Por Bulin Fernández
Una fuerte propuesta ha sido puesta en marcha en las últimas semanas que provocó reacciones diversas: que los concejales de las diferentes localidades realicen sus actividades sin percibir salarios, dietas o cobertura de gastos, según pueda denominarse en cada caso.
El criterio de “trabajar sin percibir ingreso más que el honor de hacerlo” tiene una histórica definición y que aún hoy sigue vigente para muchas actividades de la comunidad, especialmente la de tareas de carácter social como cooperadoras, clubes, asociaciones vecinales. Hay quienes tienen su tiempo disponible (y a veces ni siquiera eso) y se lo dedican a trabajar por sus pares, sus hijos, por desposeídos con un elemento central: amor al prójimo.
Aplicar ese criterio para la actividad política, donde se toman determinaciones de diferente envergadura que siempre involucran al conjunto de la sociedad, tiene sus riesgos.
Que sólo lo puedan hacer quienes disponen de tiempo y cuentan con ingresos suficientes para no alterar sus vidas cotidianas o dejarlo en manos de una elite económica que, con intención, desea tomar parte de esas decisiones para la defensa de sus propios intereses.
Claro está que la política, hoy calificada de “casta” por gran parte de la sociedad, no ha sabido o querido abrir el debate profundo para generar reglas de juego transparentes y sostenibles. Es más fácil dejar que esa representación del voto popular decida cuanto y cómo debe percibir esos ingresos y llegar a este punto negro.
Una posible solución puede ser establecer un piso y un techo de esos ingresos para que todo ciudadano pueda acceder a ocupar esos lugares de responsabilidad para ser cumplida.
El valor puede ser vinculado a otros servicios del Estado como educación, seguridad o sanidad, para cuando se aplican incrementos salariales.
Lo que no debe obviarse, si se abre el debate en serio, con posturas y exposiciones, es que debe regir un formato que contemple todos los casos: quienes ocupan cargos temporales en todos los poderes del Estado. Y ratificados con una Ley provincial.
En cumplimiento de la tarea de concejal en 1987 en Esquel se estableció un criterio vinculado al ingreso de los trabajadores municipales y se llegó en plena crisis al congelamiento de los salarios de la planta política.
Allí valió el ejemplo de don Celestino Beatove que dijo “la democracia también tiene un costo económico que no puede ser bastardeado para que solo unos pocos puedan presentarse a una elección. Tampoco deben permitirse los excesos”. Ese concejal, sin que muchos lo supieran, donaba su dieta a los bomberos voluntarios.
“Que yo no lo necesite no implica que todos tengan que asumir responsabilidades de manera gratuita. Si mañana como vocal no voy al club no pasa nada, pero si no cumplo como concejal estaré provocando un daño a mi comunidad”. Un gran ejemplo.
Si realmente quienes abrazan la militancia política lo hacen con vocación de servicio desean abrir el debate, debería ser la convocatoria de la Legislatura del Chubut quien asuma la posta.
Volver a observar la teoría de Sócrates en sus diálogos con Platón no es un tema menor para vivir una democracia plena, participativa y resolutiva de la vida de una sociedad.
De lo contrario, solo será un cohete de papel encendido entre halcones y payasos en una lata vieja y su estallido que dura segundos…y a otra cosa mariposa.

Por Bulin Fernández
Una fuerte propuesta ha sido puesta en marcha en las últimas semanas que provocó reacciones diversas: que los concejales de las diferentes localidades realicen sus actividades sin percibir salarios, dietas o cobertura de gastos, según pueda denominarse en cada caso.
El criterio de “trabajar sin percibir ingreso más que el honor de hacerlo” tiene una histórica definición y que aún hoy sigue vigente para muchas actividades de la comunidad, especialmente la de tareas de carácter social como cooperadoras, clubes, asociaciones vecinales. Hay quienes tienen su tiempo disponible (y a veces ni siquiera eso) y se lo dedican a trabajar por sus pares, sus hijos, por desposeídos con un elemento central: amor al prójimo.
Aplicar ese criterio para la actividad política, donde se toman determinaciones de diferente envergadura que siempre involucran al conjunto de la sociedad, tiene sus riesgos.
Que sólo lo puedan hacer quienes disponen de tiempo y cuentan con ingresos suficientes para no alterar sus vidas cotidianas o dejarlo en manos de una elite económica que, con intención, desea tomar parte de esas decisiones para la defensa de sus propios intereses.
Claro está que la política, hoy calificada de “casta” por gran parte de la sociedad, no ha sabido o querido abrir el debate profundo para generar reglas de juego transparentes y sostenibles. Es más fácil dejar que esa representación del voto popular decida cuanto y cómo debe percibir esos ingresos y llegar a este punto negro.
Una posible solución puede ser establecer un piso y un techo de esos ingresos para que todo ciudadano pueda acceder a ocupar esos lugares de responsabilidad para ser cumplida.
El valor puede ser vinculado a otros servicios del Estado como educación, seguridad o sanidad, para cuando se aplican incrementos salariales.
Lo que no debe obviarse, si se abre el debate en serio, con posturas y exposiciones, es que debe regir un formato que contemple todos los casos: quienes ocupan cargos temporales en todos los poderes del Estado. Y ratificados con una Ley provincial.
En cumplimiento de la tarea de concejal en 1987 en Esquel se estableció un criterio vinculado al ingreso de los trabajadores municipales y se llegó en plena crisis al congelamiento de los salarios de la planta política.
Allí valió el ejemplo de don Celestino Beatove que dijo “la democracia también tiene un costo económico que no puede ser bastardeado para que solo unos pocos puedan presentarse a una elección. Tampoco deben permitirse los excesos”. Ese concejal, sin que muchos lo supieran, donaba su dieta a los bomberos voluntarios.
“Que yo no lo necesite no implica que todos tengan que asumir responsabilidades de manera gratuita. Si mañana como vocal no voy al club no pasa nada, pero si no cumplo como concejal estaré provocando un daño a mi comunidad”. Un gran ejemplo.
Si realmente quienes abrazan la militancia política lo hacen con vocación de servicio desean abrir el debate, debería ser la convocatoria de la Legislatura del Chubut quien asuma la posta.
Volver a observar la teoría de Sócrates en sus diálogos con Platón no es un tema menor para vivir una democracia plena, participativa y resolutiva de la vida de una sociedad.
De lo contrario, solo será un cohete de papel encendido entre halcones y payasos en una lata vieja y su estallido que dura segundos…y a otra cosa mariposa.