El “asesino de San La Muerte” fue absuelto por tener droga en su celda

Condenado a prisión perpetua por cuatro crímenes a sangre fría, Marcelo Antelo está alojado en el penal capitalino. Le hallaron 35 gramos de marihuana en su celda pero lo absolvieron porque era para consumo personal. Esa sentencia y la historia de un asesino serial.

Antelo, en una imagen de prontuario (Infobae)
08 NOV 2024 - 17:06 | Actualizado 08 NOV 2024 - 20:17

Por Rolando Tobarez/Redacción Jornada

A Marcelo Alejandro Antelo le dicen “El asesino de San La Muerte”. Está preso en la Unidad 6 de Rawson por cuatro crímenes a sangre fría. Y el martes 5 de noviembre fue absuelto por 35 gramos de marihuana hallados en su celda.

El fallo es del juez Alejandro Cabral, del Tribunal Oral Federal de Comodoro Rivadavia. Antelo había sido imputado por tenencia simple de marihuana en el penal federal. Su defensor fue Raúl Tótaro y el fiscal, Mariano Sánchez.

La audiencia se concretó por Zoom. Antelo nació el 16 de marzo de 1988 en Capital Federal y es padre de dos hijos de 14 y 6 años.

El 8 de diciembre de 2021, en un recuento de internos rutinario que incluyó una requisa de celdas al azar, le encontraron una campera con 16 envoltorios de nylon con 35,88 gramos de marihuana.

Antelo está preso en Rawson y lo absolvieron por drogas (Minuto Uno)

Antelo se hizo cargo de la droga para consumo personal y dijo que es muy común que entre los internos se consuma esta sustancia ya que la comparten. Tragó los paquetes para ingresarlos a la cárcel.

Explicó que no siempre tenía visitas ya que su familia es de Buenos Aires. Por eso necesitaba suficiente marihuana para cubrir todo el período de tiempo. Consume hace mucho pero quiere recuperarse de la adicción pensando en el beneficio de la libertad transitoria. “Estudió como parte de su tratamiento dentro del penal. Quiere un futuro mejor y por eso estudia Derecho”. Antelo reclamó la devolución de su campera.
Según el fallo, la convivencia del personal penitenciario con Antelo es “buena”: es un recluso colaborador que trabaja en la cocina, no tiene problemas de conducta y es respetuoso.

Lo no dicho en el juicio es que Antelo tuvo un pacto con San La Muerte. Consumidor de pasta base, padre adicto, abuela alcohólica y madre golpeadora, a los 22 años mató en cinco meses a por lo menos cuatro personas, todas en el Barrio Rivadavia del Bajo Flores porteño.

Su primera víctima fue el estudiante de Filosofía Rodrigo Ezcurra, de 27 años. El joven se aventuró una madrugada de abril de 2010 por las oscuras calles del Barrio Rivadavia. Iba en una bicicleta nueva y llamativa, con un celular y la billetera llena. Buscaba droga. Pero en un pasillo de un edificio se topó con “Marcelito”. Ezcurra entregó todo, menos la droga. Se resistió.

Ezcurra, el estudiante de Filosofía que fue la primera víctima (Infobae)

Según se supo, Antelo cumplía un pacto: a San La Muerte le había prometido una muerte por semana para obtener protección para él y su familia, y que nunca le faltaran drogas.

Hasta el crimen no tenía un prontuario importante. Apenas un encubrimiento y una declaración de rebeldía.

Vivía en una casa propiedad de un tal Jorge Mansilla. Eran un grupito de adictos al paco, conocido en el barrio como “los kínder”. Antelo se enemistó con el dueño y otro “inquilino”, Darío Romero. Debió irse y juró venganza.

Cumplió. Una noche de junio salió de la nada por detrás de Romero en un pasillo del barrio. Le gritó y cuando el joven se dio vuelta le destrozó la mano izquierda de un escopetazo. Antelo no lo remató pero festejó entre risotadas: “¡Le volé la mano!”.

Otra madrugada tocó el timbre de la casa de Mansilla, que medio dormido, abrió la puerta. “Marcelito” le tiró a la cabeza con una pistola 9 milímetros.

A Antelo le quedaba una deuda por cobrar en el barrio. El mecánico Mario Quiero le debía $ 300 a un amigo por un arreglo de auto sin hacer. Llegó al taller y reclamó la plata. Le gatilló tres veces pero la pistola se trabó. Quiero tuvo tiempo de encerrarse en su casa. “Marcelito” empezó a disparar hasta que por una ventana, la mujer de Quiero negoció: le entregaría $ 150. Antelo aceptó, pero la amenazó: “Si vuelvo a ver a tu marido, lo mato”.

La noche del 15 de agosto, Marcelo Cabrera, de 28 años, y Pablo Zaniuk, de 26, entraron en los pasillos del Barrio Rivadavia para comprar drogas. “Marcelito” los interceptó. Entregaron todo. A Zaniuk lo mató de un balazo en la cara; a Cabrera le disparó nueve veces.

Trece días después un patrullero lo reconoció. Cuando le dieron la voz de alto, “Marcelito” respondió a los tiros, aunque cayó. Llevaba la pistola con cargadores completos, su número de serie intacto y un escudo de la Policía Federal. Era robada a un oficial.

San La Muerte, una adoración que la Iglesia Católica tolera.

Tras su detención, sus familiares dijeron que el joven asesino era devoto de San La Muerte. Un testigo dijo que “Marcelito” se había filmado a sí mismo con el celular robado a Ezcurra y contaba su promesa.

Sólo la periodista Liliana Caruso obtuvo un testimonio de valor de un familiar de Antelo: “El pibe se metió primero con los evangelistas y estaba todo bien. Después entró como en una secta de San La Muerte y empezó a decir cosas raras, a hacer cosas extrañas. Se fue de acá y no apareció más”.

"Marcelito", el día que fue condenado a perpetua (Infobae)

El 14 de septiembre de 2012 fue condenado a prisión perpetua por los homicidios de Ezcurra, Mansilla, Zaniuk y Cabrera. Y por las heridas a Jorge Díaz Armas, Jorge Quiero y Darío Romero.

(Fuentes: propias e Infobae)

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Antelo, en una imagen de prontuario (Infobae)
08 NOV 2024 - 17:06

Por Rolando Tobarez/Redacción Jornada

A Marcelo Alejandro Antelo le dicen “El asesino de San La Muerte”. Está preso en la Unidad 6 de Rawson por cuatro crímenes a sangre fría. Y el martes 5 de noviembre fue absuelto por 35 gramos de marihuana hallados en su celda.

El fallo es del juez Alejandro Cabral, del Tribunal Oral Federal de Comodoro Rivadavia. Antelo había sido imputado por tenencia simple de marihuana en el penal federal. Su defensor fue Raúl Tótaro y el fiscal, Mariano Sánchez.

La audiencia se concretó por Zoom. Antelo nació el 16 de marzo de 1988 en Capital Federal y es padre de dos hijos de 14 y 6 años.

El 8 de diciembre de 2021, en un recuento de internos rutinario que incluyó una requisa de celdas al azar, le encontraron una campera con 16 envoltorios de nylon con 35,88 gramos de marihuana.

Antelo está preso en Rawson y lo absolvieron por drogas (Minuto Uno)

Antelo se hizo cargo de la droga para consumo personal y dijo que es muy común que entre los internos se consuma esta sustancia ya que la comparten. Tragó los paquetes para ingresarlos a la cárcel.

Explicó que no siempre tenía visitas ya que su familia es de Buenos Aires. Por eso necesitaba suficiente marihuana para cubrir todo el período de tiempo. Consume hace mucho pero quiere recuperarse de la adicción pensando en el beneficio de la libertad transitoria. “Estudió como parte de su tratamiento dentro del penal. Quiere un futuro mejor y por eso estudia Derecho”. Antelo reclamó la devolución de su campera.
Según el fallo, la convivencia del personal penitenciario con Antelo es “buena”: es un recluso colaborador que trabaja en la cocina, no tiene problemas de conducta y es respetuoso.

Lo no dicho en el juicio es que Antelo tuvo un pacto con San La Muerte. Consumidor de pasta base, padre adicto, abuela alcohólica y madre golpeadora, a los 22 años mató en cinco meses a por lo menos cuatro personas, todas en el Barrio Rivadavia del Bajo Flores porteño.

Su primera víctima fue el estudiante de Filosofía Rodrigo Ezcurra, de 27 años. El joven se aventuró una madrugada de abril de 2010 por las oscuras calles del Barrio Rivadavia. Iba en una bicicleta nueva y llamativa, con un celular y la billetera llena. Buscaba droga. Pero en un pasillo de un edificio se topó con “Marcelito”. Ezcurra entregó todo, menos la droga. Se resistió.

Ezcurra, el estudiante de Filosofía que fue la primera víctima (Infobae)

Según se supo, Antelo cumplía un pacto: a San La Muerte le había prometido una muerte por semana para obtener protección para él y su familia, y que nunca le faltaran drogas.

Hasta el crimen no tenía un prontuario importante. Apenas un encubrimiento y una declaración de rebeldía.

Vivía en una casa propiedad de un tal Jorge Mansilla. Eran un grupito de adictos al paco, conocido en el barrio como “los kínder”. Antelo se enemistó con el dueño y otro “inquilino”, Darío Romero. Debió irse y juró venganza.

Cumplió. Una noche de junio salió de la nada por detrás de Romero en un pasillo del barrio. Le gritó y cuando el joven se dio vuelta le destrozó la mano izquierda de un escopetazo. Antelo no lo remató pero festejó entre risotadas: “¡Le volé la mano!”.

Otra madrugada tocó el timbre de la casa de Mansilla, que medio dormido, abrió la puerta. “Marcelito” le tiró a la cabeza con una pistola 9 milímetros.

A Antelo le quedaba una deuda por cobrar en el barrio. El mecánico Mario Quiero le debía $ 300 a un amigo por un arreglo de auto sin hacer. Llegó al taller y reclamó la plata. Le gatilló tres veces pero la pistola se trabó. Quiero tuvo tiempo de encerrarse en su casa. “Marcelito” empezó a disparar hasta que por una ventana, la mujer de Quiero negoció: le entregaría $ 150. Antelo aceptó, pero la amenazó: “Si vuelvo a ver a tu marido, lo mato”.

La noche del 15 de agosto, Marcelo Cabrera, de 28 años, y Pablo Zaniuk, de 26, entraron en los pasillos del Barrio Rivadavia para comprar drogas. “Marcelito” los interceptó. Entregaron todo. A Zaniuk lo mató de un balazo en la cara; a Cabrera le disparó nueve veces.

Trece días después un patrullero lo reconoció. Cuando le dieron la voz de alto, “Marcelito” respondió a los tiros, aunque cayó. Llevaba la pistola con cargadores completos, su número de serie intacto y un escudo de la Policía Federal. Era robada a un oficial.

San La Muerte, una adoración que la Iglesia Católica tolera.

Tras su detención, sus familiares dijeron que el joven asesino era devoto de San La Muerte. Un testigo dijo que “Marcelito” se había filmado a sí mismo con el celular robado a Ezcurra y contaba su promesa.

Sólo la periodista Liliana Caruso obtuvo un testimonio de valor de un familiar de Antelo: “El pibe se metió primero con los evangelistas y estaba todo bien. Después entró como en una secta de San La Muerte y empezó a decir cosas raras, a hacer cosas extrañas. Se fue de acá y no apareció más”.

"Marcelito", el día que fue condenado a perpetua (Infobae)

El 14 de septiembre de 2012 fue condenado a prisión perpetua por los homicidios de Ezcurra, Mansilla, Zaniuk y Cabrera. Y por las heridas a Jorge Díaz Armas, Jorge Quiero y Darío Romero.

(Fuentes: propias e Infobae)