria. “Hubo una intromisión cotidiana en su vida privada y todo el tiempo entraba y salía de la casa cuando ya estaban separados”.

“Vengo a pedir justicia”

Tras un cuarto intermedio, Terrone pudo decir sus últimas palabras, llena de angustia y nervios. “Pasaron muchas más cosas de las que se dijeron acá. Vengo humildemente a pedir justicia porque recién hoy me doy cuenta de la magnitud de lo que viví. Quiero que se haga responsable de lo que hizo”.
“Estoy dando todo de mí para poder salir adelante –le dijo al tribunal entre lágrimas-. Me quiere sacar a los nenes y eso para mí es terrible. Que la verdad salga a la luz y que mi voz sea escuchada. No me salen más palabras”.

“Ni inocente ni víctima”

Contundente, en su alegato el defensor Andrés Espíndola -junto con su colega Miguel Lugo- advirtió que el caso “es un mecanismo maquiavélico orquestado” por Terrone para separar a Bubas de su hijo. “Ella no es inocente ni es una víctima; además es abogada y conoce las consecuencias”, deslizó, al tiempo que sugirió un “modus operandi” de la denunciante en sus vínculos.

Una postal del juicio en la Oficina Judicial de Rawson (Daniel Feldman/Jornada)

Con un pizarrón para ordenar el nombre de los testigos, el abogado público remarcó que no hubo lesiones graves, que ningún informe médico concluyó una fractura consecuencia de algún golpe, y que faltaron estudios determinantes.

Aseguró que como un primer examen no detectó dolencias graves, “a ella no le sirvió” y por eso recurrió a otro médico.

Espíndola cuestionó el testimonio de un facultativo que hace 25 años es empleado de la clínica que casualmente es propiedad del padre de Terrone. Y marcó contradicciones entre los dichos de los médicos que declararon durante el debate.

“Esto está empapado de una cuestión emocional muy intensa, de problemas propios de los padres que se separan, que en este caso empeoró”, subrayó.

Espíndola alegó que Terrone “tuvo un desborde emocional debido a que Bubas la denunció por maltrato infantil. Por eso le daba vergüenza hablar del tema con su pareja Iván”

Según su versión, la mudanza de Bubas cerca de la nueva pareja de su ex fue casual: “Playa Unión es muy pequeña, fue algo aleatorio y no intencional, y además no lo conocía”. Y describió al imputado “con una preocupación real como padre”.

Espíndola les dijo a las juezas que nadie vio sangre en Terrone. “A ella la mandaron a hacer terapia, no a él. El hecho no existió y la Fiscalía no pudo probar absolutamente nada”.

“No tolera la frustración”

Bubas no usó su derecho a las últimas palabras pero sí alegó, con el respaldo de los apuntes en una netbook. Imperturbable, habló de la “supuesta golpiza” a su exmujer y de la “fractura y un daño físico inexistentes”.

El guardafaunas sugirió que en la causa no consta un informe médico concluyente de lesiones graves y que por esta causa Terrone buscó “direccionar” los exámenes disponibles para involucrarlo.

La mirada del guardafaunas, con sus defensores (Daniel Feldman/Jornada)

“Las primeras radiografías no servían a sus intereses y hay tres fotos de dudosa autenticidad. Ella tiene incapacidad para tolerar la frustración más que una angustia real de ser una víctima”.

Ante el trío de juezas, Bubas usó términos como “autolesionarse”, “ardid planificado” y “manipulación”.