La última videconferencia fue para Horacio Verbitsky, periodista de Página/12 y presidente del Centro de Estudios Legales y Sociales. Hizo una breve descripción del inicio de la denuncia que él mismo firmó, en aquel marzo de 2006. Su única intervención fue chequear el material que aportó Carlos Alegre para la primera presentación en el Juzgado Federal de Rawson y entregar una copia a la ex ministro de Defensa, Nilda Garré. Nunca conoció al denunciante. En cuanto al abogado de Trelew, Eduardo Hualpa, “sólo lo crucé una vez en el CELS pero no lo conocía ni lo volví a ver porque no conozco su ciudad”.
En rigor, las preguntas del defensor Javier Reuter se esforzaron por mostrar una presunta estrategia de las querellas en complot con Alegre para involucrar a los marinos en el presunto espionaje. No logró demasiado. “Cuando alguien detecta prácticas ilegales al interior de las fuerzas militares o de seguridad, sabe que puede recurrir al CELS, como ocurrió en este caso”, graficó Verbitsky.
El periodista también describió el trabajo del organismo para difundir entre los propios militares las prohibiciones en democracia. “Las leyes de Seguridad Interior, Defensa e Inteligencia Nacional son tajantes al impedir que las Fuerzas Armadas se dediquen a la intervención en política interna”, recordó. Su ejemplo del borroneo de límites fue la Guerra de Malvinas. “Ustedes la tuvieron muy cerca”, dijo en referencia a Chubut. “Allí quedó clara la confusión de roles de los militares, que se concentraron tanto en actuar como policía interna que olvidaron su rol de defensa nacional”.
También declaró otra abogada del CELS, Carolina Varsky. Ella recibió el primer mail de Alegre revelando lo que sucedía en la Base Zar, aportando un recorte de diario con anotaciones de los marinos. Varsky le mostró interés y, de paso, advirtió a Hualpa que él era uno de los espiados: ambos patrocinan a familiares de los fusilados en la Masacre de Trelew y se conocían.
Reuter insistió con la teoría del complot y preguntó fechas en detalle de aquella semana. Pero la abogada no se contradijo. #
La última videconferencia fue para Horacio Verbitsky, periodista de Página/12 y presidente del Centro de Estudios Legales y Sociales. Hizo una breve descripción del inicio de la denuncia que él mismo firmó, en aquel marzo de 2006. Su única intervención fue chequear el material que aportó Carlos Alegre para la primera presentación en el Juzgado Federal de Rawson y entregar una copia a la ex ministro de Defensa, Nilda Garré. Nunca conoció al denunciante. En cuanto al abogado de Trelew, Eduardo Hualpa, “sólo lo crucé una vez en el CELS pero no lo conocía ni lo volví a ver porque no conozco su ciudad”.
En rigor, las preguntas del defensor Javier Reuter se esforzaron por mostrar una presunta estrategia de las querellas en complot con Alegre para involucrar a los marinos en el presunto espionaje. No logró demasiado. “Cuando alguien detecta prácticas ilegales al interior de las fuerzas militares o de seguridad, sabe que puede recurrir al CELS, como ocurrió en este caso”, graficó Verbitsky.
El periodista también describió el trabajo del organismo para difundir entre los propios militares las prohibiciones en democracia. “Las leyes de Seguridad Interior, Defensa e Inteligencia Nacional son tajantes al impedir que las Fuerzas Armadas se dediquen a la intervención en política interna”, recordó. Su ejemplo del borroneo de límites fue la Guerra de Malvinas. “Ustedes la tuvieron muy cerca”, dijo en referencia a Chubut. “Allí quedó clara la confusión de roles de los militares, que se concentraron tanto en actuar como policía interna que olvidaron su rol de defensa nacional”.
También declaró otra abogada del CELS, Carolina Varsky. Ella recibió el primer mail de Alegre revelando lo que sucedía en la Base Zar, aportando un recorte de diario con anotaciones de los marinos. Varsky le mostró interés y, de paso, advirtió a Hualpa que él era uno de los espiados: ambos patrocinan a familiares de los fusilados en la Masacre de Trelew y se conocían.
Reuter insistió con la teoría del complot y preguntó fechas en detalle de aquella semana. Pero la abogada no se contradijo. #