Por Rolando Tobarez / Redacción Jornada
A pedido del defensor Abdo Manyauik y sin oposición de la Fiscalía, Pablo Catrihual ya está en libertad condicional. Es el hombre que en diciembre de 2016 fue condenado a 15 años de prisión por el feroz crimen del conocido vecino de Rawson Héctor Lamami.
La víctima era un jubilado de la Unidad 6 de 64 años que padecía un delicado estado de salud. Murió por los golpes de Catrihual y otro delincuente que entre el 12 y el 13 de febrero de 2015 entraron a robarle a su departamento del barrio Malvinas Argentinas de la capital. Lo castigaron con dureza en abdomen y tórax, lo ataron de pies y manos con alambre y lo dejaron tirado en su habitación.

En una audiencia este jueves, el defensor de Catrihual presentó ante la jueza Eve Ponce y le representante fiscal Analía Acuña dos informes positivos de una psicóloga del Cuerpo Médico Forense y del Área de Políticas Penitenciarias, que dieron el visto bueno para otorgar el beneficio.
Para sostener su libertad, el condenado deberá continuar con su tratamiento psicológico y conseguir trabajo. Por los próximos 5 meses tiene asegurado un puesto de albañil.
Catrihual –que estaba en arresto domiciliario en barrio San Martín de Trelew- no podrá ingresar al ejido municipal de Rawson ni comunicarse por ningún medio ni acercarse a menos de 200 metros de los familiares de su víctima.
El crimen
Lamami vivía solo, tenía problemas para caminar y agonizó boca abajo hasta morir: como un golpe le fracturó costillas y le habían cubierto el rostro, ya no pudo respirar.
Al cuerpo lo hallaron sus familiares al anochecer del 13 de febrero. Los ladrones buscaban una importante suma que no hallaron. El departamento estaba revuelto. Se llevaron plata de la billetera de Lamami y su celular.

Los forenses hallaron ADN de Catrihual en los alambres usados para maniatar a la víctima. Diez meses después de su pedido de captura la Policía lo detuvo en Entre Ríos, donde se había fugado. Escuchas telefónicas y testimonios terminaron de comprometerlo. Tenía una condena anterior a 4 años por varios robos.
Dos hijas y la viuda de Lamami fueron las únicas que en la audiencia en la Oficina Judicial se opusieron a la libertad.
El segundo asesino nunca fue encontrado.

Por Rolando Tobarez / Redacción Jornada
A pedido del defensor Abdo Manyauik y sin oposición de la Fiscalía, Pablo Catrihual ya está en libertad condicional. Es el hombre que en diciembre de 2016 fue condenado a 15 años de prisión por el feroz crimen del conocido vecino de Rawson Héctor Lamami.
La víctima era un jubilado de la Unidad 6 de 64 años que padecía un delicado estado de salud. Murió por los golpes de Catrihual y otro delincuente que entre el 12 y el 13 de febrero de 2015 entraron a robarle a su departamento del barrio Malvinas Argentinas de la capital. Lo castigaron con dureza en abdomen y tórax, lo ataron de pies y manos con alambre y lo dejaron tirado en su habitación.

En una audiencia este jueves, el defensor de Catrihual presentó ante la jueza Eve Ponce y le representante fiscal Analía Acuña dos informes positivos de una psicóloga del Cuerpo Médico Forense y del Área de Políticas Penitenciarias, que dieron el visto bueno para otorgar el beneficio.
Para sostener su libertad, el condenado deberá continuar con su tratamiento psicológico y conseguir trabajo. Por los próximos 5 meses tiene asegurado un puesto de albañil.
Catrihual –que estaba en arresto domiciliario en barrio San Martín de Trelew- no podrá ingresar al ejido municipal de Rawson ni comunicarse por ningún medio ni acercarse a menos de 200 metros de los familiares de su víctima.
El crimen
Lamami vivía solo, tenía problemas para caminar y agonizó boca abajo hasta morir: como un golpe le fracturó costillas y le habían cubierto el rostro, ya no pudo respirar.
Al cuerpo lo hallaron sus familiares al anochecer del 13 de febrero. Los ladrones buscaban una importante suma que no hallaron. El departamento estaba revuelto. Se llevaron plata de la billetera de Lamami y su celular.

Los forenses hallaron ADN de Catrihual en los alambres usados para maniatar a la víctima. Diez meses después de su pedido de captura la Policía lo detuvo en Entre Ríos, donde se había fugado. Escuchas telefónicas y testimonios terminaron de comprometerlo. Tenía una condena anterior a 4 años por varios robos.
Dos hijas y la viuda de Lamami fueron las únicas que en la audiencia en la Oficina Judicial se opusieron a la libertad.
El segundo asesino nunca fue encontrado.