Por Pedro Méndez / Redacción Jornada
Conocí a Florencia Paolini a través de sus dibujos: líneas firmes, miradas profundas y un manejo del grafito que parece respirar.
Es una brillante dibujante. Tiene un lenguaje clásico (grafito) que destaca, en tiempos dominados por lo digital. Usa fotos retratos para plasmarlos en un diseño en grafito, logrando verdaderas obras maestras.
En su trabajo con grafito hay disciplina. Se puede percibir que a la obra terminada la habita el tiempo lento del dibujo, además de dos de los máximos valores del arte del dibujo: el ojo y la mano.
Cuando le mostré algunos de mis viejos bocetos. Dibujos de mi etapa de adolescente apasionado por las revistas de historietas, las caricaturas, los rostros y los lápices, fue ella quien, con la generosidad de los verdaderos docentes, me dijo como al pasar: “deberías retomar el dibujo”.
Ese comentario fue la puerta de entrada a esta entrevista exclusiva, que Florencia Paolini brindó para Diario Jornada.
Nacida en Trelew un 24 de diciembre de 1998, Florencia pertenece a una nueva generación de artistas patagónicos que combinan formación académica, sensibilidad y trabajo constante. En 2018 se trasladó a Bahía Blanca para estudiar en la Escuela de Artes Visuales Lino Enea Spilimbergo, donde se recibió de Profesora de Artes Visuales con Orientación en Grabado y Arte Impreso.
Hoy reparte sus días entre el aula y el taller: es docente en la Escuela de Arte 759 de Trelew, dicta talleres de dibujo y realiza encargos artísticos mientras prepara su primera muestra individual en la ciudad. Ha participado de exposiciones colectivas en Bahía Blanca y se encuentra en plena etapa de producción, explorando nuevas formas de decir desde el trazo y la imagen. Esas obras serán parte de exposiciones que realizará en el transcurso del año.
Sobre el oficio de dibujar, enseñar arte y crear en el sur del mundo, conversamos con ella.
- Te formaste cuando las pantallas y arte digital ganaban terreno. ¿Qué te llevó a elegir el grafito como lenguaje central?.
- Siempre me interesaron las bases de la disciplina artística, me gusta mucho formarme en lo tradicional. Creo que, justamente como decís, al haberme formado en el auge de lo digital y la inmediatez no me parecía algo tan llamativo porque es más sencillo.
No lo descarto ni lo rechazo, pero disfruto más de la conexión con los materiales, sus aromas y el momento del oficio que es la creación.
Actualmente, creo mucho con el grafito, es un material muy noble que permite con pocos recursos hacer muchísimas obras. Me gusta formarme constantemente en técnicas para poder lograr realismo en mis trabajos, pero bajo temáticas oníricas.
El lápiz no es mi lenguaje central, creo que mis lenguajes centrales son el dibujo, la pintura y el grabado, que es mi especialidad.Desde chica en mi familia veía a mi mamá pintar, y yo me ponía a dibujar. Estos últimos tiempos para conectar un poco más con mi niña interior retomé el dibujo con lápiz.
- ¿La elección de dedicarse a un tipo de arte suele comenzar temprano en la vida. Para vos ¿Cuándo el dibujo dejó de ser un juego y empezó a convertirse en una forma de decir algo?
- Comencé a interesarme más en el arte como una manera de decir algo en mi adolescencia, el último año de secundaria reflexioné que, para poder arrancar una carrera de arte debía tener alguna base más formal y por eso arranqué talleres de rostro y figura humana para tener bases teóricas.
De chica siempre me gustó dibujar y pintar escenarios oscuros y góticos, y mi carrera me ayudó a pulir mi estilo e ideas para poder elevar esas imágenes que quería crear.
- Eres artista y docente. Como artista: ¿Sentís el dibujo a lápiz, como una “resistencia” de lo clásico, ante el devenir digital? Y ¿Qué te conmueve hoy como artista?
-El dibujo es una resistencia a las tendencias artísticas que sólo buscan creación de imágenes expresivas. Con el dibujo no sólo boceto ideas para futuras obras o retrato mascotas, sino que puedo crear imágenes poéticas haciendo uso de diferentes técnicas. Creo que entender cómo se dibuja la realidad es el inicio para poder hablar de cómo la vivimos.
Hoy, como artista, me conmueve poder mostrar con dibujos, pinturas o grabados instantes de cómo percibo el mundo. Saber que puedo usar estas técnicas para poder crear imágenes que detengan el tiempo un ratito.
- Como docente: ¿Cómo acompañás a los estudiantes que sienten que “no saben dibujar”? y ¿Qué valores del dibujo tradicional considerás fundamentales transmitir hoy?
-Como docente me gusta explicarles a mis estudiantes que todo se puede aprender. Existe la creencia de que con talento somos buenos en arte, pero no es así. Para ser bueno dibujando alguien nos tiene que acompañar y explicar, y luego nosotros aplicar las herramientas.
Me gusta acompañar ese proceso de aprendizaje porque suele ser un poco frustrante, ya que existe el discurso de que hacer arte es algo espontáneo y sencillo, y eso genera un choque fuerte cuando un estudiante se da cuenta de que para llegar a ciertos resultados, se necesita tiempo, paciencia y amor.
El dibujo tradicional nos da las herramientas para hacer todo lo demás: pintar, hacer arte digital, esculpir, etc. No hay que tenerle miedo, además nos ayuda a entrenar la constancia y paciencia.
- Observé que, en algunos casos, partís de fotografías. Lo entiendo como un dibujo que interpreta la foto, no como una copia. ¿Qué se pierde y qué se gana en el proceso?
-Me encanta partir de fotos, en mi computadora suelo tener carpetas con fotos para luego hacer un collage digital y así usarlo de referencia en lo tradicional.A la hora de mirar una foto para poder crear algo me gusta tomar decisiones sobre lo que quiero y no mostrar.
Dependiendo de mis intenciones elijo si voy a exagerar una mirada, si los colores no van a ser reales, o si va a tener un estilo más fantasioso. Creo que se gana mucho en lo narrativo.
Por ejemplo, si lo que voy a crear es un retrato, muestro los rasgos de la persona, pero me hago preguntas para poder imaginar cuánto cariño sienten o sentían por esa persona. Estos planteos o escenarios me ayudan a poder retratar las miradas de otra manera.
- En tiempos de inmediatez, el dibujo a lápiz exige pausa. ¿Qué lugar ocupa el tiempo en tu proceso creativo?
-Me gusta tener un plan de trabajo a la hora de crear. Lleva mucho tiempo el dibujo, por lo que me gusta tener jornadas cortas pero constantes durante días. No me gusta apurar el proceso, porque cada paso es especial.
En el caso de la pintura al óleo, por ejemplo, las jornadas deben durar semanas por los tiempos de secado.Es importante la constancia, porque a veces no se necesita estar inspirado para crear. La inspiración viene durante el hacer también.
- ¿Qué queda en vos, cuando levantás el lápiz y sabés que un dibujo está terminado?
-Cuando creo una obra, siempre doy lo mejor de mí. Y cuando la finalizo, siento en una primera instancia que tengo que volver a empezar. Siento que, al haber creado algo nuevo aprendí más, y no es suficiente.
Con el paso de los días al ver la imagen terminada, comienza a gustarme, y viene un sentimiento de vacío porque tengo que despedirme de los trabajos, ya que son encargos. Es normal encariñarse.


Por Pedro Méndez / Redacción Jornada
Conocí a Florencia Paolini a través de sus dibujos: líneas firmes, miradas profundas y un manejo del grafito que parece respirar.
Es una brillante dibujante. Tiene un lenguaje clásico (grafito) que destaca, en tiempos dominados por lo digital. Usa fotos retratos para plasmarlos en un diseño en grafito, logrando verdaderas obras maestras.
En su trabajo con grafito hay disciplina. Se puede percibir que a la obra terminada la habita el tiempo lento del dibujo, además de dos de los máximos valores del arte del dibujo: el ojo y la mano.
Cuando le mostré algunos de mis viejos bocetos. Dibujos de mi etapa de adolescente apasionado por las revistas de historietas, las caricaturas, los rostros y los lápices, fue ella quien, con la generosidad de los verdaderos docentes, me dijo como al pasar: “deberías retomar el dibujo”.
Ese comentario fue la puerta de entrada a esta entrevista exclusiva, que Florencia Paolini brindó para Diario Jornada.
Nacida en Trelew un 24 de diciembre de 1998, Florencia pertenece a una nueva generación de artistas patagónicos que combinan formación académica, sensibilidad y trabajo constante. En 2018 se trasladó a Bahía Blanca para estudiar en la Escuela de Artes Visuales Lino Enea Spilimbergo, donde se recibió de Profesora de Artes Visuales con Orientación en Grabado y Arte Impreso.
Hoy reparte sus días entre el aula y el taller: es docente en la Escuela de Arte 759 de Trelew, dicta talleres de dibujo y realiza encargos artísticos mientras prepara su primera muestra individual en la ciudad. Ha participado de exposiciones colectivas en Bahía Blanca y se encuentra en plena etapa de producción, explorando nuevas formas de decir desde el trazo y la imagen. Esas obras serán parte de exposiciones que realizará en el transcurso del año.
Sobre el oficio de dibujar, enseñar arte y crear en el sur del mundo, conversamos con ella.
- Te formaste cuando las pantallas y arte digital ganaban terreno. ¿Qué te llevó a elegir el grafito como lenguaje central?.
- Siempre me interesaron las bases de la disciplina artística, me gusta mucho formarme en lo tradicional. Creo que, justamente como decís, al haberme formado en el auge de lo digital y la inmediatez no me parecía algo tan llamativo porque es más sencillo.
No lo descarto ni lo rechazo, pero disfruto más de la conexión con los materiales, sus aromas y el momento del oficio que es la creación.
Actualmente, creo mucho con el grafito, es un material muy noble que permite con pocos recursos hacer muchísimas obras. Me gusta formarme constantemente en técnicas para poder lograr realismo en mis trabajos, pero bajo temáticas oníricas.
El lápiz no es mi lenguaje central, creo que mis lenguajes centrales son el dibujo, la pintura y el grabado, que es mi especialidad.Desde chica en mi familia veía a mi mamá pintar, y yo me ponía a dibujar. Estos últimos tiempos para conectar un poco más con mi niña interior retomé el dibujo con lápiz.
- ¿La elección de dedicarse a un tipo de arte suele comenzar temprano en la vida. Para vos ¿Cuándo el dibujo dejó de ser un juego y empezó a convertirse en una forma de decir algo?
- Comencé a interesarme más en el arte como una manera de decir algo en mi adolescencia, el último año de secundaria reflexioné que, para poder arrancar una carrera de arte debía tener alguna base más formal y por eso arranqué talleres de rostro y figura humana para tener bases teóricas.
De chica siempre me gustó dibujar y pintar escenarios oscuros y góticos, y mi carrera me ayudó a pulir mi estilo e ideas para poder elevar esas imágenes que quería crear.
- Eres artista y docente. Como artista: ¿Sentís el dibujo a lápiz, como una “resistencia” de lo clásico, ante el devenir digital? Y ¿Qué te conmueve hoy como artista?
-El dibujo es una resistencia a las tendencias artísticas que sólo buscan creación de imágenes expresivas. Con el dibujo no sólo boceto ideas para futuras obras o retrato mascotas, sino que puedo crear imágenes poéticas haciendo uso de diferentes técnicas. Creo que entender cómo se dibuja la realidad es el inicio para poder hablar de cómo la vivimos.
Hoy, como artista, me conmueve poder mostrar con dibujos, pinturas o grabados instantes de cómo percibo el mundo. Saber que puedo usar estas técnicas para poder crear imágenes que detengan el tiempo un ratito.
- Como docente: ¿Cómo acompañás a los estudiantes que sienten que “no saben dibujar”? y ¿Qué valores del dibujo tradicional considerás fundamentales transmitir hoy?
-Como docente me gusta explicarles a mis estudiantes que todo se puede aprender. Existe la creencia de que con talento somos buenos en arte, pero no es así. Para ser bueno dibujando alguien nos tiene que acompañar y explicar, y luego nosotros aplicar las herramientas.
Me gusta acompañar ese proceso de aprendizaje porque suele ser un poco frustrante, ya que existe el discurso de que hacer arte es algo espontáneo y sencillo, y eso genera un choque fuerte cuando un estudiante se da cuenta de que para llegar a ciertos resultados, se necesita tiempo, paciencia y amor.
El dibujo tradicional nos da las herramientas para hacer todo lo demás: pintar, hacer arte digital, esculpir, etc. No hay que tenerle miedo, además nos ayuda a entrenar la constancia y paciencia.
- Observé que, en algunos casos, partís de fotografías. Lo entiendo como un dibujo que interpreta la foto, no como una copia. ¿Qué se pierde y qué se gana en el proceso?
-Me encanta partir de fotos, en mi computadora suelo tener carpetas con fotos para luego hacer un collage digital y así usarlo de referencia en lo tradicional.A la hora de mirar una foto para poder crear algo me gusta tomar decisiones sobre lo que quiero y no mostrar.
Dependiendo de mis intenciones elijo si voy a exagerar una mirada, si los colores no van a ser reales, o si va a tener un estilo más fantasioso. Creo que se gana mucho en lo narrativo.
Por ejemplo, si lo que voy a crear es un retrato, muestro los rasgos de la persona, pero me hago preguntas para poder imaginar cuánto cariño sienten o sentían por esa persona. Estos planteos o escenarios me ayudan a poder retratar las miradas de otra manera.
- En tiempos de inmediatez, el dibujo a lápiz exige pausa. ¿Qué lugar ocupa el tiempo en tu proceso creativo?
-Me gusta tener un plan de trabajo a la hora de crear. Lleva mucho tiempo el dibujo, por lo que me gusta tener jornadas cortas pero constantes durante días. No me gusta apurar el proceso, porque cada paso es especial.
En el caso de la pintura al óleo, por ejemplo, las jornadas deben durar semanas por los tiempos de secado.Es importante la constancia, porque a veces no se necesita estar inspirado para crear. La inspiración viene durante el hacer también.
- ¿Qué queda en vos, cuando levantás el lápiz y sabés que un dibujo está terminado?
-Cuando creo una obra, siempre doy lo mejor de mí. Y cuando la finalizo, siento en una primera instancia que tengo que volver a empezar. Siento que, al haber creado algo nuevo aprendí más, y no es suficiente.
Con el paso de los días al ver la imagen terminada, comienza a gustarme, y viene un sentimiento de vacío porque tengo que despedirme de los trabajos, ya que son encargos. Es normal encariñarse.
