Ricardo Lens: seis décadas de ley, carácter y fuego

Concertista de piano, cadete de aviación y, finalmente, hombre de leyes; la historia de Ricardo Lens es la de una vocación sostenida durante seis décadas con rigor, humildad y una energía que no se apaga.

Ricardo Lens junto a Javier Stampone, vicepresidente del Colegio de Abogados.
24 MAR 2026 - 17:38 | Actualizado 25 MAR 2026 - 1:00

Riguroso. Mucho. Exigente con los demás, pero sobre todo consigo mismo, como si la vida le hubiese enseñado desde temprano que el único modo honorable de caminarla era no concederse treguas. Este año superará, en plena actividad, los 80 años de edad. Pero hay otra cifra que lo define con la misma intensidad. Hace 60 años que llegó a esta tierra y decidió quedarse. No como quien arriba a un sitio cualquiera, sino como quien reconoce, en medio del viento y la distancia, el lugar exacto donde habrá de echar raíces.

Nació en Santa Fe, pero fue el sur el que terminó pronunciando su nombre. El 25 de marzo de 1966 comenzó su labor en a Trelew con más sueños que certezas. Antes, otros destinos habían querido retenerlo. Corrientes, Chaco. Él suele decir que fue por el clima que no se quedó. Tal vez haya sido también por una intuición más honda, más indescifrable, esa voz interior que a veces sabe antes que uno mismo hacia dónde se inclina el porvenir. Porque el amor, la paz y el sentido de pertenencia estaban más al sur.
Mucho más al sur. En Chubut. En Trelew.

Su vida pudo haber seguido otras partituras. Supo ser concertista de piano, habituado a esa disciplina silenciosa donde cada nota exige precisión y cada error deja huella. También fue cadete de la escuela de aviación de la Fuerza Aérea Argentina. Ninguno de esos caminos terminó siendo el definitivo. No pudo ser. No se dio. Pero en Ricardo Lens no habita el resentimiento de lo inconcluso, sino la entereza de quien entiende que la vida no siempre concede lo deseado, aunque a veces entrega algo más vasto que es un destino.

Le quedó sí, como una cuenta pendiente, el sueño de pilotear “aviones grandes”, de esos que atraviesan el cielo como si lo abrieran con su propia obstinación. No es una deuda menor. Pero acaso, sin proponérselo, terminó comandando otra clase de travesía; la de una vida pública atravesada por la responsabilidad, el estudio y la vocación.

Abogado por elección profunda y por convicción sostenida, Ricardo Lens hizo del derecho no un simple oficio, sino una manera de estar en el mundo. Secretario del Superior Tribunal de Justicia, fiscal de primera instancia, juez, procurador general, docente, fiscal de Estado, ministro de Gobierno y convencional constituyente de Trelew: cada uno de esos cargos habla de una trayectoria plena, pero no alcanza para nombrar del todo lo esencial. Porque más allá de los títulos y de las funciones, hay en él una fidelidad inquebrantable hacia su profesión, una fe íntima en el valor de la palabra, la ley y el compromiso.

Hace 60 años que ejerce la abogacía con la misma pasión del primer día. Y esa constancia no es solamente perseverancia. Es una forma de amor. A su trabajo. A la exigencia. A la ética. A sus colegas, de quienes dice, sin imposturas, que aprende todos los días. Esa frase lo retrata más que cualquier currículum. En ella conviven la humildad de los grandes y la lucidez de los que comprenden que el saber nunca termina de conquistarse.

En Trelew encontró su sino. También encontró a su compañera de vida, a sus tres hijos, a sus cinco nietos, y esa serenidad profunda que solo tienen quienes pueden mirar hacia atrás sin sentir que han traicionado lo esencial. Ricardo Lens no solo construyó una carrera. Construyó una presencia. Una huella. Una vida de esas que no necesitan estridencias, porque su autoridad nace de otro lugar, que es el ejemplo.

Y acaso ahí resida su mayor épica. No en el ruido del poder ni en el brillo de los cargos, sino en haber sostenido durante décadas una llama sin permitir que el tiempo la apague.

A los poco más de 80 años, sigue en pie. Entero. Activo. Fiel a esa pasión inicial que todavía lo empuja. Como si en lugar de acumular años, hubiera acumulado fuego.

Ricardo Lens junto a Javier Stampone, vicepresidente del Colegio de Abogados.
24 MAR 2026 - 17:38

Riguroso. Mucho. Exigente con los demás, pero sobre todo consigo mismo, como si la vida le hubiese enseñado desde temprano que el único modo honorable de caminarla era no concederse treguas. Este año superará, en plena actividad, los 80 años de edad. Pero hay otra cifra que lo define con la misma intensidad. Hace 60 años que llegó a esta tierra y decidió quedarse. No como quien arriba a un sitio cualquiera, sino como quien reconoce, en medio del viento y la distancia, el lugar exacto donde habrá de echar raíces.

Nació en Santa Fe, pero fue el sur el que terminó pronunciando su nombre. El 25 de marzo de 1966 comenzó su labor en a Trelew con más sueños que certezas. Antes, otros destinos habían querido retenerlo. Corrientes, Chaco. Él suele decir que fue por el clima que no se quedó. Tal vez haya sido también por una intuición más honda, más indescifrable, esa voz interior que a veces sabe antes que uno mismo hacia dónde se inclina el porvenir. Porque el amor, la paz y el sentido de pertenencia estaban más al sur.
Mucho más al sur. En Chubut. En Trelew.

Su vida pudo haber seguido otras partituras. Supo ser concertista de piano, habituado a esa disciplina silenciosa donde cada nota exige precisión y cada error deja huella. También fue cadete de la escuela de aviación de la Fuerza Aérea Argentina. Ninguno de esos caminos terminó siendo el definitivo. No pudo ser. No se dio. Pero en Ricardo Lens no habita el resentimiento de lo inconcluso, sino la entereza de quien entiende que la vida no siempre concede lo deseado, aunque a veces entrega algo más vasto que es un destino.

Le quedó sí, como una cuenta pendiente, el sueño de pilotear “aviones grandes”, de esos que atraviesan el cielo como si lo abrieran con su propia obstinación. No es una deuda menor. Pero acaso, sin proponérselo, terminó comandando otra clase de travesía; la de una vida pública atravesada por la responsabilidad, el estudio y la vocación.

Abogado por elección profunda y por convicción sostenida, Ricardo Lens hizo del derecho no un simple oficio, sino una manera de estar en el mundo. Secretario del Superior Tribunal de Justicia, fiscal de primera instancia, juez, procurador general, docente, fiscal de Estado, ministro de Gobierno y convencional constituyente de Trelew: cada uno de esos cargos habla de una trayectoria plena, pero no alcanza para nombrar del todo lo esencial. Porque más allá de los títulos y de las funciones, hay en él una fidelidad inquebrantable hacia su profesión, una fe íntima en el valor de la palabra, la ley y el compromiso.

Hace 60 años que ejerce la abogacía con la misma pasión del primer día. Y esa constancia no es solamente perseverancia. Es una forma de amor. A su trabajo. A la exigencia. A la ética. A sus colegas, de quienes dice, sin imposturas, que aprende todos los días. Esa frase lo retrata más que cualquier currículum. En ella conviven la humildad de los grandes y la lucidez de los que comprenden que el saber nunca termina de conquistarse.

En Trelew encontró su sino. También encontró a su compañera de vida, a sus tres hijos, a sus cinco nietos, y esa serenidad profunda que solo tienen quienes pueden mirar hacia atrás sin sentir que han traicionado lo esencial. Ricardo Lens no solo construyó una carrera. Construyó una presencia. Una huella. Una vida de esas que no necesitan estridencias, porque su autoridad nace de otro lugar, que es el ejemplo.

Y acaso ahí resida su mayor épica. No en el ruido del poder ni en el brillo de los cargos, sino en haber sostenido durante décadas una llama sin permitir que el tiempo la apague.

A los poco más de 80 años, sigue en pie. Entero. Activo. Fiel a esa pasión inicial que todavía lo empuja. Como si en lugar de acumular años, hubiera acumulado fuego.