Lado B / Vergüenza ajena

05 MAR 2026 - 18:14 | Actualizado 06 MAR 2026 - 6:00

Por Bulin Fernández

“Ladrones, kukas, chilindrina troska, golpistas…” fueron apenas algunas de las muchas sandeces emitidas por el presidente de la Nación el domingo por la noche, con una violencia inusitada que llamó nuevamente la atención de propios y extraños, más cuando había asumido su responsabilidad de ser el mandatario de todos aun sin congeniar un ápice con la oposición.

Parte del empresariado privado también fue duro blanco de sus críticas, pero estas bajo lectura de su discurso.

Nadie discute que Javier Milei llega a la primera magistratura por designio del pueblo, de esta democracia que, aun devaluada, sigue siendo el mejor de los sistemas para tener gobiernos periódicos.

Este 40% del 68% de la ciudadanía que eligió votar le da el crédito de conducir los destinos de la Argentina durante 1460 días, pero no significa ni una carta en blanco para ejercer el Poder Ejecutivo Nacional y mucho menos para ocupar un espacio de apertura del período de sesiones ordinarias del Congreso Nacional y ser un irrespetuoso propio de un joven resentido ante un grupo escolar que no lo acompaña o lo rechaza.

No es verdad que su política responda a lo planteado en la campaña electoral de manera estricta. Si para muestra basta un botón, hay que mirar lo que decía Milei de la dolarización, del crecimiento con y sin dinero o de los vínculos internacionales con países como China o Brasil. Ni hablar de lo que expresó públicamente, denostando al hartazgo a quienes hoy son dos aliados incondicionales como el ministro de Economía Caputo o la senadora y exministra de Seguridad Patricia Bullrich.

Podría tomarse el tiempo la dirigencia política, comenzando por el presidente, de debatir el rumbo del país, de ofrecer alternativas, de plantear mejoras y, aunque estén en las antípodas, lo hagan con respeto, con entereza, con convicción, pero entendiendo que todo es pasajero. El acto se pareció mucho más al viejo show de Benny Hill.

En más de doscientos años de historia podemos observar muchas idas y vueltas; ídolos con pies de barro, honestos con los bolsillos llenos de lo ajeno, aplaudidores seriales de lo que nunca llegó o hechos que se minimizaron y después fueron historias épicas.

¿Y si analizamos los anuncios y las concreciones mejor? O son pocas o nada sólidas…

Para quienes peinamos canas, también con responsabilidades asumidas o errores cometidos, duele observar que un inicio de sesiones con los representantes del pueblo (porque mal o bien los hemos elegido nosotros y es clave hacerse cargo) se convierta en una pelea de esquina con pibes entonados por una cerveza, una victoria de un partido o el resultado de una contienda.

Algunos de los que hoy escracha con variables horrendas fueron elegidos una y varias veces por ese mismo elector que hoy lo pone como jefe de Estado.

Mejorar la calidad de vida de los argentinos, con las herramientas existentes, es la principal tarea de un gobierno. El método o rumbo lo elige quien gana y controla quien pierde una elección.

Si se analiza finamente el discurso por los datos ingresados, lejos puede plantearse una mejora sustancial. Más de 73 mil desempleados nuevos, -24,4 de baja en la obra pública, -23,1 en jubilaciones y pensiones, -14,5 de ajuste salarial, -7,8 de transferencias a las provincias, -4,3 a las universidades… y siguen los datos inflacionarios.

Pueden tenerse visiones opuestas, pero nunca la descalificación del otro como método puede ser un buen augurio para que podamos progresar. Ser irrespetuoso, chabacano o bochornoso nunca dio buen resultado a largo plazo.

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05 MAR 2026 - 18:14

Por Bulin Fernández

“Ladrones, kukas, chilindrina troska, golpistas…” fueron apenas algunas de las muchas sandeces emitidas por el presidente de la Nación el domingo por la noche, con una violencia inusitada que llamó nuevamente la atención de propios y extraños, más cuando había asumido su responsabilidad de ser el mandatario de todos aun sin congeniar un ápice con la oposición.

Parte del empresariado privado también fue duro blanco de sus críticas, pero estas bajo lectura de su discurso.

Nadie discute que Javier Milei llega a la primera magistratura por designio del pueblo, de esta democracia que, aun devaluada, sigue siendo el mejor de los sistemas para tener gobiernos periódicos.

Este 40% del 68% de la ciudadanía que eligió votar le da el crédito de conducir los destinos de la Argentina durante 1460 días, pero no significa ni una carta en blanco para ejercer el Poder Ejecutivo Nacional y mucho menos para ocupar un espacio de apertura del período de sesiones ordinarias del Congreso Nacional y ser un irrespetuoso propio de un joven resentido ante un grupo escolar que no lo acompaña o lo rechaza.

No es verdad que su política responda a lo planteado en la campaña electoral de manera estricta. Si para muestra basta un botón, hay que mirar lo que decía Milei de la dolarización, del crecimiento con y sin dinero o de los vínculos internacionales con países como China o Brasil. Ni hablar de lo que expresó públicamente, denostando al hartazgo a quienes hoy son dos aliados incondicionales como el ministro de Economía Caputo o la senadora y exministra de Seguridad Patricia Bullrich.

Podría tomarse el tiempo la dirigencia política, comenzando por el presidente, de debatir el rumbo del país, de ofrecer alternativas, de plantear mejoras y, aunque estén en las antípodas, lo hagan con respeto, con entereza, con convicción, pero entendiendo que todo es pasajero. El acto se pareció mucho más al viejo show de Benny Hill.

En más de doscientos años de historia podemos observar muchas idas y vueltas; ídolos con pies de barro, honestos con los bolsillos llenos de lo ajeno, aplaudidores seriales de lo que nunca llegó o hechos que se minimizaron y después fueron historias épicas.

¿Y si analizamos los anuncios y las concreciones mejor? O son pocas o nada sólidas…

Para quienes peinamos canas, también con responsabilidades asumidas o errores cometidos, duele observar que un inicio de sesiones con los representantes del pueblo (porque mal o bien los hemos elegido nosotros y es clave hacerse cargo) se convierta en una pelea de esquina con pibes entonados por una cerveza, una victoria de un partido o el resultado de una contienda.

Algunos de los que hoy escracha con variables horrendas fueron elegidos una y varias veces por ese mismo elector que hoy lo pone como jefe de Estado.

Mejorar la calidad de vida de los argentinos, con las herramientas existentes, es la principal tarea de un gobierno. El método o rumbo lo elige quien gana y controla quien pierde una elección.

Si se analiza finamente el discurso por los datos ingresados, lejos puede plantearse una mejora sustancial. Más de 73 mil desempleados nuevos, -24,4 de baja en la obra pública, -23,1 en jubilaciones y pensiones, -14,5 de ajuste salarial, -7,8 de transferencias a las provincias, -4,3 a las universidades… y siguen los datos inflacionarios.

Pueden tenerse visiones opuestas, pero nunca la descalificación del otro como método puede ser un buen augurio para que podamos progresar. Ser irrespetuoso, chabacano o bochornoso nunca dio buen resultado a largo plazo.